12 de agosto de 2018

Lo primero que apareció fue la Costa Libia y lo hizo como una maravillosa estampa, casi celestial, con mil tonalidades de azul formando sus aguas y compitiendo con el cielo haber quien ofrecía a los recién llegados al continente el color más deslumbrante.

A pesar de todo, fue solo una aparición: desde aquí empieza la nada más absoluta durante miles y miles de kilómetros donde lo único que vemos a nuestros pies es desierto y más desierto mientras discurrimos paralelos al gran río Nilo, cruzando primero Egipto para después adentrarnos en Sudán, Sudán del sur y finalmente Etiopía hasta llegar, ya de noche, de negra noche, a nuestro destino: Kenia, nuestra puerta de entrada a África.

A partir de aquí pues los tramites de siempre: tragarte la cola de turno para que un funcionario apático te estampe un sello (uno más) en tu pasaporte, la eterna intriga de si tu mochila va a llegar o no, cambiar 50€ en chelines para no ir sin un chus por la ciudad y ahora si, uno de los momentos que más me gustan de todos los viajes: ese momento en que se abren las puertas del aeropuerto en frente tuyo y aspiras, profundamente, como si te fuera la vida en ello, la primera bocanada de aire del lugar que vas a visitar.

Esa bocanada, aunque parezca mentira, sirve para abrir una carpeta del lugar y es que yo soy capaz de recordar muchos lugares por ese olor y es que cada ciudad tiene uno propio. Lo descubrí una de las veces que fui a Cuba y me di cuenta que esa mezcla de olor de gasolina mal refinada y sal solo lo había olido allí y que con el paso de los años no cambiaba. A partir de aquel entonces cada vez que pongo un pie afuera de la Terminal de un nuevo país lo primero que hago es registrar ese olor en mi subconsciente, analizarlo y ahora ya si, podemos empezar a andar.

Y Nairobi huele a humedad y a fritanga.

Si si, lo se, seguramente no es el olor que esperabais pero os digo una cosa: ningún país del mundo huele bien y mucho menos sus aeropuertos. Son sus olores y punto.

La ciudad nos recibe de noche y con el ambiente algo menos frío de lo que esperábamos (aunque fresco) y rápidamente encontramos a Bonny, que será nuestro conductor durante los días que dure el Safari, y que de momento hoy solo nos llevará hasta nuestro alojamiento, a las afueras de la ciudad, tocando con el Parque Nacional de Nairobi (si, si, colindante con la ciudad hay un Parque Nacional donde puedes ver jirafas, cebras y demás con los rascacielos de Nairobi de fondo, algo nada raro si tenemos en cuenta de que esta ciudad tiene poco más de 100 años de antigüedad, tiempo en el que ha pasado de ser una lugubre estación del ferrocarril hasta Uganda a ser lo que es hoy en día con lo que en todo caso lo que sobra aquí son los edificios, no los animales) y en donde poco más podemos hacer a parte de tomarme la primera Tusker del viaje y caer, rendidos, en nuestra habitación.

Mañana si, esto comienza.

13 de agosto de 2018

A pesar de que Nairobi es una ciudad que pasa desapercibida para la mayoría de turistas que se acercan hasta aquí, en parte debido a su mala fama en cuanto a seguridad, nosotros no queríamos dejar pasar la ocasión de pasar en ella aunque fueran 24 horas y por eso llegamos un día antes que nuestros compañeros en este viaje, Dago y Vero, y así poder catar un poco la ciudad más importante del África oriental y que para muchos es solo el punto de partida o de final de cualquier Safari por Kenia.

Para ello, habíamos contactado con un tipo de aquí de la ciudad cuyo teléfono sacamos de la web de Callejeando por el Mundo, Mr. Mwangi (al final de la entrada, en los Datos Prácticos, os paso el contacto de este y otro tío de aquí que conocimos) para que nos llevara a visitar lo que, para nosotros, eran los lugares que más nos llamaban la atención de esta: El David Sheldrick Wildlife trust y la Casa-Museo de Karen Blixen. El resto del día (habíamos acordado que nos recogería a las 10:00 de la mañana y nos llevaría de vuelta al Wildebest Eco Camp a las 18:00) se lo dejábamos a su antojo ya que el otro punto que queríamos visitar, el mercado Masai, que se realiza a diario en puntos itinerantes de la ciudad, tiene un solo día de fiesta a la semana y, efectivamente, era hoy, es decir, los lunes, así que vía libre, que nos enseñara lo que él creyera oportuno aunque, a la hora de la verdad, mucho tiempo no sobró.

