30 de marzo de 2018

6:00 a.m. Aeropuerto Internacional Queen Alia, Ammán. Afuera del Hall de llegadas, 6°C y lloviendo. Dentro, nosotros, ojos rojos e hinchados y es que hacía casi 24 horas ya que estábamos en pie y atención, porque esto, aún, no había terminado.

Para que os hagáis una idea y os podáis poner en situación, 24 horas antes de ese instante nos estábamos levantando y vistiendo para ir a currar. Hacía 16 horas que terminábamos nuestra jornada laboral y, directos, poníamos rumbo al Aeropuerto del Prat para pillar un primer vuelo que nos llevara a Istambul, desde donde debíamos coger nuestro enlace. 12 horas antes nos subíamos a ese avión, con una hora de retraso, y 5 horas antes, por fin, poníamos el culo en los asientos del Airbus A330 de Turkish Airlines que nos había llevado, en un vuelo muy pero que muy movidito, hasta aquí.

Y como os decía, esto no había terminado: ahora nos disponíamos a pasar el control de pasaportes para entrar al país, un mero trámite ya que, al disponer de Jordan Pass solo tienes que meterte en la cola para los que tienen el pase, sonreírle al policía de aduanas de turno al mismo tiempo que le enseñas tu impreso (que debes imprimir en casa, recordad) y él mismo, después de hacerse un poco el remolón, te pone el sello en el pasaporte y va, para dentro. Te acabas de ahorrar 40JODS y ya pisas, por vez primera, el suelo del Reino Hachemita de Jordania. Mola el nombre, verdad?

Y calma, que ahora viene lo bueno: aún nos quedaba pillar el coche de alquiler que nos iba a acompañar en estos 10 días en Jordania y recorrernos el país de punta a punta, algo más de 300 quilómetros, hasta Áqaba, la única salida de Jordania al mar. Y a que mar? Pues en efecto, al Mar Rojo.

Y eso era otra cosa que no teníamos muy claro en ese momento, la verdad: está lloviendo y hace frío, en serio que 300 quilómetros más abajo me podré bañar al sol?? Pues ni idea, la verdad, pero había que intentarlo.

La Carretera del Desierto

Y la manera más rápida para intentarlo es la que se conoce como Desert Highway, una carretera que cruza el país prácticamente en línea recta durante sus más de 300 km de longitud hasta dar directamente con el mar.

Nuestra idea era, para evitar los cambios abusivos que te meten en el aeropuerto si quieres cambiar divisa, ir directamente sin parar hasta Áqaba, y una vez allí, cambiar dinero en alguna casa de cambio sin que nos crujieran en el intento y ojo, porque la idea es buena, ya que en si, la Carretera del Desierto no esconde muchos atractivos en los que pararse e incluso se podría decir que es más bien feota si tenemos en cuenta que es la autopista que une la capital con el único puerto del país, con el constante tráfico de camiones yendo y viniendo que eso conlleva, pero os aseguro que hubiera dado mi vida por tener aunque fuera 10 tristes dinares para poder pararme en alguna de las muchas cafeterías destartaladas que te encuentras a lo largo de ella, pedirme un litro de café y enchufármelo y es que a partir del cuarto camellos ya ni ellos me distraían.

A partir de los 100 quilómetros el alma cada vez me pesaba más. A los 200 empezaba a llorar sangre y a los 250 ya confundía la ficción con la realidad. Pensar que, como os comentaba, gran parte del itinerario transcurre por rectas infinitas sin nada en lo que fijarse para distraer el coco y, para más inri, nos habían dado un coche automático, un Chevrolet Cobalt y no uno manual como habíamos pedido, con lo que no tenía ni que cambiar de marcha.

Duro, muy duro.

