25 de Febrero de 2018

Unas 12 horas de sueño reparador nos dejaban en una posición inmejorable para empezar en segundo de nuestros 4 días en Londres, uno de los días fuertes del viaje, pues en el menú habían platos del tamaño de la Torre de Londres, uno de los iconos de la ciudad o el The Shard, el edificio más alto de Londres con lo que no podíamos esperar más para empezar.

Además hoy era el día en que activábamos nuestra London Pass para dos días así que hoy más que nunca tenía que salir todo rodado para aprovechar al máximo los euros gastados.

Al lio? Al Lio!

Crucero por el Tamesis

Y para empezar el día y empezar a sacarle partido a la tarjeta pues que mejor que algo que, de otra manera, nunca haría: un crucero por el Tamesis en pleno invierno Londinense.

Para eso, nos desplazamos en metro hasta la parada de Westminster, la cual tiene una salida directa a los muelles donde uno al lado del otro se encuentran los puestos de las distintas compañías que ofrecen este servicio.

En nuestro caso lo único que tenemos que hacer es presentar nuestra London Pass en la APP del móvil y ellos ya escanean el código QR que sale en ella y Bingo! Ya tenemos billetes para quedarnos tiesos en el Tamesis! Ahora solo toca esperar.

Una vez escaneado tu código en la primera atracción que elijas, el tiempo ya empieza a correr y tenéis que tener en cuenta que el que tu London Pass sea de dos días no significa que tengas 48 horas sino que va por fecha, es decir, hoy y mañana, por eso es importante empezar a utilizarla lo antes posible, de buena mañana, para así estirar el día.

Los ferrys salen cada 15 minutos así que en nada ya estábamos enfilando Tamesis arriba, justo debajo del famoso London Eye, la gran noria que desde hace años domina esta parte de la ciudad.

La verdad, que a esta atracción nunca le he visto el que, supongo que las más de 30 que te clavan para subir a ella tendrá algo que ver (No está incluida la entrada a ella con la London Pass) y además, los colones que se forman para entrar tampoco animan mucho a ella. En su lugar, si se trata de ver Londres desde las alturas, ahora lo tenemos genial con la subida al The Shard, que si que entra con la tarjeta y que te deja ver la ciudad desde el punto más alto posible, como luego íbamos a comprobar.

Y lo que es el crucero lo dicho, puede estar bien igual en Junio o en Julio, pero ahora, y con la ola de fría siberiano que ya empezar a entrar en la ciudad…que rasca joder.

Aún así, dentro, y con la audio guía que te dan al entrar (tienes que pedirla, es gratixx) y con un chocolate con Baileys para entrar en calor (esto ya no es gratixx) ya te va sirviendo un poco para ponerte en situación con las pinceladas de la historia de la ciudad y algunas curiosidades sobre ellas.

En total es una media hora larga lo que tarda el ferry desde Westminster hasta el muelle situado justo a las puertas de nuestra siguiente parada: la Torre de Londres.

La Torre de Londres (London Tower)

Seguramente uno de los iconos de la ciudad, junto con el Big Ben (que por cierto, nos lo hemos encontrado totalmente cubierto por un andamio), la Torre de Londres tiene que estar, si o si, presente en cualquier visita a la ciudad y es que, no en vano, durante siglos, ha sido el centro neurálgico de ella y es que casi 1.000 años dan para mucho: ha sido un palacio, una armería, la casa de la moneda un observatorio pero también una prisión y lugar de ejecuciones. Lo tiene todo, vamos.

Para entrar en ella tienes que pagar la entrada, que son 22,50 o pasar por la face con el London Pass, y sin colas, cosa que se agradece, ya que en los días de mucha afluencia puedes tardar un buen rato para entrar en ella.

Nosotros entramos por la puerta que da al muelle, y lo primero que hicimos fue encaramarnos a las murallas exteriores del castillo y entrar a visitar la recreación del palacio medieval que tienen en ella. La verdad es que el estado de conservación de todo el conjunto es realmente espectacular, y algo que llama mucho la atención es ver toda esa construcción con el The Shard de fondo, ambas joyas de la arquitectura británica, separadas por 1.000 años de diferencia. Allí es nada.

Los platos fuertes de la Torre de Londres son varios, pero se podría destacar yo creo que tres: La Torre Blanca, en el centro del recinto, y que fue la torre original, construida allá por el 1078 y dentro de la cual podemos encontrar la armería real, donde encontramos armas y armaduras de todas las épocas y también lugares, ya que se muestran distintos regalos hechos a la corona desde distintos lugares del mundo.

