4 de abril de 2018

Roma. Finales del siglo XI. En una habitación del palacio episcopal, apenas iluminada por la tenue luz de un candelabro, el Papa Urbano II recibe una carta del emperador bizantino Alejo I: los Turcos Seljúcidas han conquistado Jerusalén y necesita de su ayuda.

Acaba de empezar la Primera Cruzada.

Empezaban, con ella , 200 años de guerras contra cualquier pueblo que no profesara la fe cristiana y que, a la postre, cambiarían el curso de la humanidad. Y ojo, que a diferencia de lo que se cree, no solo los Musulmanes fueron perseguidos, sino que también se organizaron escaramuzas contra judíos, esclavos paganos o cristianos ortodoxos entre otros.

Si no creéis en mi dios, a la mierda, y al grito de Deus lo vult (Dios lo quiere) se lanzaron a la aniquilación. No os suena de nada? Hoy son muchas las voces que claman contra el Islam porque 4 taraos de la cabeza quieren hacer lo que los cristianos ya hicieron hace mil años. Además se da el caso de que los musulmanes, antes de las cruzadas, eran mayoritariamente muy permisivos con los que profesaban otras religiones en sus territorios. No cabe decir que, cuando las cruzadas terminaron (hubo hasta 9) la cosa había cambiado, y mucho.

De todas formas, como en todas las guerras, los motivos reales son otros distintos a los que se venden al pueblo: El ansia de poder y de expandirse hacia oriente del Papado y el fortalecimiento de las monarquías europeas en detenimiento de los señores feudales, la gran mayoría de los cuales perdieron gran parte de sus tierras y, sobre todo, de su mano de obra. La jugada era buena, en lugar de que se maten entre ellos, hagamos que se unan y maten a todo lo que no esté con nosotros. Solo se les pasó por alto un pequeño detalle: perdieron casi todas las cruzadas que se disputaron y, al final, tuvieron que salir por patas. Por listos.

Castillo de Shobak

Una herencia de todos esos años de locura y descalabro, la tenemos justo enfrente nuestro, colocada estratégicamente en la cima de una colina que dominaba la antigua ruta de los peregrinos entre Siria y Arabia: el Castillo de Shobak.

No es para nada un destino que digamos muy turístico, y todo eso a pesar de que se encuentra a pocos kilómetros al norte de Wadi Musa, pero mucha gente pasa de largo y, para nuestro entender, eso es un error.

El castillo de Shobak, construido por Balduino I, Rey de Jerusalen, y conquistado por los musulmanes al mando de Saladino 75 años después, es un claro ejemplo de la arquitectura defensiva de la época y aunque, hoy en día, poco queda de su esplendor, pasear entre sus paredes, bajo el asfixiante sol de Transjordania, prácticamente a solas y en absoluto silencio, es algo que vale la pena y es que las vistas desde aquí son abrumadoras.

Los principales atractivos son 2: Uno ya os lo he revelado, sus vistas, mientras que el segundo es bajar hasta el pozo de agua que tiene el castillo, clave para su exitosa defensa durante tanto tiempo, y al que se accede después de bajar 375 empinadas y húmedas escaleras que después, obviamente, has de volver a subir. Para ello lo más recomendable es contratar uno de los guías que hay en la entrada del castillo aunque nosotros, a decir verdad, ni nos lo planteamos.

Y no lo hicimos por que nos llamó más la atención otra portezuela que hay en el lado opuesto de la entrada, que pasa prácticamente desapercibida y que no hubiéramos visto si no fuera porque de allí salió un tío disfrazado de cruzado, de esos que te invitan, pagando claro, a hacerte una foto con ellos y que seguramente volvería de echarse una siesta de escándalo a la sombra, y que nos hizo reparar en ella.

En algún lugar habíamos leído que había un pasadizo secreto construido con la intención de que sirviera como última escapatoria por si el castillo caía en manos del enemigo: por narices tenía que ser allí.

– Nos metemos?