Pero luego hay un punto en el que todo cambia, cuando ya te vas acercando al final, cuando te piensas que ya no aguantas ni un segundo más despierto, algo ocurre y es que el ambiente se aligera, esa densa calima que te ha acompañado desde que ha salido el sol se empieza a despejar y la Desert Highway, la misma que has maldecido durante 300 quilómetros, entra de lleno en un desfiladero de arenisca roja cortado por enormes vetas negras en diagonal, que le dan, no sé si fruto ya de mis alucinaciones, el aspecto de una enorme araña de la que no puedes escapar si no es por un único punto en concreto, ese punto por donde entra una luz distinta a la que has visto hasta ahora, una luz que solo puede provenir de un lugar, solo una curva más y…

El Mar Rojo.

Frente a ti.

Y de repente todos tus males, todo el cansancio, todos los momentos en los que te has preguntado si has hecho bien bajando hasta aquí del tirón se esfuman. Tienes delante de tuyo uno de esos mares que todo viajero tiene que ver en algún momento de su vida. Con todos los lugares en los que has estado y aún te faltaba esta imagen en tu retina: la del mar rojo, del que tantas y tantas veces has leído historias, delante de ti, como una mancha de aceite brillando al sol y es que así es, aquí en Áqaba, aunque hasta hace 50 quilómetros lo veías imposible, luce el sol.

El primer Sol de Jordania.

Primer contacto con Áqaba

Por supuesto imposible no detenerse a contemplar esos horizontes que se abren ante ti y es que detrás del mar, si reseguimos la costa hacia el sur, nos encontramos con Egipto, pero es que después de Egipto, después del Golfo de Áqaba, se siguen abriendo nuevos y mágicos horizontes con los que ya tienes algo en común: este mar que hay delante de ti, es el mismo que más al sur baña las costas de Sudán, de Eritrea, de Yibuti, del Yemen. Navegando este mar llegaría al Golfo de Adén y si siguiera navegando aparecería ante mí la isla de Socotra, que hoy vive una de sus peores crisis humanitarias, con el beneplácito de occidente, pero que sigue siendo la isla que tantas y tantas veces he soñado con pisar y después podría reseguir la costa de África, llegar a Lamu, incluso si siguiera podría descubrir las Comores e intentar encontrar Libertalia y sus guaridas de piratas que imaginaron un mundo mejor….

  • Pol, Pol, Pooool!!Qué coño haces, que te has quedado empanadoo!
  • Ostia perdona, estaba ahora mismo un poco lejos de aquí…Si, si, vayamos a desayunar, claro.

La primera visión que se tiene de la ciudad es un poco la que nos esperábamos, un gran centro turístico, que ha pasado en pocos años de ser un pequeño pueblo de pescadores a una mini ciudad con casi 100.000 personas viviendo en ella, convirtiéndola en un lugar algo desangelado, aunque a decir verdad, nuestro objetivo, al venir hasta aquí no era esta ciudad ni tan siquiera está en la superficie, sino debajo del mar: los fondos del Mar Rojo son uno de los mejores lugares para disfrutar de la fauna marina y esto es lo que viene a hacer mucha de la gente que se acerca hasta aquí: bucear.

Aún así, aprovechando que estamos en ella le damos un tiento al animado paseo marítimo donde, a pesar de ser tan solo las 10 de la mañana, el bullicio que hay en él es espectacular: una marea humana de gente, en su mayoría jordanos, dan vida a la ciudad, llenando paseos, playas y el mismo mar, sin importar que a esta hora, el frío viento que proviene del Wadi Rum hace que almenos nosotros no nos hayamos ni quitado el abrigo pero esto, al bullicio que chapotea en el agua, le da absolutamente igual.

Con todo, encontramos un lugar donde cambiar dinero a buen precio y, lo más importante, podemos desayunar y eso, aquí, en Jordania es todo un ritual: hummus, falafél, huevos revueltos, pasta de judías, pepinillos y pan de pita recién hecho. De esto es lo que se compone el típico desayuno jordano con lo que parece que eso de que el desayuno es la comida más importante del día es algo que, aquí, se han tomado al pie de la letra.

