16 de Agosto de 2017

Aún no eran las 23:00 que ya estábamos, más que puntuales, en la nueva Terminal Bersedapu Selatan (TBS), situada un poco a las afueras de Kuala Lumpur y a la que llegamos en Taxi por algo menos de RM20, es decir, unos 4€.

Tener en cuenta que lo taxistas, por ley, están obligados a poner el taxímetro aunque ellos, de salida, os intentarán negociar un precio. En nuestro caso el amigo nos pidió RM25 y mira qué casualidad que al final la carrera no subió a más de 20. Ellos prueban, eso que no falte, más de uno picará.

Aquí en Kuala Lumpur os daréis cuenta de que hay taxis de distintos colores, vosotros tirar siempre a las rojos y blancos que son los más cutrillos pero también los más baratos aunque, a decir verdad, en estos días he visto mucha pero mucha gente que tira de UBER así que por algo será, aunque yo no lo he probado.

Con todo esto, lo que decíamos, eran las 23:00 y ya estábamos en la nuevísima TBS esperando nuestro autobús hasta Mersing sin muchas esperanzas de llegar a tiempo para el embarque del único ferry que salía mañana hacia Pulau Tioman pero por probarlo no iba a ser, eso seguro.

No teníamos esperanzas por lógica pura, no por nada más y es que la durada aproximada del trayecto era de 5:45 minutos y el autobús salía a las 23:30. Eso, si todo iba bien, y sabemos que normalmente las cosas no acostumbran a salir bien a la primera, significaba que llegaríamos a Mersing a las 5:15, 15 minutos después de que nuestro ferry, del que ya teníamos los billetes, zarpara.

El motivo por el que zarpa tan pronto el único ferry del día que va de Mersing a Tioman es por la época en que estamos, en el mes de agosto, y las mareas hacen que, a medida que avanza el día, sea impracticable atracar en el puerto de Mersing. Esto, nosotros, no lo sabíamos cuando pillamos los billetes, claro, sino de haberlo sabido hubiéramos cambiado el plan y en lugar de pillar el ferry en Mersing lo hubiéramos hecho en Tanjung Gemok, 40 quilómetros al norte, y del que salen los ferrys a distintas horas (7 am, 11:30 am y 16:30 pm) ya que la marea no afecta tanto a su puerto. Además, el mismo autobús que nos lleva a nosotros hace parada en Tanjung Gemok así que ya sabéis, si los horarios no os cuadran por temprano, sudando de Mersing.

Pero nosotros ya teníamos los billetes pillados así que lo teníamos que intentar y, además, con lo que no contábamos, inocentes de nosotros, era con un conductor medio kamikaze, medio enfermo mental, que quemaba kilómetros a un ritmo que ninguno de los que estábamos en ese autobús subidos creo yo que nos podíamos imaginar.

No llegué a verle la cara al subir al autobús con lo que mi imaginación iba a toda castaña. Primero me lo imaginaba con kimono y cinta en la cabeza, las gotas de sudor cayendo por su cara, pupilas dilatadas y recitando versos de algún libro prohibido. También me lo imaginé a lo Indiana Jones, con la cara sucia, mirando sudoroso el retrovisor del autobús constantemente, mientras se acercaba amenazante una gran bola de fuego hacía nosotros con un solo final.

También he de reconocer que me imaginé metiéndole de ostias hasta el carnet de identidad pero cuando vi que entramos a la estación de Mersing y que aún no eran ni las 4:30 me lo hubiera comido a besos, lo que son las cosas.

Así que con lo más difícil ya hecho, a pillar todos los bártulos y cagando leches hacía el embarcadero, a medio kilometro aproximadamente de la estación de autobuses, que este ferry no se nos escapa.

Y así fue, incluso aún tuvimos que esperar un rato de colas para poder embarcar y es que para subir al barco has de hacer, como mínimo, tres colas: si no tienes billete, pues para comprar el billete (RM35 ida / RM70 ida y vuelta) y si lo has comprado por internet, como era nuestro caso, para sacar la tarjeta de embarque (cola al fin y al cabo pero bastante menos cola que para comprar los billetes así que recomiendo pillarlos online, sobre todo si vas con el tiempo tan justo como nosotros), después la cola para pagar las tasas de conservación del entorno marino de las Tioman, RM30 por persona, y luego para registrar tu entrada a las islas, donde debes enseñar billete y pasaporte y te darán el numero que a partir de ahora serás. Nosotros éramos el 101 y el 102. Llamarme así desde este momento, por favor.