Así que al lío? Al lío!

Con todo, nuestra primera parada después de recogernos y de las presentaciones de rigor, era puramente practica: ayer solo cambiamos 50€ en el aeropuerto para no tener que dejar ningún órgano en el cambio y hoy tocaba pillar chelines, la moneda local (KES), para la primera parte del viaje y además queríamos comprar una tarjeta SIM por si el Wifi no era para tirar cohetes así que nos fuimos de cabeza hacia un Shoping Mall que hay cerca de donde nos alojamos y al que se entra después de pasar una estrictas medidas de seguridad.

En esos primeros kilómetros por la carreteras de Nairobi eramos como dos búhos con los ojos abiertos como platos para no perdernos detalle, no solo estábamos en un país nuevo sino también en un continente nuevo y hasta podríamos decir que en un mundo nuevo.

La vida en las calles empieza de bien temprano y es mucha la gente que ves por la ciudad yendo de un lugar a otro, mujeres cargadas como mulas, niños con su uniforme del colegio, hombres machete en mano, un trajín frenético para empezar el día en la nada fácil Nairobi y es que no en vano, la vida, aquí en la ciudad, no es ningún chollo y poco difiere de la del reino animal por el que tanta gente (nosotros incluidos) pisa este país: para la gran mayoría de las personas, esto trata de sobrevivir un día más. Triste pero cierto.

David Sheldrick Wildlife Trust (Toma 1)

Desde que empezamos a preparar toda esta historia, esta fundación, creada por Daphne Sheldrick en el año 1977, se colocó en un lugar privilegiado para nosotros y en uno de nuestros objetivos principales a la hora de visitar la ciudad.

Situada en uno de los extremos del Parque Nacional de Nairobi, lleva desde hace más de 4 décadas rescatando elefantes que por un motivo u otro se han quedado huérfanos (la mayoría de ellos es por culpa de la caza furtiva) de los Parques Nacionales de Kenia para darles una segunda oportunidad ya que, sin su ayuda, las probabilidades para los elefantes de sobrevivir son prácticamente inexistentes.

Una vez rescatados y trasladados al centro, lo primero es que sobrevivan ya que la gran mayoría de ellos llegan después de haber malvivido durante días o semanas y muchos de ellos llegan en colapso o al borde de la muerte. Una vez recuperados, estos viven en semilibertad en el Parque Nacional de Nairobi hasta que ya se pueden valer por si mismos, momento en el que son reintroducidos en el Parque Nacional de Tsavo, que es el lugar donde más concentración hay de estos animales y donde más probabilidades tienen de encontrar un grupo en el que ser admitidos y vivir libres y salvajes el resto de sus días.

Con todo, una vez supimos de ellos nos empezamos a interesar más y más en el asunto y descubrimos que, para hacer viable toda esta historia, entre muchas otras cosas, tenían en marcha un programa de apadrinamiento con el cual podías apadrinar un elefantito después de una donación (50$ anuales mínimo) y ellos te iban mandando su evolución y demás con lo que aproveché que el pasado 4 de agosto era el cumpleaños de Adri y le hice un regalo muy especial: desde ese día era la madrina de Mapia, un elefante de menos de dos años de edad que fue encontrado en el Parque Nacional de Tsavo East hace un año prácticamente muerto y que por suerte, casi al limite, los veterinarios de la fundación lograron salvar después e un complejísimo operativo de rescate.

Así que os podéis imaginar, si ya de por si es un lugar de obligada visita, en nuestro caso la motivación era aún mayor: íbamos a conocer a nuestro elefante!!

