12 de enero de 2018

Por fin, después de un final de 2017 para olvidar, nos volvíamos a poner en marcha y, además, para un destino al que le tenía puesto yo el ojo desde hacía tiempo: Nápoles y Pompeya.

Como siempre que viajamos, a las 15 dejábamos el currele a toda prisa, recogíamos maletas, llevábamos a la perra con la suegra y, cagando leches, hacia el aeropuerto donde, a las 19:30, puntual, salía nuestro vuelo VY6502 que nos dejaba, con media hora de adelanto sobre el horario previsto, en el Aeropuerto de Nápoles – Capodichino para, ahora sí, dar el pistoletazo de salida a esta escapada, express, de acuerdo, pero intensa seguro a Nápoles y Pompeya.

Como llegar del Aeropuerto de Nápoles al centro de la ciudad

Aquí las opciones son, principalmente, dos: Bus o Taxi.

La opción barata es, obviamente, el Bus. Existe una compañía que se llama Alibus y que recorre el trayecto que hay entre el aeropuerto, situado a unos 6 quilómetros de la ciudad, y el centro de esta. Salen cada 20 minutos más o menos desde las 5:45 de la mañana hasta las 23:45 y tiene una parada en la Stazione Centrale/Piazza Garibaldi y otra en la zona del Puerto. Es una opción barata (4€) y relativamente rápida así que si te cuadra no te lo pienses, es la mejor opción.

Nosotros, en cambio, entre que teníamos un primer objetivo que cumplir y que teníamos nuestro alojamiento en la Piazza Dante, a una distancia un poco absurda de cualquiera de las paradas del Alibus, decidimos tirar por lo fácil y nos marcamos una de Taxi. Bueno, una de Taxi o de Rally, no lo sé aún, ya que al colega le debió hacer un cortocircuito en la cabeza y empezó a hacer eses entre el mucho tráfico que hay siempre en la ciudad, apretando el gas a fondo para nuestro acojone. Solo os digo que eran las 21:30 (hora en la que, en principio, tenía que aterrizar nuestro avión) y ya estábamos en la puerta de nuestro alojamiento y ojo, habiendo parado a poner gasolina y todo. Para cagarse, vamos. Eso sí, tiene un precio: 25€.

Pizzería Gino Sorbillo

Una vez ya hecho el Check In en nuestro Bed and Breakfast, situado en el interior de la misma Port’Alba, que comunica la Piazza Dante con el Centro Storico era el momento de cumplir uno de nuestros principales objetivos en esta escapada: comer Pizza, mucha Pizza y a ser posible de las mejores de la ciudad. Y claro, si estás en el Centro Storico y quieres comer Pizza, pues hay un lugar al que tienes que ir si o si: la Pizzería Gino Sorbillo.

Esta pizzería es toda una institución en Nápoles y está situada en la Via dei Tribunalli, a tiro de piedra de nuestro alojamiento. No os preocupéis por encontrarla, es fácil, muy fácil: un ejército de napolitanos y turistas estarán ocupando todo el ancho de la calle esperando para entrar así que verla, la veréis seguro.

Para comer en ella lo que has de hacer es decirle tu nombre a un tío que hay con una libreta en la puerta y ya te llamarán por megafonía. Así va la cosa. Pero no desesperes, por mucha gente que haya, el garito es enorme así que van bastante por faena.

Lo mejor que puedes hacer es pillarte una cerveza en el bar de enfrente y relajarte observando la gente pasar, que en si ya es todo un espectáculo aquí en Nápoles. De verdad.

Una hora estuvimos nosotros más o menos esperando pero valió la pena. 2 riquísimas Pizzas que nos zampamos, hechas todo con productos ecológicos y de proximidad, un cocacola para Adri y una botella de vino para mí, y por 30€. Y redondo que sales de allí. Mejor manera para empezar una escapada creo que no se me ocurre, no creéis?

13 de enero de 2018

Nápoles en un día: Que ver?

Intentar conocer una ciudad como es Nápoles en un solo día es una misión que requiere de energías, y para ello, que mejor que desayunar, como unos campeones, en la cama de la habitación y con vistas sobre la preciosa Piazza Dante. Parece de marqueses pero aquí, en el Port’Alba Relais donde estamos alojados no lo es ya que te lo traen si o si a la habitación cada mañana. Tu solo has de dejar seleccionado lo que quieres desayunar de una larga lista en la recepción, la hora a la que lo quieres y listo: puntuales te picarán a la puerta y a desayunar!

