19 de Agosto de 2017

5:30 de la mañana y mierda, nosotros largándonos de nuestro pequeño paraíso particular que encontramos en Juara Beach, en Pulau Tioman. Muchas gracias marea, eres un sol!

Pero ala, esto es lo que tiene viajar, estas en un lugar, te enamoras de él y te largas a por otros más y ojo, que no nos íbamos a cualquier sitio, no. Nos íbamos nada más y nada menos que a las Islas Perhentian!! Situadas a más de 600 km al norte de aquí, casi ya tocando con la frontera con Tailandia. Un lugar al que tengo especialmente ganas y es que la primera vez que escuché hablar de él fue hace unos 10 años, cuando recorrimos Europa y Asia en busca de nuestros Mares del Sur. Por aquel entonces, por situaciones que se dan en los viajes, no pudimos llegar, y desde ese momento siempre se han quedado estas islas como aquel paraíso perdido que estuvimos a puntito de descubrir y al final no pudo ser.

Sé que, obviamente, en estos diez años, las Perhentian han cambiado muchísimo, y de paraíso perdido ya nada, ahora lo ha encontrado muchísima gente y, como en todos lados, eso ha llevado consigo una cierta masificación de la isla pero, aún así, por lo que hemos leído y escuchado, sigue siendo un imprescindible de cualquier visita a Malasia así que tenemos que ir a ver que se cuece con nuestros propios ojos y, ya de paso, pagar mi deuda pendiente con estas islas.

Para ir, desde Pulau Tioman, hay varias formas para ello pero todas empiezan igual, pillando el ferry hacia tierra firme así que a las 7 de la mañana ya estábamos sentados en nuestros asientos preparados para las dos horas de travesía que, a causa de las corrientes, se han acabado convirtiendo en algo menos de hora media y con estas allí que estábamos, camino de la estación de autobús para ver qué narices hacíamos para llegar.

Las opciones principalmente son dos: Kota Bharu o Kuala Terengannu. Para las dos hay un palizón de autobús, 10 horas para la primera y 7 horas para la segunda así que elijas la que elijas, el culo plano te va a quedar. Suerte al menos de que los autobuses, aquí en Malasia, son comodísimos, en filas de solo tres asientos y en los que prácticamente te puedes estirar. Es por ese motivo que lo suyo es pillar los buses nocturnos, duermes en ellos, te ahorras una noche de hotel y además, puedes aprovechar el día al máximo en el sitio donde estés. Y esta era nuestra idea, claro, pero entraron las mareas en juego y el único ferry del día era a primerísima hora de la mañana pero bueno, que le vamos a hacer, es lo que tiene viajar.

Finalmente, después de barajar las dos opciones, nos decidimos en pegarnos el palizón hasta Kota Bharu por una sencilla razón, nuestro alojamiento en las Perhentian, el Bubbles Dive Center, tiene un servicio de recogida en la ciudad, cosa que en Terengannu no, con lo que a las 8 de la mañana ya podríamos estar en marcha así que no se piense más. Para Kota Bharu que nos vamos.

Los billetes cuestan RM53 por persona, unos diez euros para cruzar el país de punta a punta, nada mal, verdad?

Y con los billetes ya en mano, a buscar hotel para poder pasar la noche. Lo bueno de las estaciones de Malasia es que todas tiene wifi gratis y que funciona bastante bien así que en menos de dos minutos, a través de booking, ya teníamos la noche reservada en el Hotel Perdana, según nuestra guía, el más lujosos de la ciudad y en una suite por solo 43€!! Un pequeño homenaje de vez en cuando no cuesta tanto, y después del palizón que nos espera, se agradecerá. Algo bueno tiene que tener viajar solo tres semanas, que estos caprichitos, de vez en cuando, te los pues permitir.

Y es así, con los deberes ya hechos, como nos subíamos en nuestros asientos Executive Class de Tranasional y empezábamos a cruzar Malasia de una vez. Las Perhentian, nos esperan.

20 de Agosto de 2017

Nos os negaré que el viaje no se hiciera pesado, porque se hizo. Es la verdad. Al final llegamos a la ciudad a eso de las 21:00 de la noche y directo sin pestañear, taxi y para el hotel.