Para ello, seas padrino o no, puedes acercarte hasta las instalaciones de la David Sheldrick cada día, de 11 a 12 de la mañana, y tras un pago mínimo de 500KES (menos de 5€), puedes presenciar el momento en que estos animales se reúnen para tomar sus biberones diarios y darse un buen baño de barro así que allí estábamos, puntuales, nerviosos no, lo siguiente, dirigiéndonos hacia un descampado que hay justo dónde empieza el Parque Nacional y termina el recinto de la fundación y allí estaban, 8 elefantitos, biberón en boca y cada uno con su hombre de verde (a cada animal se le asigna un cuidador que está pendiente de él las 24 horas del día llegando incluso a dormir con ellos cuando son pequeños o están enfermos y van vestidos con una batas verdes que les da un aspecto muy peculiar).

Lo primero de todo, hacerse hueco, eso para empezar y después, como no, buscar a Mapia, fácil de reconocer ya que tiene un bocado en una oreja que le hace totalmente diferenciable a los demás pero que, muy a nuestro pesar, no estaba. El motivo es que, por desgracia, son muchos los elefantes que hay en el centro así que cada grupito de ellos tiene su hora de ocio con lo que no teníamos porque preocuparnos, tarde o temprano, le iba a tocar a él y así fue cuando, después de un ratito de ver a estos enormes y tiernos animales jugar a revolcarse y tirarse barro por encima, enfilaron en fila india para volverse de nuevo al Parque y, poco después, apareció otro grupito de entre los arboles, corriendo como si se acabara el mundo: era la hora del biberón y no se lo querían perder por nada del mundo y allí si que estaba Mapia, el último de todos, y que nada más agarrar la enorme botella de leche se vino directo hacia nosotros para bebérsela de un trago mientras Adri no podía evitar que se le escaparan las lagrimas de la emoción.

No se si estuvimos una hora o 10, solo se que fue un momentazo en mayúsculas y aunque parezca una chorrada, fue extremadamente emocionante poder ver a ese animalito delante nuestro con el que desde ahora ya tendremos un nexo en común para siempre y del que nos vamos a ocupar siempre que podamos.

Pero tocó irnos y es que con los horarios si que son muy tajantes y solo se les puede ver durante esa hora, ni un minuto más, ni un minuto menos. Eso si, por la tarde nos tocaba el momento más esperado y es que para los que tenemos algún elefante apadrinado podemos ir, previa reserva, a verlos cuando vuelven de pasar el día en el Parque y poderlo conocer en persona y eso si que se antojaba un momentazo aún más especial pero para eso aún teníamos que esperar unas horas y seguir con nuestra visita a la ciudad.

La Casa-Museo de Karen Blixen

La figura de Karen Blixen no necesita de presentación y es que la película que se filmó sobre su vida, Memorias de África, la catapultó hasta convertirse en una de las danesas más universales de la historia.

En ella se cuenta su vida desde que llegó a África, a Ngong, donde inició una plantación de café hasta que se vio obligada a irse años más tarde debido a la caída de los precios de este dejando, ya para siempre, su corazón en esas colinas, en sus paisajes y, sobretodo, en su gente.

Sinceramente, la película puede ser entretenida, eso no lo negaré, pero el libro que escribió bajo el seudónimo de Isak Dinesen ofrece una de las mejores descripciones que he leído en toda mi vida de África, transportándote al lugar y haciendo que te enamores de él sin ni siquiera haberlo pisado y es por eso que esta era, para mi, otra de las visitas obligadas y es que hoy en día se puede visitar la misma casa donde vivió, hoy convertida en museo y pasear por esos aposentos que tantas y tantas historias vivieron en esos días.

Parece mentira pero la casa aún conserva ese ambiente sosegado que transmite Karen en sus descripciones y es muy sencillo imaginarse la vida en ella hace apenas 80 años. De hecho, en el gran jardín que rodea la casa aún se puede encontrar parte de la maquinaria que se usó entonces para la plantación de café y dentro de la casa se conservan hasta los muebles o la cama de cuando Karen Blixen vivía allí.

De todas formas, para nosotros, la más interesante de la visita es empaparse del ambiente que allí se respira, aprovechando además que, por extraño que parezca, no es un lugar excesivamente visitado y eso lo convierte en el lugar adecuado para aislarse un poco de la locura de la ciudad y es que el lugar es una burbuja de todo lo que hay alrededor. Además, en el extenso jardín, bajo los enormes y centenarios arboles que allí crecen, se encuentran sillas desperdigadas donde uno puede sentarse y simplemente observar, cargase de toda esa energía y, ahora si, continuar.

