27 de febrero de 2018

Por mucho que nos pese, en nuestros viajes, siempre llega el último día y eso es algo que, por el momento, hemos de asumir, y en este, aquí en Londres, también llegó y el despertador sonó para dar la salida a este nuestro último de los 4 días en Londres.

Al menos, eso parecía de buena mañana, la nieve nos daba un respiro a pesar de que las temperaturas por los suelos seguían ahí, dando guerra, y haciéndonos más difícil si cabe eso de salir de la cama y liarnos con las maletas pero no había tiempo que perder: era el último día, si, pero un último día de esos que nos gustan, con tooodo el día por delante ya que nuestro avión no salía hasta las 20:00 de la noche así a darle mambo que esto no ha hecho más que empezar.

Dependiendo de lo que hagáis el último día y de donde os alojéis, hay dos opciones con las maletas: la primera es la típica de dejarlas en la recepción del hotel, la mayoría de ellos da este servicio, y salir solo con lo indispensable para, cuando ya llegue la hora de la vuelta, pasar a recogerlas y ya enfilar hacia el aeropuerto con ellas a cuestas. La otra, que también hemos usado en alguna que otra ocasión, es la de dejarlas en las consignas que hay en la mayoría de estaciones por un módico precio (modo ironía: ON) y luego ya pasarlas a buscar. Esto os puede ir bien si volver al hotel os hace dar mucho rodeo con lo que tendréis que ser vosotros mismos los que decidáis dependiendo de esos dos factores.

Camden Market

Pero como os he comentado, nuestras maletas hoy se quedaban en el hotel y nosotros poníamos rumbo al mercado, con permiso de Portobello, más famoso de toda la ciudad: Camden Market.

Para ello tiramos de metro aunque si venís en otra época, concretamente de abril a noviembre, puede ser una muy buena idea, sobretodo si os alojáis por donde nosotros, es decir, Notting Hill o incluso Kensington, acercaros hacia lo que se conoce como Little Venice, una tranquila zona de canales situada al norte de la estación de Paddington, a la que se puede llegar perfectamente a pie, y una vez allí subir alguna de las embarcaciones que hacen el trayecto desde aquí hasta Camden Lock, pasando por Regent’s Park. Una manera distinta de llegar al bullicio del mercado conociendo otra zona de la ciudad. Pero lo dicho, eso tiene que ser de abril a noviembre ya que el resto del año no se realizan esos trayectos y con razón: con este frio quien narices se subiría a uno de esos.

La parada para dirigirse a este famoso mercado es, como no, Camden Town, y nada más salir a ella ya empiezas a darte cuenta del porque es tan conocido: fachadas de colores, a cada cual más originales, flanquean la calle principal, ya llena a rebosar de turistas, repartidores y algún que otro hombre anuncio y a los pocos metros, el primer mercado, a mano derecha, aunque posiblemente el menos vistoso de todos con lo que ni paramos en él.

Nos dirigimos directamente a Camden Lock, donde encontramos sobretodo puestos de artesanía y chiringuitos para comer a la orilla del canal y, sobretodo, al Stables Market, unos antiguos establos reconvertidos ahora en mercado y que, para mi, son los más interesantes de ver.

Y es que aquí, en Camden, puedes encontrar absolutamente de todo, desde los clásicos que nunca mueren hasta la ropa más atrevida y, a veces, inverosímil y es que este mercado es un claro ejemplo de lo que es Londres hoy en día, una ciudad donde caben muchas ciudades y todas, hoy, se encuentran aquí.

Con todo, si cuando nos hemos levantado el día apuntaba mejores maneras que ayer, a estas alturas ya está claro que solo se trataba de un espejismo y es que la gran nevada que nos ha pillado mientras estábamos dentro del Stables Market ha cubierto todo de blanco y ha hecho que las temperaturas bajaran considerablemente y es una pena, porque uno de los alicientes que hay aquí es la de, a la hora de comer, pasearse por los tantos y tantos puestos que hay de comida de todo el mundo para ir probando de todos hasta elegir el que más te gusta y comértelo tranquilamente alrededor de los canales pero nosotros, eso, solo lo podremos imaginar. Y es que el frío es tan intenso que ha hecho que, a pesar de estar cubierto, saliéramos por patas hasta nuestro siguiente, y último, objetivo de este viaje a Londres. Un objetivo, por cierto, a cubierto y calentito.

British Museum

Porque ayer ya no entramos a la National Gallery, pero no nos íbamos de Londres sin visitar el Museo Británico, uno de los más completos y extensos del mundo, donde se exhiben muchos de los artículos expoliados durante siglos y siglos a lo largo y ancho de este mundo.

No en vano, se trata de la atracción más visitada de Londres y, efectivamente, es gratuita, como tendrían que ser todos los museos del mundo.

Para llegar a él la parada de metro más cercana es Tottenham Court desde donde ya te encuentras con carteles que te indican la dirección a seguir para llegar al Museo.

Una vez allí, y tras pasar el control de seguridad, lo primero que uno se encuentra es el gran atrio, diseñado por Foster y convertida en la mayor plaza cubierta de Europa que distribuye las distintas colecciones que hay por todo el museo: 7.000 años de antigüedad que recorren todos los continentes.

Obviamente, visitarlo al detalle nos llevaría como unos cuantos años así que quitároslo de la cabeza. Si os mola mucho el tema, podéis mirar de apuntaros a alguna de las visitas guiadas y gratuitas que ofrece el museo, se llaman eyeOpener y son a galerías sueltas, por si alguna os interesa en concreto.

Para mi gusto, lo más interesante lo encontramos en las Galerías de Grecia y Egipto, con la Piedra Rosetta en los morros nada más entrar. Las esculturas del Partenón o los Toros alados de Jorsabad son otros de los imperdibles y después ya nos dirigiríamos hasta Egipto para ver su impresionante colección de Momias, con la de Katebet a la cabeza o el enorme busto de Ramses II presidiéndolo todo.

Solo en estas galerías ya uno podría tirarse todo el día fácilmente, pero sería un error no visitar las dedicadas al medievo, donde destacan entre muchas otras piezas el tesoro de Mildenhall o el barco funerario de Sutton Hoo. También tenemos galerías dedicadas a Oriente, a África y a América es decir, tenemos todo un mundo por descubrir, solo nos hace falta tiempo, eso si. Otro opción también es, si disponéis de más días, visitarlo por partes, ya que al ser la entrada gratuita, podemos entrar todas las veces que queremos, eso dependerá de lo frikis que seáis, de nada más.

Nosotros en verdad que habíamos tenido suficiente y al salir y darnos cuenta de la gran nevada que había vuelto a caer mientras visitábamos el Museo, decidimos ir haciendo vía, recoger nuestras maletas y tirar hacia el aeropuerto con más tiempo del habitual y bien que hicimos, ya que, a consecuencia del mal tiempo, varios trenes habían sido cancelados y, en teoría, llegaríamos al aeropuerto con el tiempo justo para pillar nuestro avión.

Digo en teoría porque al llegar al aeropuerto nuestro vuelo también llegaba con un lindo retraso de un par de horas, es decir, una vez más llegaríamos a nuestra casa bien entrada la madrugada para, a las 7:00 de la mañana, levantarse para ir a currar como si aquí no hubiera pasado absolutamente nada y es que a quien le importa eso cuando has podido disfrutar de 4 días a full conociendo una ciudad como Londres, una de las capitales del Mundo?

Exacto, eso no le importa a nadie…

Por más madrugones como estos….Seguimos!!

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