Desde la cubierta inferior del Piratas de Cíes, el barco que nos lleva de vuelta a Vigo después de pasar 48 horas en las Islas Cíes, he decido empezar esta guía con dos objetivos principalmente que cumplir: el primero no es otro que mirar de echar una mano a todos aquellos que estéis pensando en organizar una escapadita a este pequeño paraíso salvaje que forma parte del Parque Nacional Marítimo Terrestre das Illas Atlánticas de Galicia y el segundo, ya mirando hacía mi, es ordenar un poco mis pensamientos y es que he de reconocer que, junto con las mochilas que llevamos también han embarcado con nosotros un buen puñado de sentimientos encontrados que nos llevamos de vuelta a casa y que el tiempo dirá en que baúl se guardarán

Pero para hacer las cosas bien y en orden, que de eso se trata, tendríamos que echar la vista atrás y mirar donde empezó todo esto, hace ya unos meses atrás, cuando buscábamos, desesperadamente, después de un final de invierno y una primavera muy pero que muy pasada por agua en Barcelona, esas escapadas que necesitamos hacer entre viaje tocho y viaje tocho para hacer esa travesía por el desierto que supone estos intervalos en el dique seco más llevadera.

La primera de ellas, como ya sabéis, fue a Malta, a finales de Mayo y la verdad que salió a la perfección como veréis en las Crónicas que vendrán y la segunda, un mes, un mes y poco antes de partir hacia Kenia iba a ser, como no, a nuestras queridas Islas Canarias, a Fuerteventura más concretamente hasta que, por esas casualidades de la vida, aparecieron las Cíes en escena y concretamente, su Playa de Rodas, considerada por The Guardian en el 2017 la mejor playa del mundo.

Preparativos para pasar un fin de semana en las Islas Cíes

Obviamente que ya sabíamos de su existencia y es más, el año pasado, también por estas fechas, ya estuvimos tanteando la posibilidad de ir pero al final se quedó en ese rincón donde se amontonan los destinos, esperando su turno que por fin, este año, llegó.

Y no creáis que no costó y es que, sobretodo, después de este inicio de año, ir a Fuerteventua significaba asegurar la tirada y poder disfrutar al fin de un mucho de sol mientras que yendo al Norte pues ya sabemos lo que pasa, el Norte es el Norte, allí donde está el muro y en donde todo puede pasar pero oye, ya sabemos que al final esto se trata de jugar y eso, aunque también iba mi cuello en ello, es lo que haríamos, jugar y a mediados de Marzo, en plena ola de frío polar, comprábamos dos billetes de Vueling (si, si, con Vueling, nos va el riesgo) con destino a Vigo para principios de Julio. Ahora si que si, la suerte estaba ya echada.

Con los billetes ya en nuestro poder empezamos a plantear la escapada y si normalmente lo que tendríamos que hacer es saber primero Cómo llegar a las Islas Cíes y segundo Dónde dormir en las Islas Cíes en este caso había una tercera cosa a tener en cuenta y sin la cual ya te puedes olvidar de poner un pie en ellas: Como antes hemos dicho las Islas Cíes están dentro del Parque Nacional Marítimo Terrestre das Illas Atlánticas y todo el mundo que quiera visitarlas debe sacar previamente una autorización.

De esta forma, teníamos que hacer las cosas en un orden en concreto y es que sin reserva no puedes sacar autorización y sin autorización no puedes comprar billetes así que con todo, si queréis ir a las Cíes y hacer noche en ellas, lo que tenéis que hacer es esto:

· Primera de todo reservar vuestra plaza en el Camping de las Islas Cíes.

· Lo segundo que tenéis que hacer es sacar la autorización para entrar al Parque Nacional de las Islas Atlánticas.

· Y por último, comprar vuestros billetes de Ferry hacia las Islas Cíes.

Todo esto, claro, es si vais con la intención de pasar más de una noche en ellas, sino también podéis ir y venir en el mismo día, algo que yo que no recomiendo pero que no deja de ser una opción. En este caso, tienes que sacar primero la autorización para entrar al Parque y luego, una vez ya tengas tu numero de referencia, comprar los billetes del ferry.

