3 de abril de 2018

Desde el momento en que abrimos los ojos ayer por la noche en el Petra by Night y apareció el Tesoro delante nuestro que en mi mente reproducía una y otra vez el cómo sería este preciso instante en que ahora nos encontrábamos, cruzando el Siq, ese profundo desfiladero que da acceso a la Ciudad Rosa, con las primeras luces del día, y se abriera, frente a nuestros ojos, una de las siete maravillas del mundo y con ello, se abriera, al fin, Petra.

Así que en esas nos encontrábamos ahora, al amanecer, recorriendo los últimos metros de ese estrecho (y precioso) desfiladero, a punto de vivir uno de esos momentos para el recuerdo, cuando después de algo más de 2 quilómetros desde la entrada, el enésimo giro que da el cañón deja entrar como una luz distinta, incluso el aire que corre se siente diferente, de repente, los sonidos ya no se enlatan tanto y es que las paredes se abren y es en ese momento solo tienes que levantar la cabeza y contemplar, justo en los morros, esa maravilla esculpida en la piedra hace casi 2000 años por unos Nabateos que solo sucumbieron ante el imperio romano pero que llegó a dominar una amplia región que incluía la actual Siria y que tuvo incluso en Palmira su capital en el norte.

El Tesoro (Al-Khaznah)

Estábamos ante el que es, sin duda, el sitio más conocido, no solo de Petra, sino también de Jordania, y que desde el 2007 está considerada una de las 7 Maravillas del Mundo Moderno como ya he dicho anteriormente. Y la verdad, no es de extrañar.

28 metros de ancho por 40 de alto, excavados en la arenisca rosada de Petra, que cambia de matiz dependiendo del reflejo del sol, ofreciendo distintas sensaciones al mirarla dependiendo del momento en el que lo contemples. Es algo que se escapa del sentido común, casi incluso de lo posible. Yo me imagino hace 2000 años, cuando las caravanas de camellos recorrían el Siq y, de repente, aparecía delante suyo ese espectáculo, lo que se les debería pasar por la cabeza entonces. Es sobrecogedor. No me extraña que se conociera a Petra como la ciudad madre, de la que todos querían ser hijos.

Su verdadero nombre, Al-Khaznah, significa algo así como el Tesoro de Faraón, ya que según la leyenda, un faraón escondió su tesoro en la parte superior de la fachada. Es precisamente por eso que el centro del Tesoro se encuentra acribillado a balazos, ya que los beduinos pensaron que eso era verdad y que disparando se podrían hacer con el valioso tesoro.

Eso sí, una vez se llega allí, veréis que alrededor suyo se levanta un autentico circo, con vendedores ambulantes de artesanía, antiguas monedas, según ellos nabateas, artículos de plata, gente que ofrece paseos en burros, gente que ofrece paseos en camello, gente que bien bien no sabes lo que ofrece. Pensar que a esa hora hay muy pocos turistas con lo que tocan a menos por cabeza. Vosotros a lo vuestro, aprovechar el momento, hacer las fotos que hagan falta, desde todos los ángulos posibles e incluso sentaros en el suelo a, simplemente, observar. En definitiva disfrutar de ese momento. Es algo que lo vale.

Nosotros, cuando ya llevábamos un centenar de fotos hechos desde los pies del Tesoro, hemos querido disfrutar de otras visitas y nos hemos ido hacía uno de sus dos miradores, el que sale desde detrás de la cafetería que hay enfrente y que en unos 15 o 20 minutos, te lleva a un lugar privilegiado donde poder tomar unas fotos de escándalo. Los chicos que hay allí, una vez te acercas al sendero, te dicen que es obligatorio ir acompañado de un guía y que ellos, muy gustosamente, te harán el favor por unos pocos dinares. Por supuesto que ni es obligatorio ni ellos son guías pero allá vosotros, el camino no es difícil de seguir pero sí que si eres un poco torpe tiene algún tramo algo complicado. No sé, al final mejor que se ganen la vida acompañándote a ti por aquí que no azotando un pobre burro pero de eso ya hablaremos más adelante.

No sé cuanto habremos estado en el Tesoro, todo tiempo es poco, pero yo creo que entre mirador y demás un par de horas bien buenas hasta que ya han aparecido los grupos de turistas en masa y hemos continuado con nuestra ruta: aún nos quedaba un mundo por ver.

