6 de abril de 2018

La noche y el día.

Esto era justo lo que estábamos experimentando en ese preciso instante en que, después de haber pasado unas horas explorando los Castillos Omeyas del desierto oriental jordano, ubicados en medio de uno de los parajes más inhóspitos y desolados del país, estábamos entrando, después de poco más de dos horas de carretera, en la Ciudad Blanca, en Ammán, la capital del país y el lugar en donde viven 2.000.000 de personas o, lo que es lo mismo, una tercera parte de la población total de Jordania.

Así que imaginaros el contraste, de cruzar la Nada más absoluta a entrar en una ciudad que ha crecido a un ritmo vertiginoso hasta pasar de ocupar las 7 colinas sobre las que se fundó a las 22 actuales. Supongo que os podréis hacer una idea, no?

Aunque con todo, y a pesar del tamaño y el ajetreo que se respira en la ciudad, supongo también porque yo tenía en mente esa tarde en que entramos con nuestra vieja furgoneta en Istambul y tardamos ni más ni menos que 3 horas para llegar al centro de la ciudad, Ammán no deja de desprender la esencia del país y nos deja ver su cara más amable y poco a poco, fluyendo, obviamente entre cláxones, gente cruzando por todos los lados y coches haciendo todas las infracciones habidas y por haber, nos vamos metiendo más y más hasta llegar al centro de esta, ya con la Ciudadela observándonos desde lo alto y en donde aparcamos nuestro coche ya por última vez: la próxima vez que lo cojamos será para irnos al aeropuerto.

Ammán

Pero por suerte para eso aún faltaba un poco para eso y teníamos por delante una ultima etapa del viaje muy atractiva a mi parecer y es que soy de los que opinan que las capitales, por feas que sean, son una parte muy importante para conocer el estado del país y eso es lo que íbamos a hacer, aprovechar al máximo el tiempo que nos quedaba y exprimir esta última esencia.

Nuestro alojamiento se encontraba podríamos de que en corazón de la ciudad, en lo que se conoce como la Ciudad Baja, el centro de la antigua Philadelphia, que era el nombre con el que los romanos fundaron la ciudad, en donde encontramos las arterias comerciales de esta y como ya sabemos, eso es sinónimo de vida en las calles que es precisamente lo que más nos gusta de todas las ciudades árabes, esa socialización cotidiana que se da en ellas, es algo que nos encanta observar, la verdad.

Rápido nos damos cuenta, por eso, que a diferencia de otras ciudades que hemos visitado con anterioridad, aquí no se encuentra la figura del Zoco, entendiéndose esta como un recinto cerrado donde agrupar las tiendas del mismo gremio, sino que todo es al aire libre, abierto, y son en las mismas calles de la ciudad baja en donde se han ido agrupando los comercios y crean pues en lugar del zoco del oro o del zoco de la piel, las calles de.

A pesar de todo la finalidad es la misma, y a nosotros ya nos sirve para empezar a conocer estas calles, esta ciudad, que aúna modernidad y tradición en cada esquina y a la que uno rápidamente se acostumbra.

Como sabréis, el día que llevábamos no tenía desperdicio, pero, a pesar del cansancio, no pudimos resistirnos y nos acercamos a la mezquita de al-Hussein, con una enorme fachada flanqueada por dos minaretes igualmente enormes aunque de entrada solo para los fieles y de allí nos dirigimos a uno de los imprescindibles de la ciudad y el que recomiendo visitar especialmente al caer la noche: el Teatro romano.

Desde la distancia, mientras caminas entre la muchedumbre que llena las calles al caer el sol, ya se distingue el blanco inmaculado de sus gradas, perfectamente iluminado, formando un elemento más del entramado de esta parte de la ciudad, y en la plaza que lo domina, centenares de personas viviendo su cotidianidad: jugando al fútbol, charlando, riendo, algunos jóvenes tonteando, otros fumando su inseparable narguile, escenas del día a día. Jordania en estado puro.

Con todo, nuestra hora llegó y nos fuimos al hotel a descansar que mañana nos esperaba un largo día por delante, nuestro último día pero aún así, aquella noche, al acostarme, seguía teniendo en el cuerpo esa ansiedad que te acompaña en los primeros días cuando llegas a un destino nuevo, esas ganas de descubrir y que aquí, en Jordania, no se me han ido ni un solo segundo.

