2 de Abril de 2018

En el preciso instante en el que se empezaba a teñir el horizonte de un débil tono anaranjado, una potente llamarada rompía el silencio, la oscuridad y, también, el frío del desierto.

  • Amanecer en globo sobre el Wadi Rum

Estábamos en algún punto indeterminado del Wadi Rum y para llegar allí nos habíamos tenido que levantar ni más ni menos que a las 5:00 de la mañana para darnos cuenta de que la noche en el desierto es más noche aún y lleva consigo un abismo que asusta y hiela el alma. Nos habíamos subido en el 4×4 de un Alí que en su interior nos maldecía enormemente por haberle hecho madrugar (tranquilo tío, yo también lo hago) y que tenía que llevarnos hasta el centro de visitantes donde nos esperaba Khalid, que era con quién habíamos llegado a ese punto desde donde, ahora sí, en muy poco rato, cumpliríamos uno de nuestros sueños y veríamos amanecer sobre el desierto del Wadi Rum desde un globo aerostático.

Para los tres era nuestra primera vez y, la verdad, poco entendíamos de lo que hacían la medio docena de personas que se daban prisa para poder tenerlo todo listo a la hora señalada, que era cuando el sol empezara a asomar por encima de las grandes torres de arenisca del desierto. La verdad es que sorprende en el poco tiempo que se puede tener preparado un bicho de estos y es que en poco más de media hora ya estábamos los tres metidos dentro de la cesta, un cesta en la que habíamos nada más y nada menos que unas 15 personas subidas en ella y nos disponíamos, cuando la temperatura del aire de dentro del globo considerara oportuna, a echar a volar.

Y ese momento la verdad que es la ostia.

Y es que yo esperaba no sé, algo brusco, un tirón de esos que hiciera que todos soltáramos un –Ay mi madre o algo parecido pero que va, nada más lejos de la realidad, realmente no te das ni cuenta, un poco más de calor, un poco más, un poco más y ¡Voilà!: se hizo la magia.

Primero te levantas un palmo del suelo, luego un metro, luego diez y en nada, sin haberte dado cuenta, los 4×4 con los que has llegado hasta aquí son cada vez más pequeños y delante de ti se abre nada más y nada menos que la inmensidad.

Y es que lo que tienes delante es indescriptible, con el sol que ya asoma, aunque aún sin fuerza, como desperezándose de la larga y negra noche, y creando consigo un espectáculo cromático en tus narices que va cambiando por segundos y tú, mirando hacia un lado y hacia otro para no perderte nada, para poderlo inmortalizar.

Tener en cuenta que si desde el suelo el desierto ya se percibe como algo inabarcable, desde mil metros de altura la perspectiva que se tiene es aún más sobrecogedora e incluso llega a darte una sensación de irrealidad difícil de explicar.

En mi caso, una de las cosas que más me sorprendió es la tranquilidad que se tiene una vez estás ya en altura y es que no se oye absolutamente nada, solo el leve silbido de la brisa, que nos mueve a su antojo, y nada más. Es una sensación de paz absoluta que hace que uno pierda la noción del tiempo e incluso del espacio y es que si no fuera por alguna que otra carretera que cruza a lo lejos, en ningún momento dirías si vienes o vas, todo es idéntico, o al menos eso es lo que nos parece a nosotros.

Con todo, después de aproximadamente hora y media en el aire, tocaba bajar y en esta ocasión el viento nos llevo hacia un enorme campo de placas solares que hay instalado en medio del puto desierto pero no temáis, sople hacia donde sople el viento, habrá un lugar para poder aterrizar, y es que eso es lo que tiene el desierto, otra cosa no, pero tierra, para dar y regalar.

Mención aparte se merece el piloto y es que el tío hacía y deshacía a su antojo, cosa que yo la verdad, pensaba que desde un globo era imposible y que estás vendido, pero que va. Buscando las corrientes a mayor y menor altura conseguía ir en la dirección que quisiera e incluso consiguió dejarnos a apenas medio metro del suelo, en un lago seco que de repente apareció, para un minuto después, sin darnos cuenta, volver a estar a más de 500 metros de altura y hacer que todos sus compis de los 4×4 que nos seguían, tuvieran que volver corriendo a los coches para ver donde quería finalmente aterrizar. Un jefazo, vamos.

Y así, de esta manera, sin darnos cuenta, estábamos saltando de la cesta hacía fuera, sin tener muy claro si habíamos cumplido un sueño o habíamos pasado un rato en él, pero con la seguridad de que esa hora y media que habíamos pasado flotando en el desierto nunca la íbamos a olvidar. Sin duda es por experiencias como esta que no podemos vivir sin viajar.

