29 de Agosto de 2017

Llegar al Parque Nacional de Bako es fácil, rápido y barato, un chollazo, vamos.

El autobús que te lleva es el numero 1 (el de color rojo) y sale cada hora desde las 7:00 de la mañana desde distintos puntos de la ciudad, uno de ellos a 30 metros de nuestro hotel, el Imperial Riverbank así que de lujo. El precio que tiene es de RM 3,5 y tarda aproximadamente una hora, dependiendo del trafico, a veces más a veces menos, hasta llegar a Kampung Bako donde tienes que registrarte en las oficinas del parque y comprar el billete de bote que te lleva hasta el Parque Nacional, que está aproximadamente a 20 minutos en lancha desde ese punto (RM 40 ida/vuelta).

Nuestra idea inicial era pillar el primer autobús, el de las 7, pero la intensa lluvia con la que nos hemos despertado ha hecho que lo hayamos retrasado un par de horas para ver si amainaba pero al ver que nada, que todo seguía igual, hemos acabado pillando el de las 9:00 y que pasara lo que tenga que pasar.

Como he dicho antes, todo muy fácil y rápido y, una vez llegas a las oficinas y te registras en la ventanilla del Parque (hay dos, una para los visitantes de un solo día, otra para los visitantes que hacen noche allí) pasas acto seguido a la chica de las lanchas que te vende ya el billete para los dos días y en menos de un minuto ya estás con el chaleco puesto esperando tu lancha para que te lleve.

Eso sí, el panorama, por eso, era desolador. La gente que venía del parque lo hacía completamente empapada y una ligera neblina cubría las marrones aguas del rio por el que en breve tendríamos que navegar después de cruzar un cartel bien grande que ponía Cuidado con los Cocodrilos, no bañarse. Si, si, todo muy alentador, pero vamos, ya que estábamos hasta aquí no íbamos a echarnos atrás, teníamos que visitar, si o si, el mejor Parque Nacional de Malasia según muchas de las opiniones que habíamos leído así que al lío, y a mojarse, claro.

El Parque Nacional de Bako es el parque más antiguo de Malasia y ocupa 40 km2 de una escarpada península situada a unos 40 km al noreste de Kuching. Esta proximidad no evita que dentro del parque podamos encontrar casi todas las especies vegetales que existen en Malasia, ya que el parque cuenta ni más ni menos que con siete ecosistemas distintos y si nos ponemos a hablar de vida salvaje tampoco se queda corto: sus estrellas son los monos narigudos, ya que seguramente este es el mejor lugar del mundo para verlos pero no son los únicos. Macacos, cerdos narigudos, cocodrilos, lémures voladores, nutrias, ratones ciervo, el gato salvaje de Borneo y un largo etcétera de bichejos son los que en el puedes llegar a ver, algunos con mucha suerte, claro está.

Era por eso que estábamos metidos dentro de esa lancha río abajo, solo deseando que la tormenta que nos caía del cielo no fuera acompañada de mala mar sino acabaríamos mal, un poco de cancha solo pedíamos, y la verdad es que pudo ser peor y al final el viaje se izo más tranquilo de lo esperado y poco a poco íbamos rodeando la península de Bako, observando sus peñascos de arenisca y la salvaje selva morir directamente dentro del mar hasta que llegamos a Talum , la playa donde se encuentran las Oficinas del parque y donde, como buenamente pudimos, desembarcamos.

El muelle del parque está como a unos 500 metros de las oficinas, igual algo más, y solo poner pié a tierra ya te das cuenta del lugar en el que estás: en frente tuyo se abre una larga, ancha y embarrada playa sin final, donde miles y miles de cangrejos corren despavoridos para ponerse a salvo de los muchos macacos que hasta allí se acercan para comer. A tu espalda, manglar y más manglar, hasta donde llega la vista, terreno ideal para esos asquerosillos animalitos como son los peces del fango, que se arrastran arriba y abajo buscando no sé muy bien qué y todo esto cerrado por enormes riscos de arenisca que forman un muro natural solo superado por la frondosa vegetación que crece en formas inverosímiles a través de ellos. Promete, verdad?

