“ el día 24 de agosto en torno a las 13 horas mi madre le indica que se divisa una nube de un tamaño y una forma inusual (…) Pues extendiéndose de abajo arriba en forma de tronco, por decirlo así, de forma muy alargada, se dispersaba en algunas ramas, según creo, porque reavivada por un soplo reciente, al disminuir éste luego, se disipaba a todo lo ancho, abandonada o más bien vencida por su peso; unas veces tenía un color blanco brillante, otras sucio y con manchas, como si hubiera llevado hasta el cielo tierra o ceniza.

(…)Entre tanto desde el monte Vesubio por muchos lugares resplandecían llamaradas anchísimas y elevadas deflagraciones, cuyo resplandor y luminosidad se acentuaba por las tinieblas de la noche.” Carta de Plinio el Joven sobre la erupción del Vesubio

14 de enero de 2018

Una de las cosas que más me atrapa de viajar es precisamente el día de hoy, ese día en que, por fin, pondrás cara a lugares que desde siempre has tenido en tu imaginación, lugares que, por una razón o otra, se han ganado un lugar en tu cabeza y en ella te has imaginado como sería, una y mil veces, pisarlos.

Hoy era el día en que visitaríamos Pompeya, pero también era el día en que poníamos punto y final a esta escapada exprés a Nápoles con lo que, primero de todo, después de otro desayuno de campeones en la habitación, tocaba hacer el Check Out y dejar las mochilas en el vecino Hotel Neapolis, de los mismos propietarios que nuestro B&B, pero con recepción las 24 horas del día, con lo que podíamos ir a por ellas en cuanto quisiéramos.

Como llegar a Pompeya desde Nápoles

Y una vez ya ligeros de equipaje, a eso de las 10 de la mañana, ahora ya si nos poníamos manos a la obra para descubrir la antigua ciudad romana.

Para llegar a ella tienes el recurso fácil de contratar algunas de la muchas excursiones que parten cada día de la ciudad o, por el contrario, guisarlo tu solo, cosa mil veces más gratificante y, como no, barata.

Y es que es muy fácil llegar a Pompeya desde Nápoles en transporte publico, solo tienes que irte a la Stacione Circumvesuviana, en la misma Piazza Garibaldi (a la que se llega perfectamente en metro o a pata si te quedas por la zona, sin problemas), y allí pillar el tren hacia Sorrento, que para en Pompei Scavi – Villa dei Misteri, o lo que es lo mismo, en la puerta.

El trayecto cuesta 3,60€ por persona y lo primero que te encuentras una vez sales de la estación, a parte de las jeringuillas que llenan las vías y los edificios sin puertas ni ventanas recién salidos de un apocalypsi zombie es el omnipresente, ya para todo el día, Vesubio, al que el tren se dirige de lleno hasta bordear su falda, precisamente a la altura de Herculano, otra ciudad que también quedó arrasada aquella fatídica mañana de agosto, y que también se puede visitar.

De hecho, una de las cosas que tienes que decidir antes de nada es que quieres hacer, si combinar Herculano con Pompeya, o igual Pompeya con una subida al Vesubio, eso es vuestra elección pero, hagáis lo que hagáis, este es vuestro tren ya que tiene parada en los tres lugares.

Nosotros, después de mucho divagar, decidimos dedicarle el día completo a Pompeya, y dejar tanto Herculano como la subida al Vesubio para otra ocasión y ahora, a toro pasado, puedo decir que fue un acierto y es que Pompeya, chicos, es mucha Pompeya y a veces es mejor ver menos y bien que mucho y de aquella manera, pero eso, repito, va a gusto del consumidor. Nosotros así lo hicimos y hecho está.

Entrada a Pompeya y Audioguía

Si no estás al loro de tu parada no te preocupes, cuando se vacíe el tren, entonces, habrás llegado. Has de estar muy en la parra para que te pases.

La estación te deja justo en una de las entradas a la antigua ciudad de Pompeya y tan solo tienes que andar unos pocos metros para encontrarte con una de las tres entradas al complejo, con sus taquillas correspondientes donde comprar tu entrada, que para adultos tiene un coste de 13€. Tenéis que controlar los horarios ya que varían según la época del año, en función, principalmente, de las horas de luz. En nuestro caso, en enero, el cierre es a las 17 y, ilusos de nosotros, pensábamos que llegando a esto de las 11 tendríamos suficiente pero ya os digo que, de haberlo sabido, a las 9:00 de la mañana, cuando abren las puertas, hubiéramos estado allí.

Junto a las taquillas tenéis la opción de pillar una audio guía, rollo muy friki, lo sé, pero los que me conocéis sabéis que en según que lugares nunca fallo y me cuelgo un chisme de esos al cuello para enterarme bien de la jugada y, como no, en Pompeya, no podía faltar. Pensar que solo son 7,5€ y puede ser la diferencia entre enterarte o no de por donde has estado, además de esos cotilleos que te cuentan las audioguias que tanto nos gustan, claro.

Y ahora si, con el cacharro ese colgando del cuello, mapa desplegado en mano, y emocionado a más no poder, era el momento de entrar en Pompeya.