Nuestro viaje por Jordania ya había empezado de verdad.

El Mar Rojo

Una vez sales de Áqaba en dirección sur, hacia donde están las mejores zonas de buceo y nuestro hotel, uno no puede evitar preguntarse si realmente es cierto eso que dicen de que a pocos metros de la orilla hay algunas de las mejores zonas del mundo para bucear y es que lo primero que te encuentras es la gran zona portuaria de la ciudad (recordar que Áqaba es la única salida al mar del país) con sus grandes cargueros atracados o fondeados esperando su turno para atracar, camiones que entran cargados hasta los topes con una mercadería y salen con otra, autobuses llenos de trabajadores empezando o terminando su jornada laboral. En verdad parece más una especie Mad Max árabe que un paraíso de vida y colores pero, fuera como fuera, lo teníamos que comprobar, así que un par de horas después de llegar a nuestro alojamiento en South Beach, y de descansar un rato, que buena falta nos hacía, llegó el momento de alquilar los equipos y tirarnos al mar. Si ahí abajo no había algo que hiciera que se nos cayeran los cojones al suelo, que mierdas hacíamos aquí?

Y es que ante todo dejaros claro una cosa: si venís hasta aquí por sus playas, os vais a decepcionar y es que a no ser que te marques alguno de los hotelazos que tienen aquí todas las grandes cadenas y te vayas a sus playas privadas (y artificiales), las playas publicas de Áqaba son más bien cutrillas y la imagen de fina arena blanca que todos tenemos como ideal, aquí, no la vas a encontrar.

Otra cosa es todo lo que se mueve alrededor de ellas y es que son el lugar elegido por los jordanos para pasar el día: en un momento te montan una haima con cuatro palos y cuatro telas, sacan sus narguiles, preparan sus barbacoas de hojalata y ya tienen la fiesta montada. Los hombres hablando por un lado, las mujeres por otro y los enanos en la de todos.

Pero qué coño, nosotros hemos venido aquí a bucear, y si elegimos la zona de South Beach es porque frente a ella es donde se encuentra el Aqaba Marine Park, o lo que es lo mismo, los mejores arrecifes de coral y un espacio protegido donde poder disfrutar tanto del buceo de superficie, aka snorkel, como de inmersiones de postal.

En todos los establecimientos os alquilarán todo lo necesario para ello y si no sois tan tontos como nosotros para venir aquí sin el PADI sacado, también podréis contratar inmersiones en cualquier lugar. Todo se mueve alrededor del bueo así que – Tanta gente equivocada no iba a estar, no?

Y de eso te empiezas a dar cuenta una vez pisas la playa y ves que, de repente, en el agua, algo hay.

Y es que a pocos metros de la orilla, no sé, igual 20 metros, igual 10, te encuentras con grandes arrecifes de coral perfectamente visibles desde la superficie, incluso uno puede distinguir los peces que nadan alrededor de ellos y por donde puedes pisar.

Reconozco que nosotros fuimos un poco cazurros para entrar al mar, pero las ganas que teníamos no nos dejaban pensar con claridad y en lugar de meternos por donde los arrecifes daban un respiro nos metimos por el recto, tal y como hacía la gente de allí, con lo que a los pocos metros Alexia ya iba llena de heridas de guerra que iba a arrastrar hasta llegar de nuevo a Rubí.

El consejo gratis del día es que no se os ocurra meteros en el agua sin escarpines. En el mejor de los casos, si no los lleváis, un erizo os atravesará el pie con sus enormes agujones y en el peor vais a arrastrar para todo el viaje una dolorosa y peligrosa picada de pez león, por lo que dicen muy común aquí y que vive en los arrecifes a escasos metros de la orilla.

