10 de Octubre de 2017

Gaaaaaas!! 15 de la tarde, puerta del curro cerrándose detrás nuestro y venga a correr!! Y como no, esto solo puede decir dos cosas: una, que me estoy cagando y quiero disfrutar de este momento en mi casa o dos, que nos vamos de viaje. O las dos, claro, una después de otra, también es verdad.

Pero no os preocupéis que no tengo un blog para contaros mi salud intestinal sino mis viajes así que si estáis leyendo esto (entendería perfectamente que ya no hubierais llegado ni aquí) significa que nos vamos a Lanzarote!!

Y es que por si no os habíais dado cuenta las Islas Canarias nos encantan, mucho, y con esta ya van tres en menos de 6 meses y además, ni más ni menos que para una semana!! Así que dale hacía El Prat que aún encontraremos pollo.

Y es que desde que casi perdemos nuestro avión hacia Kuala Lumpur este verano por culpa de la huelga de controladores de acceso cada vez que tengo que pillar un avión tengo un nosequé que no se me quita hasta que no estoy ya metido en el aparato, la verdad, y si antes apuraba bastante el tiempo ahora como antes lleguemos mejor. Prefiero prevenir, que curar.

Pero por suerte esta vez no había ningún contratiempo y nuestro vuelo FR6372 salía, y llegaba, en hora en el aeropuerto de Arrecife para empezar a descubrir los secretos de esta isla.

Aunque para eso ya tocaría esperar a mañana. Eran la 1 de la madrugada y nuestra anfitriona nos estaba esperándonos para darnos la llave así que no era plan de hacerla esperar. Así que rápidamente a pillar el coche de alquiler (que además también nos estaban esperando) y a recorrer los cerca de 30 quilómetros hasta El Golfo, dándole ya a la imaginación para ver si descifrábamos que nos encontraríamos al despertar, pero eso, ya os lo desvelaré mañana.

Os parece? Venga va, a descansar…

11 de Octubre de 2017

Y otra vez la misma historia de siempre, hacía poco más de 4 horas entre una cosa y otra que nos habíamos acostado, es decir, una mierda, vamos, y ya estaba dando vueltas arriba y abajo por la cama con los ojos como platos sin poder dormir. El motivo? Pues cual va a ser: No podía estar ni un minuto más sin saber qué narices había ahí fuera.

Así que serían las ocho y poco de la mañana que dejaba a Adri en la cama, aunque también ya despierta, y salía por la puerta para encontrarme con El Golfo de día, el Golfo de noche ya lo tengo muy visto yo, y me encontraba con un precioso pueblo de casas bajas y del blanco más impoluto, rodeado por colosales coladas de lava de negro profundo, que parece que en cualquier momento vayan a engullir el pueblo y convertirlo en una Pompeya Canaria. Y a escasos metros de nuestro apartamento, el imponente atlántico, muy en calma hoy a decir verdad por lo que nos tiene acostumbrados.

La verdad es que en el pueblo se respira una tranquilidad envolvente, y eso se agradece, solo rota por el ajetreo que tienen los currantes de los restaurantes que dan al mar y en donde, según dicen, se puede comer pescado fresco con unos atardeceres de película. Veremos.

·El Lago de los Clicos

Una de las principales atracciones de El Golfo, por no decir la única, y seguramente una de las estampas más conocidas de la isla es la playa del Golfo con su lago de Los Ciclos, situada a escasos 5 minutos paseando de donde nosotros nos alojamos y que forma un conjunto cromático digno de ver. Os cuento.

Imaginaros una playa de arena negra como el carbón, rodeada por acantilados, algunos negros, otros rojos, otros ocres. Todo muy marciano, la verdad. Pues bien, a todo esto añadirle, entre el mar y los acantilados, una laguna de un verde intenso, situada en el cráter de un antiguo volcán, donde queda el agua retenida formando un espectáculo que durante el día, dependiendo de la luz que haya, va cambiando de color. Un pasote, verdad? Pues lo que os comentaba, a 5 minutos a pata de donde dormimos.