Pues imaginaros cuando aún llevábamos en el Parque ni diez minutos y ya vemos, encima de una árbol, ajeno a todo, al primer mono narigudo de Bako, y a tiro de piedra, sin miles de ramas entremedio, tan pancho el amigo, zampando como un campeón pensando qué diablos estarán haciendo esos cuatro o cinco tíos que hay allí abajo mirando hacia él…si es que estos humanos…en fin…

Pero a lo que íbamos, una vez en el parque te tienes que volver a registrar, das tus datos y, en el caso de que tengas reserva para dormir como nosotros (si no tienes reserva, lo más probable es que no haya disponibilidad, no hay muchas camas y acostumbran a reservarse con tiempo) hacer el check in. Allí os darán un mapa con las 17 rutas señalizadas que hay en el parque y os informarán de cualquier duda que tengáis y aunque no sonríen mucho, eficientes lo son, eso sí.

El check In de las habitaciones se hace de 14:00 a 17:00 y eran apenas las 10:30 y nosotros no teníamos intención, en absoluto, de esperar allí pasmados así que dejamos la mochila con la ropa y demás en un cuarto que hay detrás de la recepción para tal efecto y con los chubasqueros, bien de agua y la motivación por las nubes nos fuimos hasta nuestra primera ruta del Parque: nos íbamos a por uno de los más recomendados senderos, nos íbamos a Teluk Pandan Kecil.

Esta ruta, como muchas otras, empiezan detrás del embarcadero, después de cruzar una pasarela muy currada que cruza todo el manglar hasta una pequeña debilidad que hay entre las paredes y que, mediante escaleritas de madera y más pasarelas consigues superar. Una vez llegados a este punto encuentras un panel con todas las rutas que desde aquí salen así como su distancia y su color, es decir, solo tienes que elegir una y liarte la manta a la cabeza que todas empiezan tirando hacia arriba así que al lío.

Los primeros tramos los haces en medio de densa vegetación, arboles, lianas, raíces, todo se ciñe a la imagen que a todos nos viene a la cabeza al escuchar la palabra jungla y además con el día que nos hace hoy con lluvia constante, que realza aún más todos tus sentidos y es que, andar por aquí es eso, una explosión de los sentidos, no dan abasto en verdad, el oído intentando descifrar todos esos sonidos que proceden del interior de esa densa selva, la mayoría de ellos nunca antes escuchados por nosotros, sumiéndonos en un profundo desconcierto. La vista aguilizada, sin permitirle que se le escape nada, en busca de esos animales prometidos que poco a poco van cogiendo forma. Y el olfato, que explosión de olores nuevos, todos entremezclados entre sí, sin posibilidad de desentrañarlos. Te embriaga, esa sería la palabra, vas por ahí con un colocón de selva. Sí, eso es.

Una vez superada la pantalla de la selva toca la meseta. De repente, sin previo aviso, todo cambia a tu alrededor, el suelo fangoso se vuelve de una arcilla blanca, la densa vegetación da paso a un pequeño bosque más aireado, con constantes claros y lleno a reventar de pequeñas plantas carnívoras y las famosas plantas jarras, que aquí vemos por primera vez.

Y de esta guisa se van sucediendo uno a uno los distintos ecosistemas, sin darte cuenta, y de la misma manera, supongo que con tu colocón de selva, llegamos por fin a nuestro destino, y aquí sí que se te caen los huevos al suelo, no nos vamos a engañar. El síndrome de Stendal se conoce a cuando la visión de una obra de arte te llega tan adentro que incluso te hace llorar. No sé si con la naturaleza pasa lo mismo o si tiene otro nombre, ni idea, pero llegar a lo alto de ese acantilado, con la enorme playa a tus pies, vacía, salvaje, y solo selva y selva a tu alrededor te produce una sensación en el estomago que solo se supera con esa lagrima solitaria que te recorre la mejilla hasta caer y mezclarse con el lugar ya para siempre. Esa sensación de libertad que buscamos una y otra vez al viajar. Todo eso se reduce a ese preciso momento, eso quizás puede ser la felicidad.

De hecho ni nos habíamos dado cuenta de lo realmente empapados que estábamos y no fue hasta que paramos en el acantilado moldeado por el agua con el paso de los siglos a contemplar todo lo que se abría a nuestro alrededor que caímos en ello. Ni una sola parte de nuestro cuerpo seca, los pies encharcados dentro de las zapatillas, la mochila empapada, todo. Solo se salvaban la cámara de fotos y el móvil, que estaban a buen recaudo dentro de la funda pero todo lo demás, chorreaba.