Tanto la chica de nuestro hotel como Madhi, de un hotel por el que hemos pasado y con el que hemos hecho buenas migas, nos han dicho que, sin ninguna duda, el mejor lugar para descubrir los secretos del fondo marino de Áqaba es lo que se conoce como Jardín Japonés y que es por donde hemos de empezar.

Y el Jardín Japonés está allí, a tocar de piedra.

Y tú estás en el filo del arrecife, a diez metros de una familia de jordanos riendo y chillando sin parar y aún te preguntas: -En serio que aquí abajo?

Hasta que te sumerges y los sonidos de la familia se enlatan y ante ti se abre un espectáculo de colores increíble. Corales, de todas formas y colores y centenares y centenares de peces nadando a tu alrededor totalmente ajenos a lo que ocurre en el exterior te dan la bienvenida. Peces mariposa de cola negra y de Eritrea, los peces payaso del mar rojo, distintos a los que habíamos visto en el sudeste asiático jugando entre anemonas, alguna barracuda, y un largo etcétera que solo se inmutan si te acercas un poco más de la cuenta para cambiar de escenario.

Parece mentira, pero todo el mundo tenía razón. Y tan cerca de la orilla!

Eso sí, estamos a finales de marzo, y según nos han comentado, justo en esos diez días al año en que el cambio de estación también trae consigo el cambio en la dirección del viento, que pasa de soplar hacía el norte a hacerlo hacia el sur y ese hecho hace que, durante unos días, año tras año, sople más de lo habitual, o lo que es lo mismo: que estamos helados, que coño.

Ahora se entiende porque han insistido tanto en el que alquiláramos también, junto con la máscara y las aletas, el neopreno y aunque Adri y Alexia han accedido encantadas, aquí, yo, haciendo gala de mi enorme y contrastada gilipollez, he tenido que comprobar en persona y a pecho descubierto, que en efecto, esa gente que vive cada día del año aquí y que ven pasar día tras día a centenares de turistas que vienen a bucear y que saben, con solo mirar, la temperatura en que está el mar, tenían razón: el agua del Mar Rojo, caliente, caliente, no está.

Pero con todo, esta primera toma de contacto nos había servido para reafirmarnos en que estábamos en el lugar en que queríamos estar con lo que ya podíamos, después de comernos un buen pescado a la brasa en el hotel de nuestro amigo Madhi mientras veíamos el sol esconderse detrás de lo que hoy es Israel, empezar a recuperar todo el sueño perdido, que mañana, tocaba más.

31 de marzo de 2018

Si antes de venir ya teníamos claro que durante el día de hoy lo que queríamos era hacer una excursión en barco para poder hace snorkel en los mejores lugares, después de lo de ayer, en que entrar y salir del gua no costó la vida y algún que otro moratón, ya sí que lo teníamos más que clarinete pero la pregunta era la siguiente: – Con quien??

Veréis, en todos los alojamientos de South Beach podréis contratar el típico tour de día completo, que por 50JODS (material incluido), te lleva a visitar varias zonas de buceo, te dan la comida a bordo y pasas el día en el mar. Sobre el papel parece una opción cojonuda pero después de preguntar a varias personas y de darle cuatro vueltas empezamos a dudar. Y dudábamos principalmente por dos motivos.

El primero era que los barcos con los que se hacen este tipo de tours son barcos grandes, con bastante calado, cosa que hace prácticamente imposible llegar a buenas zonas de buceo de superficie y es que ayer nos dimos cuenta, en los Jardines Japoneses sobre todo, que hay zonas del arrecife que apenas están a medio metro de la superficie y después de preguntarle a la chica de nuestro alojamiento ella nos lo corroboró: estas excursiones se quedan en los arrecifes de mayor profundidad, la mayoría de ellos fuera del Aqaba Marine Park.

El segundo motivo era que en estos tours se juntan unas 15 personas o más a bordo y eso, la verdad, poco nos apetecía pero es que si además a eso le sumabas que 50JODS por 3 que éramos son nada más y nada menos que 177€, es decir, una pasta por lo poco que prometía la excursión, solo quedaba ponernos a buscar una alternativa y, a decir verdad, creo que la clavamos.