La mítica Pompeya.

Las Termas Suburbanas

Visita a la antigua ciudad de Pompeya

Pompeya era una de tantas y tantas ciudades que en su día formaron parte del imperio romano y hubiera seguido siendo una de tantas ciudades que en su día formaron parte del imperio romano si no hubiera sido porque, una mañana de Agosto del año 79 d.C., el vecino monte Vesubio decidió petar y enterrar bajo toneladas y toneladas de ceniza y lapilli a la ciudad guardándole un lugar de honor, al hacerlo, en la eternidad.

Y es que fue precisamente ese hecho, el quedar enterrada bajo toneladas de material piroplastico, que logró que los restos de la ciudad sean, hoy en día, seguramente el más fiel ejemplo de lo que era una ciudad romana de la época, dejando intactos calles, edificios, tabernas o templos.

De hecho no fue hasta el año 1594 cuando un arquitecto italiano que construía un canal se topo con ella, aunque las excavaciones propiamente dichas, no comenzarían hasta el año 1748. Y todavía siguen, no os penséis, y es que lo que en ese momento teníamos frente a nuestros morros eran tan solo 44 hectáreas excavadas, de las 66 que tenía de superficie la ciudad en el momento en el que vecino hizo Boom.

Pero aún así, 44 hectáreas son un buen puñao y solo falta dar unos pasos por ella para uno darse cuenta de que lo tendrá realmente complicado si quiera visitarla toda en un solo día.

Complicado por no decir imposible, vamos.

Por eso lo mejor que podéis hacer es priorizar y marcaros en el mapa que os dan en la entrada los sitios más interesantes que queréis ver si o si y, una vez marcados, hacer un itinerario que los una y andar, sobretodo andar. Otro día más en que vuestros pies se arrepentirán de haber nacido pegados al resto de vuestro cuerpo.

De las nueve regiones en que se divide el mapa, si hubiera que elegir una solo, seguramente la más interesante sería la región VII, precisamente por donde se entra, que es lo que corresponde a la antigua Ciudad Pública y sobre la que, según nuestro punto de vista, merece la pena centrar el grueso de la visita.

Y es que con tan solo dar unos pocos pasos ya se te caen los huevos al suelo y es que ver esas calles, con los edificios a banda y banda, como si se tratara de uno de esos pueblos que quedaron abandonados en España en los años 30, y no de una ciudad que tiene casi 2.000 años de antigüedad es una autentica pasada.

Las Termas Suburbanas, el Santuario de Apolo, el Foro, con el Templo de Júpiter cerrándolo y el ahora tranquilo Monte Vesubio observándolo todo como si con él no fuera la cosa.

Lo dicho, acojonante.

Santuario de Apolo

Templo de Jupiter con el Vesubio de fondo

Estatua que preside el Foro

Es precisamente en los graneros de este Foro donde nos encontramos con el primero de los muchos moldes con forma humana que se hayan desperdigados por toda la ciudad. Y la verdad que son sobrecogedores, no os voy a engañar.

A diferencia de lo que mucha gente cree, estas figuras no son personas petrificadas por la lava del volcán ni ninguna historia de estas parecidas. Nada de eso.

Para llegar a los orígenes de estas figuras tenemos que remontarnos al siglo XIX cuando, uno de los arqueólogos que más se dedicaron a Pompeya, Giuseppe Fiorelli, se dio cuenta que, mientras llevaban a cabo las excavaciones, a menudo, se encontraban huecos entre la ceniza solidificada y decidió rellenarlos con yeso liquido para luego extraer los moldes.

Fue entonces cuando se creó unas de las imágenes más icónicas de Pompeya: la de personas, como tu y como yo, en sus últimos instantes de vida, intentando protegerse, a ellos a algún ser querido, de una muerte que se les venía segura.

Durante mucho tiempo se creyó que las víctimas sufrieron una larga agonía hasta morir asfixiadas pero recientemente se ha demostrado que no: las 2.000 personas que murieron (que se sepa) aquella mañana en Pompeya murieron al instante por exposición a las altas temperaturas, de entre 300 y 600 grados, de ahí que los moldes muestren lo que se conoce como cadaveric spasm, que son posturas adoptadas únicamente cuando la muerte es instantánea.

Desde perros retorciéndose, a madres protegiendo a sus hijos o esclavos con los grilletes aún puestos, cada una de esas figuras formó parte de un pasado que terminó de forma brusca y que hoy, 2000 años después, podemos contemplar.

Uno a uno los edificios se van sucediendo, a cada cual mejor conservado, como las impresionantes Termas del Foro o las no menos espectaculares Termas Estabianas, la Casa de Sirico o algo tan común en nuestros días como una panadería: la Panadería de Popido Prisco.

Termas del Foro
Termas del Foro
Termas del Foro
Termas Estabianas
Termas Estabianas
Panadería de Popido Prisco

Mención aparte merece el Lupanar, lo que viene siendo un burdel, vamos. Y es que no se dice por nada que se trata del oficio más antigua del mundo. Por cierto, en Pompeya habían hasta 22 de ellos.