Una vez aquí hay dos opciones, o deshaces el camino andado y vuelves hasta las oficinas del parque o esperas que aparezca una barca en la playa en busca del algún excursionista exhausto y le pagas los RM60 que vale el trayecto. Para eso tienes que primero bajar hasta la playa, y eso se hace por un sistema de empinadas escaleras que te llevan hasta la misma arena. Vale la pena bajar vuelvas en barca o no, la verdad.

Antes, en las playas, incluso te podías bañar pero desde hace años los responsables del parque lo desaconsejan encarecidamente y es que la presencia de enormes cocodrilos de agua salada es bastante frecuente así que vosotros mismos, avisados estáis.

Lo suyo, para que no te cueste tan caro volver es juntarte con alguien que esté en la misma situación que tu y compartir los gastos del barco y eso fue lo que hicimos con una familia de holandeses con lo que hacíamos un total de 6 así que al final ni tan mal la cosa ya que nos salió a RM10 por cabeza, un par euros, vaya.

Además volver por la costa es un puntazo ya que el barquero te va llevando entre curiosísimos islotes de arenisca, llamados Bako Sea Stack, erosionados por la fuerza del mar y que han adoptado (algunos con más imaginación que otros) la forma de un Cobra Real, un caballito de mar, un gato (en honor a Kuching, claro)

Y con todo eran las 14:00 y poco y ya estábamos de vuelta en el cuartel general del parque y lo mejor de todo, ya tendríamos nuestra habitación.

Tener en cuenta que las habitaciones forman parte de un Parque Natural, no de un hotel, así que no esperéis grandes lujos, nosotros pillamos una cabaña Tipo 5, con tres camas individuales que nos costó RM100 la noche con baño compartido con otra cabaña ocupada por un grupo de tres chinos un tanto frikis.

Son bastante rusticas pero lo importante es que están limpias y tienen unos fantásticos ventiladores que mantienen, en la medida de lo posible a raya los mosquitos así que más no se puede pedir. Eso sí, el olor a humedad es evidente desde nada más cruzar la puerta pero es que estamos hablando de que la cabaña está metida en medio de la puta selva así que qué queréis, no?

Y sobre todo lo que os decía antes, si queréis dormir allí, reservar con antelación. Lo podéis hacer en la web del parque. Aquí.

Otro tema es la comida y pasa un poco más o menos lo mismo que con las habitaciones, es lo que hay.

En la cafetería del parque hacen arroz frito, noddles y pollo y de eso te mantienes durante el tiempo que estés allí. No es muy sabroso pero al menos es comestible, eso sí, al loro porque los macacos organizan asaltos en grupo a la cafetería para arrambar con todo lo que puedan y no se van con chiquitas, si te pones en medio, tú mismo. Nosotros no hemos presenciado ninguno pero unos chicos que nos hemos encontrado al llegar nos han dicho que esta mañana, durante el desayuno, han montado una buena. Cosas de bandas.

Y con la habitación y comida dentro de lo que cabe satisfechos, a por más senderos que se ha de aprovechar.

Uno de los mejores lugares para ver más monos narigudos es, al amanecer y al atardecer, la cercana Teluk Limau, a tan solo 800 metros del parque y que, por lo visto, tiene los arboles favoritos de estos animales tan curiosos. Pero ojo, 800 metros dirás, bajjj, menuda chusta, eso me lo hago yo con alpargatas, pero esto es otro rollo, te lo aseguro. De hecho, una vez dejas la pasarela que te cruza el manglar, te metes de lleno dentro de la masa boscosa y no vuelves a ver el sol prácticamente hasta que sales de la playa. Un constante sube y baja que, con todo mojado como estaba, hacen de los 800 metros un buen pateo para terminar el día. Y al llegar a la playa, la solitud más absoluta. Nadie, solo una salvaje playa y nosotros dos. Y los narigudos, claro está y es que, después de afinar la vista adaptarla de nuevo a la luz solar, hemos distinguido tres de esos monitos a su rollo en las alturas.