La verdad es que no lo tenían muy claro cuando nos vieron entrar en bastante mal estado, quieras o no, estas palizas de transporte cansan y eso se nota en la cara, con nuestras mochilas, pero al final el dinero vale lo mismo vayas en chanclas que en americana así que una vez comprobada la reserva ya éramos lo mas Sir de todo el hotel.

Y como descansamos la virgen, en esa cama de no sé cuantos metros después de dar cuenta de la enorme bañera de la habitación, así da gusto verdad?

Pero por muy a gusto que estuviéramos, a las 8:00 ya habíamos hecho el Check out y estábamos en la furgoneta camino de Kuala Besut, de donde salen los ferrys y un par de horas más tarde nuestro culo ya estaba rebotando contra el asiento del Taxi Boat que nos iba a llevar a nuestra casa para las próximas 5 noches.

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Elegimos el Bubbles Dive Center por un solo motivo: está situado en una pequeña bahía al sur de Perhentian Besar, la isla grande de las dos Perhentian, aislado por tierra, solo se puede llegar por mar, y es el único establecimiento que hay en el lugar. Lo demás? Playa y selva.

Estos eran nuestros días de desconexión y no queríamos nada más que vida salvaje y tranquilidad. La pregunta era? Lo lograremos encontrar?

A ver qué es lo que vosotros pensáis…

Nada más llegar, desde el improvisado muelle, empezamos a ver los primeros tiburones de punta negra que campan a sus anchas cazando pequeños pececitos mientras los pocos bañistas que hay alrededor ni se inmutan.

Las ardillas, los monos (estos majos, eh, nada de macacos) y los varanos, algunos de más de metro y medio campan a sus anchas por todos los rincones del hotel con absoluta normalidad.

En un recinto cerrado a la orilla de la playa hay todo de huevos de tortugas marina que recogen los voluntarios cuando una de ellas viene a desovar a la orilla. El motivo? Que los depredadores no acaben con ellos, sobretodo pájaros, iguanas, cangrejos e incluso monos.

En las puertas de las cabañas hay unas tortuguitas con un Yes escrito y con un No. Si la pones con el Yes hacia fuera, si por la noche alguna tortuga llega a la playa a desovar, te despiertan para que lo veas, eso sí, con unas normas muy estrictas, nada de flashes, ni de linternas, nada de hacer ruido, ni de acercarte más de X metros para no asustar al animal.

Hamacas, tumbonas, equipos de snorkel, kayaks todo lo que necesites para disfrutar del entorno lo tienes a tu disposición y en el bar…hay cerveza chicos, eso sí, a RM10, algo más de 2€ o sea que barata no es.

Yo no sé a vosotros pero a mí esto me pinta muy pero que muy bien, creemos que hemos dado con el sitio que buscábamos y aunque las habitaciones no son nada del otro mundo y el tema de la comida es limitado ya que solo hay un restaurante para comer, la ubicación y el entorno contrarrestan cualquier inconveniente que esto pudiera causar así que vamos a empezar con nuestra semana en el paraíso, vamos a empezar a disfrutar, os lo contamos de acuerdo?

21 de Agosto de 2017

Por lo visto esta noche las tortugas no se han acercado por aquí así que, después de desayunar, hablábamos con el del hotel para que nos pidieran un Taxi Boat para movernos por la isla.

El motivo? Habíamos quedado con Lidia, de Mujeres Nómadas y su familia para pasar el día juntos y montar algo así improvisado. Para los que no los conocéis, gracias a ellos no perdimos el avión hacia Istambul debido a la huelga de controladores de acceso y eso que llegamos al aeropuerto ¡4 horas antes! Pero es una historia que otro día contare…

Volviendo a nuestra isla, hacia eso de las 11 de la mañana ya estábamos en la playa de su alojamiento, el Abdul’s Chalet y lo que decíamos de la improvisación, media hora después ya nos ves sentados en una pequeña lancha a los seis (ellos viajan con sus dos pekes, Didac y Nora) listos para descubrir las Rawa Island, un pequeño archipiélago deshabitado que queda a unas millas por detrás de Perhentian Kecil.

Y la verdad que no han defraudado en absoluto.