Dónde dormir en las Islas Cíes

Pero lo dicho, nosotros teníamos claro que si íbamos queríamos aprovechar nuestro tiempo al máximo y para eso el dormir en ellas era nuestra única opción así que nos pusimos a buscar y nos dimos cuenta rápido que mucho no tendríamos que darle a la cabeza: el único alojamiento que hay en ellas es el Camping de las Cíes así que ya está, ya hemos elegido donde dormir. Fácil elección, verdad?

En verdad si que hay una cosa que elegir, si quieres llevar tu propia tienda o dormir en una tienda de alquiler, ya montada. Obviamente no íbamos a facturar una tienda habiendo de montadas y ojo porque aquí está una de las claves de la cuestión: las tiendas de alquiler se adjudican en orden de reservas, primero las que dan justo en frente del Lago y después las de segunda, tercera y cuarta fila así que si queréis disfrutar de un lugar privilegiado donde dormir reservar con tiempo, sino os tendréis que conformar con lo que os den.

Tener en cuenta también que si elegís tienda de alquiler el mínimo son dos noches a 55€ cada una por tienda. La reserva es fácil y se puede hacer online AQUÍ. Pagas una noche (la otra se paga una vez allí) y en poco tiempo te llega el justificante de la reserva que deberéis enseñar antes de embarcar. Pim Pam.

Cómo sacar la autorización para poder visitar las Islas Cíes

En este caso, al hacer noche en ellas, el mismo camping se encarga de realizar la gestión para que obtengáis vuestra autorización así que solo tenéis que esperar a que os llegue un correo electrónico con ellas y una vez las tengáis en vuestro poder ya podéis sacar los pasajes del ferry para llegar a las Islas.

Si por el contrario vais solo un día, la autorización la podéis sacar AQUÍ.

Cómo llegar a las Islas Cíes

Como es lógico solo se puede llegar a las Islas Cíes en ferry y más concretamente solo durante Semana Santa y verano. El resto del año si quieres llegar a ellas tendrás que hacerlo en barco privado o nadando, claro.

Para ello hay varias navieras que salen a diario desde Vigo, Cangas y Baiona y entre ellas se van alternando en horarios.

Pensar que solo (solo por decirlo de alguna manera porque a mi personalmente me parecen demasiadas) pueden visitar la isla 2.200 personas al día con lo que es primordial para que todo os cuadre reservar con el mayor tiempo posible aunque a la hora de la verdad os moveréis al tempo de las oficinas del parque ya que solo podéis reservar cuando haya plazas de autorización abiertas y eso acostumbra a ser a un mes vista.

Nosotros reservamos con la naviera Piratas de Nabia con unas tres semanas de antelación que fue cuando abrieron las fechas de Julio y a pesar de que cuando haces la reserva tienes que poner en que horario quieres viajar, después, siempre y cuando haya disponibilidad, puedes cambiar el billete sin problemas.

El billete de ida y vuelta cuesta 18,50€ por persona y lo puedes pillar AQUÍ.

He de decir con todo esto que, tanto desde el Camping de Cíes como desde la Naviera, se portaron como unos campeones durante todo el rato y es que tuve que llamar varias veces a ambos para preparar nuestra estancia y todos respondieron de fábula a pesar de mi pesadez. Un 10.

· 3 días de Amor y Odio en las Islas Cíes

Y una vez ya contado el Making Of de todo esto ya podemos volver a ese barco, al Pirata de Cíes, pero no cuando nos sacaba de la isla, como cuando empezábamos esta entrada, sino en el momento en que nos llevaba hacia ellas, ese último sábado de Junio, con una mochila llena de interrogantes y la mirada, irremediablemente, hacía el cielo.

Y es que hasta el último momento no habíamos tomado la decisión de si embarcar o no: desde el viernes que no paraba de llover, y no poco, pero es que además, las previsiones, no eran nada halagüeñas: Lluvias por la mañana, lluvias por la tarde y lluvias por la noche.