Esta es una de las excursiones más comunes del parque y encontrarte de esta guisa la playa no es muy común ya que siempre acostumbra a haber alguien. El motivo entonces? Pues que en el parque te dicen por activa y por pasiva que a las 18:00, como muy tarde, estés de nuevo en el cuartel general. Y sabéis que hora era cuando nosotros llegamos a la playa, no? Exacto, las 18:00 pero os cuento por qué. Ellos lo dicen porque no te recomiendan por nada del mundo que andes solo por el parque de noche pero coño, que se hace de noche a las 19:00/19:30, al menos en esta época del año así que todo controlado y además, a la vuelta le hemos pisado un poco más y en una media hora larga ya estábamos pasando por las pasarelas repletas de Maras de macacos esperando su próxima víctima que, os aseguro, no voy a ser yo. Maras de Macacos y los súper graciosos cerdos barbudos, que los podréis ver por todo el parque, a su pelota, como si no existieras, comiendo raíces de aquí para allá. Son como jabalís pero con una cabeza enorme y una barba que son el no va más. Y no os preocupéis, no hace falta que los busquéis. Ellos ya vendrán, están por todos lados.

Y des esta guisa, entre narigudos, macacos criminales y cerdos Hipster se terminaba nuestro primer día en el mundo perdido de Bako. Se acababa porque nuestra amiga lluvia nos jodía el plan y obligaba a cancelar la excursión nocturna que organizan los guardas del parque para ver animales que solo salen de noche pero que se le va a hacer. Jode, porque varias personas nos han dicho que está genial pero esto es lo que tiene la naturaleza, que le importa un comino lo que hagas o dejes de hacer. Así es la vida. Si podéis hacerla, para apuntaros basta con estar un poco antes de las 20:00 en recepción y pagar los RM10 que vale por persona y al lío. Una lástima pero la vida es así.

Nosotros a dormir empapados y a esperar que, por favor, mañana el cielo de una tregua. Pequeña aunque sea, va.

30 de Agosto de 2017

Pero ni tregua ni ostias. A las 6:00 sonaba el despertador y sacaba la cabeza de la cabaña con las primeras luces para ver qué pero rápidamente me daba cuenta que el día de hoy iba a ser similar al de ayer. Y eso que no llovía, cosa que aprovecharon nuestros amigos Hipsters para salir de debajo de nuestra cabaña, donde pasaron toda la santa noche, e ir a picotear algo por allí, pero no tardaría en hacerlo de nuevo. Y había que tomar una decisión, ya no teníamos ropa seca, nada, y otro día calado hasta los huesos sin podernos cambiar….lo mejor sería desayunar, acercarnos por los alrededores del campamento a ver si vemos algún que otro narigudo y volvernos a Kuching en el primer bote que salga. Está claro, eso es lo mejor, venga, va.

Pero oye, sabes qué? Que estoy aquí ahora mismo y no sé cuando voy a volver, qué más da de un poco más de agua, no? Sabes que, Adri? Me visto y salgo ya mismo, tú te quedas durmiendo un poco más y me hago el Lintang Trail, un circuito circular de casi 6 km que dicen que es el otro imprescindible del parque y antes de que te enteres estoy aquí, te parece??

Y es que si de algo me había fijado el día anterior es que los horarios que te pasa el parque son horarios más que generosos y si para este que tenía en mente te marcan 4 horas estoy convencido que en 2 y poco estoy de vuelta, y eso que mi forma ahora mismo está bajo mínimos pero vamos a tirarle, va.

6:00 de la mañana y ahí estoy, cruzando solo el campamento sin un alma aún en movimiento. Bueno, sin un alma humana, porque de las demás yo no queda nada durmiendo. Y es que a parte de nuestros amiguis Hipster que antes os he nombrado las bandas de Macacos ya están planeando su próximo golpe, un par de narigudos están liados con los tallos en la copa de un árbol a tocar de nuestra cabaña, centenares de ranas lían un jaleo considerable mientras disfrutan de lo inundado que está dejando todo las lluvias sin cesar y los mosquitos, hijos de puta, que me han dejado en un minutos las piernas como un colador, y con el Relec recién puestecito. Y todos, estoy seguro, pensando lo mismo: que mierdas hace este tonto motivao a estas horas por aquí, verdad?

