2 de abril de 2018

Resulta curioso que ese tramo de carretera, perfectamente asfaltado, que se iba dibujando delante nuestro, con su calzada perfectamente delimitada, sus señales de tráfico y su algún que otro radar, tuviera, ni más ni menos, que 5.000 años de antigüedad pero chicos, así era.

Y es que estábamos entrando en la Carretera del Rey a la vez que decíamos adiós, por fin, a la aburrida Carretera del Desierto y es que, en verdad, una con la otra, no tienen absolutamente nada que ver: Mientras que la Carretera del Desierto es una línea recta sin fin, completamente llana y monocromática, en la Carretera del Rey uno enlaza una curva con otra, subiendo y bajando colinas, apareciendo, por delante de ti, colores nuevos, paisajes nuevos, haciendo, en definitiva, de la conducción por ella, un placer para aquellos a los que nos gusta conducir.

Pero es que a eso le teníamos que sumar lo dicho arriba del todo: este eje ya servía como tal hace 5.000 años para juntar el Nilo con el Éufrates y fue el principal nexo comercial durante muchos años entre el Mar Mediterráneo y los desiertos de Arabia con lo que no es de extrañar que todos los imperios que han pasado por aquí crecieran alrededor de esta carretera y, fruto de ello, muchos de los principales atractivos turísticos del país se encuentran a su alrededor: Petra, Mádaba, Jerash y un largo etcétera. Ya querrían muchos países juntar lo que se junta, solo, en esta carretera.

De hecho, nosotros, desde ese momento, ya no la abandonaríamos prácticamente hasta llegar a Ammán para nuestra vuelta a casa hecho que dice mucho al respecto, sobre todo teniendo en cuenta que tan solo nos encontrábamos en nuestro cuarto día de viaje y en donde cambiábamos de registro por completo.

Y es que con esas sinuosas curvas que se iban sucediendo dejábamos atrás el desierto del Wadi Rum y los fabulosos fondos marinos de Aqaba para dirigirnos a nuestra próxima parada que no era otra que Wadi Musa, donde pasaríamos las siguientes dos noches.

Si, si, lo sé: y que mierdas hay en Wadi Musa, verdad?

Pues ya podéis empezar a poneros este nombre en la cabeza porque Wadi Musa es la ciudad que se utiliza para descubrir la atracción más conocida y visitada del país: la mágica Petra.

Nosotros, para ello, habíamos planeado hacerlo de forma progresiva, aprovechando que llegábamos por la tarde a la ciudad, empezando por Little Petra, luego ya siguiendo por el Petra by Night y terminando, mañana, por la visita a la Ciudad Rosa en todo su esplendor.

Aquí en verdad la gente se lo monta de mil formas distintas: unos visitan Petra primero y luego el Petra by Night, saltándose directamente Little Petra, otros dicen que primero es mejor verlo de noche y luego verlo de día, otros que si así, otros que si asá. No sé, yo soy del parecer que si quieres disfrutar al máximo de las cosas ves de menos a más, así parecerás un niño tonto todo el día alucinando en cada esquina.

Y eso es precisamente lo que nos disponíamos a hacer nosotros en ese preciso instante, después de dejar nuestros bártulos en nuestro hotel de Wadi Musa, y tras haber recorrido los poco más de 15 quilómetros que separan esta población de la hermana pequeña de Petra.

Little Petra

Ya sabéis, los que me conocéis, que estos momentos a mi me ponen mucho, cuando voy a descubrir algo por primera vez, y encima estamos a punto de llegar a Little Petra, que dicen que no hay prácticamente nadie, como a un antisocial como yo le gusta, venga va, este debe ser el descampado donde se aparca, va, solo una curva más y…. – Eso es un puta boda????

Y vaya si lo era, pero oye, no una boda tradicional donde mira, aún le puedes encontrar su punto, no, era una puta boda por todo lo alto, con alfombra roja, todo de mesas de un blanco impoluto dispuestas por todo lo ancho, altavoces por todos lados. En serio esto no podía estar pasando.

Pero dejarme que antes de seguir os explique un poco que era (y que es) esto de Little Petra, que igual muchos andáis perdidos.

Little Petra fue, en su día, la última etapa que hacían las caravanas comerciales que venían del norte y que se dirigían a la Ciudad Rosa. Está situada a algo más de 10 quilómetros de Petra y se podría decir que es un replica muy en miniatura de lo que nos espera en la gran Ciudad. En ella se pueden empezar a ver las típicas construcciones nabateas excavadas en la roca y los primeros templos. Es por eso que esta visita, a mi entender, tiene sentido hacerla antes de visitar la ciudad e incluso, si os animáis, podéis hacer este último tramo como lo hacían las caravanas hace 3.000 años, por estrechos senderos rodados a la arenisca hasta las puertas de la ciudad.

Nosotros, por eso, no teníamos esa intención y es por eso que cuando vimos todo el tinglado se nos cayeron un poco los huevos al suelo: – Será todo así?