Con todo ya sí que toca ponerse en marcha que hay mucho que hacer. Por desgracia para nosotros Nápoles es una ciudad que ofrece mucho que ver con lo que si disponemos de un solo día para ello tendremos que priorizar. Priorizar y andar, andar mucho.

Elegimos empezar nuestro recorrido por Nápoles en la Piazza Garibaldi, donde se encuentra la estación central de trenes y a las puertas del Centro Storico. La mejor manera para llegar desde donde estamos alojados es en metro ya que en solo 4 paradas desde Dante nos plantamos allí.

Ahora sí que toca darle caña a esto y empezar, por fin, a visitar la ciudad.

Rápidamente te das cuenta de lo que va a ser la tónica del día: edificios desvencijados, obligados a mantener el tipo a pesar del implacable paso del tiempo en una ciudad que vive de puertas hacia fuera, en torturadas calles rendidas a sus habitantes. A decir verdad, aunque estemos en Europa, me recuerda mucho a los barrios periféricos de Marruecos, salvando las distancias, claro está.

Nuestra ruta empieza en la cercana Puerta Nolana, una antigua puerta de entrada a la ciudad, del siglo XV y que hoy da acceso al Mercato del mismo nombre, donde nos encontramos con la Nápoles más autentica, con todo de chiringos improvisados donde te venden desde un cinturón a un pescado vivo en un barreño. Darse una vuelta por aquí es obligado aunque los decibelios de la gente estén por las Nubes: This is Nápoles, amigos.

A mi en verdad me fue de lujo que ya que me hice con un cinturón ya que el mio había pasado a mejor vida y buena falta que me hacia y con los pantalones ya en su lugar continuamos hacia nuestra primera parada del día: la Santissima Annunziata.

Esta Basílica es realmente conocida por el orfanato que hay en ella y sobretodo por su ruota, un torno de madera, perfectamente conservado, en donde la madres que no podían hacerse cargo de sus hijos los introducían por la abertura de la rueda y la hacían girar al mismo tiempo que tocaban una campana, que avisaba a las monjas del orfanato y bajaban para recoger al niño desde el otro lado. Allí mismo lo lavaban, lo pesaban y era registrado. Algunas madres le dejaban un trozo de medalla o algún objeto dividido en dos para si, con el paso de los años, podían hacerse cargo de ellos volver a recogerlos y juntar de nuevo las dos partes para demostrar que eran su progenitoras. Aunque eso, pocas veces ocurría.

Nuestra idea era en verdad pegar un ojo y seguir ya que teníamos mucho por delante pero una vez allí una chica del orfanato nos ha empezado a contar la historia y a al final hemos terminado haciendo una visita privada donde nos ha ido contando los entresijos del lugar.

Nos ha contado que llegaron a haber hasta 4.000 niños entre esas paredes y que todo, al final, no es tan bonito como parece: Cuando las niñas crecían y estaban en edad de desposarse, algunos adinerados de la ciudad iban al orfanato y elegían a la que más les gustaba para llevársela con ellos, la cual estaba obligada a aceptar sino era automáticamente expulsada del orfanato y tenía que buscarse la vida en albergues de la ciudad donde estaba todo lo peor de Nápoles. El orfanato, a cambio, recibía la dote del hombre con lo que al final no dejaba de ser una compra de seres humanos. Como siempre ocurre, no es oro todo lo que reluce.

Uno de los momentos más interesantes de la visita ha sido cuando ha picado a una pequeña puerta lateral que salia de una de las alas del edificio y, después del tintineo de unas llaves al otro lado, una mini monja de avanzada edad ha abierto para dejarnos pasar a la capilla privada del convento, donde se guarda la imagen de la Madonna y en donde, según ella, aún se puede notar sus manos acariciándote el rostro mientras duermes y su presencia en el lugar. No se, sabes que? Mejor nos vamos, va.

Con todo ha sido una visita más que curiosa y que al contárnoslo todo de primera mano se ha hecho muy pero que muy interesante. Y por 5€ que hemos pagado. Nada mal.