– Nos metemos.

Y casualmente aquí uno, que siempre va preparado, se había cogido un frontal por si dábamos con él así que no se hable más.

Y el cambio es abismal, pensar que pasáis de estar bajo una luz cegadora a la oscuridad más absoluta y es que si se apaga el frontal no se ve absolutamente nada. Además, el lugar es tétrico y las escaleras, robadas a la pared, empinadas y mucha de ellas gastadas o rotas.

Cuando enciendes la luz da la impresión de estar dentro de un gusano que se retuerce y del que solo buscas la boca para salir de él y es que claro, las referencias aquí son nulas, cero.

– Oye, seguro que no la habremos liado, no?

Y es que ya no se cuanto rato llevábamos bajando cuando de repente, cuando yo ya me veía subiendo como pudiéramos ese túnel, llegamos al final pero

– Y ahora qué?

Por suerte, el momento de incertidumbre dura hasta que das con un tramo de escaleras metálicas que en vertical suben hasta una trampilla. Y a rezar: – Que esté abierta por favor, que esté abierta por favor. Un empujón, otro, y al fin cede.

Y de nuevo se hace la luz, esa intensa luz que incluso duele en los ojos hasta que uno se acostumbrarnos a ella.

Estábamos en medio de una carretera, a una distancia considerable del castillo: Habíamos conseguido escapar.

Y ahora venga, a subir hasta el coche a pleno sol, campeón.

Castillo de Al-Karak

Con todo esto, Oriente Medio en general y Jordania en particular, se llenaron de kraks, que es el nombre con el que se conocen estas fortalezas y, de entre todas ellas, había una que destacaba por encima de las demás, la fortaleza de Karak.

Es precisamente allí hacia donde nos dirigíamos, cruzando ondeantes montañas y pequeños pueblos desperdigados por toda la Carretera del Rey hasta llegar a la ciudad del mismo nombre, Karak, y que hoy en día es la capital administrativa de la región con lo que su tamaño es considerable.

Desde kilómetros antes de llegar, por eso, uno ya divisa el enorme castillo y es que los cruzados lo construyeron en la cima de una mole rocosa que por tres de sus costados cae en picado más de 500 metros hasta dar con el suelo con lo que se consideraba prácticamente inexpugnable.

Digo prácticamente porque ,al final, Saladino, el mismo que les jodió la fiesta en Shobak, la conquistó y decapitó, con sus propias manos, a Reginald de Chatillón, el tarao al que había sido entregado la fortaleza tras su construcción y cuyo pasatiempos era tirar a sus enemigos, con los ojos vendados, castillo abajo por los enormes muros de los que antes hablábamos. Supongo que su dios se lo pediría, claro.

Para entrar al castillo se debe cruzar el puente que salva el foso que protegía la única debilidad de la fortaleza y que, hoy, está franqueado por dos enormes banderas jordanas y a pesar de que desde lejos ya uno va haciéndose una idea de las dimensiones del castillo, no es realmente hasta que cruzas esa puerta que te das cuenta de su magnitud: 280 metros de largo perfectamente delimitados por sus murallas y en donde salta a la vista las diferentes técnicas de construcción de unos y otros: si los cruzados utilizaban piedra volcánica, de color rojo oscuro casi negro, los árabes utilizaron piedra caliza procedente de minas cercanas, de un color gris y amarillento.

Lastima que un terremoto se cargara gran parte de la fortaleza en 1923 porque ver esto en todo su expresión hubiera sido la ostia. Pensar que en los tramos que aún queda en pie parte del castillo original solo resiste un piso pero es que en su día llegó a tener 6 niveles distintos, que se dice rápido.