La Avenida de las Fachadas

Siguiendo el Siq a la derecha, unos 200 metros más adelante nos encontramos con lo que se conoce como la Avenida de las Fachadas, que es el nombre que se le da a una hilera de tumbas talladas en la roca, a cada cual más grande, y decoradas de distintas formas y que se convierten en un buen lugar para poder ver lo que la erosión hace con Petra y es que no olvidemos que si Petra como la conocemos fue concebida gracias a la fácil erosión, y con ello manipulación, de la roca, es esta misma erosión la que, tarde o temprano, y por desgracia para la humanidad, terminará acabando con ella. Solo falta con fijarse en el estado de algunas fachadas, retorcidas a más no poder y creando formas más típicas de Antoni Gaudí que de los Nabateos.

El Teatro

Desde aquí, si continúas recto, pasas por dos desvíos a tener en cuenta, primero uno a mano izquierda, donde unas escaleras talladas en la roca te llevan hasta el Altar de los Sacrificios y más adelante, a mano derecha, el desvío que te lleva a Las Tumbas Reales. Nosotros, ahora, no cogeremos ninguno de los dos y nos centraremos primero en El Teatro, justo en frente de este último desvío y que llegó a tener una capacidad para más de 4.000 espectadores y que está, como no podía ser de otra manera, tallado en la roca, y según cuentan, el único en el mundo hecho de este modo.

Avenida de las Columnas

Nuestra próxima parada era el que fue en su día en centro de la ciudad de Petra, y en donde encontramos sus principales construcciones, porque si, aquí lo que hay son eso, construcciones. Es decir, construidas. No talladas.

Alrededor de esta avenida se articulaba la vida de la ciudad, con los mercados, los palacios reales, las termas y los principales templos, entre los que se encontraba el Gran Templo que ocupaba nada más y nada menos que 7.000 m² y del que hoy aún se conservan las bases de la mayoría de columnas y el altar. De lo demás, por desgracia, ya no queda ni rastro.

De hecho, de columnas, en la Avenida de las Columnas, quedan más bien pocas, y le has de dar bastante a la imaginación para hacerte una idea de lo que había.

Lo mejor conservado, por decirlo de alguna manera, a parte del pavimento, que si que se conserva bastante bien (posiblemente no podían acceder carros por lo que no hay rastro de las roderas) es la Puerta del Témenos, que cierra la Avenida de las Columnas y el Qasr al-Bint, conocido como el Palacio de la hija del Faraón, del siglo I a.c. y dedicado a Dusharah en donde se realizaban los ritos dedicados a las divinidades del culto al sol. Aún restan en pie sus altas paredes y partes de sus arcos, siendo la construcción Nabatea que mejor guarda su forma original.

El Monasterio (Gebel Ad-Dayr)

Y es precisamente desde aquí donde empieza la subida a otro de los imprescindibles de Petra, el Monasterio.

Nosotros fuimos del tirón desde Petra, como habéis visto, para de esta manera encontrarlo con el menor número de gente posible, que se entretiene en las Tumbas Reales y demás antes de llegar hasta aquí, al final ya de la ciudad.

Eso sí, para llegar hasta él se tiene que subir por un desfiladero lleno de escalones tallados en la roca que os espabilarán rápido y es que son 2,5 quilómetros de subida, bajo el sol que, a estas horas, ya empieza a apretar.

En verdad, el camino en si ya es todo un pasote, y valdría la pena en sí solo, pero una vez llegas arriba, con el corazón en la boca, después de unos tres cuartos de hora mirando solo hacia arriba y se abre ante ti esa fachada de 50 metros de ancho por 40 de alto veteado por las marcas de la arenisca, aquí de un color dorado, se te caen los cojones al suelo y te olvidas de todo el calentón que llevas detrás, y es que el marco es envidiable, con la ciudad de Petra a tus pies y el Monasterio frente de ti. Un pasote.

Nosotros aprovechamos aquí para hacer un mini break en la cafetería que hay enfrente de la fachada, sentados cara a cara con ella, mientras disfrutábamos de un té tras otro con las mejores vistas que uno puede pedir.

Las Tumbas Reales (Al Khubthah)

Pero había que continuar, no había otra, así que tocaba desandar lo andado, bajar otra vez hacia la Avenida de las Columnas y divisar nuestra próxima parada, que desde ese punto se observan en todo su esplendor: Las Tumbas Reales.

Estas tumbas fueron diseñadas para acoger a la familia real Nabatea y son, sin duda, las tumbas mejor conservadas y, también, las más espectaculares.

Para llegar hasta ellas hay que coger el sendero que sale de enfrente el teatro y que te lleva, en unos 20 minutos frente a la primera de ellas.

Son 4 las más destacables: La Tumba de la Urna, la de más a la derecha de todas, y a la cual se accede por una escalinata muy bien conservada en verdad ya que está más elevada que el resto y contiene dentro unos frescos que aún se conservan en bastante buen estado. A parte de tumba, también fue usada de archivo, de tribunal y de iglesia más adelante.