Duomo

Muy cerca de allí, ya en pleno Centro Storico, nos tocaba visitar uno de los imperdibles de cualquier visita a Nápoles: su catedral.

La entrada a ella es gratuita y una vez entras solo puedes que empequeñecerte ante la magnitud de tal construcción. A decir verdad no tiene que sorprendernos, estamos en Italia y es sabido que aquí, en cuanto a iglesias se refiere, no se van con chiquitas, oye, si lo hacemos, lo hacemos bien, sino para qué.

En este caso, el Duomo, se empezó a construir en 1272 aunque tuvo que ser reconstruido en varias ocasiones a consecuencia de distintos terremotos e incendios. Nosotros no somos nada de iglesias, ya lo sabéis, y mucho menos de religiones, pero siempre que entro en un lugar así me cago encima. Es acojonante. En particular la Capilla de San Genaro, para la construcción de la cual participaron los artistas más codiciados del momento y el resultado, como no, es espectacular. Solo os digo que también es conocida como la Capilla del tesoro, porque será?

San Genaro saliendo ileso del horno es un fresco de Jose de Rivera, que no es el hermano de Paquirrín, sino un artista nacido en Valencia y que vivió en Nápoles en el siglo XVI, donde consiguió ser uno de los pintores más reconocidos de la época o el fascinante fresco del techo, obra de Giovanni Lanfranco, son algunas de las obras que en ella se encuentran, junto con un busto de plata que guarda el cráneo de San Genaro o dos frascos con su milagrosa sangre. No os lo perdáis aunque os importe más bien poco todo este rollo de la religión y su arte. Hemos de mirar de encontrarle el lado bueno a tantos siglos y siglos de dinero gastado con todas estas historias.

Pio Monte de la Misericordia

Cerca de allí, bajo la sombra casi del mismo Duomo, se encuentra otro de los imprescindibles de Nápoles, sobretodo si te gusta el arte en general y la pintura en particular. Nosotros nos dirigimos después de tomarnos una cervecita por eso de que eran las 12 de la mañana y había que cumplir y después de pagar los 7€ que vale la entrada, fuimos directos a por la que se considera como la obra más importante de todo Nápoles: Las siete obras de la Misericordia, de Caravaggio.

Esta se encuentra en el altar mayor de la capilla y es tan importante porque muestra a la perfección la aplicación de la técnica del claroscuro que utilizaba el artista y que acabó marcando una tendencia revolucionaria en el Nápoles de la época. Yo, a decir verdad, con las pinturas hago un poco como el vino, o me gusta o no me gusta, y Caravaggio, lo reconozco, que me va. También reconozco que me acostumbran a gustar más los vinos que las pinturas, las cosas como son.

En el piso de arriba encontramos una colección de arte del renacimiento y del periodo barroco y podemos encontrar cuadros del Francesco de Mura o el mismo Jose de Rivera del que hablábamos antes, con lo que te da un poco más de juego aunque he de reconocer que, pagar 7€ para ver solo el Caravaggio, que al final es lo que se viene a ver aquí, me resulta caro. Pero bueno, ya está hecho y en una media hora salíamos por la puerta para meternos ahora si ya de lleno en el pleno centro de Nápoles.

Y es que esto solo acaba de empezar.

Una vez ya metidos en todo el meollo, constantemente te vas encontrando con distintas iglesias, a cada una más espectacular, y es que Nápoles está lleno de ellas, y es por que la gente aquí lo vive con autentica devoción. Solo deciros que, a cada poco tiempo, nos ibamos cruzando con pequeños procesiones de gente que, con una imagen de la virgen y un par de banderolas, iban recorriendo el centro acompañados de una pequeña banda de música para recaudar fondos para su virgen en cuestión. Y te hablo de que ni uno ni dos ni tres veces nos cruzamos con ellas, sino continuamente y por todos los puntos de la ciudad.

Nosotros, en cambio, a donde nos dirigíamos era al Complejo Monumental de San Lorenzo Maggiore que, para nuestra sorpresa, encontramos cerrado. Una pena, la verdad, pero ya ha pasado a la lista de cosas pendientes para cuando volvamos a Nápoles con algo más de tiempo.