La mejor de todo, además, es que al marcarme el madrugón, a esas horas, soy el único friki recorriendo el sendero de tierra volcánica que te lleva a ella y una vez allí, con todo este cuadro solo para mí, hace que, ya solo por esto, el venir hasta aquí valga la pena.

Esto es importante porque en unas pocas horas, el descampado de tierra que hay en el inicio del camino se llenara de coches y autobuses, de alemanes, franceses, británicos y algún chino, y este paisaje onírico más parecido a Marte que a la Tierra pasará a parecerse más a Port Aventura que a ninguna otra cosa. Así que si podéis, aprovecharlo y venir vosotros solos, ya me contaréis que sentís.

·Las Salinas de Janubio

Y ya con el primer subidón del día en la maleta, era cuestión de volver al apartamento a por Adri, que ya esperaba impaciente mi llegada para empezar a descubrir esta isla que de bien seguro nos va a sorprender y para ello habíamos planeado pasar un primer día tranquilitos, de Sol y Playa, aprovechando la ola de calor que entraba en las islas hoy, y recuperarnos un poco del tute, tanto físico como psicológico de ayer así que coche cargado hasta los topes y hacía nuestra primera parada del día, las Salinas de Janubio.

Y es que realmente nada más hace falta salir del pequeño núcleo del pueblo para, de repente, cambiar de planeta. Es acojonante como la carretera cruza campos de lava por donde más tiran, rodeándote a banda y banda, sin un solo árbol, ni un atisbo de vegetación, solo la oscuridad rodeándote, y nuestro Fiat 500 abriéndose paso entre diferentes calderas, algunas de las cuales no hace tantos años estuvieron en erupción.

Un paisaje sobrecogedor diría yo, de esos que a mí me gustan, esto pinta bien, si señor.

Una vez enfilamos hacia el mar, rodeados aún de coladas de lava que cayeron directamente al océano atlántico, ponemos dirección al sur de la isla, hacía playa blanca, para toparnos, en una de estas que de repente se abre el paisaje delante de ti sin que te lo esperes, con otro espectáculo cromático digno de ver aunque, en esta ocasión, provocado, en gran parte, por el hombre: Las Salinas de Janubio.

A continuación de una gran bahía, en una especie de laguna interior cuadriculada por centenares de piscinas de donde, aún hoy en día, se obtiene la sal. No en vano, estas salinas se han estado utilizando ininterrumpidamente desde hace más de un siglo y aunque hoy en día ya no tienen la importancia que tuvieron en su día, sobre todo para abastecer de sal a los pesqueros vascos, hemos de tener en cuenta que aún se producen unas 2.000 toneladas anuales, y lo mejor de todo, utilizando prácticamente el mismo sistema que se utilizaba a finales del siglo XIX cuando se empezaron a explotar.

Lo mejor de todo son los distintos colores que cogen las piscinas y aunque, con la luz de la mañana no se le saca el máxima partido al conjunto, sigue siendo un espectáculo digno de ver.

·La Playa del Papagayo y el Espacio Natural Protegido de Los Ajaches

Ahora ya sí que nuestra siguiente parada iba a ser la playa, pero ojo, no cualquier playa, sino La Playa, la que para según muchos es la mejor de la Isla y una de las mejores de todo el archipiélago: La Playa del Papagayo.

Para llegar a esta tienes que primero acercarte hasta Playa Blanca, uno de los núcleos turísticos más importantes de la isla, pero también uno de esos núcleos turísticos que tanto aborrecemos aunque, se ha de decir en su favor que, como mínimo lo que nosotros hemos visto, no han convertido Playa Blanca en una ciudad de hormigón, con edificios de hoteles y resorts uno encima del otro sino que han tenido la delicadeza de intentar encajar un poco ese rollo con el entorno y en lugar de los típicos hoteles que nos encontramos en Los Cristianos de Tenerife o en Playa del Inglés de Gran Canaria, por poner un par de ejemplos, te encuentras con complejos de casitas típicas lanzaroteñas, de una planta o dos a lo sumo, blancas y no sé, todo un rollo que te cuadra un poco más. Como mínimo no hace tanto daño a la vista, vamos.