Solo recorrer esta región, una sola de las nueve, con audioguía a full , eso si, ya nos lleva un par de horas largas, largas, lo suficiente como para hacernos replantear el resto de la visita mientras paramos a comer un algo en una cafetería que te encuentras justo detrás del Foro.

Con la antigua Ciudad Pública repasada de arriba abajo cambiamos de tercio y pasamos a la parte de la ciudad en donde vivía la aristocracia, que actualmente es la región VI, donde las casas, como es lógico se llevan la palma.

Aquí conviene no perderse la Casa de los Vetti, la grandiosa Casa del Fauno, de donde se extrajeron los mosaicos mejor conservados de la ciudad y que hoy descansan en el Museo Arqueológico Nacional, en Nápoles, y la Casa del Poeta Trágico, donde nos encontramos un mosaico en la entrada muy familiar: Cuidado con el perro. Y es que es precisamente esta cotidianidad lo que diferencia Pompeya de cualquier otra antigua ciudad romana, es justo lo que te permite transportarte con tanta facilidad 2.000 años atrás, imaginarte como era vivir en ella.

Casa de los Vetti

Casa de los Vetti

Casa del Fauno
Casa del Fauno
Cuidado con el Perro
Casa del Poeta Trágico

Una vez aquí lo ideal es cruzar la antigua Ciudad aristocrática y salir de la ciudad, cruzando el antigua cementerio, para llegar hasta la Villa del Misterio, en las afueras, y que es, con diferencia, la casa mejor conservada de toda Pompeya. Aquí se pueden distinguir los frescos de las paredes en un estado de conservación excelente. Sin duda uno de los lugares más mágicos de la ciudad.

Villa del Misterio

Villa del Misterio

Villa del Misterio

Desde aquí toca volver atrás e ir a buscar una de las principales arterias de la ciudad: la Via dell’Abbondanza. Esta calle, que cruzaba toda Pompeya de punta a punta, flanqueada de edificaciones de incluso dos pisos y llena de tabernas y tiendas de comestibles es la mejor manera para llegar o otro de los platos fuertes de la ciudad, el Anfiteatro. Una vez hecha la foto de rigor desde la arena misma, y una vez sacada la cabeza en la Grande Palestra que encontramos justo enfrente, podemos coger un caminito que te lleva a cruzar otro cementerio y te deja de pleno en el huerto de los fugitivos, nombrado así porque aquí fue donde se encontraron más cadáveres juntos, con un total de 13, los moldes de los cuales siguen allí. El lugar está rodeado de viñedos y en él se respira una paz un tanto contradictoria con lo que se debió vivir en ese preciso sitio aquella mañana.

Via dell’abbondanza

Via dell’abbondanza

Tienda de comestibles
Anfiteatro
Anfiteatro
Anfiteatro
Saliendo del Anfiteatro
Grande Palestra

Huerto de los fugitivos

De aquí nos dirigiremos hacia otra de las casas mejor conservadas de la ciudad, la Casa del Menandro, llena toda ella de frescos y mosaicos, y algunos que otros huesos humanos y ya desde este punto nos preparamos para el ultimo plato fuerte de la jornada: La Ciudad Sacra y la Ciudad Profana.es un

Casa del Menandro

Casa del Menandro

Nosotros entramos por el Quadriportico dei Teatri, para desde allí saltar al Teatro Piccolo primero y al Teatro Grande después. Este último, que en su día tenía capacidad para hasta 5.000 personas, es el lugar ideal para sentarnos unos minutos, contemplarlo en silencio, y empezarnos a despedir ya de esta ciudad, fascinante donde las haya, y es que, muy a nuestro pesar, el tiempo no deja de avanzar. En verano, con 2 horas y media más para la visita, igual te lo puedes tomar con más calma pero para nuestra desgracia, no es nuestro caso.

Quadriportico dei Teatri

Teatro Piccolo

Teatro Grande

Teatro Grande

Desde este punto, ya solo queda dirigirnos a la salida recorriendo estas calles, ahora ya prácticamente vacías de otros visitantes, que con la tenue luz del atardecer adquieren un aspecto aún más fantasmagórico, no sin antes pasar por última vez por el Foro y echar un último vistazo al Vesubio, tan pancho, de fondo, sin ponerse ni siquiera colorado por la que lio. Por si a alguien aún le queda alguna duda de quién manda aquí.

Y a las 17 puntuales como un reloj, poníamos punto y final a nuestra visita. Puntuales por la cuenta que nos trae, y es que en la entrada te dejan bien claro que tienes que devolver la Audioguia a las 17 como muy tarde o te cierran, y si eso pasa, en nuestro caso al menos, estamos bastante bastante jodidos, porque para pillarlas tienes que dejar un DNI y a ver como narices pillamos el avión esta noche sin él, difícil, verdad?

Ahora ya solo quedaba volver a dirigirse a la estación y deshacer lo hecho esta mañana, bastante más apretujados en el tren, la verdad, y es que por lo visto no somos los únicos que hemos querido apurar al máximo nuestra visita a Pompeya, la ciudad cuya tragedia la hizo eterna. Ironías del destino, supongo.

Seguimos!!

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