Pero al final todo cayó por su propio peso: habíamos llegado hasta aquí y al menos un pie lo íbamos a poner en las Cíes pasara lo que pasara, luego, si eso, ya se vería así que con estas íbamos cuando, desde la cubierta del barco, de repente, pasó algo que hacía unas horas parecía imposible que ocurriera y es que después de media hora de travesía por la Ria de Vigo, como para decirnos que habíamos hecho bien cogiendo ese ferry prácticamente vacío en el que nos encontrábamos, el cielo se abrió y al mismo tiempo, delante nuestro, apareció la preciosa media luna que forma la Playa de Rodas creando un espectáculo cromático envidiable, con los rayos de luz jugando con las cristalinas aguas y el blanco inmaculado de su arena haciendo de esta imagen la entrada perfecta para este acto, nuestro acto.

Detrás, de telón de fondo, se levantan las verdes colinas de las Isla de Monteagudo, en donde se encuentra el muelle y a la izquierda de esta, unidas por la misma Playa de Rodas, la Isla del Faro, en donde se levanta el Camping. El archipiélago de las Islas Cíes lo forma también una tercera isla, la de San Martiño, separada de la Isla del Faro por un amplio canal y a la que solo se puede llegar en embarcación privada ya que no hay servicio de ferry hacia ella y que cerraba esta preciosa estampo por el extremo opuesto. Lo que viene siendo un gran recibimiento, si señor.

Con todo, abandonábamos el Pirata de Cíes en silencio, bajo un tímido sol, empapándonos de todo, con esa ansia que se tiene cuando se pisa un nuevo lugar por primera vez, y recorríamos los poco más de 500 metros que separan el muelle del Camping bajo los enormes eucaliptos primero y luego, una vez llegados al final de la Isla de Monteagudo propiamente dicho, por el dique que la separa de la Isla del Faro y que crea el curioso Lago dos Nenos, una especie de acuario natural desde el que uno puede pasarse horas enteras mirando al agua a ver que sorpresa le deparará y es que de un simple vistazo uno puede ver sepias, pulpos, enormes lubinas, viejas o congrios.

Y precisamente era en frente de ese lago lleno de vida, bajo un denso pinar, donde nos esperaba nuestra tienda, con unas vistas inmejorables, preparada para ser nuestra casa para las próximas dos noches.

No os esperéis grandes lujos, para nada. Se trata de una tienda canadiense con un somier de matrimonio en medio, una pequeña bombilla de led que se carga con luz solar y que no alumbra una mierda y poco más. No hay ropa de cama, no hay enchufes, nada de eso. Debéis llevar saco de dormir vosotros de casa o alquilar uno en la recepción del camping por 6€ mientras que para cargar todos los gadgets que llevamos con nosotros lo podéis hacer en una caseta que hay en la entrada del camping y en donde os dejarán cargarlos mientras esta esté abierta.

Nada pero todo a la vez.

Teníamos 3 días por delante y una isla prácticamente para nosotros solos. Que más se puede pedir??

Que ver y hacer en las Islas Cíes

· Sol y Playa

Pues mira, puestos a pedir, hubiera pedido buen tiempo, la verdad, y es que durante las algo más de 48 horas que estuvimos en la isla, gran parte del tiempo se lo pasó lloviendo, mandando con ello al garete nuestra intención de disfrutar de las playas de la isla y si, digo playas en plural y es que las Cíes no son solo la Playa de Rodas, aunque esta sea la más conocida y la más grande de todas, pero que va.

En la Isla de Monteagudo encontramos la igualmente preciosa Playa das Figueiras, nudista y que sale de la nada al cruzar un denso bosque de eucaliptos o la Playa de Nosa Señora, esta de camino al Faro, en la isla que lleva el mismo nombre, además de otras pequeñas calitas que te vas encontrando diseminadas todas ellas por la parte de la isla que da a la Ria, de perfil mucho más amable que la que da al crudo atlántico, donde solo hay lugar para acantilados que crujen al chocar contra ellos las enormes olas del mar.

Eso si, todas, siguen el mismo patrón: fina arena blanca, fruto de la erosión durante millones de años del granito sobre el que se levanta esta isla, y aguas cristalinas y, eso si, frías como la madre que las parió, pero es que esto es el atlántico chicos, que os esperabais?