La primera parada es en Rawa Island propiamente dicha, una isla de cine, con su arena blanca finísima, la selva cayendo directamente sobre ella y las aguas transparentes de un azul turquesa con toques verdes. Y sus fondos…pues no se han hecho esperar, la verdad y es que, nada más meternos en el agua, a escasos metros de la orilla, en un afloramiento rocoso, debajo, escondida, una preciosa morena moteada de puntos amarillos nos avisaba que vale, le habíamos pillado, pero mejor si nos quedábamos allí y no nos acercábamos más, mejor tener la fiesta en paz.

Luego han venido los bancos de peces loro, cantidades enormes de ellos, preciosos corales y la guinda la han puesta un grupo de enormes, pero cuando digo enormes quiero decir enooormes peces de color azul con un cabezón que parecía que llevaran casco que comían tranquilamente del fondo marino, ajenos a esos guiris que tenían alrededor flipando de lo lindo. Y si, nos habíamos dejado la cámara acuática en el hotel.

Después ha llegado el turno de un islote de piedra que hay justo en frente de Rawa Island, con una pequeña playa también de arena a la que, esta vez sí, hemos tenido que llegar a anda ya que no se podía acercar la lancha debido a los corales y el fondo marino.

Y más de lo mismo, peces mil, colores mil, corales mil, flipando mil.

Y así hasta que le hemos comentado al lanchero que lo queríamos ver eran tortugas. Primero ha vacilado un poco, pero luego, al insistir un poco, que venga que sí, que nos vamos a Turtle Point. Será hoy el día??

Y vaya si lo ha sido y es que nada más llegar había, a unos 100 metros de la orilla, un grupito de unos 8 o 9 tíos haciendo snorkel en el mismo punto y mirando fijamente hacia abajo: allí, por cojones, había algo y sin siquiera parar del todo la lancha que nos hemos tirado al agua y la madre que me parió, allí estaba, en el fondo mar, zampando, tan tranquila ella, una tortuga verde enooorme, mediría más de un metro fácilmente, con su ritmo pausado, ajena (o acostumbrada) a lo que tenía encima suyo observándola y babeando.

Eso sí, de capullos está el mundo lleno y alguno se le ha acercado más de la cuenta, cosa que no se debe hacer, de todas formas, a los cinco minutos ya no quedaba prácticamente nadie, solo nosotros y la tortuga que, en una de esas, ha salido a la superficie a respirar y ha sido el momentazo de día y, quizás, del viaje, cuando nos hemos encontrado nadando a la misma altura a unos tres o cuatro metros igual el uno del otro, cada uno en su dirección, cada uno a la suyo, y ya ves tú, igual han sido 15 segundo, no más, pero es algo que siempre guardaré en mi cabeza, siempre, estoy seguro.

Y allí que la hemos dejado, comiendo pasto del fondo marino, a su pelota, sin saber que había hecho que cumpliéramos uno de nuestros sueños viajeros, si es que como mola esto de viajar, joder.

Obviamente, con esto, ya poco podía dar el día de si, así que hemos ido a celebrarlo como es debido, con una Tiger bien fresquitas y, después de comer y de pegarnos un último chapuzón juntos. A las 17:00 de la tarde, nos ha venido a recoger nuestro Taxi Boat para llevarnos de nuevo a nuestro Lago Azul. Aquí se separan nuestros caminos, ellos mañana ya van hacia Pulau Kapas, otra islita unos 100 km al sur de las Perhentian con pinta de ser otra pedazo de paraíso en la tierra mientras que a nosotros aún nos quedan días aquí para disfrutar así que toca despedirse por esta vez, desearnos lo mejor y hasta la próxima familia: sois un encanto!!

22 de Agosto de 2017

Pues parece que le habíamos pillado el punto a esto de recorrer la isla ya que a las 12 de la mañana, después de perrear un poco por nuestra playa, ya estábamos de nuevo subidos en un Taxi Boat, con un sándwich en la mochila, bien de agua, las gafas de snorkel a mano y la idea de ir a pasar el día en alguna playa salvaje de esas que tanto nos gustan a nosotros.

La elegida para eso era Turtle Beach, en la misma Besar pero en el lado opuesto de donde estábamos nosotros, muy cerca de donde ayer tuvimos la suerte de poder ver a nuestra amiga Tortu y nadar con ella, de hecho, cuando nos llevaba nuestro barquero para el Bubbles pasamos por delante y la verdad que pintaba muy bien y, además, tuvimos la suerte de que justo en ese momento una tortuga verde salía a la superficie a respirar así que sin duda, hoy teníamos que ir allí.

