26 de febrero de 2018

  • No me jodas que está nevando?!!

De esta guisa nos recibía Londres en este tercer día en la ciudad. Y lo que al principio hacía cierta gracia, pronto se convirtió en una pedazo de nevada que en poco tiempo dejó todo de un blanco inmaculado. Y la verdad, que esto ocurriera precisamente hoy era una putada y es que seguramente hoy era el día más a tope de nuestros 4 días en Londres.

Además teníamos el handicap de que ayer habíamos activado la London Pass con lo que teníamos que seguir hoy dándole caña ya que habíamos cogido dos días así que al mal tiempo buena cara, desayuno de supervivencia, varias capas de ropa modo cebolla y al lío,que no hay tiempo que perder.

Royal Mews

Y es que al menos el inicio del día de hoy iba con unos horarios a seguir: a las 11:30 es cuando se hace el cambio de guardia en el Palacio de Buckingham así que a esa hora, si o si, teníamos que estar allí con lo que la ecuación era clara: a las 10 en punto, cuando abren, teníamos que estar en nuestra primera parada del día: las Royal Mews, o lo que es lo mismo, las caballerizas reales.

Estas se encuentran a tiro de piedra de Buckingham Palace y su entrada está incluida en la London Pass con lo que una visita rápida le queríamos dar. En ellas descansan los más de 30 caballos reales que tiene la realeza, cuyo nombre elige la mismísima reina madre y sobretodo, lo más vistoso de ellas, todas las carrozas que se utilizan para desfiles y demás, incluida una de oro macizo que data del año 1762 y que es usada durante las coronaciones.

Es una visita curiosa y rápida, ideal para empezar el día entre mierda de caballo real, que lo que es oler, huele igual que los caballos plebeyos, no os penséis. Pero lo dicho, media hora tres cuartos es suficiente para visitarlas y a las 11 en punto, puntualidad británica por encima de todo, entrabamos a la gran zona acordonada del Palacio de Buckingham, entre centenares y centenares de turistas, para ver lo que es, seguramente, la turistada más grande de todo Londres.

Buckingham Palace

Este palacete es, desde 1837, la residencia oficial de la familia real y aunque la mayor parte del año está cerrado (solo se puede visitar cuando la jefa está de vacaciones en Escocia, es decir, en Agosto y Septiembre) hay algo que se realiza prácticamente todos los días del año y que atrae a todo guiri que, como nosotros, pisa la ciudad: el Cambio de Guardia.

Esta ceremonia se realiza para cambiar la guardia real que custodia el palacio y se realiza prácticamente todos los días si la meteorología lo permite. Podéis comprobar horarios AQUÍ.

El espectáculo es curioso de ver, todos esos soldaditos con sus gorros de piel de oso desfilando al ritmo de una banda musical, si, pero para mi gusto, la exagerada afluencia de gente lo estropea un poco. Y es que hay codazos para ponerse cerca de la verja y poder ver algo y a la que te intentas colocar un poco (lease subirse a la verja) un Bobby con más mala ostia que nada empieza a dar voces como un loco para que te bajes. No se, para mi está un poco sobre-valorado pero bueno, con esta es la tercera vez que lo veo así que poco puedo hablar.

Lo que si que os recomiendo es que no os lo traguéis todo (dura como unos 40 minutos) sino que una vez pase desfilando la primera de las guardias hagáis lo mismo y desfiléis también pero hacía la Horse Guard para poder ver así también el cambio de la guardia montado pero sin tanto gentío de por medio. Algo más intimo, así en Petite Comité, ya tu sabes.

St. James Park

Y eso hicimos nosotros con el valor añadido que, para ir del Palacio de Buckingham a la Horse Guard tenemos que cruzar de lleno por St. James Park, un parque pequeño en relación a otros parques de la City pero muy cuidado, no en vano está en el corazón de la ciudad, a trio de piedra de todo y con vistas a los principales monumentos de Londres.

Vale la pena recorrerlo tranquilamente, y como no podía ser de otra manera, con una bolsa de cacahuetes a mano para que Adri hiciera todo de amigos en formato ardilla y es que el hecho de que antes de ayer una se le quedara colgando del dedo y le hiciera un buen estropicio no quita para siga queriendo alimentar a todos los animales de la ciudad. No me quiero imgainar que pasará en verano, cuando estemos de Safari por Kenia.

