26 de Agosto de 2017

A las 14:00 de la tarde nos recogía, puntual como un reloj, Sool, el taxista que nos llevó el día anterior a visitar los templos de Tumpat, por la puerta de nuestro hotel, el Hotel Perdana, para llevarnos directos al aeropuerto, donde teníamos que pillar un avión que nos llevará a Kuching, principal ciudad del sur de Serawak, en nuestra anhelada Borneo.

La mañana la habíamos pasando perreando por el hotel y por su piscina, haciendo tiempo para que empezará ya esta nueva etapa de nuestro viaje, donde una lista entera de sueños por cumplir esperaba para empezar a recibir tachones a medida que pasaran los días.

El billete lo habíamos comprado con Air Asia una semana antes por unos 50€ más o menos (equipaje facturado incluido) y fue hacía su mostrador que nos dirigimos nada más llegar.

Rápidamente y con la espera de que con la misma eficacia que muestra ante nosotros, el chico del mostrador nos manda nuestra mochilas hacía Borneo y a nosotros hacia la sala de espera hasta que, puntuales, como buenos exingleses, a las 16:35 despegó nuestro avión hacía la legendaria isla de Borneo.

Kuching! Here we go!

Al entrar a Serawak, igual que en Sabah, a pesar de estar en el mismo país, te sellan el pasaporte aunque manteniendo la misma duración que al llegar al país, 30 o 60 días dependiendo de la estancia prevista. Es un rápido tramite, sobre todo porque en el aeropuerto de Kuching mucha gente no es que hay, la verdad, y una vez ya con las mochilas en nuestro poder, hacia el mostrador de taxis para acercarnos a la ciudad.

Se encuentra nada más salir de la recogida de equipajes en un mostrador a mano izquierda y allí, dependiendo de donde tengas el hotel, te cobran una tarifa o otra, ya cerrada que en la mayoría de los casos acostumbra a ser de RM30 para los que tengáis el hotel en el centro de la ciudad.

Nos alojamos en Kuching por una sencilla razón: desde aquí, aunque a primera vista se trate de una moderna ciudad, tienes a tiro de piedra algunos de los Parques Naturales más impresionantes del país, sino el que más, además de otros muchos otros atractivos, sobretodo en cuanto a vida salvaje se refiere.

Para utilizar de campo base elegimos el Imperial Riverbank Hotel, en el centro de la ciudad, con vistas al río Sarawak y muy bien situado por los comentarios que leímos y a un precio que nos sorprendió gratamente: 6 noches, con desayuno incluido por 179€, eso son unos 29€ por noche la doble y, tratándose de un moderno hotel de 5 estrellas, pues no esta nada mal, no creéis?

Con todo, llegamos hacia eso de las 20:00 de la tarde ya, tiempo para dejar los bartulos e irnos a comer al vecino Top Spot, una azotea de un edificio que tenemos a menos de 300 metros donde tienes todo de paradas en las que te venden el pescado y el marisco fresco que tu elijas y después ellos allí te lo cocinan como quieras: Un Red Snapper, un plato de caracolas de mar y otro de Jungle Grass por RM45, ni 10€. Sobran las palabars.

Ahora ya sí que lo teníamos todo y no veíamos el momento de irnos a dormir para que llegara cuanto antes el día de mañana: Nuestra primera toma de contacto con Borneo iba a ser Semenggoh y sus orangutanes….

27 de Agosto de 2017

El Semenggoh Wildlife Center, es uno de esos lugares en el mundo que te encantaría que no tuvieran que existir pero que, hoy en día, son extremadamente fundamentales para la supervivencia de muchas especies, en este caso, para los orangutanes de Borneo.

Este fantástico animal está en peligro critico de extinción, obviamente gracias a nosotros, como no, y es por eso que estos lugares son sumamente importantes: en ellos, los animales rescatados, ya sea de incendios provocados por el hombre para poder plantar más aceite de palma o quitados de las manos de cazadores furtivos que los cazan para vender como mascotas, viven en un estado de semilibertad dentro de la reserva natural del mismo nombre, en su hábitat selvático natural, entre arboles y buscándose la comida sin tener que preocuparse por esos parientes suyos tan hijoputas: nosotros.

Para ver a estos animales libres y salvajes, en el centro organizan dos Fedding Time de una hora de duración cada uno, a las 9:00 y a las 15:00, en los que los guardas del parque depositan en unas plataformas en medio de la selva fruta para complementar la alimentación de los orangutanes y que así se dejen ver. Están en Semilibertat y tiene quilómetros y quilómetros de jungla para buscarse la vida para comer pero, a pesar de eso, las posibilidades de verlos con éxito acostumbra a ser grandes. O eso creíamos, al menos.

Para llegar al Centro hay varias opciones, desde el autobús público, que para en la puerta y sale de Kunching a las 6:45 y a las 7:15 de la mañana, pasando por el Taxi o por contratar una excursíon.