Turtle Beach es una playa de arena blanca de unos 100 metros de ancho y donde no hay absolutamente nada, ni hoteles, ni bares, ni restaurantes, nada de nada, solo una pequeña cabaña de un centro de conservación de tortugas ya que allí también se acercan estas a desovar. Y la única manera de llegar a ella es, cómo no, por mar.

Con esto os encontrareis mucho ya que en la isla apenas hay caminos y los que hay tienen su guasa así que la mejor forma para moverse es en estos Taxi Boats. Los hay a patadas y lo primero que tenéis que hacer es negociar un precio para el sitio donde queráis ir. En las playas más concurridas y masificadas, como pudimos ver ayer en Tuna Bay, hay chiringuitos con carteles con las tarifas ya establecidas para el destino al que queráis ir aunque, a decir verdad, todos oscilan entre los RM15 y RM 25 dependiendo de la distancia. Lo bueno de moverse en ellos es que puedes quedar a una hora para que te venga a recoger y, como norma general, allí estará. Además, como le has de pagar todo a la vuelta pues te aseguras que vendrá a por ti o no cobra.

Este tema de quedar en una hora para la recogida es importante, sobre todo si vais a sitios donde hay poca gente ya que, sin darte cuenta, te puedes quedar solo en la playa y a ver como sales de allí. Siempre está la opción de pasar la noche en ella, que no es mal plan, aunque eso sí, llevar bien de Relec porque la noche puede ser movidita.

Y habiendo aclarado un poco esto de los Taxi Boats, volvemos a nosotros desembarcando en las transparentes aguas de Turtle Beach, una turtle beach la verdad algo más concurrida de lo que hubiéramos deseado, con algunos grupitos de personas dispersados por ella, pero preciosa igual.

Y allí que hemos pasado el día, alternando el tostarnos al sol boca arriba con el fascinarnos con el fondo marino boca abajo, eso sí, sin suerte hoy en cuanto a las tortugas, no pasa nada, hay tiempo para ello. Igual mañana?

Igual.

23 de Agosto de 2017

8:45 y si, ya estábamos de nuevo subidos a una lancha aunque, esta vez no era para irnos a ninguna playa desierta ni nada por el estilo, sino que era para volver a hace una de las mejores cosas que se pueden (y deben) hacer en esta isla: Bucear.

Si hace un par de días nos alejamos de las Perhentian y nos fuimos hasta Rawa Island esta vez nada de eso, esta vez tocaba ir directo al grano y cómo íbamos con la gente del Bubbles, no nos andamos con rodeos: queríamos volver a ver Tortugas y poder nadar con tiburones. Y no se hable más: Turtle Point, Shark Point y Coral Gardens para rematar.

Y para empezar, una de tortugas. Y es que volvimos a la escena del crimen del otro día, donde pudimos cumplir uno de nuestros sueños de nadar con estos animales pero con una diferencia: no había ni dios.

Así que tocaba buscar las tortugas y, la verdad, con lo tochas que son, no cuesta mucho con estas aguas transparentes pero es que para nuestra sorpresa no había una, no, sino que una nos llevaba a otra y esta otra a otra. Tres enormes Tortugas Verdes nadando a nuestro alrededor! Y esta vez sí que nos hemos regalado ya que la ocasión lo merecía. Que enorme placer poder contemplar de cerca a estos animales, que pueden llegar a pesar más de 250 kilos, nadar como si nada ajenos a todo lo demás. Orgásmico.

No sé, cuanto rato hemos estado allí, el tiempo se ha detenido, la verdad, pero una hora bien buena yo diría que nos hemos tirado. En realidad, hasta que ninguno de nosotros podía más, y hemos tenido que subir a la barca para descansar y ya movernos de sitio.

Nuestra siguiente para eran los Coral Gardens, una zona protegida donde los corales son especialmente grandes y muy cerca, casualmente, de Turtle Beach, donde estuvimos ayer.

El sitio merece la pena, y otra vez solos, para acabarlo de rematar, corales y más corales, peces y más peces, pero oye, queremos algo más grande, queremos ver tiburones ya!

