13 de Octubre de 2017

Con todo, la visita a Timanfaya no se alarga más de dos horas con lo que aún teníamos, como quien dice, todo el día por delante y aunque el calor ya empezaba a apretar, no queríamos dejar pasar la oportunidad de ir a visitar uno de los rincones más curiosos de la isla: La zona vinícola de La Geria.

La Geria, el Viñedo de lo Imposible

Y es que solo hace falta darle un ojo a la isla para entender el porqué de ese nombre que se le dio a esta zona: el Viñedo de lo Imposible. Como mierdas van a hacer vino si, en toda la isla, no hay ni un solo árbol? Y no estoy exagerando, es verdad. Ahora ya nos hemos movido por toda ella y nada, ni un triste arbolito. A la sumo alguna que otra palmera, pero nada más. Pero ojo, que no es nada raro, eh, como va a ver algún árbol si todo es lava, lava y más lava por todos lados?

Pues bien, con este panorama, lo último que uno se pensaría es que aquí se cultiva el vino, y no solo eso, sino que aquí se cultiva buen vino. Y para ello, la mejor zona para conocerlo es la zona de La Geria, en el centro de la isla.

Esto es un grandísimo ejemplo de cómo el hombre se puede adaptar al medio para sobrevivir y es que, qué sociedad moderna sería capaz de subsistir sin vino? Exacto, ninguna.

Aunque fácil no debió ser y para entenderlo un poco mejor nos fuimos no solo a la Bodega más antigua de la isla, sino también de todo el archipiélago canario: Las Bodegas El Grifo.

Estas bodegas fueron fundadas en el año 1775 y hoy en día son unas de las más importantes de la isla. En ellas encontramos un pequeño museo con toda la historia de la vinicultura de la isla y uno puede visitar a su aire sus viñedos, donde realmente reside el crux de todo esto y es que aquí empieza todo, y fácil fácil, pues no es.

Y es que como mierdas vas a hacer para que crezca algo en este entrono inerte, donde apenas llueve en todo el año y donde reina el siroco, el aire cálido que viene del Sahara. Pues buscándote la vida majo, y supongo que probando y probando hasta dar con la clave de toda esta historia. Y resulta que además, esta clave de la que hablamos, pues además de práctica, es bonita. Pues ya hemos triunfado.

Pero vayamos por partes, va. Lo primero de todo, a ver donde se va a plantar la viña aquí. Pues donde va a ser, sobre una capa de ceniza volcánica, aquí llamada picón. El grosor de esta puede variar desde los 20 cm en el norte de la isla hasta los 2 metros en el centro, lo que obliga a cavar grandes hoyos para que la cepa pueda crecer hasta el punto de que sus raíces puedan encontrar el terreno que hay debajo. Todo esto es para que la ceniza volcánica pueda pillar el máximo de humedad posible y hacerla llegar al terreno donde tiene que pillar la raíz sin que esta humedad se evapore, sino estaríamos listos. Y luego tenemos el viento. Omnipresente aquí en la isla y, la mayoría de veces, caliente como si te pusieran un tubo de escape en la cara. Y claro, eso, para las plantaciones, pues muy bueno no es. Para eso están los muritos semicirculares que rodean todas las plantaciones, para que el aire del Sahara no joda la viña y podamos luego tomarnos estos vinitos tan ricos que nos tomamos. Los primeros del hemisferio norte, por supuesto.

Pero la teoría está muy bien, eso todos lo sabemos, pero para esto me quedo en mi casa, yo ahora lo que quiero es probarlos y ver si tanto rollo sirve para algo.

Para eso lo mejor es pillar la entrada combinada, eso es, dos pases al museo y a los viñedos, acompañado de 6 vinos a tu elección y una tapita de queso. No hacen falta más preguntas, y todo por 15€.

La verdad es que yo mucho no entiendo de vinos. Me gustan todos, y si que hay algunos que me bebería más que otros pero si me los tengo que beber me los bebo y tan a gusto así que mi criterio de mucho no sirve, solo sé que cascarse 6 vinos a las 12 de la mañana, en un entorno como este es de las mejores cosas que uno puede hace en Lanzarote, ni lo penséis, vamos.

Los Hervideros

Y con todo el día por delante y una ola de calor deshaciéndote los sesos lo mejor que uno puede hacer si está en una isla es, efectivamente, ir a la playa.

Pero como hoy soplaba algo más de viento, y teníamos que pasar por casa para cambiarnos y demás, decidimos darle una oportunidad a otro de los High Light de la isla, a escasos minutos de nuestro apartamento, por cierto, Los Hervideros.

Estos son un fenómeno geológico ocasionado al entrar en contacto la lava con el agua del mar. Al enfriarse rápidamente se crean toberas, o lo que es lo mismo, agujeros subterráneos por donde el agua, al chocar con la fuerza del atlántico, sale despedida a presión, de ahí el sonido característico y su nombre, ya que este es como el de una tetera cuando el agua empieza a arder.

Pero que va, va a ser que a pesar de que el viento sopla con fuerza, se necesita algo más para que las olas rompan con fuerza contra las cavidades de Los Hervideros pero aún así ya puedes hacerte una idea de lo que aquí hay, y aunque no haya agua saltando por los aires, los distintos balcones construidos para observarlos y las cavidades que te encuentras por donde se puede ver el mar, ya vale la visita y hacen de ella una parada obligatoria si estas por la zona, la verdad.

Y ahora ya sí que tocaba ir en busca de la playa y de una cerveza bien fría y para ello elegimos, de nuevo, la Playa del Papagayo que, como podéis ver, nos gustó.

Pero nos gustó también por qué nos quedamos con las ganas el primer día de comernos un buen arrocito en el Chiringuito de Papagayo así que allí estábamos nosotros. Con un Arroz a Banda encargado para los dos, metiéndonos un Daiquiri y un Mojito entre pecho y espalda para hacer tiempo, con este capricho de la morfología volcánica a nuestros pies.

No hace falta decir que la siesta en la playa de después del arroz fue de esas que se puntúan, de esas que te levantas con la cara llena de arena y un reguero de saliva cayendo de tu boca a lo máster del universo.

Y es que esto también es viajar, el no hacer nada de nada, el tumbarte a la bartola, o sentarte en un bar y ver la vida pasar a la misma velocidad que caen las cervezas. No todo es ir arriba y abajo haciendo fotos y haciéndose el interesante, que va. Al contrario incluso, yo creo que uno de los placeres de viajar, una de las cosas que se diferencian con el turismo es precisamente esto, el poderte tomar tu tiempo para detener todo, darte la vuelta y mirarlo todo al pasar. Coger perspectiva para saber hacia dónde es que quieres tirar.

Y eso, a nosotros, se nos da de maravilla, la verdad…

Seguimos! (Un poco borrachos, pero seguimos)

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