Horse Guards Parade

Una vez cruzado el Parque te das de morros con una gran explanada de arena con un gran pórtico al final de ella. A simple vista, y vacío, puede parecer algo desangelado pero es en ese lugar donde cada día tiene lugar el cambio de la guardia real montada y, aunque no tenga la popularidad de sus vecinos de Buckingham, tiene el valor añadido de que aquí lo puedes ver de cerca, sin barrotes de por medio y con una décima parte de la gente que hay allí.

Nosotros, al no quedarnos hasta el final del cambio de guardia de Buckingham, lo pillamos justo en su inicio, con la Antigua guardia formada en fila a la izquierda y la Nueva Guardia llegando y alineándose justo en frente.

En ese momento, el Cabo Mayor que da el relevo empieza a vocear algo ininteligible y empieza la retirada de unos y la formación de los otros. Y lo mejor de todo, lo que os decía, ni punto de comparación con la cantidad de gente que hay en los demás cambios de guardia. Es una buena jugada, creo yo.

Desde aquí, toca pasar por el arco que guarda el patio y salimos de lleno en pleno West End, a pesar que desde él pareciéramos apartados de todo bullicio.

Si miramos a mano izquierda, nos encontramos con la famosa Trafalgar Square, con la National Gallery guardándole las espaldas y, pesar de las ganas de ir hacia ella, tendremos que esperar ya que antes nos toca otra de las joyas de la capital inglesa como es la Abadía de Westminster y las Casas del Parlamento con el Big Ben.

Para llegar hasta ellos lo que hemos de hacer es, una vez fuera del portón y de haberse hecho uno las fotos de rigor con los caballos de la guardia real que custodian la entrada, pillar Whitehall Street hacía la derecha y echar a andar. En nuetsro camino pasaremos por la que es segurametne la vivienda más famos de toda Gran Bretaña, el numero 10 de Downing Street, donde reside el primer ministro.

La primera vez que vine, hace la ostia de años, recuerdo haber podido pasar por delante pero eso, hoy, es totalmente imposible, la calle está totalmente cortada y un mini ejercito controla que nadie se pase de listo por aquí. Ni el móvil tiene linea supongo que debido a alguna especie de inhibidor de frecuencia o que se yo.

A continuación, unos metros más adelante, nos encontramos también con otro de los sitios a visitar, aunque muy a nuestro pesar, tendremos que dejar para otra ocasión y es que el tiempo apremia: las Churchill War Rooms.

Se trata de un Bunker que se construyó a finales del verano del 39 con vistas a la guerra que, irremediablemente, se avecinaba, Este sirvió de cerebro de todas las operaciones que llevaron a cabo los británicos durante la segunda guerra mundial y donde también comían y dormían con la intención de mantenerse a salvo si tenía lugar un bombardeo de la aviación alemana. A pesar de todo, con el tiempo se demostró que, si hubiera caído algún regalito de los nazis la losa de cemento que los separaba del exterior, de más de 3 metros de grosor, se les hubiera caído en la cabeza ya que no estaba del todo bien construida.

A pesar de todo no terminó siendo así y hoy en día se puede visitar ese centro de operaciones tal y como estaba en los tiempos de Churchill y pasearse por las salas que hicieron ganar la guerra como Pedro por su casa. Lastima pero otro pendiente para una siguiente visita a Londres.

Westminster Abbey

Y es que lo que ahora nos esperaba no era otra cosa que la Abadía de Westminster, el lugar de culto y celebración de toda Gran Bretaña desde hace casi 1000 años.

Para entrar a ella hay que pasar un minucioso control de seguridad y pagar la entrada (20 Libras) a no ser que, exacto, tengas la London Pass. Aunque aquí si, el control de seguridad te lo tragas si o si. Y si además, como fue nuestro caso, te toca hacerlo bajo una nevada de tres pares de cojones, pues entonces la cosa tiene más guasa aún.

A pesar de todo, tuvimos la suerte de que no se demorasen mucho y en poco más de media hora ya estábamos bajo el arco de entrada en donde recoges tu audioguia, incluida en el precio y donde te repiten por activa y por pasiva que está prohibido hacer fotos. -En serio?? Las tumbas de David Livinstone, Charles Darwin o William Shakespeare y no podré hacer ni una triste foto??