Junto a la entrada encontramos lo que se llama Napoli Sotterranea , que no es otra cosa que una serie de visitas guiadas por la Nápoles que se encuentra bajo la superficie, desde acueductos romanos a refugios utilizados durante la segunda guerra mundial. Cuando preparábamos esta escapada estaba en nuestros planes pero al final tocó priorizar y el hecho de ser guiada y con horarios fijados hizo que nos la guardáramos también para la próxima ocasión, pero promete, la verdad.

Es precisamente desde este punto de donde parte una de las calles más curiosas de la ciudad, la Via San Gregorio Armeno. Esta calle es conocida por sus artesanos de belenes, presepi que le llaman aquí, conocidos en todo el país. De hecho, en diciembre sus tiendas se llenan de gente que viene a comprar el belén para las navidades que entra y es en esas fechas cuando la podemos ver en su máxima expresión. He de reconocer, por eso, que ahora, a mediados de enero, supongo que la mayoría se estarían recuperando de la temporada alta ya que habían más bien pocas tiendas abiertas y las que lo estaban eran más enfocadas al turismo que otra cosa pero, aún así, ya es digno y curioso, sobretodo curioso, de ver.

Capella Sansevero

A continuación cruzamos por la Piazzetta Nilo, donde encontramos un altar al dios Nilo y otro al dios Maradona, enormemente venerado en la ciudad, para terminar en la Piazza San Domenico Maggiore que esconde, al doblar una de sus esquinas, para mi el lugar más impresionante de la ciudad: la Capella Sansevero.

Esta Capilla es de pago, 7€ te cobran por entrar, y aquí, a diferencia del Pio Monte, reconozco que no me dolió en absoluto hacerlo. Lo único es que está totalmente prohibido hacer fotos, y para que esto sea así por todos lados de la capilla encuentras a seguratas con cara de culo para asegurarse de que no saques el móvil que, por cierto, tienes que apagar.

Esta capilla fue construida en el siglo XVI para que contuviera las tumbas de la familia Di Sangro, pero fue a finales del XVII cuando el príncipe Raimondo Di Sangro encargó las tres obras en marmol más impresionantes que yo he visto nunca: el Cristo Velato, de Giuseppe Sanmartino, el Disingianno de Francesco Queirolo y la Pudicizia de Francesco Maria Ruso.

Lo que tienen de especial estas tres esculturas es el nivel de precisión que lograron los artistas, que ha dado paso a infinidad de leyendas. Del Cristo Velato y de la Pudicizia, el velo que los cubre parece irreal, dando la sensación de que no se trata de una escultura sino de un velo de verdad que le han puesto por encima, los pliegues, las expresiones que se consiguen a través de ellos son realmente alucinantes. De hecho se dice que estos dos artistas consiguieron dominar el arte de petrificar los objetos, y que eso hicieron con las sabanas una vez terminadas las esculturas sin velar. Cosa que es trola, por supuesto.

El Disingianno, en cambio, es la figura del duque de Torremaggiore intentando desenredarse de una red cuando, tras la prematura muerte de su esposa, abandonó al joven Raimundo y se decantó por una vida de viajes y placeres. Que fue a comprar tabaco, vamos.

Es precisamente esa red de la cual trata de liberarse lo que hace esta obra sin igual. No tengo ni la más remota idea de como se puede conseguir esto con un simple martillo y un cincel. Que me lo expliquen.

Estas fotos que he encontrado por internet son para que os hagáis una idea de lo que hablo pero aún así, no lo dudéis ni un instante si pisáis la ciudad. Parada obligatoria. Por encima de todo.

Para nosotros, con todo esto, ya nos estaba llegando la hora de comer y era el momento de buscar un lugar para tal efecto. La primera opción ha sido Di Matteo, en la cercana Via dei Tribunalli, otro histórico del centro de Nápoles que sirve pizzas i tentenpiés varios para comer en la calle desde hace una eternidad pero en donde, para desgracia nuestra, la cola que había para pedir era más grande que nuestras ganas de esperar con lo que hemos ido tirando hacia nuestra próxima parada con el ojo alerta buscando algún garito con buena pinta donde recargar nuestras ya por esa hora tocadas energías.

