31 de Agosto de 2017

Vosotros sabéis lo que es un halo solar?? Yo confieso que no tenía ni la más remota idea hasta que pisamos Kuching de nuevo, después de habernos despedido de Ruby, Saddamiah y Seduku en la reserva de Semenggoh, y vimos a toda la gente mirando al cielo. A decir verdad, y no preguntéis el porqué, lo primero que pensé es que alguien se quería tirar de alguna azotea, supongo que en mi mente ya circulaba la idea de que mañana esto se terminaba y ya empezaban a aflorar los pensamientos apocalípticos pero que va, no era nada de eso, lo que la gente miraba era un fenómeno meteorológico que poco se puede ver por estas latitudes y que tiene este nombre: Halo solar. Que qué es, no?

Pues un halo solar es un efecto óptico que se forma alrededor del sol en forma de anillo, como una especie de arcoíris que lo rodea por completo y que brilla por el exterior manteniendo el trozo de cielo que queda dentro de un color más oscuro de lo habitual. Es un poco paranoia, la verdad y tuve que tirar de wikipedia para saber qué narices era y la verdad que, como antes he dicho, se ve que es típico de zonas frías como Canadá, Groenlandia o Alaska pero que si se dan las condiciones atmosféricas adecuadas también se puede dar en cualquier otro lugar.

Se ve que se forma al cristalizarse las partículas de hielo en suspensión que hay en la troposfera que son las que reflejan la luz del sol generando ese efecto y que se pueden formar cuando ha habido fuertes tormentas, como ha sido nuestro caso en los dos últimos días.

Así que ya veis, hasta el cielo nos sorprende en este viaje y la verdad, se agradece que sea eso y no un suicida. Imaginaros que manera más jodida de acabar un viaje como este, no?

Así que una vez ya nos acostumbramos a cruzarnos a la gente con el cuello del revés, nos decidimos por seguir con nuestra visita a Kuching, que habíamos dejado en Stand By ayer por la noche, y lo haríamos cambiando completamente de tercio y es que, si durante la semana que llevamos en la ciudad habíamos estado siempre en la orilla sur del río Serawak, ahora tocaba cruzar al norte, más allá del río, donde los modernos hoteles y edificios dejaban paso a una Kuching mucho más rural, hasta el punto de parecer mentira que tan solo separen una de la otra lo ancho del río.

Para llegar a ella es necesario tomar un tambang, una de las muchas barcazas que se ven continuamente hacia un lado y otro del río a lo largo de todo el paseo. Cuestan 1RM y en 30 segundos pasas de la moderna ciudad de Kuching a todo un tradicional pueblo Malayo como Kampung (Pueblo) Boyan.

Fuerte Margherita

El principal motivo para cruzar el río es visitar el Fuerte Margherita, y para llegar a él nos toca cruzar parte de este tranquilo pueblo, lleno de casas de colores desde donde la gente te observa por la ventana como si fueras un bicho raro y coches desvalijados en descampados que tuvieron mejor vida.

Una vez llegas a él, Bingo!

Cerrado. Aunque la verdad mucho tampoco nos importa porque hoy en día, el fuerte alberga lo que vendría a ser el museo de la policía y por allí ya sí que no paso, me gustan poco los museos pero un museo de polis?? Ni de coña, vamos.

La visita al Fuerte Margherita bien vale el calentón que te metes para llegar aquí por eso, ya que ves una perspectiva de la ciudad que de otra forma no puedes tener. El fuerte en si es resultón, fue construido por Charles Brooke (quien sino) en 1879 con la intención de disuadir a los piratas de atacar la ciudad y la verdad es que los debió acojonar ya que no llegó a disparar ni una sola bala así que se puede decir que fue todo un éxito.

Eso sí, después de que la época de los Rajás blancos llegará a su fin, el fuerte fue ocupado por Japón primero, durante la segunda guerra mundial para después pasar a manos británicas hasta que por fin, casi cien años después de su construcción, vio ondear de lo alto de su mástil la bandera de Sarawak, hasta hoy.

Si estáis muy motivados, en esta banda del río también se encuentra el parlamento de Sarawak, prácticamente omnipresente desde toda la ciudad, y el Astana, un palacio construido también por el amigo y que actualmente hace las funciones de casita del gobernador aunque tanto uno como el otro están cerrados al público así que mucho sentido, la verdad, no tiene ir hasta allí.

