27 de Agosto de 2017

Con el subidón aún en el cuerpo por nuestro encuentro con los orangutanes en la reserva de Semenggoh de esta mañana, Richard, nuestro guía, nos recogía a las 16:00 de la tarde en la puerta de nuestro hotel, el Imperial Riverbank para mostrarnos algunos de los secretos mejor guardados de los alrededores de Kuching: el río Santubong, sus manglares y la vida salvaje que en ellos viven.

Esta excursión la reservamos con una agencia desde Kota Bharu, de hecho era la única que traíamos reservada, por un sencillo motivo: hacerlo por libre es prácticamente imposible y si lo consigues, te saldrá más caro, seguro.

La agencia en cuestión era CPH Travel Agencies y la excursión tenía un precio de RM160 por persona o sea que barata barata no es que sea, pero la verdad, valía la pena probarlo.

Delfines de Irawaddi, monos narigudos, cocodrilos de estuario, nubes de luciérnagas, todo pintaba muy bien sobre el papel pero, a decir verdad, tenía mis dudas al respecto así que no se hable más, a jugar: Richard, dale gas!!

Justo después de nosotros hacíamos dos paradas más para recoger a dos parejas y un matrimonio con un hijo. Nueve personas seríamos al final y, todos contentos, hacia el Sarawak Boat Club, donde pillaríamos el barco.

Y la verdad que nada más llegar ya la primera sorpresa en el mismo embarcadero, bueno, debajo de el más bien dicho y es que allí teníamos, bajo nuestros pies el famoso (y bastante asquerosillo, la verdad) pez del fango, a montones, arrastrándose por los fondos enfanganados del manglar. Una paranolla verlo por allí arrastrándose, y aún ni habíamos subido al barco, a ver que nos va a deparar este, va.

En este punto, el rio Santubong se dirige, poderoso, hacía su desembocadura a los pies de la montaña del mismo nombre que tendremos desde ya mismo como maestro fijo de ceremonias de todo lo que nos va a pasar. Es el fondo de pantalla perfecto, verde, salvaje, inhóspito.

Y a lo poco de salir ya nos encontramos con los primeros langures, en lo alto de los arboles, alimentándose. La verdad es que poco los podemos ver porque a la que detectan nuestra presencia la gran mayoría de ellos desaparecen pero, aún así, siempre queda alguno más valiente que los demás para el que lo primero de todo es comer, da igual que barca llena de guiris venga por debajo.

De los langures pasamos al precioso Kingfisher y a alguna águila pescadora que da vueltas encima de nuestras cabezas y enseguida, sin esperárnoslo si quiera, los primeros delfines de Irawaddi, y esto sí que es una verdadera sorpresa, la verdad.

Es una sorpresa por dos motivos: el primero es que, en esta zona, se estima que quedan entre 60 y 70 ejemplares entre el rio Santubong, donde nos encontramos y los cercanos ríos Bako y Sarawak, es decir, poquísimos y el segundo motivo es porque sobretodo, las mayores posibilidades para verlos es por la mañana temprano, no a las 17 de la tarde como es nuestro caso pero sea como sea aquí están, un grupo de unos 4 o 5 ejemplares, con algún bebé entre ellos, nadando en círculos a una distancia prudencial mientras nosotros intentamos adivinar en qué lugar volverán a aparecer para acercarnos lo máximo posible. Aún así en ningún momento los hemos tenido a menos de que se yo, 40 metros? Y es que estos delfines, chatos y con las aletas muy muy cortitas, no tienen el mismo comportamiento que otras especies de delfines que se ponen a jugar con la proa de los barcos sino más bien lo contrario y los acostumbran a esquivar siempre que pueden. Y bien que hacen, más vale prevenir que curar.

Y en este juego del gato y el ratón hemos estado quizá una hora bien buenas hasta que ya hemos tenido suficiente tanto nosotros como ellos y hemos enfilado de nuevo nuestro rumbo, ya a mar abierto, hacia otra zona de manglares donde, en principio, al atardecer, se acercan los famosos monos narigudos, endémicos de Borneo, y en grave peligro de extinción ya que se estima que, en la actualidad, solo quedan unos 7.000 ejemplares, sobretodo, otra vez más, a consecuencia de la pérdida de su hábitat natural y gracias a quién? Exacto, a Mister hombre.

En fin, a lo que íbamos. Manglares y más manglares, verde y más verde pero de monos narigudos nada de nada. Ya decía yo, pero oye, un momento, que es eso de allí arriba de color rojizo que se mueve? Es uno, no? Coño no que son dos! Y al final que va, ni uno ni dos ni tres, si no que había un grupo bastante numeroso de monos narigudos alimentándose de los brotes verdes de los arboles del manglar…Menudo subidón!

Eso sí, para hacerles la foto, entre tanta rama, ya es otra historia pero lo importante es que los teníamos allí, delante nuestro, como si nada, de rama en rama, de tallo en tallo, así es como se tendrían que ver todos los animales, y no en zoológicos que no dejan de ser cárceles para ellos para nuestro uso y disfrute. Que rabia damos.

Tampoco se el tiempo que hemos estado allí con ellos, pero otra hora bien buena seguro que se nos ha pasado allí y ya con el sol prácticamente desparecido, ha sido el momento de reemprender la marcha.

A partir de aquí, como comprenderéis, ya poco más nos podía sorprender, habíamos podido ver en un solo día tres animales en peligro de extinción libre y salvajes, como nos gusta verlos, y eso, ni en nuestros mejores sueños, nos lo podíamos imaginar, por eso cuando, después de visitar un Kampong (poblado) de pescadores levantado sobre pilonas en el mismo río, nos hemos dirigido hacía una orilla del manglar, foco en mano, y nos hemos encontrado con un árbol api-api, o lo que es lo mismo, un árbol lleno de luciérnagas que se encendían y se apagaban como si se tratara de un árbol de navidad, hemos comprendido que esa magia, ese espectáculo que estábamos viendo y viviendo, era el colofón perfecto para este día, nuestro gran día, que ya recordaremos por el resto de nuestra vida.

Serían las 20 pasadas cuando volvíamos a poner pie en tierra firme y nuestro día, sin duda, ya no daba para más. Una cena rápida en el Top Spot, donde nos hemos metido entre pecho y espalda una palometa a la brasa, un cangrejo real y unos calamares, regados con unos buenos zumos y una cervezaca de esas de 666ml que tanto me gustan y a tocar retirada que estamos que nos morimos.

Mañana será otro día más en Borneo pero de momento, yo, quiero recordar el de hoy…

Seguimos familia, seguimos….

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