Fue en esta tumba donde viví uno de los momentos piel de gallina de la visita a Petra y fue cuando, una vez dentro de la tumba, me encontré con un grupo de 3 guiris como yo y su guía, una joven jordana, que de repente, para mostrarles la gran acústica del interior, se puso a cantar una preciosa canción jordana que hizo que, cuando ya estaba saliendo, me detuviera de repente y fuera incapaz de continuar. Tenía en frente mío la ciudad rosa, Petra, ese lugar con el que tantas y tantas veces había soñado mientras las ondas de esa voz angelical rebotaban de pared en pared haciendo que, os juro que es verdad, se me pusiera la piel de gallina y me entrara esa sensación en el estomago que es una mezcla entre ganas de potar o de llorar o yo que sé qué coño es. Sea como sea, hasta que no salió la última nota por su garganta no pude mover un pie de allí. Momentazo, sin duda.

Una vez ya volví en mí, tocaba bajar de nuevo las escalinatas para, esta vez, seguir en dirección a la siguiente tumba: la Tumba de la Seda, llamada de esta manera por los extraordinarios colores que tiene la roca, muy erosionada ya en este punto a decir verdad, cosa que hace que los colores de la arenisca se destaquen mucho más.

A tocar de esta encontramos otra de las Tumbas Reales, la Tumba Corintia, igual la menos espectacular de la tres y es que justo a continuación nos encontramos con la Tumba del Palacio, colosal, y la única en la que se usó ladrillo para su construcción.

Está hecha polvo, la verdad, pero es la más grande de todas y aunque la erosión ha desfigurado parte de su fachada ponerte debajo de ella y levantar la cabeza hacia arriba sigue siendo un puntazo por lo pequeño que te hace sentir. Además, desde sus pies se tienen una de las mejores vistas de la Avenida de las Columnas, y desde aquí también sale el camino hacia el otro mirador del Tesoro aunque este, a diferencia del otro ya tienes que tirarte un poco más de tiempo, según nos dicen, unos tres cuartos de hora, cosa que, nosotros, no vamos a comprobar.

Lugar Alto del Sacrificio (Al-Madhbah)

Y es que aún nos quedaba nuestra última visita de la ciudad, y es que chicos: Visitar Petra en un día es posible! Eso sí, te tocará patear como si no hubiera un mañana, no te podrás tirar mil horas haciéndote fotos de postureo y, obviamente, las cosas como son, no podrás ver todos los rincones de la ciudad, pero si los, según mi opinión, imprescindibles. Aunque ojo, si nosotros hubiéramos ido más sobrados de tiempo hubiéramos pillado dos días? Si. Tres? Si también. Pero Petra en un día es posible.

Pero volvamos a nuestra última visita del día, el Lugar Alto de los Sacrificios.

En este lugar, como su nombre indica era donde se realizaban los sacrificios rituales en la antigua ciudad y está situado en un lugar privilegiado: en lo alto de una mole rocosa, a la que se accede después de un quilómetro de escaleras talladas en la viva roca y con unas vistas de escándalo sobre la ciudad, sobretodo sobre las Tumbas Reales y la Avenida de las Fachadas.

Una vez llegamos arriba, uno de los motivos por los que fuimos primero de todo al Monasterio y no en otro orden: no hay ni dios. Con lo que tenemos todo el lugar para nosotros solos y la verdad es que es un puntazo. Se trata de una plataforma tallada sobre la cumbre de una montaña de unos 20 metros de ancho en un extremo de la cual encontramos, también tallado, un altar, de unos 90 centímetros junto a un tallado en forma circular de la que sale una canalización por donde brotaba la sangre de los sacrificios. Estos, se hacían en el altar y la sangre de las victimas servía para teñir las piedras y a los presentes. Es sin duda un lugar sobrecogedor y en un entorno que hace de este uno de mis lugares favoritos de Petra y lo que os decía, si vais a última hora, solos y eso es todo un plus.

Con esto ya sí que nuestra visita a Petra llegaba a su fin, habíamos andado más de 25 quilómetros en todo el día, estábamos de polvo hasta las orejas, Adriana tenía el pie que no podía ya dar ni un paso más de un tarascazo que se dio ayer en el Wadi Rum, o lo que es lo mismo, estábamos hechos polvo. Pero sabéis que? Repetiríamos esto una y mil veces.

Petra es uno de esos lugares que se te quedan en la retina para siempre, si. Es precioso, si. Pero va mucho más allá de eso. Petra es lo que transmite, Petra es magia, son sensaciones a flor de piel, Petra es entrar en un mundo casi onírico, Petra es, como su nombre indica, la Ciudad del Misterio.

Seguimos!!