  • Nomad’s Land

Pero ojo, que lo mejor de todo es que no eran ni las 9 de la mañana o lo que es lo mismo, para muchos recién comenzaba el día y lo que uno hace cuando empieza el día, y más si estás en el desierto, es calzarte un desayuno de campeones para pillar el día con ganas.

Así que de nuevo estábamos en nuestro campamento pero con una pequeña diferencia con la noche anterior: no había ni un alma.

Y es que la gran mayoría de gente lo que hace es todas las excursiones el primer día, noche en el desierto y bien tempranito por la mañana, otra vez rumbo a la civilización y es por eso que mientras nosotros entrábamos (again) no hacíamos más que cruzarnos con 4×4 cargados de gente que se dirigían hacia el pueblo.

Pero a lo nuestro y es que para esta mañana nos esperaba una ración de desierto pero de las de verdad, donde el silencio es lo único que acompaña y uno se siente pequeño entre tanta grandiosidad: nos íbamos a Nomad’s Land.

Esta zona de Wadi Rum, prácticamente desconocida para la gran mayoría de visitantes, es donde la palabra desierto cobra mayor amplitud y está situada en la zona fronteriza con Arabia Saudí a unos 40 quilómetros al sur de donde nos encontrábamos.

Iríamos solos con Alí, al que ya se le había pasado el mosqueo del madrugón y al que hacía especial ilusión poder ser nuestro guía: no en vano esta excursión se realiza cada mucho tiempo y para alguien como Alí, que vive por y para el desierto, poderse perder por esas llanuras era todo un alivio cansado ya de realizar siempre las mismas rutas.

Creo que en alguna ocasión ya he dicho que aquí, en el desierto, la percepción del espacio y del tiempo es algo más bien abstracto y cada vez estoy más convencido de ello: si ayer estuvimos dando vueltas por el Wadi Rum durante todo el santo día y podíamos tener la sensación de haber hecho muchos pero que muchos quilómetros, nada más lejos de la realidad: en apenas 15 minutos en 4×4 (a fuego si, pero 15 minutos) llegábamos al punto más alejado al que llegan los turistas (nosotros incluidos durante el día de ayer) y nos metíamos de lleno en la nada por donde circulamos a todo trapo durante aproximadamente una hora hasta que llegó el momento de parar aprovechando unos riscos en donde los beduinos han creado una serie de canalizaciones para poder recolectar el agua en época de lluvias y poder dar de beber a camellos y cabras durante todo el año, o hasta que se acaba, claro.

Y es que a diferencia de ayer, hoy no se divisaba a nadie en ninguna dirección, solo arena y más arena, salpicada de vez en cuando por algún lago seco por el que, inútilmente, intentaba germinar algún que otro brote verde hasta que sus fuerzas decían basta y se convertían en otro matorral seco y muerto en medio del desierto.

Solo muy de vez en cuando, nos cruzábamos con algún beduino que iba acompañado de un escuálido burro y con el que intentaban controlar sus escasas ovejas aunque a decir verdad mucho tampoco se esforzaba: donde narices iban a ir las pobres.

Fueron igual un par de horas en las que nos vimos cruzando la más absoluta desolación absortos en intentar encontrar algo que nos ayudara a orientarnos pero que va, era del todo imposible, realmente si a este se le fuera ahora la olla y nos dejara aquí tirados no tengo duda de que terminaríamos disecados en menos de lo que canta un gallo y no os voy a negar que, aunque solo sea por un minisegundo, eso fue lo que se me pasó por la cabeza cuando de repente, al girar un enorme gendarme arenoso, detuvo el 4×4 y con su inseparable sonrisa nos hizo bajar con todos nuestros bártulos (principalmente agua y más agua) y nos empezó a dar indicaciones:

  • Lo que tenéis que hacer es seguir esté barranco hasta al final, justo donde termina esa enorme duna y una vez en ello, auparos hasta el plató que se abre a la izquierda y allí os estará esperando vuestra sorpresa..
  • Pero…y tu no vienes o que cabrón?

Y aún no había terminado mi cabrón que el tío ya se estaba largando para buscar una sombra donde refugiarse del tremendo calor que ya a esas horas caía sobre el desierto así que nada, a patear se ha dicho.

La verdad es que estas cosas, por eso, son las que molan y ya nos veis a los 3, andando como podíamos, durante media hora larga (si, si, no lo parece pero cerca, cerca no estaba) con la intriga de que narices nos íbamos a encontrar una vez llegáramos al plató y he de confesar que el calentón que nos pegamos para ello valió, y mucho, la pena.