Por suerte para nosotros, el bodorrio se celebraba solo en la entrada con lo que después del susto inicial, nos dirigimos hacia el estrecho Siq (esta palabra la veremos muy a menudo y significa desfiladero) y lo cruzamos para darnos de lleno, ahora sí, con la pequeña Petra que nos imaginábamos: decenas de casitas excavadas a pico en la débil arenisca, canalizaciones de agua, escaleras que creaban un complejo entramado vertical. Justo lo que nos imaginábamos, y poca, muy poca gente.

La verdad es que es una visita que vale la pena, es un buen aperitivo, y es que ya sirve para hacerse una idea de lo que te esperará mañana y para marear un poco aquí y un poco allá, para meterse en algún embrollo de esos en que nos sabes cómo bajar de dónde has subido (Porque coño has subido?) y ponerte un poco las pilas pero todo de forma muy light.

Con todo, el desfiladero en el que se encuentra Little Petra no tendrá más de 500 metros y al llegar al final, uno se encuentra con un cartel que llama mucho la atención: The best View of the World y una flecha que marca el camino a seguir por una debilidad de la pared.

Vosotros os perderíais algo así? Se tiene que ser muy pretencioso para llamar a un lugar así y que luego sea un truño así que supongo que el calentón merecerá la pena con lo al lío, hacía arriba que nos fuimos y oye, se ha de reconocer que estos jordanos de marketing saben un rato y es que a ver, el lugar feo no era, no nos vamos a engañar, pero de allí a que se tengan las mejores vistas del mundo, pues oye, como que no. Eso sí, souvenirs los que quieras, de eso no falta y es que los amigos han aprovechado “las mejores vistas del mundo” para vender cuatro cosillas que tenían por ahí.

Con todo la visita nos mantuvo ocupados una horilla, no más, y aprovechando que ya empezaba a caer la tarde nos fuimos hacía otro de los alicientes del día de hoy: tocaba entrar por fin en la Ciudad Rosa, tocaba entrar en Petra by Night.

Petra by Night

Cuando uno se ha imaginado tantas veces un momento como este, corre el riesgo de que la realidad no supere a la ficción y es por eso que, mientras nos encaminábamos, junto con una riada de gente, hasta el inicio del Siq, del famoso Siq eh, lo que realmente intentaba era no crearme ninguna expectativa de lo que iba a pasar a continuación y es que el Petra by Night, al menos a mi entender, tenía muchos números de ser más un circo que otra cosa.

En él, uno solo tiene acceso al Tesoro después de atravesar todo el Siq y una vez llegas a este se realiza un espectáculo de luz y sonido que, según todo el mundo que lo ha visto, no te puedes perder.

Y oye, nosotros no íbamos a ser menos y reconozco que, mientras recorres los casi 2 quilómetros de desfiladero, prácticamente a oscuras, solo guiado por la luz de las miles de velas que hay repartidas en el camino, uno no puede hacer más que acelerar inconscientemente el ritmo para llegar y es que a decir verdad, se hacen largos, sobre todo si eres un puto ansias como soy yo, y sobre todo, también, si tienes cerca a la típica Turista-Sheriff-Gurú, la típica iluminada que se piensa que ese trozo solo se puede vivir en el más absoluto silencio para poder escuchar a los astros y a quien sea que se crea que hay por allí arriba y no para de hacer callar a la gente en todo el trayecto con un muy molesto – Shhhhhh! Oye tía, porque no te callas tu de una vez?? No soporto a esta gente que se piensa que solo se pueden hacer las cosas a su manera y que se cree con derecho de dar lecciones a los demás y es que a la postre, lo que provocan, al menos en mí, es que haga más ruido, mucho más ruido. Todo el ruido que pueda, vamos.

Pero volvamos de nuevo a ese momento y es que ya llevábamos un buen rato con lo que, por narices, el Tesoro tenía que estar al caer. Solo una curva más y – Donde coño esta??

Y es que he de reconocer que se curran mucho todo el tema de la iluminación hasta el punto de que, cuando termina el Siq y sales a la gran explanada donde se erige el Tesoro no ves ni rastro de él. Solo una explanada iluminada cada pocos metros con más y más velas y en donde te van sentando en el suelo a medida que llegas para que la gente no se amontone y es que, de verdad, hay mucha pero mucha gente.

En este aspecto, sobre todo si queréis hacer la típica foto de las velas y eso, lo que os recomiendo es que lleguéis de los últimos o que, como mínimo, rápidamente cuando lleguéis os apartéis a un lado para poder tener un visión más amplia de toda la movida.

Nosotros, en cambio, nos sentamos en medio de la explanada, en una posición un tanto incomoda, no lo voy a negar y esperamos que llegara todo el mundo para que empezara el espectáculo.

Cuando eso pasa, y después de unos minutos de incertidumbre, empiezan a tocar distintos instrumentos tradicionales desde rincones distintos: unos desde el altar en donde se alza el Tesoro, otros desde un lateral, otros desde detrás de donde nos encontrábamos.