7 de abril de 2018

La Ciudadela de Ammán

Gebel al Qalah es el nombre con el que se conoce la Ciudadela de Ammán en árabe, allí dónde empezó todo, en la antigua Philadelphia que fundaron los romanos sobre los restos de un asentamiento de la Edad de Bronce y que hoy en día es, posiblemente, la visita más imprescindible de toda la ciudad.

Aprovechando que era temprano y el sol aún no hacía de las suyas, subimos andando hasta ella, ubicada en una colina justo encima de la Ciudad Baja y en donde destaca, por encima de todos los restos de edificaciones, el Templo de Hércules o, mejor dicho, lo que queda de él y es que no esperemos una ciudad como Jerash, nada más lejos de la realidad, y es que por aquí ha ido pasando civilización tras civilización y los restos que quedan son más bien pocos.

Aún con eso, la imagen que ofrecen las cuatro columnas del antiguo Templo de Hércules, dominando toda la ciudad, ya hacen de esta una visita que bien vale el calentón que te llevas para subir hasta aquí. Y sobre todo por las vistas de la Ciudad Blanca que ofrece esta atalaya privilegiada y en donde uno se da cuenta del porque de este sobrenombre: la mayoría de construcciones están hechas, desde la antigüedad, con la piedra blanca que procede de las canteras locales y este color predomina sobre todo el paisaje.

Es un muy buen lugar para ubicarse y contemplar toda la ciudad, desde la mezquita de Abu Darwish, situada justo enfrente, en la colina de Ashrafiyah, hasta el imponente Teatro Romano, que ayer por la noche visitamos, y que a plena luz del día tiene un aspecto totalmente distinto, como más solemne, mimetizado completamente con los edificios de alrededor.

Con todo, la visita a la Ciudadela sigue su curso desde aquí pasando por los restos de varias edificaciones de distintas épocas hasta llegar al pequeño Museo Arqueológico, que alberga piezas de gran valor encontradas en distintos puntos del país pero que por desgracia para nosotros encontramos en pleno proceso de reformas y prácticamente no había ninguna pieza expuesta así que continuamos, ya bajo un sol que empezaba a darle caña al asunto, con las edificaciones omeyas y, en concreto, con el fantástico al-Qasr, que en su día fue usado como palacio del gobernador y que hoy ha sido remodelado junto con una gran cisterna que se levanta a un lado y que servía para recoger el agua del tejado y así abastecer a toda la Ciudad antigua.

Mezquita de al-Malik Abdullah (o también conocida como King Abdullah Mosque)

Una vez vista la Ciudadela, nuestra próxima parada nos tenía que llevar hasta la Ciudad Nueva, el área de Ammán donde se levantan los rascacielos y en donde tienen sus sedes bancos y grandes empresas y que, de normal, no tienen ningún tipo de interés, al menos para nosotros, pero que en este caso íbamos a hacer una excepción y sería para visitar la Mezquita de al-Malik Abdullah y es que es la única de las grandes mezquitas de la ciudad a la que se puede entrar sin ser musulmán.

Eso si, tirando de Taxi, que a esas horas del día la chicharra que pega ya le deja a uno las ideas alteradas aunque no os penséis que dentro del coche se va mucho mejor y es que hay autenticas reliquias por la ciudad y fue de una de ellas de la que nosotros nos bajamos justo a las puertas de la enorme Mezquita, que se terminó de construir hace apenas 30 años y que en su interior puede albergar a ni más ni menos que 3.000 fieles para la oración.

Los más característico de ella no es otra cosa que su descomunal cúpula de color azul, en contraste con los 4 minaretes que la flanquean y que son, como no podía ser de otra manera, del blanco de la ciudad.

Para entrar a ella primero pasas por una tienda de Souvenirs que hay en los bajos, justo en la entrada al recinto y en donde a las mujeres les prestan una túnica para cubrirse de arriba a bajo, desde la cabeza hasta los pies y es que esta es la única manera de poder entrar a la Mezquita.