El Lintang Trail es una de las rutas más recomendadas del parque principalmente por una razón y es que, en los casi 6 quilómetros de recorrido pasa por distintas zonas de vegetación, bosques lluviosos que no dejan pasar el sol, el típico Kerangas, una vegetación típica de Borneo, a medio camino entre un pinar árido pero lleno de vegetación de media altura, varios tipos de Palmera (incluida una de escasos tres metros una sola hoja de la cual me servía para resguardarme de la lluvia cuando está más apretada, utilizándola a modo de paraguas), plantas de jarra por doquier, más plantas carnívoras distintas a las que vimos ayer, etc, etc, etc.

Un bonito recorrido pero, en este caso, hoy si, desvirtuado por la lluvia y es que si ayer no hacia el camino especialmente peligroso, hoy, los tramos de arcilla estaban bastante impracticables y te hacían una suela blanca en las bambas que luego no había dios quien la quitara y los patinazos que te provocaba eran de escándalo. Aunque nada que no se pudiera solucionar con un poco más de ojo y listo, y así, en poco más de 2 horas y cuarto me planté de nuevo en la cabaña, sin haberme cruzado aún con ningún humano, mientras el campamento aún dormía.

Y el siguiente paso a dar estaba claro. Tocaba largarnos de allí y volver a nuestro hotel de Kuching, quitarnos la ropa empapada de encima y, lo que más nos apetecía en este momento. Pegarnos una ducha ardiendo para desentumecer todo nuestro cuerpo. Es lo único que pensábamos, la verdad. Además, como no habíamos dejado el hotel de Kuching si no que pagamos esa noche a pesar de no dormir en ella para mayor comodidad, era solo llegar y besar el santo así que venga. A ver como se sale de aquí.

Y difícil no es, eso sí, con la que estaba cayendo y el frio que hacia pocas ganas de meterte en el mar ahora pero es lo que tocaba así que hacia el mostrador de los barcos, que está situado en una caseta de madera justo enfrente de la cafetería y a ver cuando sale el siguiente.

Por suerte salen bastante a menudo y, un vez apuntados en el de las 10 de la mañana, lo único que nos quedaba era deshacer los 500 metros que hay hasta el embarcadero y ver quién es el valiente que nos quiera llevar, y es que no sabéis como lo pasamos, encogidos para dejar la menor parte de nuestro cuerpo al descubierto, con las gotas chocándose con nosotros mientras nos alejábamos de nuestro mundo perdido, de eso que habíamos venido a buscar.

Pero por suerte todo pasa y en 20 minutos clavados estábamos de nuevo en el embarcadero de Kamupung Bako, justo a tiempo para coger de vuelta el autobús que nos deje en Kuching y en nuestra ducha prometida, y es que si para hacer el trayecto de ido los autobuses salen de la ciudad a cada hora en punto, para salir desde aquí de vuelto lo hacen cada hora igual pero cada a y media. Así que si te lo haces cuadrar un poco mucho no tienes que esperar.

Otra cosa es el frío que pasamos en el autobús con toda la ropa empapada y el aire acondicionado puesto nivel más allá el muro pero eso ya es otra historia que mejor no contar…

Con lo que nos quedamos? Pues posiblemente con una de las tres mejores experiencias de las que llevamos vividas desde que aterrizamos en este país, y todo eso a pesar de que la lluvia nos puteó bastante y no dejó que aprovecháramos nuestro paso por el parque al 100% pero eso son cosas que pasan y con las que has de convivir y además, siempre va bien tener cuentas pendientes con sitios como el Parque Nacional de Bako. No sé cuándo ni cómo pero lo que sí que sé es que nos volveremos a ver, de eso no tengo ni las más remota duda.

Seguimos!!

 

 

5 pensamientos

  1. ¡Vaya pasada de sitio!
    Es la segunda vez en poco tiempo que leo sobre el Parque Nacional de Bako y me has puesto los dientes largos 😉
    Me ha hecho cierta gracia el relato porque yo siempre suelo tener muy mala suerte con la climatología. Tengo lluvia asegurada allá a donde vaya. Me reconforta saber que no soy la única…
    Un saludo

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    1. Jeje! Pues va a ser que no eres la única! Aunque a decir verdad en este viaje el tiempo nos respetó bastante, exceptuando Bako, claro está…
      En serio, si tienes la oportunidad ni lo dudes, os va a encantar! Es un mundo perdido…
      Salud y viajes!

      Me gusta

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