Y todo esto, claro, con la presencia del Tesoro atizándote en todo momento y es que es una sensación muy extraña, sabes que está allí, a apenas una decena de metros, pero que va, que no lo ves, solo lo sientes y nada más: es como cuando alguien te pone un dedo en la cara pero sin llegar a tocarte pero oye, que tu sabes que allí está, que rabia, que quites hombre!! Pues algo parecido.

Además te dejan bien claro que nada de hacer fotos con flash, que todo tiene su momento, y después de la música, el que lleva todo el tinglado, empieza a contar la leyenda de Petra, en un tono así muy peliculero, creando expectación, hasta que dice que es el momento de que cierres los ojos y empieza la cuenta atrás: 5, 4, 3, 2, 1…

  • Uaaaaaaaaau

Y allí lo tienes, enfrente tuyo, iluminado por centenares de flashes que se disparan a la vez y por unos focos que van cambiando de color cada pocos segundos: el Tesoro, tantas veces visto en fotos, en guías, en libros, y ahora lo tienes allí, delante de ti. En todo su esplendor.

Al principio no te alcanzan la vista para quedarte con todo, el silencio de la gente solo es roto por los clicks de las cámaras de fotos y todo el mundo está a la expectativa de que se tiene que hacer ahora. Hasta que el primero se levanta y entonces ya barra libre, unos hacia aquí, otros hacia allá, todos en la absurda búsqueda de la foto perfecta que le pueda hacer llenar el Instagram de likes.

Nosotros, en cambio, preferimos quedarnos en el mismo lugar, sentados y observando el espectáculo, el cual, he de reconocer, por eso, que sí, es muy bonito, no lo voy a negar, aunque no espectacular. Y no es espectacular porque luce artificial, ya que ves el Tesoro ahora rosa, ahora amarillo, ahora lila, y así sucesivamente.

Esto hace que cree una atmosfera muy bonita y que incluso sea un momento para recordar, pero ni ves el marco en el que está excavado ni puedes distinguir los matices y eso le quita, para mi opinión, lo que decíamos, espectacularidad.

Aún así, lo dicho, el momento es de babita, de esos que quieres que no terminen nunca, aunque como todo, terminó. Era el momento de deshacer el camino por el Siq, ahora con la gente ya mucho más dispersa, comentando la jugada y en mi mente solo una obsesión: que pasaran lo más rápido posible las 8 horas que faltaban para volver, con las primeras luces del día, y descubrir el plato principal.

Lo de hoy había sido un aperitivo. Un muy buen aperitivo, pero que te deja con ganas de más. De mucho más.

Así que hoy más que nunca ya sabéis: Seguimos!!!

DATOS PRACTICOS

  • Como llegar a Petra

Petra está escondida entre desfiladeros a las afueras de Wadi Musa, donde llegamos por la Carretera del Rey tanto desde Ammán como desde Aqaba. Nosotros tardamos unas dos horas desde Wadi Rum Village. Una vez estés en Wadi Musa no te preocupes: aquí todos los caminos llegan a Petra, no a Roma. Y si no tú sigue a la gente y tranquilo, llegarás.

Para llegar a Little Petra, en cambio, tocará buscarte un poco más la vida y continuar durante unos 15 quilómetros dejando atrás Wadi Musa hasta llegar al desvío. No hay muchas indicaciones así que lo mejor que podéis hacer es descargaros alguna APP que os lleve hasta aquí. Yo utilizo Maps.me y la verdad es que siempre nos ha ido bien. Para aparcar no os preocupéis, hay un descampado enorme justo en la entrada donde aparcar por la cara.

  • Cuanto cuesta entrar a Little Petra

Pues costar no cuesta nada, aunque he de decir que a nosotros, en la entrada, nos pidieron los Jordan Pass. También he de decir, por eso, que no los llevábamos encima y no nos dijeron nada. Supongo que lo hacen para llevar una especie de control o algo parecido.

  • Cuanto cuesta Petra by Night

La entrada a Petra by Night la podréis gestionar sin problemas desde el mismo alojamiento en el que estéis y vale 17JODS (no está incluida en el Jordan Pass). Nosotros pillamos solo dos y Alexia la hicimos pasar por la cara pero en principio si tienen más de 11 años, los niños también pagan aunque como cuando entras lo haces acompañado de centenares de personas la verdad, dudo que caigan en ello. Probarlo, y si os dicen algo compráis su billete sin problemas allí mismo.

  • Dónde dormir en Wadi Musa

Las opciones para dormir en Wadi Musa, a las puertas de Petra, son enormes, para todos los gustos y bolsillos. Nosotros nos decidimos por el Peace Way Hotel, a unos 10 minutos en coche de la entrada a Petra y la verdad que la mar de bien: limpio, cómodo y con un pedazo de desayuno que te pone las pilas a tope para visitar la ciudad. Y de precio bien: habitación triple con desayuno para las dos noches que estuvimos en la ciudad por 70 JODS. Recomendable 100%.

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