· Rutas de senderismo por la Isla de Monteagudo y la Isla del faro

Así que visto que de Sol y Playa, nosotros, poco, tocaba buscar alternativas y mirar de descubrir otros secretos de la isla y para ello, la mejor forma, es realizar alguna de las 4 rutas distintas que el Parque Nacional tienen marcadas a lo largo de las dos Islas.

Pensar que no está permitido circular por otros lugares que no sean los marcados ya que provoca que se pisen plantas y con ello aumenta la erosión así que nos tendremos a ceñir a los caminos marcados. Muy importante.

Ruta del Faro do Peito (Roja)

La primera mañana, aprovechando una pequeña tregua que nos dieron las lluvias, hicimos esta ruta que te lleva desde la caseta de información del Parque hasta el Faro do Peito, en Monteagudo. Es una ruta corta (como todas) de unos 5 kilómetros ida y vuelta y que te lleva a través de bosques de eucaliptos hasta los acantilados de Monteagudo, en donde encontramos el Faro y desde donde podemos ver la escarpados acantilados de la Costa da Vela e incluso la lejana Isla de Ons, que también forma parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas.

Cerca del Faro también encontramos una caseta de observación de aves y es que las Islas Cíes son un importante punto de migración para gran cantidad de aves aunque la estrella y dueña indiscutible de las Islas sean las Gaviotas Patiamarillas, omnipresentes a todas las horas del día y en cualquier esquina de la isla. Y si no las podéis ver tranquilos, sus graznidos os acompañarán incluso cuando la negra noche no os las dejen ver.

Ruta del Alto do Príncipe (Azul)

Esta ruta, algo más corta que la anterior (3,4 kilómetros ida y vuelta) es una buena combinación de vuelta de la Ruta del Faro do Peito ya que comparten el primer tramo y al final sale una buena mañana caminando tranquilamente sin prisas.

Poco a poco, sin llegar a tirar en ningún momento de forma exagerada hacia arriba, va ganando altura hasta llegar hasta el Alto del Principe, una formación rocosa que domina los imponentes acantilados del oeste de la isla, que caen más de 100 metros a plomo hasta un mar embravecido que revienta contra las rocas siguiendo su curso.

La verdad es que las vistas desde aquí de la zona del lago y la Isla del Faro son la bomba así que también puede ser una buena opción si se llega a la Isla por la tarde y se quiere ir a ver el atardecer a algún lugar relativamente cercano del camping. Claro está que, para ver ponerse el sol, tiene que haber un sol, y eso, para nosotros, es algo muy lejano.

Ruta del Faro de Cíes (Amarilla)

Esta ruta que transcurre por la Isla del Faro es la más larga de la Isla (7 kilómetros ida y vuelta) y también, con diferencia, la más popular.

De hecho, si os quedáis en la Isla a dormir os recomiendo que madruguéis para hacerla antes que lleguen los primeros barcos a la Isla o, en su defecto, la dejéis para ultima hora de la tarde cuando los que viene de visita para un solo día ya se hayan ido.

Primero transcurre por un tramo de denso bosque para ganar altura rápidamente hasta llegar a la conocida como Pedra da Campa, un enorme monolito de granito sobre el cual la erosión ha hecho estragos creando formas inverosímiles en él.

Una vez allí, el camino va bordeando la Isla de Faro ofreciéndonos una vistas de la ostia de la vecina Isla de San Martiño hasta que en una de las curvas aparece ya delante nuestro el Faro (175 m) y su zigzagueante carretera que nos lleva hasta el punto más alto visitable de la Isla.

Yo aproveché jugaba España contra Russia en el mundial y a mi me importaba más bien nada para hacer esta excursión solo y la verdad es que la jugada me salió rana. El motivo? Las Gaviotas.

Os cuento.

Entre Abril y Julio es la época de anidamiento de las Gaviotas con lo que al llegar nosotros a la isla nos encontramos con muchas hembras con sus crías recién nacidas en sus nidos. Y si, sin duda se trata de una imagen muy bonita ver esos torpes polluelos siguiendo a su madre como locos aunque el problema nos lo encontramos cuando, por narices, a uno le toca pasar más cerca de lo conveniente de esos nidos. Pues bien, supongo que debido a que toda la Isla estaba en la Cantina viendo el fútbol, las mamás gaviotas aprovecharon para dar un paseo con sus crías y se pusieron todas de acuerdo para dar el paseo justo por el camino que lleva al Faro y donde, efectivamente, me encontraba yo.