Y van en serio eh, ya que yo saque el móvil para sacar una aunque sea y no se de donde aparecieron pero vamos, no me dieron tiempo de nada. Esta es la única foto que pude sacar.

Este lugar es el lugar donde se realizan, entro muchas otras ceremonias, las coronaciones de todos los reyes británicos desde Guillermo I el Conquistador, y de eso estamos hablando que fue en el año 1066. Casi nada, verdad?

Y como es obvio, si son coronados aquí, también son enterrados aquí, y es que la abadía está repleta de tumbas, capillas y monumentos varios que en ocasiones se sobreponen unos sobre los otros impidiendo casi avanzar.

Para visitar la Abadía, siguiendo la Audio-Guía que te facilitan en la entrada, tienes que disponer de, como mínimo, 2 horas, pero es algo que recomiendo hacer, ya que esconde auténticos secretos que hay que descubrir.

Lugares como el Trono de la Coronación o el Suelo de Mármol Cosmatesco, con su mosaico de mármol liso que predice el fin del mundo para el año 19693 d.c. o el Rincón de los Poetas, donde están enterrados ente muchos otros Charles Dickens, Samuel Jhonson o Rudyard Kipling son lugares que contemplar sin prisa.

No hace falta decir que uno de los lugares que más quería ver era el lugar donde descansa el cuerpo del explorador David Livingstone, enterrado al final del pasillo de los grandes hombres, casi en el centro de la gran sala. Aunque cabe recordar que aquí solo descansa su cuerpo, ya que el corazón, según cuenta la leyenda, está enterrado en África, bajo, un árbol en Chitambo.

Una vez visitada la Abadía, justo enfrente, nos encontramos con otro de los edificios más icónicos de Inglaterra, las Casas del Parlamento, o lo que es lo mismo, la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores y el archiconocido Big Ben, la Torre más famosa de este conjunto neogótico, posiblemente el edificio más fotografiado de toda la ciudad y que nos encontramos completamente….cubierto por un andamio. Si si, lo que escucháis, no se veía absolutamente ni un metro de torre, nada zero. Os lo podéis creer? Y por lo visto va para largo y es que forma parte de un arduo proceso de rehabilitación de todo el conjunto que, hablando en plata, se cae a pedazos.

Por lo que respecta a las Casas del Parlamento, uno las puede visitar cuando hay sesión parlamentaria pero las colas que se forman son de escándalo así que mejor tenerlo en cuenta a la hora de uno plantearselo. Nosotros nos conformamos con ver a un Lord salir corriendo para coger un Taxi con su característica peluca blanca a rulos en medio de la nevada. Un poco cómico, la verdad.

Ruta a pie por el Soho

Con todo esto detrás nuestro llegaba la hora de comer y de empezar con nuestra particular ruta por el Soho, uno de los barrios más auténticos de la ciudad y con alguno de los liugares más emblemáticos de esta.

Nuestra ruta la empezamos por la anteriormente mencionada Trafalgar Square, adonde llegamos después de desandar lo andado desde Westminster y donde aprovechamos para comer en un lugar de cuyo nombre no me quiero acordar.

Traflagar Square está considerado el mismísimo centro de Londres y es el lugar elegido para llevar a cabo las manifestaciones en la ciudad, algo así como una Plaza Catalunya de Barcelona a lo Londinense. La plaza está presidida por la Columna de Nelsón, que honra al almirante que lideró la victoria contra las tropas de Napoleón y al fondo, cerrando el marco, nos encontramos con la National Gallery, uno de los cuatro museos de oro de la capital londinense (junto con el Museo de Historia Natural, el Museo Británico y la Tate Modern) y donde encontramos más de 2000 cuadros expuestos de autores tan reconocidos con Botticelli, Van Gogh, Renoir o Monet.

En nuestro caso, y muy a nuestro pesar, dejamos la visita a la National Gallery para otra ocasión y nos fuimos desde allí hacia Picadilly Circus, otra de las postales de la ciudad, un Times Square inglés, con sus pantallas de neones a todo trapo y un constante ir y venir de gente para luego bajar por una de las avenidas con más glamour de Londres, Picadilly Street, donde entre otros lujosos hoteles encontramos el que es igual el más famoso de todos, el Ritz,

Desde esta misma calle salen las Galerías Burlington Arcade, unas pequeñas galerías con artículos a todo tren, donde podernos gastar esas librillas de más que nos sobran en un anillo de 40.000 libras o cosas por el estilo.