Pero por mucha paliza, por mucho sueño, por muy acojonados que hubiéramos ido en el autobús, estábamos en el ferry y ahora ya, si o si, salvo naufragio, claro, en un par de horas pisaríamos, por fin, Pulau Tioman.

Welcome to Paradise

El viaje a la isla tiene una duración de, aproximadamente, dos horas y, antes de llegar a Tekek, la población más importante de la isla y donde nosotros nos teníamos que bajar, hace un par de paradas en otras playas de la costa oeste para que los huéspedes de los hoteles que en ellas hay se puedan bajar.

Nosotros, por eso, no nos quedábamos en Tekek, sino que aún teníamos una media hora más de trayecto ya que nos alojábamos en la otra punta de la isla, en la única playa de la costa este, Juara Beach, nuestra tierra prometida, y a la que se llega en unos Toyota 4×4 que suben por las planchas de hormigón que hacen las funciones de carretera y que cruzan la isla por donde más tira, a cambio, eso sí, de unas pendientes que ni Mortirolo ni Angliru ni nada por él estilo, aquí no hay EPO que lo suba esto, y ojo, que después se tiene que bajar.

Pero una vez abajo, la recompensa, y que recompensa, la verdad.

Juara Beach es una preciosa playa de arena dorada y aguas transparentes, dividida en dos por un promontorio rocoso que hace de eje y con la selva acabándose a escasos metros del mar, un mar en calma, al menos al llegar nosotros, cuyo leve sonido al ondear sus aguas era lo único que se escuchaba, eso y el sonido de algunos animales inclasificables que salían de la espesura que nos rodeaba.

Los Alojamientos, todo del mismo estilo, cabañas de madera, algunas más curradas que otras, claro está, pero sin ningún edifico que rompiera con esa tónica, sin sobrecargar, cosa difícil de encontrar en muchas islas tanto de aquí, en el mar de la China Meridional como en el vecino mar de Andamán. Sinceramente, justo lo que andábamos buscando.

Nuestro alojamiento, en este caso, eran las cabañas frente al mar del 1511 Coconut Grove, en el extremo de Juara Beach, a tocar con el centro de conservación de tortugas que alberga la playa y es que, de marzo a octubre, este lugar es el elegido por centenares de tortugas verdes para desovar.

Nuestra cabaña, además, es la ultima de todas con lo que, por una ventana vemos el mar y por la otra la selva y, por suerte para nosotros, a pesar de ser las 9:00 de la mañana recién tocadas, al vernos llegar se ponen manos a la obra y, después de darnos un fabuloso desayuno nos entregan las llaves para que podamos empezar a disfrutar de este, nuestro pequeño paraíso particular.

Y que qué hemos hecho entonces durante el resto del día? Pues la respuesta es nada, o todo lo que uno puede desear, depende de cómo se mire, claro.

Que si un baño por aquí, que si ahora me estiro a leer allá, un paseíto por aquí, una cervecita por allá. Porque si, por fin en Malasia un lugar donde la cerveza es barata y si, no podía haber sido un lugar mejor. Pasar la tarde, escribiendo en el ordenador o leyendo, en el porche de nuestra cabaña, mientras el día se acaba, delante del mar y que los únicos sonidos que escuches sean los que vienen de la selva que tienes a tocar mola, no lo vamos a negar pero oye, todo esto, con una cerveza, o dos, o tres, pues mola mucho más, no?

Y así ha sido como este día, de no sé cuantas horas que ha tenido al final, ha llegado a su fin. Para despedirlo, una cenita en el restaurante del Coconut Grove y un paseo por la playa a ver si teníamos la suerte de toparnos con alguna tortuga marina que, como era de esperar, no han hecho acto de presencia pero oye, aquí, en el paraíso, todo puede pasar.

17 de Agosto de 2017

Cuando uno está cansado ya se pueden poner monos a tirarte cocos al tejado de tu cabaña, ardillas peleándose entre sí a vida o muerte o tormentas de esas de rayos, truenos y centellas reventando en tu ventana que da igual, vas a dormir como un bebé pete quien pete y esto precisamente es lo que nos ha pasado hoy, noche movidita, pero oye, lo bien que se estaba en la cama no nos lo quita ni dios.