Y para eso teníamos Shark Point.

Shark Point está situado en el sur de la isla, muy cerca de nuestro alojamiento en verdad, y tiene este nombre por una gran roca en forma de aleta que sobresale de sus aguas.

Es una zona de buceo bastante profunda, con más de 10 metros de profundidad en algunos puntos y uno de sus principales atractivos, por decir su atractivo estrella, es que en sus aguas es relativamente fácil ver a varios ejemplares de tiburones de aleta negra adultos, de casi dos metros de longitud, que merodean sus aguas. Se sabe que están aquí porque esta especie es de las más fieles en cuanto a donde viven y pueden llegar a estar incluso años en un mismo lugar. De ahí por ejemplo que los tiburoncillos que vemos cada día en nuestra playa vuelvan una y otra vez día si día también.

Así que al agua y a ver si hay suerte, ya sería la ostia, vamos.

De la primera cosa que nos damos cuenta es de que el agua, aquí, no tiene la misma claridad que en el otro lado de la isla. No es que este sucia, pero si más revuelta y eso la enturbia un poco. Nada grave, al contrario, le da ese toque tenebroso y parece que, en cualquier momento, por cualquier lugar, tengan que aparecer los tiburones, pero no aparecen.

Nada por aquí, nada por allá, y más de tres cuartos de hora dando vueltas y no hay tu tía. Hoy no los vamos a ver. No todos los sueños se pueden cumplir de golpe, tenemos que dejar para otras ocasiones sino que?

Eso sí, los baby sharks de nuestro playa allí siguen, algo es algo, no?

24 de Agosto de 2017

Y así, sin más, nuestro último día en Pulau Perhentian Besar llegó. Uno sabe que nada es para siempre, que todo tiene un principio y un final, y más estando tan de paso como lo estamos nosotros en este viaje, pero que queréis que os diga. Jode.

La idea era clara, hoy íbamos a hacer una de las mejores cosas que aquí se pueden hacer: Absolutamente nada.

Íbamos a disfrutar cada minuto de las 24 horas que nos quedaban en esta, nuestra playa. Y a vivir todo, aún si cabe, más intensamente que en los 4 días anteriores y eso, os aseguro, es mucho decir.

Uno no puede caer en el tremendo error de acostumbrarse a según qué cosas, como sumergirte en estas aguas verde turquesa nada más levantarte, desayunar al lado de no sé cuantas ardillas en su frenético baile diario para ver cuál de ellas puede robar más comida, compartir tus cálidas aguas con tu ya conocida familia de tiburoncillos que cada día vienen a alimentarse al mismo lugar. Y así podría seguir líneas y más líneas. A esto no te puedes acostumbrar, tienes que ser capaz de disfrutarlo cada día como si fuera el último, como esa oportunidad que no sabes si volverás a tener y más cuando, de verdad, es el último. Por ahora al menos.

A las Perhentian reconozco que venía con miedo. Demasiados años ya en el tintero como para salir indemne. O al menos eso creía yo y, la verdad, me equivocaba a medias, o acertaba a medias, depende todo de como se mire.

Nosotros no nos podemos quejar. Aquí en el Bubbles hemos encontrado justo lo que buscábamos en cuanto a aislamiento, a entorno puro y salvaje. No podemos pedir más. Sí que es cierto que no rebosa la simpatía que rebosaba cada persona con la que te cruzabas en Juara. Y la comida puede que deje mucho que desear, pero aquí no vienes ni por lo primero ni por lo segundo (que óyeme un cosa, tampoco costaría nada mejorar por lo que acabas pagando, las cosas como son). Aquí vienes para poder vivir en un entorno único solo tú y la naturaleza, y esta, aquí, es mucha naturaleza.

Olvidaros de barbacoas en la playa con cerveza y música a todo trapo hasta las mil, que va, aquí a las 21:00/22:00 las luces de neón se apagan para dar paso a las luces rojo burdel por si viene alguna tortuga a desovar a nuestra playa. Sin grandes conexiones a internet, sin nada de cobertura. Las cabañas o habitaciones no son un lujazo y si no tienes una rana viviendo en la ducha tendrás una araña peluda y asquerosa que intentará entrar a tu cuarto por todos los medios.