Las primeras que me encontré por el camino me hicieron gracia e intenté pasarlas sin molestar demasiado pero rápidamente me di cuenta de que mi presencia allí las ponía muy nerviosas y empezaban a correr los polluelos sin control con lo que ya no me parecía tan divertido: pensar que en algunos tramos, en el borde del camino, hay varias decenas de metros de caída y no quería ser el responsable de que ninguno de ellos se cayera por mi culpa.

Además, por si mi conciencia fuera poca, una mamá gaviota a la que por lo visto le toqué más los huevos de lo esperado se propuso que me largara de allí por las buenas o por las malas así que empezó a caer en picada hacia mi levantando de nuevo el vuelo a escasos centímetros de mi cabeza con lo que pille la indirecta y dí media vuelta para volver de nuevo al Camping quedándome sin ver las vistas desde el faro por pocos metros pero con la conciencia bien tranquila de haber hecho la correcto.

Con esto no quiero decir que las Gaviotas sean un peligro en la Isla, ojo, para nada. Pero como es normal si ven sus crías o nidos amenazados se van a rebotar, como cualquier animal salvaje, con lo que tenéis que ir un poco al loro si veis polluelos cerca o, en su defecto, los escucháis, que hay veces que es lo máximo que puedes hacer. Sin más.

Ruta del Faro da Porta (Verde)

Esta ruta transcurre durante todo su recorrido (5,2 kilómetros) siempre a orillas del mar y recorre la Isla del Faro hasta el acantilado del Freu da Porta donde encontramos el faro del mismo nombre.

Nosotros la intentamos hacer el primer día nada más llegar y el último día antes de pillar el ferry de vuelta y las dos veces la lluvia nos echó para atrás así que poco más puedo contaros sobre ella.

Con todo, estas rutillas son una forma cojonuda de conocer la Isla, sus paisajes y sus secretos y fueron parte fundamental de nuestra estancia en ella ya que era de lo poco que podíamos hacer con mal tiempo pero hay más, muchas más cosas por hacer en estas Islas que son, y nunca mejor dicho pequeñas, pero matonas.

Obviamente nosotros nos quedamos con las ganas de hacer algo de lo que os voy a poner a continuación pero espero que si vais y tenéis la suerte de poder realizar alguna de estas actividades me escribáis para contarmelo.

· Rutas de observación astronómica nocturnas

Dado que las Islas Cíes han sido declaradas destino Starlight (esta denominación se le otorga a lugares con poca contaminación lumínica y que por su ubicación son un lugar idóneo para la observación de las estrellas) el Camping realiza una excursión guiada por un especialista para desentrañar los secretos del universo desde esta posición privilegiada.

Esto es algo que hace tiempo queremos hacer pero que parece que estamos gafados ya que por ejemplo en Tenerife, otro destino Starlight, también teníamos una excursión contratada para ello pero justo el día que debíamos hacerla la calima llegó y nos mandó nuestros planes al garete.

El precio e la excursión es de 5€ por persona y se contrata en la recepción del Camping.

· Excursiones guiadas de Snorkel

Los fondos marinos de las Islas Cíes rebosan vida y para darse cuenta de ello solo hace falta darse un paseo por el dique que separa las dos islas para empezar a ver peces a diestro y siniestro.

Si con eso no tienes suficiente, también desde el camping realizan salidas guiadas a los mejores lugares para hacer snorkel y poder ver a algunas de las más de 100 especies marinas que habitan sus aguas. La Excursión vale 30€ y te entra todo el material (aletas, gafas, tubos y si, neopreno, porque sino no duras en el agua ni 10 minutos)

También se contrata la excursión el mismo día en la recepción del camping.

· Rutas guiadas en Kayak de Mar

Esta era una de las actividades que más ganas tenía de hacer y que, como no, tampoco se pudo realizar y es que el mar no estaba para ostias. Tiene una duración de unas 3 horas y, acompañado de un instructor, recorreréis algunos de los lugares más impresionantes de la isla pero desde un punto de vista totalmente distinto, desde el mar, y llegaréis a lugares que de otra forma no sería posible.