Hoy el tema era fácil, lo primero era desayunar y, acto seguido, ir a alquilarnos una moto para todo el día. Hay bastantes sitios que alquilan y todos tienen el mismo precio, al menos aquí en Juara, RM80 24 horas, es decir unos 15€ al cambio aproximadamente.

No te piden absolutamente nada, solo que dejes RM100 de depósito y andando así que no eran ni las 12 de la mañana que ya estábamos subidos en nuestro bólido con la intención de descubrir la otra parte de la isla.

Bueno, de descubrir la otra parte de la isla y de cambiar pasta porque aquí, los dos campeones, al llegar, con la emoción y el cansancio, nada más salir del ferry nos fuimos a por el coche que nos llevara hasta nuestro hotel y ni caímos que muy probablemente en Juara no podríamos cambiar Money, como así ha sido. Pero bueno, la excusa vale la pena y ya con solo el hecho de cruzar la isla ya están más que amortizados eso 15 pavos. Más que una carretera es un seguido de planchas de hormigón que han ido comiéndole terreno a la jungla metro a metro, con pendientes superiores a los 45 grados, entre densa selva que hace que en zonas el sol no toque ni por asomo. Un placer circular por aquí, con la naturaleza volviendo a cerrar por cojones lo que el hombre abrió por los mismos motivos. Eso sí, se tiene de ir al loro de no pisar alguna serpiente que se te cruce, las hay, y de venenosas, como la cobra real, por nombrar una, o de que ningún mono cabrón te tire un coco en la cabeza, que ya nos conocemos.

Por lo demás circular en moto por aquí es algo sencillo, apenas hay coches, solo los 4×4 de los que os hablé ayer que llevan a los huéspedes a sus hoteles junto con fruta, cerveza y todo lo necesario para darnos de comer y alguna que otra moto y en nada ya te plantas en Tekek.

Para cambiar dinero no vayáis al único banco de la isla, donde también encontrareis un cajero, por cierto, sino que tenéis que ir al Tioman Cabana, en la playa de Tekek, donde los chicos os cambiarán sin problema y a un precio bastante bueno.

Y ahora, con nuestra única obligación del día hecha, era tiempo para el recreo.

La idea era seguir la carretera hasta que esta se acabara, un par de quilómetros después de Tekek y cuando ya no pudiéramos seguir más, aparcar la moto, y seguir a pie, y aquí es donde nos hemos llevado una de las sorpresas del día, y posiblemente, del viaje.

La moto la tienes que dejar, por narices, donde empieza una especie de pasarela que te lleva hasta la ABC, otra zona de playa de Tioman llena de alojamientos baratos y restaurantes, pues bien, esta pasarela te lleva por encima de la playa y allí es cuando lo hemos visto, a escasos 20 metros de la orilla, nadando ajeno a todo, un tiburón de punta negra de algo más de metro y medio de largo, bajo las transparentes aguas de Tioman. Uau! Acabábamos de llegar y ya esto. Joder, la cosa promete. La pena es que ha sido tan rápido que ni tiempo de hacer la foto hemos tenido pero esto es algo que se queda para nosotros y para nadie más.

Y siguiendo esta pasarela, pues lo dicho, llegamos a la zona conocida como la ABC. La idea era cruzarla de cabo a rabo para coger el sendero que te lleva a Monkey Beach, a una media hora de distancia. La putada es que con la lluvia torrencial de ayer, este estaba impracticable, sobre todo para dos tipos en chanclas así que al final nos hemos quedado un rato en una preciosa playa al final del ABC pajareando un rato.

Eso si, hasta que la curiosidad nos ha matado y hemos vuelto a la escena del crimen, donde hemos visto al tiburón y nos hemos metido en el agua haber si había suerte y seguía por allí. Y nada más meternos, tremendo el espectáculo que nos hemos encontrado, con decenas y decenas de peces enormes nadando a escasos centímetros nuestro, envolviéndonos con sus llamativos colores y…premio!

No uno ni dos ni tres, no. Hasta 5 tiburones de punta negra se han visto por la playa. La lástima es que no había manera de pode nadar con ellos y a la que te veían se iban por patas, pero allí los teníamos y tengo claro que de este viaje no pasa que pueda mirar a uno de estos a los ojos en libertad.