Nosotros lo que hicimos fue cruzarlas hastsa Burlignton Gardens para desde allí ir a buscar Regent Street, otra de las calles insignia del Soho Londinense.

En esta calle comercial encontramos todas las marcas importantes que puedan haber. Es muy sencillo, si no estás en Regent Street no existes, así funciona esto.Todas las grandes marcas aquí estan y a cada cual con la tienda más gradne y más espectacular.

Nosotros sin embargo solo entramos en una y os la recomiendo, la verdad: La juguetería Hamleys, un edificio de 5 plantas lleno de fantasía con los dependientes saltando, chillando y riendo, haciéndote probar esos juguetes de toda la vida que ya parecen olvidados por las nuevas generaciones pero que en Hamleys están más vivos que nunca. Solo digo una cosa: ni un puto videojuego en toda la tienda. Así es como se crece feliz, coño.

Una vez salidos del mundo de Peter Pan, seguimos Regent Street arriba para torcer a la primera que podamos a la derecha y encontrarnos de morros con el cartel que nos da la bienvendia a otra de esas calles de moda de la ciudad: Carnaby Street.

Esta calle, que en sus años mozos fue una de las que tenía peor reputación de toda la capital, se ha rejuvenecido hasta el punto de convertirse en uno de los lugares Top para cualquier diseñador independiente. Nosotros lo que hicimos fue recorrerla hacia el sur, parándonos cada dos por tres a observar los curiosos aparadores y desde allí, una vez ya no hay calle, saltar de lleno al Soho más canalla y nocturno, con sus tiendas de juguetes eróticos y Night Clubs.

En realidad se le puede dedicar un día entero solo a pasear por estas calles y es que las distracciones son infinitas, como cuando entras en China Town y, de repente, parece que hayas cambiado de continente. Aquí los típicos Pubs Británicos se convierten en restaurantes asiáticos y el pato lacado se convierte en el plato estrella a exponer.

Pero lo que decíamos, tan buen punto estás en un calle llena de pubs, como pasas a otra llena de farolillos y de repente, sin darte cuenta, te encuentras en Leicester Square, el epicentro de los cines, y teatros de la ciudad.

Si lo que queréis es ver un musical, este es vuestro momento y vuestro lugar e incluso podéis mirar de ahorraros unas perrillas comprando alguna entrada de ultima hora y es que sino, la mayoría de ellos, te salen por un buen pico, todo se ha de decir.

Nosotros, a estas alturas, como comprenderéis, ya estábamos cansados no, lo siguiente, después de todo el día andando sin parar y con un frío que pelaba con lo que enfilamos ya hacia nuestra última parada del día y uno de esos rincones secretos de Londres por los que hay que pasar: Neal’s Yard Square.

Este lugar es el claro ejemplo de esos sitios que hacen de Londres un lugar diferente, capaz de sacarse de la chistera un reducto de paz como este en medio de todo el frenesí del Soho, un lugar del que, sino sabes de su existencia, ni por asomo llegarías a pasar pero que si tienes la suerte de caer en él se merece un lugar en tu lista de sitios a los que volver. Esto es Neal’s Yard.

Pero lo dicho, nuestras fuerza ya flaqueaban con lo que rápidamente nos dirigimos al final de nuestra Ruta por el Soho a pie, nada más y nada menos que Covent Garden una plaza de las más animadas de la ciudad, ideal para tomar un café o una buena cerveza o visitar algunos de sus puestos de florecitas si aún os quedan fuerzas.

Pero eso no era nuestro caso, estábamos cansados no, lo siguiente, pelaos de frío y con unas ganas enormes de meternos debajo de una ducha de agua hirviendo para entrar en calor, no en vano, a estas alturas, ya sabíamos que la ola de frío siberiano que había sobre nuestras cabezas era de las peores del siglo y eso hacía mella con lo que tocamos retirada, metro, y para casa.

Había sido un día de mucho provecho, nos habíamos pateado el centro de la ciudad de cabo a rabo y nuestra viaje de 4 días en Londres estaba siendo muy productivo así que ahora al catre y mañana, ya sabéis….

Seguimos!

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