6 de abril de 2018

Año 130 d.c.

El emperador Adriano cruza el Arco del Triunfo, construido en su honor, en una de las ciudades más prosperas de la península de Arabia, Gerasa, situada bajo las fértiles colinas de Gilead, en el norte de lo que hoy se conoce como Jordania.

En ese justo momento, con toda la ciudad aclamándole y vitoreándole como al emperador que era, seguro que no pasaba por su cabeza, ni por asomo, que ese mismo arco, esa misma calzada, esos templos, esos teatros majestuosos y coloridos, todo en su máximo esplendor, pocos siglos después, cuando la ruta comercial que unía Palmira con Philadelphia (Amman), la misma que le dio la prosperidad de entonces se la quitara al alejarse hacia el mar, quedarían enterrados bajo toneladas y toneladas de arena, esperando el día en que alguien, quien sabe si por error, diera con ellos y pudieran empezar a contar todos y cada uno de sus secretos, a mostrarle al viajero que hasta allí se acercara que un día, esa ciudad que hoy está en ruinas, fue el centro del mundo, de su mundo al menos.

Jerash

Hoy es viernes, y eso, aquí, en Jordania, significa que es festivo. Y eso se nota. Si en el tramo que hemos hecho desde Madaba hasta Amman no nos hemos encontrado con apenas trafico en las carreteras que llevan a la capital, una vez superada esta, la cosa ha cambiado drásticamente y las hasta ese punto vacías carreteras se han llenado de coches y furgonetas cargadas hasta los topes con familias enteras: es festivo y eso significa huir de la ciudad y para eso que mejor que las frescas montañas del norte, hacia donde nos dirigimos nosotros y medio Amman.

Y es que el calor ya empieza apretar en esta época del año y esas colinas, las de Gilead, albergan uno de los recursos más preciados: el agua. Ese fue el principal motivo por el que ya en la Edad de Bronce se fundó Gerasa y hasta hoy sigue siendo uno de los pilares fundamentales de su economía. Si hay agua, las tierras son fértiles y eso significa vida y parte de esa vida es la que vamos viendo a medida que nos adentramos en estas montañas: en los bordes de la carretera, en los cauces de los ríos, cualquier lugar es bueno para vaciar el coche, estirarse bajo la sombra de un árbol, porque si, aquí hay arboles, sacar sus inseparables Narguiles y disfrutar de un día en familia lejos del barullo de la ciudad.

Y es precisamente en una de esas subidas y bajadas que, de repente, el paisaje se abre y aparece frente a ti la actual Jerash, una moderna ciudad levantada alrededor de lo que hoy venimos a ver aquí: las ruinas de la antigua ciudad romana de Gerasa.

Y no os preocupéis por encontrarlas y es que por encima de todo el caótico paisaje urbano de la Jerash actual hay una edificación que destaca por encima de todas: el imponente Arco de Adriano, el mismo por el que entró el emperador a la ciudad en aquella lejana visita por el año 130 d.C.. Ya no hay duda: hemos llegado.

Y es precisamente por la que estaba destinada a ser la entrada principal de la ciudad por la que entramos a ella. Digo que estaba destinada porque finalmente la muralla que que se tenía que construir nunca se construyó y la imponente puerta quedó allí, a 500 metros de la Puerta Sur, la entrada real de la ciudad, es decir, en medio de la nada, solo flanqueada por el colosal Hipódromo que nos acompaña a nuestra izquierda: lo que vendría siendo una Gilipuerta, vamos.

De todas formas es un preámbulo perfecto para la visita a la ciudad y de esta manera, mientas recorres la distancia que la separa de la Puerta Sur bajo un sol de justicia, te vas preparando para lo que se te viene encima.

Y es que con lo primero que nos encontramos nada más entrar es con nada más y nada menos que con su Plaza Oval, uno de los puntos principales de todo el yacimiento.

Y nada difícil entender el porque, claro.

Uno se siente diminuto cuando entra en este espacio rodeado de esa columnata que abarca los 80 metros de alto que tiene la plaza. Por si fuera poco, el mismo reflejo del sol, que a esas horas de la mañana car a plomo sobre nuestras cabezas y contra el pavimento, le da unos reflejos dorados que solo hacen que acentuar más la sensación de grandeza del espacio, cosa nada casual, por cierto, y es que ya se construyó para tal fin: el pavimento consta de grandes lozas en el exterior mientras que en el interior estas van perdiendo tamaño precisamente para dar mayor relieve a la forma elíptica de la plaza.

En sitios así no es nada difícil cerrar los ojos y transportarse, aunque a decir verdad no es nada aconsejable y es que la ostia que te puedes dar contra alguna de esas inmensas columnas es de campeonato. O tu imaginate que rompes algo y te lo hacen pagar: cuanto debe costar una columna de esas, eh?