De todas formas, aún es posible perderse por los pasadizos que aún quedan en pie, iluminados tan solo por la poca luz que llega del exterior e ir pasando de sala en sala imaginando tiempos lejanos entre unas paredes que gritan, que cuentan la historia que aquí se vivió, una historia oscura y que, desgraciadamente, gracias a la estupidez humana, estamos condenados a repetir y es que mientras prevalezcan los intereses de unos pocos por encima de países enteros, mientras el mapamundi siga siendo un enorme tablero de ajedrez con el que repartirse el pastel, mientras todo esto siga tan atado y bien atado como lo tienen, seguirán siendo sus guerras, y seguirán siendo nuestros muertos. Exactamente Igual que hace mil años ocurría entre esas cuatro paredes donde ahora nos encontrábamos.

Con todo, después de un par de horitas dando vueltas e intentando hacer la 13/14 a los grupos de colegiales que también visitaban el lugar y que solo querían fotografiarse con nosotros (bueno, vale, conmigo no, solo con Adri y con Alexia) hemos dado carpetazo a nuestra mañana cruzada para seguir con nuestro viaje.

Un viaje que se dirige ahora hacia un lugar que si esta jodida calima que hay instalada de forma permanente encima nuestro no estuviera podríamos ver desde este mismo punto: El Mar Muerto. El punto más bajo de la tierra.

Pero eso ya es otro historia.

Y seguiremos con ella.

DATOS PRACTICOS

· Como llegar al Castillo de Shobak y al Castillo de Karak

Tanto uno como el otro se encuentran en la Carretera del Rey, con lo que disfrutaremos tanto de los castillos como del camino para llegar a ellos.

El de Shobak se encuentra a unos 30 km al norte de Wadi Musa, a pocos kilómetros del municipio del mismo nombre.

El Castillo de Karak, en cambio, se encuentra a 140 kilómetros de Wadi Musa si venimos desde el sur y a 125 de Ammán si, por el contrario, bajamos desde el norte. Una vez lleguéis a la ciudad de Karak no os preocupéis, lo veréis desde cualquier punto.

· Consejos y datos útiles para visitar el Castillo de Shobak

Según habíamos leído, la entrada al castillo de Shobak tiene un precio de 1JOD aunque entra dentro de las atracciones a las que puedes entrar con el Jordan Pass. De todas formas, cuando nosotros llegamos al centro de visitantes que hay justo antes de empezar la subida al castillo y en donde uno deja el coche, he de decir que no salió ni el tato a pedirnos ni entrada ni Jordan Pass ni nada de nada. Si es por el calor que pegaba o porque es algo que no sabemos. Pero vamos, que por 1JOD yo creo que mucho no se mueven.

· Consejos y datos útiles para visitar el Castillo de Karak

El castillo de Karak se encuentra en lo alto de una colina que domina toda la ciudad del mismo nombre. Solo se puede acceder a él por uno de sus cuatro costados y este está absorbido por las calles de esta así que lo primero que se nos viene encima es un pequeño problema: dónde narices aparcamos.
Los lugareños por eso, saben de esta problemática y te dejan aparcar delante de sus restaurantes con la condición de que luego comas en ellos. El trato parece un trato justo si no os pasa como nosotros y te encuentras a un listillo que te quiere tomar el pelo. Apuntar este nombre y no vayáis: Al Fida Restaurant. Nosotros aparcamos en frente de él porque el chaval nos pareció muy majo y como después de visitar el castillo estábamos muertos de hambre nos paramos a comer allí. Todo bien hasta que nos dijo que no tenía carta y que nos lo cantaba él. Y cuando eso pasa pues ya sabemos que la cosa no acabará bien: casi 60JODS que nos querían cobrar luego por la peor comida desde que habíamos llegado a Jordania. Y unas ganas enormes de endiñarle un bofetón al chaval. Al final nos ajustó un poco el precio (aunque aún así fue caro) pero lo peor es que te vas con un mal rollo en el cuerpo que me revienta. La solución por eso es fácil, no pidáis nada sin preguntar el precio antes. Si es que parezco nuevo.

La entrada al Castillo tiene un precio de 2JODS aunque está incluida en el Jordan Pass. Y ya van unas cuantas que nos ahorramos.

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