Y es que lo que hicimos fue hablar con nuestro amigo Madhi, del Darna Divers Village, para que contactara con alguno de los barquitos de madera y fondo de cristal que hay en los muelles y que llevan de paseo a quién quiere disfrutar del Mar Rojo sin tenerse que mojar, para que nos alquilara el barco entero durante 4 horas, de esta manera podríamos acercarnos a los arrecifes al máximo e incluso ver que hay debajo antes de bajar al mar. Ellos mismos nos alquilarían las mascaras, aletas y neoprenos y después, al terminar, nos tendrían esperando con un buen pescado a la brasa y una tumbona en la que descansar. Y todo, por el mismo precio. Sin duda, un muy buen plan.

Pero al levantarnos, la verdad, es que la cosa muy bien no pintaba. El viento había arreciado durante la noche y aunque el cielo estaba despejado, el frío se hacía notar. De todas formas, eso no hizo ni que nos lo pensáramos y a las 11 en punto estábamos subidos en la caja de la ranchera de Madhi en busca de nuestro Nautilus particular. Pero había otra cosa con la que no contábamos: el oleaje que generaba ese viento del norte hacía que no fuéramos los únicos invitados en ese mar: decenas y decenas de Medusas pasaban por debajo de nuestro barco, y aunque Mohammad, el patrón, decía que las medusas jordanas no picaban, he de reconocer que un poco, el rollo nos cortó.

A estas alturas no nos vamos a engañar, con otro tiempo hubiéramos disfrutado más de la salida pero, aún así, lo que vimos esa mañana fue espectacular: el Jardín Japonés y toda la superficie que abarca, es el lugar con mayor explosión de vida que he visto jamás debajo del mar, ni las Perhentian, ni Koh Lipe, ni el Caribe, nada. Lo que hay allí debajo es, simplemente, surreal.

Pero es que el Mar Rojo, además, esconde otros secretos: son muchos los pecios hundidos que descansan en su fondo y Mohammad se encargada de írnoslos mostrando desde su fondo de cristal. Pero es que ojo, no solo pecios hay en sus profundidades y es que uno de sus lugares más sorprendentes es un antiguo tanque de la Segunda Guerra Mundial que descansa a escasos 5 o 6 metros de la superficie. Y esa sí que era otra de las paradas obligatorias que queríamos hacer así que – Cuando nos digas Mohammad saltamos al agua! Ya? Venga que vaaaa ¡Mierda!

Y es que no la vi venir, de hecho, fue meter la cabeza dentro del agua y ya la tenía encima, me la iba a comer si o si. Por suerte, Mohammad tenía razón, las medusas jordanas no pican, pero ese bicho viscoso patinando por mi cara, la verdad, es que es algo que querría haber podido evitar.

Pero no nos íbamos a poner quisquillosos y menos cuando no muy lejos de donde estábamos nos encontrábamos con otra sorpresa en forma, esta vez, de avión egipcio que no sé muy bien como terminó allí, pero que ahora hacía las delicias de los buceadores que llenaban de burbujas sus entrañas y es que, este sí, nosotros nos teníamos que conformar con mirar desde unos 10 o 12 metros de distancia mientras ellos se lo pasaban pipa de verdad.

Pero dicen que no hay mal que por bien no venga y fue en ese preciso instante cuando nos prometimos, con Adri, que este era el último viaje que hacíamos sin el PADI Open Water así que al llegar a casa tocaba ponerse a empollar.

Desde aquí lo que hicimos fue muy sencillo, recorrer la costa mirando el fondo marino por el cristal y, lugar que nos gustaba, lugar donde Mohammad paraba para que nos pudiéramos bañar: Mejor Imposible!