Nosotros lo que hicimos fue volver por donde vinimos, cruzar el rio en la misma barcaza que lo cruzamos y irnos de cabeza a recuperar algo del liquido que habíamos perdido y es que, si ayer a esta hora se podía decir que estábamos helaos y casi temblando, hoy el calor que hacía, pero sobretodo la humedad, eran absolutamente inhumanos.

Una cosa que no hemos comentado es que hoy, día 31 de Agosto, es el día de la Independencia de Malasia y si no lo hemos comentado es por un motivo. No hacen absolutamente nada de nada para celebrarlo. Al menos en Kuching. Bueno si, cierran todo, pero actos? Ninguno.

Así que la idea que teníamos de ir al Nuevo Chinatown, una de las principales arterias comerciales de la ciudad, se nos esfumaba al mismo tiempo que veíamos las persianas bajadas de absolutamente todos los establecimientos, incluidos restaurantes y demás, así que, sin pena ni gloria, decidimos retirarnos al hotel un rato, dejar que pasara el calor al menos, y salir al atardecer para terminar de despedirnos de la ciudad.

Sarawak River Cruise

Y para decir adiós a la ciudad no habíamos elegido otra cosa que un tranquilo y romántico crucero por el río Sarawak al ponerse el sol.

La verdad es que no las teníamos todas, el precio del crucerito no era poco (RM65) y el hecho de que durante el trayecto te salieran a bailar danzas tradicionales de las etnias de las montañas gente (seguramente) de la ciudad (seguramente) disfrazada no ayudaba mucho pero oye mira, a veces las cosas se han de hacer y se han de hacer así que dale, tampoco perdemos nada y quién sabe si nos podemos llevar una agradable sorpresa. No?

El crucero primero remonta el rió hacia el mar, nombrándote algunos de los edificios que te vas encontrando por megafonía para luego, a los pocos kilómetros, hacer un giro de 180 grados y cambiar de dirección.

 

Dura lo que se tarda en llegar a las mansiones del gobernador de la ciudad y del primer ministro Malayo y luego ya vuelve a trompear para dirigirte de nuevo a puerto.

El espectáculo de bailes tradicionales no es que dure demasiado ni sea algo demasiado forzado pero podríamos decir que al final, el conjunto, no vale mucho la pena, pero hay una cosa que lo salva.

Y es el atardecer.

De todas todas si a la que va con el micro en la mano se lo desenchufaran y el espectáculo de danza se lo ahorraran sería la hora y media más mágica que te puedes imaginar, con el sol poniéndose poco a poco sobre el rio Sarawak, con tus pensamientos fluyendo poco a poco con él, como si quisiéramos disfrutar cada segundo de lo que nos queda de viaje.

En verdad hemos pasado la hora y media de trayecto prácticamente en silencio, algo pajaros, la verdad. Si creo que yo solo he abierto la boca para decir un par de veces:- One beer, please y poco más, y es que con ese atardecer, ahora ya si, y ahora ya nos estábamos dando cuenta, se terminaba un viaje de ensueño, un viaje que para siempre ya nos acompañará, lleno de momentos para guardar en ese baúl de los sueños cumplidos.

Con ese atardecer se terminaba un viaje que no solo ha cumplido todas y cada una de las expectativas que teníamos puestas en él, sino que las ha superado día tras día. No solo era el sol lo que se escondía detrás de la espesura de la selva, eran tres semanas de emociones y sorpresas, de risas, de discusiones, de amor y desamor, de descubrimientos, y de ganas de más, sobretodo eso, detrás de ese sol que se ponía sobre todo lo que había eran ganas de más.

Y ha sido allí, ya casi a oscuras, con Adri a un lado, cuando me he dado cuenta de algo: en ese momento, era feliz. Me sentía vivo, y era feliz.

Así que cuando esté de vuelta, agobiado por la tediosa rutina y con números de salir en el siguiente telediario haré algo tan simple como cerrar los ojos y apretarlos con fuerza para trasladarme a ese momento, con el sol reflejándose en las tranquilas aguas del rio Sarawak y recordaré todos y cada uno de los fabulosos momentos que hemos compartido Adri, yo y Malasia durante estas tres semanas y entonces comprenderé el porqué de las cosas y que aunque, en ese momento me parezca imposible, existe la felicidad.

Gracias por todo Malasia, nos volveremos a ver…

Seguimos!

 

 

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