Pero lo dicho, nosotros como que mucho este rollo no nos va y pasamos Playa Blanca de largo para dirigirnos al Espacio Natural Protegido de Los Ajaches, en el extremo oriental de la osta, y al que has de acceder por un camino de tierra, después de pagar 3€ para entrar, que cruza la aridez del paraje para ir llevándote a algunas de las mejores y más salvajes de la isla, ya que están completamente libres de edificaciones. La primera que te encuentras es Playa Mujeres seguida de El Pozo, la favorita de la dueña de nuestro apartamento, según nos dijo esta mañana. Después viene la Caleta del Congrio, Puerto Muelas y por último, nuestro destino, El Papagayo. Y todo esto que se me olvidaba, con la vecina Fuerteventura y la pequeña Isla de los Lobos como telón de fondo omnipresente en toda esta historia.

La verdad es que nos podríamos haber quedado en cualquiera de las otras porque todas son para cagarse pero nos habían recomendado esta y allí que hemos ido. Y no ha defraudado, eso os lo digo ya.

La Playa del Papagayo es una caleta flanqueada por enormes acantilados de material volcánico que caen directamente al mar. De dorada arena fina y aguas transparentes, al estar recogida hacen de sus aguas un lugar perfecto para nadar y hacer snorkel o simplemente pajarear, eso si, el agua está fría de cojones. Pero fría, fría eh.

Si os digo la verdad me he metido para estrenar mi último juguete que me ha regalado Adri para mi cumpleaños: Una GoPro Hero5 Black. Pepinako de cámara si señor.

Y la tenía que probar si o si, así que me he metido haciéndome el chulo lo máximo que he podido para no quedar mal delante de tanto alemán y demás, que para ellos eso era caldo y me he ido a explorar (y catar) el fondo marino.

La verdad es que, con el chip aún de las Perhentian y Tioman en la cabeza, estos fondos son, como diría, descafeinados. Peces hay, y bastantes, sencillitos, eso sí, pero lo hay. Corales? Pues no, corales no. Lo que sí que encontramos son todo de pasillos y cuevas submarinos hechas por la lava al entrar en contacto con el mar que crean todo un sistema de pasillos muy curioso de ver, y por donde te puedes tirar un buen rato jugando.

Y a partir de aquí ya poco más, la verdad.

Alguna que otra siesta intercalada con una visita a el Chiringuito, la única edificación que hay en todo Los Ajaches, un restaurante con unas vistas de postal sobre el Papagayo y donde he vuelto a comer, por fin, mis tan añoradas Lapas, con un buen vinito lanzaroteño, las papas de rigor y unas puntillas a la andaluza que para que te voy a contar. Y es que comer en las canarias es una de las cosas que más nos gustan, la verdad.

Y con todo, esto ha sido lo que nuestro día ha dado de sí. Serían las 18 de la tarde cuando hemos desplegado velas y hemos puesto rumbo a El Golfo de nuevo, el día poco a poco nos iba pesando más y más y queríamos descansar para mañana ya poder desplegarnos por la isla sin miramientos.

Eso sí, lo que decíamos, comer, comer y comer. Y así estoy, coño. Pero que me quiten lo bailado. Y si nos hemos de morir, que nos pille cenados, no? Pues a darle mambo a los restaurantes de El Golfo y para despedir el día nos hemos ido a Casa Rafa, a la entrada del pueblo y nos hemos homenajeado con un Cherne para los dos, espectacular, apoteósico, para cagarse, vamos. Eso sí, con un buen pulpo frito y una de queso asado para acompañar. Regado con un blanco de la isla, por supuesto, y con esto ya sí que si, después de unos ron miel digestivos para hacerlo bajar, nuestro primer día en esta isla llevaba a su fin. Sin darnos cuenta, como si justo ahora nos acabáramos de levantar, y es que cuando uno está a gusto, esto del tiempo, no sirve para ná…

Mañana más y mejor…

Seguimos!!

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