The Giraffe Center

Y es que nuestra ruta seguía y ahora, después de haber visitado ya los dos lugares que teníamos en nuestra lista como imprescindibles para ver, tocaba dejarle paso a Mr. Mwangi y ver que tenía preparado para nosotros.

Lo normal en estos casos es que ya que se está por la zona, junto con el David Sheldrick y la Casa de Karen Blixen se visite también el Giraffe Center, un centro de rehabilitación de la jirafa de Rothschild, una subespecie de jirafa en peligro de extinción y que, en teoría, desde aquí ayudan a su conservación para su reintroducción posterior a la vida salvaje. Lo que pasa es que leímos varios comentarios que nos hicieron rechazar la idea por parecer más un zoo que otra cosa así que quedamos con Mr. Mwangi que pasaríamos del Giraffe Center y nos dirigiríamos al centro de Nairobi para conocer la ciudad desde sus mismísimas entrañas pero a eso le había surgido un pequeño inconveniente y era que, como antes os he comentado, a las 17 de la tarde teníamos que volver a estar en el David Sheldrick para nuestro encuentro privado con Mapia y, teniendo en cuenta la hora que ya era, que teníamos que comer y que el trafico en el centro de Nairobi hace que sepas cuando entras pero nunca cuando sales hizo que, finalmente, tomáramos la decisión de quedarnos en las afueras y no jugarnos el encuentro con nuestro elefantito.

Y claro, en las afueras de Nairobi o puedes ir a encerrarte en un centro comercial (algo que debe ser muy común ya que todo el mundo cuando preguntábamos cosas por hacer en la ciudad nos decía que una de ellas era ir a visitar algún centro comercial cosa que, por supuesto, ni nos planteábamos) o puedes ir a visitar el Giraffe Center.

Con lo que si, finalmente decidimos pagas los 1000KES (algo menos de 10€) de la entrada y ver con nuestros propios ojos que se cocía allí.

He de reconocer que lo que allí nos encontramos no aclaró mis dudas sobre si actualmente la finalidad real de este centro es la de la reintroducción de estos animales en la vida salvaje, como si lo es en el caso del David Sheldrick o la de un negocio más a costa de ellos así que ni voy a recomendar ni a dejar de hacerlo, vosotros mismos sabréis y podréis sacar vuestras conclusiones.

Os cuento, en él las jirafas ocupan una extensa parcela de bosque donde campan a sus anchas junto con los omnipresentes facóceros que, por lo que hemos visto desde que hemos llegado a Nairobi, están por todos lados. Nada más entrar, un tío te da una especie de trocitos de comida prensada, pequeñitos, como medio dedo, y que son parte del principal reclamo del lugar: a las jirafas les chiflan esas cosas y puedes darles de comer directamente de tu mano.

He de reconocer que las jirafas son entrañables, a quien no le puede caer bien una jirafa, a nadie, y poder alimentar a un bicharraco de esos directamente de tu mano es una experiencia brutal aunque repito, no se que incidencia puede tener en ellos estar todo el día rodeados de guiris como nosotros dándoles de comer y, lo más importante, que beneficio puede tener eso para ellos para su posterior reintroducción. Por más que lo piense no consigo verlo por ningún lado, la verdad.

Con todo, a Adri, a la que le cada vez tengo más claro que le gustan más los animales que las personas, iba y venía con una cara de felicidad tremenda alimentando a todas las jirafas que por allí habían y ya, solo por esa carita, ya me valió la pena.

Medio día. Ese era el tiempo que llevábamos en la ciudad, en Kenia y en África y ya estábamos alucinando por completo así que era hora de comer algo y sentarnos a pillar un poco de perspectiva y para eso volvimos al Shoping Mall en dónde habíamos cambiado dinero por la mañana.