También son de visita obligada las Joyas de la Corona (no se pueden hacer fotos) , el lugar donde, como su nombre indica, se guarda la colección de joyas que posee la corona británica y cuyo valor, si es que puede ser calculable, asciende a más de 25.000 millones de euros. O lo que es lo mismo, una grandísima vergüenza. Para entrar a ella, tienes que acceder por unas puertas acorazadas de más de un metro de grosor y una vez allí, subirte a una pasarela que te muestra las distintas coronas, entre ellas la corona imperial del estado, que contiene nada más y nada menos que 2878 diamantes, esmeraldas, rubíes y perlas y que utiliza la reina madre para inaugurar el parlamento una vez al año. Vosotros mismos sacar vuestras propias conclusiones.

Y por último, otro de los atractivos de la Torre son los Beefeaters, todo un icono de las torres, cuya misión es la de custodiar la fortaleza desde hace casi 500 años. Para poder ser un beefeater no tienes que hincharte a Gyn Tonics, sino yo sería ya uno desde hace tiempo, que va, para serlo tienes que haber pertenecido a las fuerzas armadas durante como mínimo 22 años y luego pasar por un duro proceso de selección. Todo para al final hacer de guía en algunas de las visitas gratuitas que ellos realizan y posar para miles y miles de fotografías. Pero oye, eres un Beefeater y eso no lo puede decir cualquiera.

Con todo, la visita a la Torre de Londres lleva mínimo de los mínimos un par de horas, y aunque nos hubiera gustado quedarnos más, teníamos aún un día muy largo por delante.

Justo en las afueras, a pocos metros, se encuentra una zona que pasa desapercibida por muchos pero que bien merece una visita o incluso cuadrarlo para quedarse a comer allí en alguno de sus muchos restaurantes: St Katharine Docks, unos muelles a orillas del Tamesis que se han rejuvenecido y ofrecen un lugar tranquilo para pasear y alejarse del bullicio que siempre se forma alrededor de la Torre de Londres, y aunque nosotros solo estuvimos de pasada, es algo que tenemos pendiente para la próxima visita a la ciudad.

El Puente de la Torre (Tower Bridge)

Y es que nos esperaba ni más ni menos que el puente más famoso de todos los que cruzan el Tamesis desde su nacimiento hasta que se pierde en el mar: el Puente de la Torre.

Este puente, construido a finales del siglo XIX, se levanta unas 1.000 veces al año para dejar pasar los barcos de gran tamaño que aún recorren el río, pero lo que realmente llama su atención son las dos torres que lo presiden a banda y banda.

Cruzar por él, como es obvio, es gratuito, no así si lo que uno quiere es subirse a estas y cruzar por las pasarelas que se levantan a más de 50 metros sobre el río. Para ello tienes que pagar entrada, que tiene un coste de 9 excepto si, afirmativo, tienes la London Pass, entonces la entrada es gratuita y la cola te la saltas con todo el morro.

Una vez dentro de las torres, y después de una breve explicación, nos suben en ascensor hasta arriba de ellas, donde tienen un tinglado montado que representa los primeros años de estas y después ya te vas hasta la pasarela donde, a mi parecer, está lo más interesante de todo esta historia: unas pasarelas de cristal por donde puedes andar con toooodo el trafico que cruza el puente a tus pies. Nada que ver con la pasarela de cristal donde estuvimos hace unos meses en Kuala Lumpur, arriba del todo de la KL Tower, a más de 300 metros del suelo, pero una experiencia distinta y divertida en definitiva igual. Vale la pena además también te permite ver los entresijos de la sala de maquinas más alguna que otra exposición temporal.

HMS Belfast

Ya de lleno en el South Bank, toca pasear por la orilla del río hasta encontrase uno con el City Hall, de Foster, que hoy en día alberga la sede de la alcaldía de Londres, aunque lo que realmente llama tu atención no es otra cosa que el HMS Belfast, el claro ejemplo de uno de esos sitios que uno, de no tener la London Pass, se limitaría a ver por fuera pero que al tenerla se convierten en un aliciente más del viaje y es que este buque de guerra, que participó en la segunda guerra mundial, lleva anclado en las orillas del Tamesis desde 1971 y permite ver y entender como se vivía un guerra desde las entrañas de acero de este gigante. Con la entrada (sin London Pass son 17 libras) te facilitan una audio-guía que te va explicando las distintas dependencias del buque y, os digo desde ya, que son muchas. A decir verdad no terminamos la visita pero el rato que estuvimos en él fue más que entretenidos, bajamos a la sala de máquinas, que está unos 5 metros por debajo de la linea de flotación, visitamos los antiguos dormitorios de los soldados o vivimos un simulacro de batalla desde dentro de uno de sus cañones, que podían mandar regalitos a los nazis a más de 20 km de distancia.

Aunque, para nuestro gusto, la visita es demasiado detallista y para hacerla entera necesitas de un tiempo que nosotros no tenemos: unas 3 horas y a la hora ya teníamos los estómagos rugiendo con lo que tocaba poner gasolina al cuerpo y para ello, el mejor lugar desde allí no es otro que Borought Market.