Pegarnos tal madrugón y perdernos el desayuno del hotel nos daba palao y pensamos (erróneamente como pudimos comprobar después) que contratar una excursións sería más caro que pillarnos un taxi para los dos que nos cobró, por llevarnos, RM70, es decir, unos 14€. La idea era volver en autobús, que por RM3 te lleva hasta la ciudad con lo que, contando la entrada del Parque, que son RM10 por cabeza, nos daban que teníamos todo por unos 20€ así que ya nos ves a nosotros dos, andando bajo una humedad del 200% ya dentro de la Reserva Natural de Semenggoh (a las puertas de la cual nos dejó nuestro Taxi) corriendo para que llegar a la hora (hay como unos 20 minutos, media hora igual desde la entrada hasta las plataformas) mientras todo de minivans nos pasaban mirándonos con cara de: – Pero donde van estos primos?

Pero primo o lo que sea, antes de que abrieran ya estábamos allí esperando, junto con un nutrido grupo de turistas nuestro momento, ilusionados al máximo, hasta que un ranger se encargó de ponernos en nuestro lugar: – Tener claro que esto es una reserva, no un zoo, es decir, no se puede asegurar que veamos a los orangutanes, es mas, desde hace tres días que no aparecen por aquí, estamos en temporada de frutas de la selva y se valen por ellos mismos.

O lo que es lo mismo, una muy buena noticia para los orangutanes, un bajón tremendo para los humanos allí congregados, pero bueno, había que intentarlo.

Y la cosa, la verdad, que pintaba mal y es que las 9:10, 9.20, 9:30 y allí las únicas que hacían acto de presencia eran las decenas de ardillas que se estaban poniendo las botas con la fruta de los orangutanes, pero de ellos, ni rastro. Cada vez que aparecía una de ellas de entre el espeso follaje, con el alboroto que montaba, parecía que esa era la buena, que de allí iba a salir uno, dos tres orangutanes, y después las veías a ellas, despeluchadas, y se te caían los huevos al suelo, para que nos vamos a engañar.

9:40, 9:45, 9:50, que va, aquí ya no veremos nada, pero, espera un momento, el ranger se ha levantado de golpe, le han dicho algo por el walkie, que mierdas pasará?

Pues resulta que hambre lo que se llama hambre no tienen los orangutanes ahora mismo, pero ha aparecido un gran macho justo en el camino por el que hemos venido para llegar a las plataformas así que, en silencio y con cuidado, hacía allí que nos vamos.

Y ese momento, que momento, de esos que difícilmente olvidarás, en que giras una curva del camino y te encuentras ese bicharraco allí enfrente tuyo, a nada, encima de tu cabeza, con esa mirada, esa paz. Fue sin duda uno de los momentos más intensos que he vivido viajando.

El hecho de que no estuviera en las plataformas y estuviera en el camino hizo que lo tuviéramos a tocar, siempre dentro de una distancia prudencial, claro, y allí nos quedamos con él un buen rato, o no, la verdad es que no tengo mucha conciencia del tiempo que allí estuvimos, igual 10, 15 minutos, quizás algo más. Pero lo que sí recuerdo es su mirada, tan cercana, tan humana diría yo. Un puntazo y una genial manera de empezar nuestra semana en Borneo, sin dudar.

Poco a poco, después, los rangers nos fueron invitando amablemente a salir de allí, no quieren tampoco que los orangutanes interactúen mucho con los humanos, y con razón, y nos fuimos, con una sonrisa de oreja a oreja, a buscar la manera de salir de allí.

La opción que teníamos en mente al volver, la de pillar el autobús, fue perdiendo fuerza a medida que nos planteábamos el volver a hacer otra vez el camino de vuelta a la entrada de la reserva bajo ese calor abrasador y en estas apareció un viejito risueño, muy parecido a Sool, la verdad, aunque igual es que aquí todos se parecen, que nos dijo que él nos llevaba y que le pagáramos lo que queríamos, pues resulta que era el conductor de una Van que traía a solo dos personas y claro, tenía 7 asientos más para sacarse un sobresueldo y con la casualidad que esas dos personas que traía eran españoles y nos hicieron ver lo inútiles que habíamos sido: ellos habían pagado, transporte desde el hotel y al hotel luego, entradas incluidas RM50 cada uno, es decir RM100, lo mismo que pagaríamos nosotros si nos pegáramos el tute de volver en autobús así que no lo dudéis, pasaros por alguna oficina de las muchas que hay en la ciudad (ellos en este caso lo hicieron con Borneo Experience) y hacerlo fácil, no hagáis como nosotros, va.

Y con esto, eran las 12 de la mañana y volvíamos a estar en la ciudad, como en una nube, pero sin tiempo que perder: por la tarde nos esperaba la península de Santubong y sus manglares…

Seguiremos en racha?

Próximamente en sus mejores cines…

 

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