30 de Agosto de 2017

Ciertamente creo que nunca en mi vida una ducha me había sentado tan y tan bien. Con el frio dentro del cuerpo solo el agua hirviendo pudo devolvernos a la comodidad y, después de vencer el deseo de no querer salir de debajo del agua caliente nunca más en lo que nos quedase de vida nos dispusimos a, casi una semana después de haber llegado a la ciudad, empezar a visitarla.

Y es que desde nuestra llegada solo la habíamos utilizado de campamento base para visitar sus alrededores, cosa para la que, todo se ha de decir, sirve a la perfección, y nos habíamos limitado a algún paseo nocturno por su animada rivera del rio o a alguna incursión en su Chinatown para tomar una cerveza fresquita pero no nos habíamos puesto a descubrir los secretos de Kuching en serio hasta ahora y, la verdad, ya tocaba.

Eso sí, mierda para nosotros y es que efectivamente, seguía lloviendo pero para eso también teníamos solución: Primera visita, el Museo de Serawak.

Este se encuentra un poco alejado del centro como para ir andando lloviendo como estaba pero por RM10 cualquier Taxi te acercará sin problema y allí estábamos, encima de la colina donde se ubica el museo, en una antigua casa de la época de la colonia con un verde jardín enfrente. De hecho el museo lo fundó en el año 1891 Charles Brooke, sin duda el más famoso Rajá que tuvo Serawak cuando era un territorio colonizado por los británicos. Lo fundó para dar a conocer la artesanía indígena de la región así como ejemplares de animales y hoy en día, de alguna manera, se podría decir que sigue teniendo esa función.

La entrada es gratuita (como a la mayoría de los museos de la ciudad) y en la planta de debajo de la mansión encontramos, algunos con más gracia que otros, todos los animales que se pueden encontrar en Borneo hechos en cartón piedra, junto con algunos esqueletos de verdad coleccionados por Rusell Wallace, asistente francés de Brooke y naturalista.

La verdad es que, a pesar de la poca gracia que tienen algunas figuritas sirve para hacerte una idea de la enorme cantidad de especies distintas que habitan esta isla, muchas de las cuales hemos tenido la suerte de poder ver en estos días.

Mención aparte merece el reloj que sacaron, junto con una enorme bola de pelo, del estomago de un cocodrilo de estuario en las cercanías de Kuching, un tanto macabro, la verdad.

Por lo que respecta a la planta de arriba, lo más destacado de ella es una réplica a tamaño real de una Longhouse iban, con sus correspondientes cráneos colgados de la estancia comunal y diferentes muestras de indumentaria, armas y arte de algunos de los distintos pueblos que habitan Serawak. Una buena introducción si, como nosotros, no tienes tiempo de recorres las tierras altas (cosa que tenemos pendiente y más pronto que tarde vamos a realizar).

Desde aquí, y aprovechando que ya ha parado de llover (por fín!) decidimos acercarnos al Museo Textil de camino hasta Chinatown. Lo hacemos porque el guía que nos acompañó a las Fairy Caves nos lo recomendó y a ver, es gratis, está situado en una bonita casa colonial y dentro de él puedes ver todo de tejidos e indumentaria utilizada por las etnias Bidayuh, Iban o Penan entre otras así que vale la pena acercarse aunque, como es mi caso, no seas muy de museos y menos de tejidos, pero vamos, media hora y más que suficiente eh, no os penséis que más.

Y una vez ya cubierto el cupo de museos para una buena temporada, a por un poco de movimiento y para eso el mejor lugar es, sin duda, Old Chinatown.

Una vez cruzas su arco de entrada se puede decir que cambias de lugar y pasas de una ciudad recatada y tranquila (y musulmana) a una golfa y bulliciosa (y china, claro). Aquí las antiguas Shophouse de la época colonial sirven para albergar tabernas y joyerías mayoritariamente salpicadas con algunos de los templos más bonitos de la ciudad.

Primero nos encontramos con el llamativo templo de Hiang Thian Siang, dedicado al Emperador del Cielo, para, unos metros más adelante, y solo si levantamos la vista, encontrar el templo de Hin Ho Bio, situado en la planta alta de la Asociación de Hainan y que, sin duda, vale la pena visitar y es que si algo tienen los templos chinos es que te quedas embobado contemplando todos sus detalles, aprovechando hasta el más mínimo espacio al detalle, guardando una sorpresa allí donde te decidas a fijar la vista. Molan mucho, la verdad, supongo igual porque son los que menos acostumbrados estamos a ver, no sé.