Después de todo esto, pues la vuelta de rigor después de comprar cuatro cosas básicas en Tekek, vuelta a nuestra salvaje Juara, no sin antes cruzarnos con una especie de dinosaurio, o bueno, llámale lagarto enorme en uno de los ríos que cruzas en el trayecto, hasta el punto de que no teníamos claro de si se trataba de un cocodrilo o de un Iguanón. Sin duda Tiomán, a pesar del turismo, sigue manteniendo ese espíritu salvaje que, sinceramente, no pensaba encontrar, y que es justo lo que busco cuando viajo.

18 de Agosto de 2017

A las 9:30 aparecía delante de nuestra cabaña la barca en la que íbamos a pasar prácticamente todo el día explorando, principalmente, los fondos marinos de la región.

Habíamos contratado en el mismo hotel la excursión a Coral Island, un islote situado al norte de Pulau Tioman y que tiene algunos de los mejores lugares para hacer snorkel de la región, por RM120 cada uno. Podéis buscar algo más barato pero aquí, en Juara, todos salen más o menos igual.

Nuestro grupo lo formaban una parejita de Malayos, muy acaramelados ellos, 3 franceses Full Equip, con equipo de snorkel e incluso chaleco salvavidas ya de casa, un matrimonio con dos hijos de oriente medio, no sé exactamente de donde serían y un par de alemanes felicianos que casi se quedan en tierra por pájaros.

Y con todos ya a bordo pues gas hacia nuestra primea parada de día, Coral Island.

Durante el camino, una cosa nos queda clara, en esta parte de la isla, no hay absolutamente nada más que Juara Beach, y uno tras otro se van sucediendo los cabos y detrás de ellos más de lo mismo, selva y más selva que termina directamente sobre el mar, hasta que llegamos al extremo de la isla y ya nos dirigimos directamente hacía nuestro destino a mar abierto.

El objetivo se ve claro desde lejos, un único claro de playa entre la espesura verde y nada más llegar, lo entendemos todo.

Solo hace falta sacar la cabeza del barco para ver las formaciones de corales debajo nuestro, casi a tocar, y los peces de colores revoloteando entre ellos, como un día más en su oficina, vamos.

Obviamente no tardamos ni un minuto en tirarnos al agua y empezar a disfrutar de este espectáculo submarino que nos encontramos, con peces y más peces a nuestro alrededor, aunque con unas invitadas un tanto molestas que hacen acto de presencia en esta época del año: las medusas.

También se cuentan por decenas y lo jodido es que son tan transparentes que prácticamente ni las ves hasta que no las tienes encima, aunque también he de decir que no estamos hablando de las medusas que nosotros conocemos en nuestras costas, que te tocan y ves la estrellas al mismo tiempo que te cagas en la puta madre que las parió, no. Muchas de esas al tocarte prácticamente ni te enteras y las más jodidas lo que sientes es un calambrazo en la zona en la que te ha tocado pero más que soportable, sin sarpullidos ni nada por el estilo, eso sí, cuando te encuentras con bastantes de golpe, se te ponen por corbata, eso no te lo quita nadie.

Aproximadamente hemos estado una media hora tres cuartos por allí nadando hasta que ha llegado el momento de cambiar de lugar, e irnos a un atolón rocoso que había a medio quilómetro más o menos de Coral Island y, a diferencia del anterior, a mucha más profundidad.

Aquí sí que ha sido meterse y empezar a flipar, las formaciones coralinas eran mucho más espectaculares, los peces, más grandes y de más colores y el ambiente mucho más salvaje al no verse el fondo una vez sobrepasados los arrecifes de coral. La sensación que uno tenía al ponerse de pie en alguna de las rocas que te encontrabas y saltar al vacío dentro del agua era brutal. Y más cuando nos hemos separado del grupo y de repente nos hemos encontrado con varios bancos de peces de miles de ejemplares cada uno, bailando todos al mismo son, abriéndose a nuestro paso y cerrándose detrás, ha sido un momento mágico que nunca antes había experimentado. Había tantos, ha sido espectacular.

El punto negativo es que este era uno de los mejores lugares para encontrarse con alguna tortuga marina o algún tiburón de arrecife pero que, no ha sido el caso, tocará esperar.

Y de aquí una de playica, pero oye, no cualquier playica, no, playica rollo lago azul, de arena finísima blanca como el papel y aguas turquesas. Sabes de esas playas que te vienen a la cabeza cuando oyes la palabra paraíso? Exacto pues esas, y allí nos han dejado por espacio de una hora, para disfrutar del momento, sacarse las cuatro fotos de rigor y demás. La verdad es que estamos disfrutando mucho todo esto.