Y es que de repente, si nos pensábamos que ya no nos podíamos sorprender más, lo que se abrió delante nuestro fue sobrecogedor: un vasto espacio de arena y roca que abarcaba hasta donde nos llegaba la vista nos indicaba que hasta allí habíamos llegado, que ya no podíamos avanzar más, que dar un paso más en eso dirección solo podía significar el punto de no retorno. Acabábamos de experimentar justo lo que veníamos buscando al venir aquí que no era otra cosa el significado de la palabra desierto y ahora, después de ver esto, ya teníamos respuesta.

Al fondo, a escaso quilómetros de donde nos encontrábamos, se levantaba la frontera con Arabia Saudí, uno de los países más herméticos que existen y que no se tomaba la preocupación ni de vallar sus límites. El motivo? Salta a la vista, verdad?

Os juro que el poder de atracción que ejercen en mi los desiertos no hace más que acrecentarse con cada experiencia que tengo en alguno de ellos y que se que, algún día, me llevará a cruzar alguno de estos monstruos para poder vivir esa experiencia que solo unos pocos habitantes de la Tierra de unos pocos pueblos han podido vivir. No sé si será este, u otro, pero sí que se que será.

Así que con todo, después de esto ya tocaba volver atrás, buscar una sombra en algún recodo y disfrutare de la comida mientras aprovechábamos para conocer un poco mejor a nuestro guía, su origen y futuro, que está ligado aquí, al desierto, donde nació y donde, tiene muy claro, morirá.

Y con todo, después de otro buen tute en 4×4 visitando otros arcos de roca y otras formaciones de esas imposibles que uno solo puede encontrar aquí, pusimos punto y final a nuestra etapa en el desierto del Wadi Rum, habiendo superado con creces todas nuestras expectativas e incluso quedándonos con ganas de más, de seguir descifrando los secretos de este lugar que, ahora ya si que tengo claro, solo están al alcance de unos pocos.

Y es que el desierto, como la vida, siempre abarcará mucho más de lo que tú puedas llegar a ver.

Ya sabéis: Seguimos!!

DATOS PRACTICOS:

· Volar en Globo en el Wadi Rum: Solo hay una empresa que se realiza está actividad en el Wadi Rum: Rum Balloon.

Nosotros lo traíamos reservado desde casa desde hacía mucho tiempo ya que teníamos claro que esta era una de las actividades que queríamos hacer si o si en el Wadi Rum. La manera para hacerlo es la siguiente.

Primero tenéis que contactar con Khalid Shishani, que es quien lleva todas las gestiones de las reservas y demás. Para hacerlo podéis mandar un email a kahashishani@yahoo.es o mandar un whatsapp al teléfono +962 7 9730 0298. Hagáis una cosa u otra os contestará en poco tiempo. Simplemente con decirle el día que queréis volar y cuantos seréis es suficiente para realizar la reserva y a esperar.

No será hasta un día antes que podremos confirmar todo: hasta que no sale el último parte meteorológico no te dicen si vas a poder volar o no. Si, si, un sin vivir pero es lo que hay.

Nosotros no nos compramos ninguna tarjeta de datos para nuestra estancia en Jordania con lo que no podíamos mandar ningún whatsapp a Khalid así que le pedimos el teléfono a Muhammad, de nuestro campamento, para llamarlo directamente: no os preocupéis, se conocen entre todos y solo os darán que facilidades.

Y si tenéis suerte como nosotros y las previsiones son buenas solo os tocará marcaros un buen madrugón: Si os quedáis en algún campamento de dentro del espacio protegido del Wadi Rum tendréis que decirles que os dejen de madrugada, hacia eso de las 5:00 am en el centro de visitantes donde os estarán esperando. Si os quedáis fuera, ellos mismos vendrán a por vosotros a la puerta de vuestro hotel.

Y ahora viene la doloroso y es que no es algo barato: los adultos pagamos 130JODS y los niños 65 o lo que es lo mismo: la broma nos salió por unos 400€ ni más ni menos que se pagan en efectivo una vez bajas del globo.

Y ahora viene la pregunta del millón: Vale la pena este dineral??

Y la respuesta es que son los 400€ mejor pagados que recuerdo. Vale la pena al 100%.

Con lo que respecta a donde dormir en el Wadi Rum y demás, ya os lo conté en la anterior entrada pero si te lo perdiste podéis hacer clic AQUÍ y enteraros de todo.

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