Al final nos hemos decantado por un lugar cerca de la Piazza del Gesù Nuovo, un pequeño local bastante a reventar también pero que te servían en la calle y en donde nos hemos comido una Pizza Fritta, típica de la ciudad, junto con un par de porciones más de algo que muy bien no se lo que era pero que, se ha de reconocer, estaba tremendo . Y por 9€ con cerveza incluida. Nada mal, la verdad.

Al final si no dispones de mucho tiempo yo creo que es lo mejor que puedes hacer, comerte algo rápido en la calle, sin sentarte en una mesa y demás, y luego por la noche, a la hora de la cena, ya tomárselo con más calma. Además esto en Nápoles no significa malcomer, ojo. No hablo de hamburguesas ni kebabs ni demás comida rápida. Hablo de autenticas delicias hechas con mimo, con años y años de tradición en la ciudad pero con una finalidad muy napolitana: comer callejeando. Como no podía ser de otra manera.

Complejo Monumental de Santa Chiara

La siguiente parada no era otra que el Complejo Monumental de Santa Chiara, otro de los indispensables en toda visita a la ciudad. Este conjunto monástico se alza alrededor de la Basílica del mismo nombre, a la cual no pudimos entrar por horario, ya que cierran al mediodía. A pesar de eso, lo realmente interesante de aquí no es la basílica en si, que realmente es una recreación de la original ya que fue prácticamente destruida por completo durante la segunda guerra mundial, sino su claustro colindante, donde puedes acceder después de pagar una entrada de 6€ por persona.

En el centro del claustro encontramos un enorme jardín lleno de lavanda y arboles frutales que es cruzado por dos pasillos perpendiculares recubiertos de cerámica, pintada a mano en el siglo XVII y que representa la cotidianidad de la época. Eso si, al entrar te dejan bien claro que pobre de ti que te sientes en ella.

Lo más sorprendente del lugar, para mi, es el contraste con la vida que hay fueras de esas paredes llenas de murales y frescos. Si afuera, en la calle, el Nápoles que encontramos es el mismísimo caos, aquí, adentro, se respira una paz que hace que te sientas hasta extraño, como fuera de lugar. Por sus pasillos encontramos prácticamente el mismo nombre de visitantes que de monjes paseando, charlando entre ellos, leyendo. Sin duda un buen lugar para desconectar.

Justo detrás de Santa Chiara, encontramos otro lugar que no te puedes perder como es la Piazza del Gesù Nuovo junto con la iglesia del mismo nombre. Lo curioso de esta iglesia es que su fachada era la del Palacio Sanseverino, y en el silgo XVI fue modificada para construir la iglesia en su interior.

Nosotros sacamos la cabeza dentro pero, a decir verdad, estábamos ya un poco hartos de iglesias con lo que dimos una mini vuelta y hasta la próxima.

Serían como las 16 de la tarde, nos habíamos pateado todo el Centro Storico de Nápoles y aprovechamos que estábamos a tiro de piedra del Hotel para acercarnos un momento, hacer un break de 30 minutos y continuar, que nos lo habíamos ganado.

Via Toledo y Piazza del Plebiscito

Desde la misma Piazza Dante, donde tenemos el hotel, sale una de las calles más concurridas de la ciudad, la Via Toledo, que cruza todo lo largo del Barrio Español hasta llegar al mar.

Es una calle principalmente comercial, repleta de tiendas de ropa de todo tipo, donde el bullicio es enorme. Gente y más gente sale a la calle para pasear, comer un helado o para comprar.

Nuestra idea era patearnos toda la calle de arriba a abajo hasta llegar a otro de los puntos indispensables de la ciudad: la Piazza del Plebiscito.

Esta enoooorme plaza tiene un aire a la de San Pedro del Vaticano, aunque solo sea por la gran columnata que se abre en un lateral de esta, donde encontramos, también, la iglesia de San Francesco di Paola que, por cierto, es una copia del Panteón. Las dimensiones exactas no las sé pero en ella podías meter varios campos de fútbol y aún te sobraría una señora plaza. Es muy grande, de verdad.

Por el lado opuesto a la gran columnata, encontramos la fachada del Palacio Real, hoy convertido en museo y por el otro lado, al cruzar la plaza desde la Via Toledo, por donde venimos, ya nos encontramos con el mar y el Vesubio de fondo.