Eso si, si no es domingo, como era nuestro caso, y es que el domingo es el día que cierra este mercado de alimentación (también está cerrado los lunes y los martes, así que afinar), uno de los más grandes de Londres, y que desde hace años se ha convertido en otra atracción turística debido al trasiego que en el se monta ya que, no en vano, gran parte de los restauradores de la ciudad vienen a comprar en alguna de sus más de 100 paradas, en donde se pueden encontrar alimentos de todo el mundo.

Si os pasa como a nosotros, cerca de ahí, un poco más adelante, está uno de las pubs más famosos de la ciudad, el que dice ser el más antiguo: The Anchor, donde se sirve cerveza desde hace más de 400 años. Es uno pintoresca opción para cargar fuerzas, beberte un par de pintas y a lío de nuevo. Nosotros es lo que hicimos.

The View from The Shard

Y es que para terminar con nuestra ruta por el Southbank londinense nos tocaba ver la ciudad desde un punto de vista muy distinto al que estábamos acostumbrados y es que nuestra ultima visita del día no era otra que The View from The Shard, o lo que es lo mismo, la subida al mirador que se encuentra en el piso 72 del edificio más alto de la europa occidental.

En verdad, esta no debía de ser nuestra última visita ya que teníamos en mente ir también al Shakespeare’s Glove una réplica de un teatro del siglo XVI, donde William Shakespeare representó muchas de sus obras pero el horario que tiene (cierran a las 17:00 de la tarde) nos hizo cambiar de planes ya que entre pinta y pinta se nos había hecho tarde. Pero bueno, lo dicho, siempre va bien tener cuentas pendientes con ciudades como Londres, para así tener que volver.

Pero volvamos al The Shard, que es lo que ahora nos ocupa. Esta pirámide de cristal, de 309 metros de altura, alberga en su parte alta una mirador al aire libre y que te da una visión de la ciudad de 360 grados realmente impresionante. No es una atracción barata, para nada, ya que tan solo subir hasta aquí te cuesta nada más y nada menos que 29,95 pero, exacto, es una visita que te entra con el London Pass así que ni lo dudéis. Indispensable. Y es que las vistas desde allí arriba son realmente acojonantes y ver la silueta triangular del edificio sobre la ciudad, al atardecer, e ir identificando los distintos lugares a los que has ido y a los que irás es algo que bien vale la pena.

Es por eso que antes os decíamos que, la verdad, subir al London Eye pudiendo disfrutar de las vistas desde aquí arriba pues como que no lo vemos. No.

También hay un bar donde poderte tomar una copa (y pagar como por 5) con Londres a tus pies cosa que nosotros, por supuesto, no hicimos. Al final uno va allí por las vistas y las vistas, en media hora, las tienes, como si nombre indica, vistas. Lo que si que lo suyo sería igual subir al anochecer, para eso de pillar la ciudad tanto de día como de noche, y es que nosotros no tuvimos la paciencia suficiente para quedarnos a esperar que oscureciera y nos quedamos con las ganas pero por fotos que hemos visto, la verdad es que de noche también mola lo suyo. Además es de los pocos lugares turísticos que abren hasta tarde en Londres con lo que puede ser un muy buen lugar para terminar vuestro día. Tenerlo en cuenta.

Nosotros con esto ya dábamos por terminado nuestro día en el South Bank. Desde aquí podéis acercaros al Soho para cenar algo, o ver algún musical en el West End, nosotros, volimos al Hotel con la intención de ducharnos y salir a cenar algo pero las intenciones poco cuentan cuando llevas más de 30 km andados en dos días y cuando el calorcito de la habitación nos atrapó, no hubo manera de salir ni para cenar algo, y para que yo no cene, ya os podéis imaginar como estaba la cosa.

Lo que si que hicimos por eso, fue calcular lo que nos hubieramos gastado, solo durante el día de hoy con son la London Pass y hubiera sido esto:

· Crucero por el Tamesis: 18,50

· Tower of London: 22.50

· Tower Bridge Exhibition: 9

· HMS Belfast: 17

· The View from The Shard: 29.95

· TOTAL: 96.95

Teniendo en cuenta que la tarjeta para dos días nos había costado 85₤ y que solo en el primero ya nos habríamos gastado más de 95, está claro si vale la pena sacarla, sobretodo teniendo en cuenta que aún teníamos todo un día por delante para visitar lo que quisiéramos, segundo día que, ahora ya si que lo podíamos decir, todo nos saldría gratis ya que ya estaba la tarjeta amortizada.

Y con esto ahora ya si que tocaba guardar fuerzas para mañana, entrar en calor y seguir con nuestro Londres en 4 días así que ya sabéis….Seguimos!!

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