De entre todos los lugares que visitamos, uno de los que más nos gustó fue el que se conoce como King Abdullah Reef alejado un poco del trozo de playa donde va todo el mundo pero que nos mostró unos fondos que poco o nada tenían que envidiar al Jardín Japonés: corales de mil tipos distintos y colores y una vida marina digna de admirar. Sin duda uno de nuestros sitios favoritos y que si vais, tenéis que visitar.

Y es que en verdad había sido un día perfecto: Nos habíamos recorrido de arriba abajo todo el Aqaba Marine Park, habíamos visto más corales juntos que en toda nuestra vida, más peces que en toda nuestra vida, y aunque nos quedó alguna que otra deuda pendiente, como ver de una vez al tan esquivo para nosotros Pez León, incluso una tortuga nos salió a saludar.

Veníamos con unas expectativas muy altas aquí al Mar Rojo y ahora puedo decir que, con creces, estas se han cumplido. Sin duda este es uno de los mejores lugares del mundo para bucear.

Ahora ya solo nos quedaba holgazanear un poco en las piscina del Darna, despedirnos de nuestros amigos y de Aqaba con una cena espectacular y prepararnos para mañana que tocaba otro de los platos fuertes del viaje y es que aquí, en Jordania, cuando termina una pantalla, acto seguido, otra mejor va a empezar y nuestra próxima pantalla era nada menos que el Wadi Rum.

Y yo no veía el momento de llegar…

Ahora más que nunca: Seguimos!!!


DATOS PRÁCTICOS

Cómo llegar a Aqaba: Aqaba se encuentra al sur de Jordania, a pocos quilómetros de la frontera con Arabia Saudí. La mejor forma para llegar directamente desde Ammán es cogiendo la Desert Highway que en poco más de 300km te llevará hasta ella.

Dónde dormir en Aqaba: Existen dos zonas diferenciadas, la misma Aqaba, donde se sitúan todas las grandes cadenas con sus hotelazos y sino la zona que se conoce como South Beach, unos 15 quilómetros al sur, justo donde se sitúan los mejores arrecifes para bucear. Es aquí donde hemos de ir.
Nosotros nos alojamos en el Arab Divers y la verdad que por lo que pagamos, 135JODS por una habitación triple con desayuno durante dos noches, no nos acabó de convencer. El hotel está bien y las instalaciones son cojonudas pero, para nuestro gusto, es un sitio un poco soso.
Si volviéramos nos alojaríamos en el Darna Divers Village, más cerca de la playa y en dónde Madhi y su hermano te hacen sentir como en casa. Y por cierto, más barato: 90JODS la triple para dos noches.

Dónde comer en Aqaba: Nosotros comimos los dos día en el Darna menos la última cena, en la que que nos fuimos a recorrer Aqaba la nuite y dimos con un lugar de puta madre y de nombre evocador: Alibaba, un restaurante con una terraza desde dónde contemplar la vida de la ciudad y con unos platos ricos y generosos. Y hay cerveza, así que aprovechar.

Dónde cambiar dinero en Aqaba: Nosotros lo hicimos en el Alawneh Exchange, en la Zahran Street, donde el cambio era el mismo que en internet: 1€ por 0,86 JOD. Y sin pasaporte ni mierdas eh, a lo rápido.

Mejores zonas para hacer snorkel: En general todo el Aqaba Marine Park es espectacular pero si tuviéramos que quedarnos con tres zonas serían el Jardín Japonés, el King Abdullah Reef y New Canyon donde se encuentra el famoso tanque de la segunda guerra mundial.

Dónde alquilar el equipo de Snorkel: pues básicamente en dónde te de la real gana. Cualquier establecimiento cerca de la playa, sobre todo en South Beach, tiene equipos para alquilar. Si quieres algo en buenas condiciones que no te joda el buceo ves a cualquier Dive Center, y hay muchos, ya veréis. En Arab Divers te alquilaban la máscara + tubo + aletas por 7JODS y el neopreno por 7JODS más el día entero.

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