Ya que estáis aquí hacer como nosotros y aprovechar para beber cerveza. Es el mejor sitio de la ciudad para hacerlo y además sin que te saquen un ojo de la cara por ello. Todo esto de los templos y demás está muy bien, oye, pero una cervecita en una mesa de alguna de las muchas tabernas que hay en Chinatown mirando los personajes que pasan todo tatuados con cara de pocos (o ningún) amigo también es parte del espectáculo así que no lo dejéis pasar. De hecho nosotros no es la primera vez que lo hacemos aquí en Kuching, y nos encanta.

Llegados a este punto decidimos volver sobre nuestros pasos para acercarnos a la zona de Jalan India (que aunque debería ser el barrio indio de la ciudad, la verdad es que hay más chinos que otra cosa) que es la continuación hacia el oeste de la arteria principal de Chinatown (Jln Carpentier) y donde podéis encontrar todo de tiendas (rollo bazar Chino) donde podéis comprar lo que queráis y tirado de precio, eso sí, de un solo uso, está claro.

A pesar de todo, la calle es peatonal y en ella prácticamente no encontrareis ningún turista (o ninguno directamente) con lo que puede ser un buen lugar para pasear y contemplar la cotidianidad inalterada. Y eso siempre está bien, verdad?

Y ahora tocaba volver, claro.

Para ello decidimos seguir el margen del río, un agradable paseo lleno de vida (bueno, menos cuando cae ese sol que te fríe el cerebro que entonces no encuentras ni al apuntador) y que va pasando por antiguas edificaciones de la época colonial, algunas restauradas y convertidas en restaurantes o museos y otras dejadas consumir por el implacable paso del tiempo y convertidas en testigo directo de lo que un día fue la ciudad.

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Unos de estos edificios que más llaman la atención son los antiguos juzgados, que en su día fueron el centro administrativo de la ciudad y donde hoy encontramos varios restaurantes y la Oficina central de información turística de Serawak. O eso dicen, nosotros no la vimos, la verdad.

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Justo enfrente de estos edificios se encuentra un monolito construido en 1924 en honor a Charles Brooke e igual, a estas alturas, ya vendría siendo hora de explicaros un poco quien fue este tío que ya ha salido varias veces hoy en esta historia.

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O estos tíos, mejor dicho, porque antes que él estuvo su tío, James Brooke, que fue el primer Rajá blanco de Borneo después de echarle un cable a un virrey local a sofocar una rebelión. Venga va, te lo has currado, te nombro Rajá. Y de esta manera, el pueblecito pesquero de Kuching se convertía en la capital de una Borneo que para aquel entonces poco importaba a los británicos. Así fue como empezó la época de los Rajás blancos que duró hasta la invasión de los japoneses durante la segunda guerra mundial. Y después de James llegó Charles, que introdujo el Parlamento y el ferrocarril en Serawak y siguió luchando contra la piratería, la esclavitud y los cazadores de cabezas de la zona. Sea como sea, lo tienen en un pedestal y en cada esquina de la ciudad encontramos referencias a él, como hemos visto y como seguiremos viendo más adelante. Historias de la colonización, en fin.

Con todo esto, el día iba llegando a su fin y con él llegó la hora de cenar y a que no sabéis donde cenamos?? Premio!! En el James Brooke Bistro & Café, situado en el paseo del río, justo enfrente del museo chino y muy pero que muy recomendable. Bonitas vistas, tranquilidad asegurada y muy buena comida. Hacía tiempo que no probaba un curry tan bueno como el de aquí. Apuntároslo. Y llevar repelente de mosquitos. Apuntarlo también.

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Y ahora ya sí, tranquilamente disfrutando de la noche y de la luna de Borneo reflejada sobre el rio Serawak era hora de ponerle punto y final a este día, que empezó calados hasta los huesos entre monos narigudos y plantas carnívoras en el Parque Nacional de Bako y terminaba con una luna radiante sobre una encantadora ciudad…

Seguimos!

 

 

 

 

 

 

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