Nuestra idea era acercarnos hasta el Castel dell’Ovo pero al final desistimos ya que ya era noche cerrada y de pocas vistas podríamos disfrutar. Esto es lo que tiene viajar en enero, los días son cortos y se han de aprovechar.

Eso si, si viajáis en verano, un plan perfecto para terminar el día puede ser acercarse hasta él para disfrutar de las vistas que ofrece de la Bahía y luego visitar el vecino Castel Nuovo, antes de volver sobre vuestros pasos para empezar a buscar sitio para cenar.

Nosotros lo que hicimos fue, antes de eso, pararnos en las Galerías Umberto I, en la misma Via Toledo, unas galerías comerciales cubiertas, que fechan del siglo XIX, y que se han convertido en uno de los símbolos de la ciudad.

A esas horas eran una continuación del bullicio de afuera en la calle pero el lugar es digno de visitar, todo muy monumental él, con el suelo de mármol y enormes fachadas renacentistas a banda y banda aunque igual el hecho de que la mayoría de las tiendas estuvieran ya cerradas le quitaba un poco de encanto, eso es verdad.

Piazza Bellini y Pizzeria Vesi

Y aquí nos ves, que ya no podíamos ni con nuestra alma, unos 25.000 pasos marcando ya nuestro móvil durante el día de hoy y con solo una cosa en la cabeza, sentarnos.

No estábamos para mucha historia así que la idea era cenar por las inmediaciones del hotel, cosa que no sería difícil ya que el centro está repleto de restaurantes, pero antes queríamos pararnos en una de las plazas más bonitas de la ciudad, la Piazza Bellini.

Está plaza, que cuenta con los restos de unas murallas griegas en su centro, está repleta de cafés y bares y, al caer el sol, se llena de gente hasta el punto de que cuesta incluso andar por ella. Locales y turistas se mezclan para tomar algo, charlar, reír o simplemente contemplar la vida pasar.

Es sin duda uno de los lugares con más encanto de Nápoles y, aunque no estábamos para mucho lerele si que un Campari cayó para mi y un mojito para Adri.

Mención aparte merece mi Campari, bebida a la que le he dado ya varias oportunidades y que va tu, no hay manera, no lo soporto, y eso es raro en mi, que me bebo hasta el agua de los geranios, no se, será cuestión de seguir probando.

Y con ello llegó uno de los mejores momentos del día: la cena.

Nuestra idea era acercarnos a la famosa Trattoria de Santa Chiara, y comer con calma alguna de las especialidades del local pero entre el cansancio acumulado y que Adri se había comido un helado más grande que su cabeza, decidimos decantarnos por algo más rápido y que nos chifla a los dos: la Pizza.

Si, si, lo se. La noche anterior ya habíamos cenado pizza pero…y que?

Personalmente comería pizza todas las noches y más aún si estoy en Nápoles. Aunque la idea, eso si, era cambiar de lugar: hoy era el turno para la Pizzería Vesi, en la misma Via dei tribunalli, donde sino.

Aquí también tuvimos que esperar, aunque no tanto como ayer en Gino Sorbillo y he de decir que salimos encantados, después de una Diavolla bien de picante para mi y una de champiñones y Prosciuto par Adri, junto con dos cervezas y una cocacola: 25€.

Y oye, bien de redondos que nos fuimos de allí. Otro local recomendable 100%, sin el glamour de Gino Sorbillo, pero con una pizza igual de rica. Así que ya sabéis, apuntar.

Y ahora si, por fin, llegaba la hora de poner punto y final a esta ruta para ver Nápoles en un día.

Sabemos que tenemos aún muchos lugares pendientes para visitar de esta caótica ciudad, que lo que hemos hecho hoy es un por encima, un lo más destacado.

Pero oye, bajo mi punto de vista, suficiente para hacerse una primera imagen de lo que es, de lo que aquí se cuece, y de lo que puede dar.

Mañana toca cumplir un sueño, toca descubrir la antigua ciudad de Pompeya así que no hay tiempo que perder y si mucho sueño que ganar así que ya sabéis, mañana más…eso siempre…

Seguimos!!

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