Así que como veis, por pequeñas que sean las Islas Cíes, no se quedan cortas en cuanto a posibilidades aunque eso si, como cualquier lugar del mundo en que estas se desarrollen al aire libre, dependen totalmente de la meteorología.

Con todo, nuestros días los pasamos intentando aprovechar al máximo los pocos ratos en que el tiempo nos daba un respiro, ya sea para realizar alguna de las rutas tal y como os he contado antes o ya sea simplemente para pasear, y es que a todo se le ha de buscar el lado bueno, aunque sea solo para no pegarse un tiro y si algo bueno pudo tener el tiempo que nos hizo en ellas es que, a diferencia de nosotros, la mayoría de gente que tenía reserva en el Camping la anuló mientras que la gente que venía solo a pasar el día también era mucha menos que de costumbre y eso es algo que, en verano, en las Cíes, es muy difícil que ocurra.

Así que pudimos disfrutar de una visión de las Islas poco común, con muchos tramos en los que estábamos prácticamente solos y lo más difícil de todo: la Playa de punta a punta sin un alma en ella. Que si, de acuerdo, que quien narices iba a ver, pero esa estampa es algo que no se da muy a menudo.

Dónde comer en las Islas Cíes

Y después siempre teníamos el momento comida o el momento cena, dónde desconectábamos un poco con una botellita bien fría de Albariño y un buen pescado porque si, aquí, como es lógico, prácticamente solo se come pescado.

En las Isla existen tres restaurantes: el primero lo encontramos en el mismo muelle donde desembarcas y es de los tres el único que no probamos. No por nada, sino porque no se dio el caso.

Luego está el restaurante del Camping en donde comimos el segundo día y es posiblemente el más frecuentado de todos ya que la mayoría de gente cuando estaba ya hasta los mismísimos de lluvia se iba a tomar cervezas mientras veían algún partido del mundial.

Y por último está el Restaurante Serafín, un poco apartado de todo, en el camino que te lleva hasta el Faro y en donde comimos prácticamente todos los días: la carta es una pizarra que hay en la entrada donde te ponen los pescados del día y para de contar. Pero a veces menos es más y este es un claro ejemplo de ello y un buen rodaballo hecho a la plancha sin más florituras y en un entorno como este puede saber mejor que todas las estrellas Michelín juntas. Y además nada caro, lo más que pagamos entre los dos fueron 40€ así que, para ser una isla y en donde todo lo tienen que traer de tierra firme, pues ni tan mal, creo yo.

Y ahora, ya desde tierra firme, echando la vista atrás, puedo decir que me sale una sonrisa recordando esos días que pasamos en esas maravillosas islas a pesar de todo. Y es que no siempre puede salir todo a pedir de boca, de eso se trata toda esta historia, de adaptarse, de improvisar, de buscar el lado bueno de las cosas a pesar de que a veces, sobretodo cuando te quedas sin perspectiva, pueda parecer que no lo tiene.

Estar 3 días metidos en una tienda de campaña mientras a fuera llueve a cantaros puede parecer una mierda de plan a simple vista, de acuerdo, pero si lo miras desde fuera, si ves donde está plantada esa tienda, en frente de una preciosa laguna que veías como iba subiendo y bajando al compás de las mareas, con la preciosa Playa de Rodas detrás, si recuerdas esos paseos por los densos bosques, sin ningún otro sonido a tu alrededor que los graznidos de tantas y tantas aves que habitan esas colinas, si recuerdas esas copas de albariño en la terraza del Serafín mientras la lluvia repicaba en el tejado, podemos decir que si, que valió la pena y que solo espero que estas Islas sigan así mucho tiempo porque desde este preciso momento tenemos una cuenta pendiente con ellas.

Con todo, espero que está breve guía os sirva de ayuda si queréis preparar una escapada a este paraíso perdido que tenemos tan cerca de casa y que para nada dudéis en acercaros hasta ellas: el tiempo es parte del paisaje de las Islas y es algo con lo que se a de convivir, para lo bueno, y lo malo, ya sabéis.

Nosotros, mientras tanto: Seguimos!

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