P.D. En esta entrada, por poco que he podido, he intentado trasmitir la sensación que supone estar en la Ciudad Rosa, lo fascinante que es, lo preciosa. Pero a pesar de todo eso, hay una gran mancha sobre la visita de Petra que se tiene que saber, y es el trato brutal que se les da a todos los animales que hay en las ruinas en general pero sobre todo a los burros en particular.

Y es que es una autentica barbaridad, además de un gran sinsentido y nosotros, los turistas, somos los responsables directos de ello.

Oye tío, si te sobran quilos, años o simplemente eres un puto vago de mierda y no puedes subir, no subas. Un pobre burrico no tiene que pagar el pato de tu egocentrismo y subirte hasta el Monasterio.

Porque es precisamente ese tramo, el que va del final de la Ciudad Real hasta el Monasterio donde más barbaridades ves.

Y repito, somos responsables directos.

Porque ya no solo ves gente mayor subiendo, que va.

Machacas de gimnasio, reinas de Instagram o familias enteras transmitiendo unos valores de mierda a sus hijos. Para eso córtatela, el mundo ya está bastante hecho polvo.

La jodida cultura de mierda esta del lo quiero todo, ya y a cualquier precio.

Y así nos va.

Pero lo peor de todo es que así les va a los pobres animales.

He visto como les pegaban con estribos de hierro en la cara solo porque no podía subir a esa guiri de más de 120 kilos por unos escalones gastados y empinados.

A niños jugando a darle golpes en la cabeza con morteros de madera simplemente porque es lo que ven que hacen sus mayores.

O burros con la cara ensangrentada de la de palos que se ha llevado.

Y claro, a la que alguien se despistaba, a la que podían, salían por patas camino abajo, siendo también un peligro para la gente que subía o bajaba con sus dos patas y es que con tal de huir del psicópata de turno dándole palazos se la suda a quién se lleven por delante. Y con Razón.

Pero ojo, que quede claro que l@s jordan@s son de los pueblos más hospitalarios, amables y agradables de todos cuantos he conocido. Esto no tiene nada que ver con ellos, es un problema de raíz, y en donde intervienen distintos factores, soy consciente de ello, pero se tiene que encontrar una solución.

Petra no se merece esta gran sombra encima suyo.

DATOS PRÁCTICOS

· Cuanto vale entrar en Petra

Hay tres tipos de entrada en Petra, de un día, de dos y de tres. La de un día te sale por 50 JODS, la de dos días 55 y la de tres 60. Es una pasta, pero tío, es Petra. Aunque no os preocupéis: la entrada a Petra está incluida en el Jordan Pass tanto de uno como de dos y tres días. Solo utilizando este pase para Petra y el visado ya te sale a cuenta así que ni lo dudéis.

· Consejos para visitar Petra

Supongo que si te estás leyendo esto es porque ya has oído hablar de Petra en muchas ocasiones y como tú, lo ha hecho más de medio mundo con lo que sí: Petra se peta.

Para esto es primordial que te pegues un buen madrugón y seas de los primeros en entrar al recinto y poder cruzar los casi dos quilómetros que tiene el Siq y descubrir el Tesoro en la intimidad, antes de que lleguen las hordas de turistas que, ten por seguro, llegarán. Que qué significa un buen madrugón? Pues abren a las 6:30 así que lo más pronto que tu religión te permita pero como antes, mejor. Además de esta manera te aseguras poder aparcar el coche en la entrada y no tenerte que ir al quinto pino para aparcar.

En serio, que tu experiencia en la Ciudad Rosa sea más o menos inolvidable dependerá del numero de Japoneses y Rusos que haya en tu camino al descubrir el Tesoro así que no te la juegues, en horas punta el rollo que hay allí es muy parecido a un circo.

· Dónde comer en Petra

Por toda la ciudad, en los rincones menos esperados, te encuentras cafeterías e improvisados chiringuitos dónde puedes comer o tomarte un algo. Incluso a veces más a menudo de lo que te gustaría pero claro, el pastel es muy grande y todo el mundo quiere comer de él. Nosotros nos llevábamos algo para picar que compramos el día anterior en Wadi Musa y nos paramos un par de veces a tomarnos algún zumito o algún té pero no teníamos tiempo que perder. Para el agua (importantísima para no morir en el intento) no os preocupéis, podéis pillar en mil sitios distintos y bien fresca cosa que, cuando el sol cae a plomo, se agradece.

· Dónde dormir en Petra

Para visitar Petra la mejor opción es hacer noche en Wadi Musa, que es donde se encuentra la antigua ciudad Nabatea. Nosotros nos alojamos en el Peace Way Hotel pero os lo contamos mejor en la anterior entrada: Little Petra y Petra by Night.

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