Cuando fuimos nosotros la verdad es que no había apenas gente y pudimos pasear por el recinto a nuestro antojo aunque lo realmente interesante es entrar a la enorme sala de oración, toda cubierta de alfombra (y pequeña no es) y pajarear bajo la impresionante cúpula, sentarte en el suelo y observar, de vez en cuando entra alguien que se pone en una esquina y reza algunas oraciones antes de irse en silencio, tal y como entró, hasta que por otra puerta vuelve a ocurrir exactamente lo mismo. Además, esto no os lo he dicho pero dentro de ella se está de maravilla, sobre todo si tenemos en cuenta la solanera que nos espera al salir. Es por eso yo creo que la gente se lo toma con calma aquí dentro, a parte de que, claro, el lugar invita a la tranquilidad.

La Ciudad Baja

Y a partir de aquí ,y puestos que no teníamos en mente visitar ninguna atracción más de la Ciudad Blanca más allá de la Ciudad Blanca en si nos dispusimos a hacer eso que nos gusta hacer en estas grandes urbes: perdernos por ellas, vagar pos sus callejuelas convertidas en zocos, por sus cafés, entrar en esa tienda de especies que te llama la atención con su olor, comprar cuatro tonterías para la familia, vivir un poco del día a día de esta, cruzar sus amplias calles sin que te pasen por encima media docena de coches que circulan únicamente con esa intención, regatear hasta que te tomen el pelo lo menos posible, fumarte un narguile relajado en tu restaurante favorito de la ciudad, escuchar las llamadas a la oración desde alguno, o desde varios a la vez, de los muchos minaretes que hay…

Y eso, os aseguro, es lo mejor que podéis hacer en Ammán, una ciudad donde se mezcla por partes iguales la tradición con la modernidad, donde sus gentes viven de puertas hacia fuera, como en todo el mundo árabe, dónde las calles son el nexo de unión de propios (ellos) y extraños (tu), donde preguntas simplemente con mirar algo más de 2 segundos seguidos, una ciudad vital, que solo queda desierta durante las horas de la oración y por pocos segundos.

Una ciudad amable, la extensión de un país que ya empezábamos a echar de menos a pesar de que aún no nos habíamos ido y es que a pesar de que no queríamos, se acercaba el momento de decir adiós..

Fue igual para evitar pensar en eso que tomé una estúpida decisión: no me voy de aquí sin antes pasar por una barbería: en todo el mundo, ya sea en Europa, en Asia, en África en América, da igual, las barberías son uno de los lugares más auténticos que hay. 0% turísticos

Pues grave error.

La prueba del pelo la pasó con nota, al principio le costó pillar que lo único que quería era que me pasara la moto y se encabezonó en dejarme un flequillo a lo Ronaldo Nazario en el Mundial creo que fue del 98 pero rápidamente me lo quitó.

Y después claro, vinieron los extras, esos siempre. Si a todo.

Empezamos con una limpieza de la piel y aquí ya la cosa se puso seria y es que el tío casi me parte el tabique nasal en mil pedazos cuando le dio por quitarme los poros de la nariz y te aseguro que no estoy exagerando: el cabronazo me hizo polvo de verdad pero es que aquí no terminó su tortura.

Y es que cuando aún me estaba recuperando de la más que posible fractura nasal aquí el amigo saca dos palillos de esos que usa el 99,9% de la población para limpiarse las orejas menos él y, con un rápido movimiento, aprovechando mi guardia bajada, las introduce en un recipiente de cera ardiendo y de allí a mis dos orificios nasales sin darme tiempo a salir corriendo de allí.

Y claro, todo el barullo que se había juntado en la barbería para ver al guiri sufrir partiéndose la caja.

Y si, Adri y Alexia también.

Y correcto, ya me veis a mi, un tío duro donde los haya, llorando por dentro y por fuera, con dos palitos saliendome de mi ya maltrecha nariz y un tiarrón de 120 quilos agarrándome por los hombres hasta que….Zaaasssss!!! Ocurrió…

Creo que vi salir partes de mi cerebro junto con una mata de pelos negros la cual no se muy bien como podía estar allí dentro pero que vaya si estaba y una lagrima cayó por mi mejilla para enseñarme que estos tíos están hechos de otra pasta, o eso, o están como putas cabras pero en mi vida os juro que me volveré a sentar en una barbería en Jordania, ya he tenido más que suficiente.

