31 de Agosto de 2017

Solo sabíamos que teníamos que volver. Era nuestro último día en Kuching, en Borneo, incluso en Malasia. Mañana esta formidable aventura llegaba a su fin y nosotros solo sabíamos que teníamos que volver.

El motivo? Ni idea, sensaciones supongo. Y es que en nuestra primera visita a la Reserva de vida salvaje de Semenggoh habíamos tenido la suerte de podernos encontrar cara a cara con un gran macho, tenerlo por encima de nuestras cabezas, a menos de tres metros, durante un buen rato, pero lo dicho, teníamos que volver.

Algo nos decía que sería la despedida perfecta así que no hacía falta decir más. Prácticamente todo el viaje nos habíamos guiado por sensaciones, nada más, y nos había salido a la perfección así que esta vez no iba a ser distinto y a las 8:00 de la mañana, puntuales, nos pasaba a recoger por la puerta del hotel la furgoneta que nos tenía que llegar a Semenggoh.

No hace falta decir que no íbamos a hacer el canelo que hicimos en la primera vez. Nada de buscar taxi, negociar precio, y demás. Llevábamos la lección aprendida y habíamos reservado el transporte con Borneo Experiences, la misma con la que volvimos después de nuestro encuentro con el Big Boss de Semenggoh.

De hecho el conductor era el mismo y, al vernos, ha flipado. El motivo me lo supongo: cuando nos cogió a la deriva andando por el medio de la reserva y nos trajo de vuelta a Kuching, la pasta que le dimos fue directamente para él, estaba claro, y me parece bien, eh, pero en la agencia no tenían ni idea, vamos. Y si en ese momento estábamos allí significaba que habíamos pasado por la agencia para contratar el viaje y eso yo creo que al principio le acojonó un poco. Pero que va, nosotros ni pío, por favor, y a los pocos minutos ya se había relajado y estaba ya con su cachondeo sacándonos de la ciudad junto con un australiano al que no se le entendía ni un carajo de lo que decía.

Y claro, esta vez, la llegada fue totalmente todo lo contrario: él se encargó de pagar los RM10 que vale la entrada a la reserva por persona y el mismo camino por el que el otro día corría nuestro sudor hoy lo hemos hecho con la comodidad de un buen aire acondicionado viendo el paisaje pasar.

Y nada más bajar, nuestra reafirmación.

Y es que algo está pasando allí abajo, porque está todo el mundo mirando al mismo lugar? Pero si aún estamos en la puta carretera de la reserva!! Y al llegar, lo que decíamos, sabíamos que teníamos que volver.

Estarían a unos 50 metros de distancia, quizás más, pero allí detrás de esas ramas que se movían sin cesar no había una ardilla, eso seguro.

No sé cuanto rato ha pasado hasta que ha aparecido, seguramente muy poco, igual ni un minuto, pero esa espera se ha hecho una eternidad hasta que hemos podido ver ya, claramente, a Saddamiah, curiosamente una de las hijas de Richie, el gran macho del otro día, bajar con extraordinaria destreza entre arboles y cuerdas hacia donde estábamos nosotros.

Y allí no acababa la cosa, que va. Porque inmediatamente después de ella aparecía Ruby, su hija, el orangután más jovenazo de toda la reserva o lo que es mismo, justo lo que Adri quería ver.

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Pero es que ojo, que hay más, y es que con la emoción del momentazo “madre e hija” se nos había pasado por completo a todos los que estábamos allí embobados que por detrás, siguiendo su camino, venía la iaia Seduku, madre de Saddamiah y abuela de Ruby para controlar que la cosa no se desmadrara demasiado, así que como quien no quiere la cosa, en un momento se había montado una comida de navidad delante nuestro y nosotros sin saberlo.

 

No sabéis lo que es ver a estos animales así, tan de cerca, moviéndose arriba y abajo, mirándote, jugando entre ellos, haciendo lo que les da la real gana, vamos. Incluso hemos tenido momento Pánico cuando Seduku, la más seria de las tres, que por algo es la matriarca, claro, ha decidido que quería ir a un árbol en concreto y que para ir a ese árbol en concreto quería cruzar por en medio de donde estábamos nosotros. Y vaya si lo ha hecho, ha bajado tan ancha de su arbolito, y con mirada vacilante a lo: -te apartas o te aparto? Se ha venido hacia nosotros y por allí que ha pasado para acojone máximo de los rangers, a los que se les ha visto un poco bastante tensos, la verdad, y es que estos animales son inofensivos, pero claro, hasta que les tocas las pelotas, obviamente.

Y con todo lo mejor era que no eran ni las nueve de la mañana, lo que significaba que teníamos más de una hora para disfrutar de ese momento, para guardárnoslo en la retina, para despedirnos de los orangutanes, si, pero también de esta isla, que tanto nos había dado, y de este viaje, que llegaba poco a poco a su fin.

Y sin duda, esta era la mejor manera de hacerlo.

Entre vida salvaje.

Cumpliendo sueños.

Sueños libres y salvajes.

 

 

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