Así que con los ojos bien abiertos continuamos ruta por la antigua Gerasa, la ciudad de las mil almas, dirigiendo nuestros pasos hasta el cercano templo de Zeus, erigido sobre un alto encima de la Plaza Oval y desde donde se tienen unas vistas de esta de escándalo y que nos da acceso a otro de los edificios mejor conservados de la Ciudad: el teatro Sur.

En él, un gentío nos recuerda que es viernes y que cualquier lugar es bueno para montar una jarana así que qué mejor lugar para ponerse a cantar y a bailar mientras los guiris nos miran con caras de flipados desde las gradas?

Tengamos en cuenta que actualmente este teatro, que podía albergar más de 3.500 personas en sus gradas, aún acoge la celebración de un festival de folclore anual y es que su acústica es excepcional y de esos podemos dar fe. Juzgar vosotros mismos.

Después del espectáculo es hora de cruzar la ciudad por donde más tira: el Cardo Máximo, o lo que es lo mismo, la calle principal alrededor de la cual se levantaban la mayoría de edificaciones de relevancia de la ciudad.

Como no podía ser de otra manera sale de la Plaza Oval y estaba flanqueado por columnas, la mayoría de las cuales aún siguen en pie y entre las que uno se puede perder para darle a la imaginación y es que en este punto del recorrido uno ya se encuentra prácticamente solo y podemos disfrutar de la ciudad a nuestro antojo.

Uno a uno se van sucediendo los restos de antiguos edificios públicos, algunos con más suerte que otros, que se diferenciaban de las tiendas y talleres que también ocupaban el espacio por columnas de mayor tamaño que resaltaban la fachada hasta llegar a uno que llama nuestra atención más si cabe: estamos ante los Propileos, una escalinata, perfectamente conservada, y cerrada por enorme muros y que daba al templo más importante de la ciudad, el Templo de Artemisa.

Es un momentazo cuando, solos, uno sube cada uno de los 7 tramos que forma la escalinata, de 7 escalones cada uno, para descubrir el edificio más famoso de la ciudad delante de nosotros.

O mejor dicho, el espacio que este ocupaba y es que hoy en día solo queda lo que formaba la columnata de su peristilo, es decir, la columnata interior del Templo pero nos podemos hacer a la idea del monumental tamaño que debió tener por el emplazamiento que este ocupa.

Con todo, estamos llegando a la Puerta Norte de la ciudad y en ella encontramos el Teatro Norte, más pequeño que el Sur y, a diferencia de ese, completamente vacío y solo para nosotros.

Buen momento para ordenar las ideas y, al abrigo de los siglos que ofrecen sus muros, darse cuenta de donde uno está, de lo que pisa, imaginarse las historias allí vividas, allí contadas, y empezar a hacer balance de un viaje que, poco a poco, va llegando a su fin no sin antes darnos cuenta de todo lo que este país, nos está enseñando y aunque aún quedan 3 días para que lo abandonemos, ya estaremos eternamente agradecidos con él.

Y solo es mediodía. Próxima parada: Los Castillos Omeyas del Desierto Oriental.

Seguimos?

Seguimos!

DATOS PRACTICOS

· Como llegar a Jerash

Jerash (o Gerasa) está ubicada al norte de Amman, a poco más de una hora en coche si sales de la capital del país. Nosotros, en cambio, llegamos a ella desde Madaba, un poco más al sur, y tardamos algo así como hora y medio en plantarnos a las puertas de la ciudad.

· Como visitar Jerash

A nosotros una de las cosas que más nos costó fue aparcar y es que justo en la puerta de la entrada a la ciudad antigua hay como una especie de Parque de atracciones que estaba repleto no, lo siguiente.

Si que es cierto que hay un pequeño parking para los visitantes del yacimiento, en la entrada del recinto y uno un poco más grande justo enfrente del Parque de atracciones pero ni de coña, todos llenos, con lo que nos tuvimos que alejar un poco y aparcar en una avenida llena de tiendas que hay unos 400 metros más al sur.

Las taquillas de la ciudad están antes de llegar a la Puerta de Adriano, después de pasar por un recinto lleno de tiendas de recuerdos entoldada, aunque si dispones de la Jordan Pass no tienes ni que parar: recorre los 500 metros que la separan de la Puerta Sur de la ciudad y allí es donde encontrarás los tornos par acceder a ella.

Si por el contrario no dispones de ella tendrás que pagar la entrada que son 10JODS.

Un consejo si queréis volver a ver a vuestras familias: si el sol aprieta, aprieta como si quisiera acabar contigo de la forma más cruel inimaginable así que no vayáis sin agua o moriréis. Estáis avisados.

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