Después viene el momento en que ya el sol está a punto de provocarte las primeras quemaduras de tercer grado por mucha crema que te hayas echado, es entonces cuando es el momento de ir a comer algo y para eso volvemos a Pulau Tioman, concretamente en Salang, el Kampung (pueblo) más al norte de la isla y donde hay varios restaurantes para ello.

Es un faena esto de tener que comer, la verdad, solo quieres volver al agua, joder y si es en eso momento cuando aparece esa tortuga que por cojones está por allí? Pero a decir verdad, después de toda la mañana sin parar, se agradece echarle algo al cuerpo aunque sin recrearse, venga va, un horita rápida y vuelta al mar.

El siguiente punto tiene un nombre que promete mucho: Shark Point, aunque en verdad podría llamarse Medusa Point. No os penséis que esto está lleno de medusas siempre, que va, también es por la época en que estamos pero joder, es que aquí habían muchas! Ha habido un momento en que nos hemos alejado del grupo, para variar, y de repente, al volver, nos hemos encontrado con un murallón con decenas, quizás centenares de ellas y claro, tocaba pasar por huevos por allí. Pues nada, al lío, a coger aire y apretar el culo y para adelante, que le vamos a hacer.

Total, que de sharks nada de nada, y de medusas, mucho de mucho.

Luego, ya de vuelta, una última parada para ver si había suerte con las tortugas y ya de vuelta al hotel, a eso de las 17 de la tarde, y después de haber pasado un día de putisima madre en el mar. Recordar esto: Coral Island Trip, 100% recomendable.

Y con todo esto, después de la tarde llegaba la noche y con ella nuestra despedida de este pequeño paraíso en el que hemos pasado tres fascinantes días. Es la pena de viajar con las cosas cerradas, que te atan hasta el punto de no poder hacer lo que en ese momento tu cuerpo te pide hacer y es que, de bien seguro, si no nos estuviera esperando el Bubbles Dive Center en Perhentian Besar, hubiéramos alargado la estancia aquí como mínimo un par de días más. Y es que veníamos con unas expectativas que se han cumplido con creces a pesar de que, lo he de reconocer, yo no me esperaba gran cosa.

Yo me esperaba una isla masificada tipo islas de Tailandia, hoteles y restaurantes por doquier, músicas a todo trapo, y más de lo mismo pero que va, nada de eso, al menos no en Juara Beach.

Hay hotelitos, si, pero como he dicho antes, guarda ese espíritu salvaje, igual debido a su forzoso aislamiento, no lo sé, que le da ese toque autentico que siempre buscamos cuando viajamos. Por no hablar por su gente, todos y cada uno de ellos te recibía con una sonrisa nada más verte aparecer, da igual que te conocieran o no, eso no importa. Y si hablamos de los paisajes, la verdad, no domino suficiente el don de la escritura como para ponerme a explicaros lo que aquí os encontrareis, mejor echarle un ojo a las fotos que lo describirán mejor que yo aunque, ya os aviso, no le hacen justicia.

Solo sé que aquí he pasado tres días difíciles de olvidar, que me he encontrado con eso que hacia tanto tiempo que no me encontraba al viajar, con un lugar que pudiera hacer mío, por un tiempo al menos. Vendrás más, de eso seguro, y de eso se trata precisamente el viajar, de no aferrarse nunca lo suficiente a un lugar como para que te impida seguir viendo otros, pero los pedazos de corazón de uno se van quedando por allí y algún día tocará recogerlos.

Ir a Pulau Tioman, ir a Juara Beach, disfrutarla como lo hemos hecho nosotros, salir a buscar tortugas cada noche, hablar con los lugareños, sonreírles aunque no tengáis motivo, escuchar las tormentas que azotarán vuestras cabañas como si de sinfonía se tratase, ponerle nombre a los animales que os vayáis encontrando, nadar entre tiburones, bucear entre miles de peces, saltar de acantilados hacia los abismos del fondo del mar, beber cerveza, mucha cerveza, beber zumos también, no solo de alcohol vive el hombre, hacer todo esto que hemos hecho nosotros e incluso, si podéis, más pero solo os pido una cosas: dejarla como la encontréis.

NO me la cambiéis, por favor.

Nosotros mientras, ya sabéis, seguimos….

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