Así que de esta manera, dejando mi dignidad tirada en alguna esquina de esa barbería, decíamos adiós a este pequeño gran país que nos había acogido durante los últimos diez días y que nos había hecho disfrutar como enanos todos y cada uno de los días que habíammos pasado en él y es que podemos decir, con toda seguridad, que Jordania ha sido uno de los países que más nos ha sorprendido y que, desde ese preciso instante, ocupa un lugar privilegiado en nuestra lista de lugares clave en el mundo.

Solo nos quedaba una última cena, cerrar la mochila por última vez y volver a Barcelona, nuestra casa, para empezar a echar ya de menos a este pueblo, hospitalario, sorprendente, sin igual.

Nosotros ya sabéis: Seguimos!

Muchas gracias por todo Jordania.

Hasta la próxima.

DATOS PRACTICOS

· Que ver y hacer en Ammán

Con todo, Ammán es una ciudad donde su encanto reside en ella en conjunto ya que no cuenta con grandes atracciones que visitar como, por ejemplo, Istambul o Marrakech.

La principal de ellas es sin duda La Ciudadela de Ammán, situada en lo alto de una colina que domina por completo la Ciudad Baja y que vendría a ser la visita más imprescindible de toda la Ciudad.

La entrada a ella cuesta 2JODS pero como no podía ser de otra manera está incluida en el Jordan Pass y te permite entrar también al pequeño Museo Arqueológico que hay en el mismo recinto.

Otra lugar que visitar a nuestro entender es la Mezquita del Rey Abdullah, en el Barrio Nuevo y que te permite ver una mezquita por dentro, cosa rara en la mayoría de países musulmanes a no ser que seas musulmán. Su entrada cuesta 2JODS (no incluido en el Jordan Pass) y también te da acceso al museo del Islam que hay en el mismo recinto. Importante vestir con decoro aunque allí os dejarán ropa para poder entrar.

A parte de esto, en la ciudad hay otros lugares de interés desperdigados por la Ciudad Baja como el Teatro Romano, el Odeón o el Ninfeo, todos ellos fruto del pasado romana de Ammán, así como algunos museos que igual os pueden interesar como son el Museo del folclore o el Museo Jordano de Tradiciones Populares, ambos en los edificios contiguos al Teatro Romano y que pueden ser interesantes de ver a pesar de que a nosotros lo que nos gusta en ciudades de este calibre es callejearlas sin parar, que es la manera más eficiente de descubrir su esencia y para eso la zona ideal es la Ciudad Baja, allí donde se se centra toda la actividad comercial y donde late el corazón de Ammán.

· Dónde dormir en Ammán

La oferta de alojamiento en Ammán, como no podía ser de otra forma, es muy muy amplia aunque nosotros recomendamos que os centréis en la zona centro que es la que más pateareis.

Nosotros elegimos el Art Downtown Hotel , en el mismo meollo de la Ciudad Baja y con unas instalaciones más que decentes, recepción 24 horas (importante dados los horarios intempestivos con los que acostumbran a llegar e irse los vuelos a Ammán) y un desayuno tipo buffet cojonudo. 2 noches habitación triple por 159€. Recomendable.

· Dónde comer en Ammán

Pues mira aquí solo os voy a recomendar un lugar para comer y es que nos encantó, tanto por la comida, importante, como por el trato que nos dieron las varias veces que fuimos como por la ubicación y decoración del lugar. Es decir, lo tiene todo!

Se llama Zajal Restaurante y está ubicado en el centro de la Ciudad Baja, al lado de unas escaleras llenas de paraguas que todo el mundo conoce y que os pueden servir para ubicaros. No es de los más baratos de la ciudad, ni mucho menos, pero vale mucho la pena, tanto para comer o cenar como para relajarse fumándose un narguile o tomándose un te.

Imaginaros si nos gustó que fuimos hasta en 4 ocasiones en las poco más de 36 horas que estuvimos en la ciudad. Ahí lo dejo.

· Algunos consejos para visitar Ammán

Mucha gente elige el coche de alquiler para visitar Jordania y eso puede ser un engorro a la hora de llegar a una gran ciudad, sobre todo para aparcar: no os preocupéis, eso aquí, no es problema.

Nosotros preguntamos en el Hotel y nos dijo un par o tres de calles de los alrededores donde poder dejarlo, sin pagar y en un lugar bastante seguro así que os recomiendo que hagáis lo mismo, que preguntando los problemas son menos, y que no os gastéis un dineral dejándolo en un parking como hace mucha gente que visita la ciudad.

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