Pero la verdad, al menos a mí, todo lo demás compensa, y con creces, todas las otras carencias que, además, puedes encontrar en cualquier lugar. No hace falta que te vayas al Mar de la China Meridional para eso. Para esto, si.

Y si por una banda estamos contentos de nuestra elección y, en gran parte, hemos encontrado lo que veníamos a buscar, por otra, el resto de la isla, tanto la nuestra, Besar, como la más pequeña, Kecil, son justo lo que me imaginaba y lo que no me quería encontrar.

Playas masificadas, llenas de restaurantes, hoteles, cabañas, mil barquitas en sus playas. Y ojo, el problema no es ese, si se llevara bien es un modelo respetable para quien eso sea lo que busca. Yo también he ido a las islas de Tailandia y he participado de ello.

El problema es que la gestión que se hace de estos recursos creo que, por desgracia, no es la adecuada y entre que mucha gente que viene aquí no tiene la conciencia que tendría que tener del lugar en el que está (he visto guiris andar por encima del coral rompiéndolo a su paso sin ningún tipo de remordimiento o a un tío tocar una tortuga marina para hacerse una puta foto que lo pete en Instagram) y muchas de las empresas que gestionan esto no están mucho por la labor (tirar comida a los peces en excursiones para hacer snorkel o quemar plásticos para ahorrarse llevarlos a tierra firme), entre unos y otros, o la cosa cambia mucho, o no serán muchas las generaciones que podrán disfrutar, aquí al menos, de los momentos únicos de los que nosotros hemos podido disfrutar, tanto fuera del agua como, sobre todo, dentro de ella.

Por lo demás nosotros ya decimos adiós a todo esto, seguimos en busca de nuevos lugares, nuevos mares del sur donde dejar pedacitos de nosotros para siempre. Sobre todo esto, seguimos buscando, y eso nos hace avanzar.

Y que no se detenga nunca.

Por favor…

P.D. Noche del 24 de Agosto al 25 de Agosto de 2017

Pues parece que las Perhentian nos tenían una última sorpresa preparada para nuestra despedida. Y menuda sorpresa.

Serían algó más de la 1:00 de la mañana cuando picaban a nuestra puerta. Ese Toc Toc que tantas noches queríamos haber escuchado y que ya pensábamos no escuchar, a unas horas de abandonar todo esto se hacía realidad. Había eclosionado un nido de tortugas y era el momento de que llegaran al mar. Era un sueño o era real?

Fue la lluvia que nos cayó encima nada más salir de la habitación de un salto la que nos izo darnos cuenta de que, efectivamente, estábamos despiertos y de que íbamos a vivir un momento quizás único en nuestras vidas.

Os cuento un poco como va todo.

Cuando las tortugas vienen a desovar a nuestra playa, los del centro de conservación que hay en el mismo alojamiento se encargad de etiquetar los nidos y trasladar los huevos a un recinto vallado que hay en la misma playa. El motivo? Que estos estén a salvo de los depredadores que merodean la playa, sobre todo, que estén a salvo de los lagartos monitor de más de un metro que te encuentras en cada rincón, vaya.

De esta manera ya se aseguran que el ratio de supervivencia aumente y es que, de forma natural, solo 1 de cada 1000 huevos llega a tortuga adulta como con las que hemos estado nadando estos días.

Allí están aproximadamente dos mese que dura el momento de gestación y una vez los huevos eclosionan, es el momento de ayudarlas a que lleguen al mar.

Y en ese momento estábamos nosotros en ese preciso instante. Haciendo una especie de barrera por un lado y por el otro. El objetivo? Que las cien tortuguitas llegaran al mar, por ellas mismas y,una vez allí, la suerte ya está echada y son ellas las que se tienen que espabilar. El tema es que tienen que llegar desde el punto aproximado donde su madre las dejó dos meses atrás.

El espectáculo de ver a tantas y tantas tortuguitas, bajando por la arena, torpes mil, hasta que las olas se las llevan no tiene precio y es uno de los momentos más mágicos, sin duda, que he vivido en mi vida viajera.

Que emoción, ahora a ver quien coño duerme con el dubidón.

Gracias Perhentian, mejor despedida no se podía tener.

Gracias.

 

 

 

 

 

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