La idea de ir allí y no a cualquier otro sitio era porque queríamos mirar de comprar algo de ropa de abrigo para Adri y es que si bien es cierto que ayer cuando llegamos no notamos que hiciera especialmente frío, hoy si que este nos estaba haciendo más mella de la que nos gustaría y teniendo en cuenta que nuestros próximos destinos (sobretodo Nakuru y Masai Mara) seguían estando a una altitud considerable preferimos adelantarnos antes de pasarlo mal.

Así que ahora si, con las compras hechas y por cierto, a precios muy parecidos a los de España, no solo en la ropa sino en casi todo lo demás, estábamos listos para nuestra última parada del día: tocaba conocer en privado a Mapia!

El David Sheldrick Wildlife Trust (Toma 2)

Y allí volvíamos a estar, con un panorama totalmente distinto al que nos habíamos encontrado esta misma mañana y es que como mucho allí habían no más de 15 personas con la única compañía de los graciosos Facóceros (Aka Pumba) esperando el momento para poder a entrar.

Para esta visita, que solo pueden realizar los que tienen algún animal apadrinado, no es necesario pagar entrada aunque si reservar y es que la idea es que sea algo más personal y que puedas visitar las instalaciones del recinto antes justo de que lleguen los elefantes de su día en el Parque.

Y la verdad, ese momento es único y es que después de ver todo el tinglado que tienen allí montado y a Maxwell, un rinoceronte negro y ciego de 13 años que vive allí, te llevan a las afueras del reciento donde empieza ya el bosque y te hacen esperar mientras tu lo único que haces es buscar en todas direcciones a ver si ves alguna señal de movimiento y es que, en algún momento u otro, tienen que llegar y vaya si los ves cuando llegan.

Y es que discreto, la verdad, no es que sea un grupo de 12 o 15 elefantes corriendo uno detrás del otro como si les persiguiera el demonio en busca de su ansiado biberón de la tarde. Es la caña cuando pasan a medio metro tuyo y, sin hacerte ni puto caso, se van directos a donde cada uno tiene su cama y la ansiada recompensa a un duro día de pastar y pastar por el Parque Nacional.

Este es el momento en que cada uno puede dirigirse a su elefantito, conocer a su cuidador y estar el tiempo que quiera con él a solas, viendo como come, interactuando con ellos (siempre y cuando ellos se acerquen a ti, tu no puedes tocarlos si ellos no lo hacen primero) compartiendo un tiempo precioso con ese pequeños gigantes que tuvieron la gran suerte de llegar aquí cuando, por desgracia, muchos otros cachorros de elefante que se quedaron huérfanos por culpa de los jodidos cazadores furtivos no lo lograron.

No cabe decir que nos quedamos hasta que cerraron el centro, embobados con Mapia, y conociendo otros elefantes que igual engordarán a nuestra pequeña gran familia de elefantes apadrinados y es que si fuera por nosotros ayudaríamos a todos y cada uno de estos animales a poder volver al lugar donde deben estar: a la libertad.

Con todo, nuestro primer día llegaba a su fin, solo nos tocaba volver al hotel y esperar que nuestros compis de aventura llegaran para ya mañana, ahora si, ponernos a andar.

Sin duda había sido un gran acierto pasar nuestras primeras 24 horas de este viaje en Nairobi y es que apenas acabábamos de llegar y ya teníamos en nuestro haber unos de los momentos más emotivos que podíamos imaginar y si, esto recién empezaba.

Ya sabéis como funciona: Seguimos!!


DATOS PRACTICOS

· Dónde dormir en Nairobi. Nuestras dos primeras noches en Nairobi las dormimos en el alojamiento que Udare, la agencia con la que habíamos contratado el Safari por Kenia, nos había reservado y, la verdad, nos encantó.

Situado a las afueras de Nairobi, justo en los limites del Parque Nacional del mismo nombre, es un recinto lleno de arboles y jardines por donde te vas encontrando faisanes, gallos y otras aves y con distintos tipos de habitación para todos los gustos, desde tienda de campaña ya montadas con su terrazita a habitaciones o incluso zona de acampar. Además tiene un bar-restaurante donde poder empezar a beber una Tusker tras otra mientras esperas el momento de empezar el Safari o, si Nairobi es tu parada final, de volverte a casa con el saco lleno de momentos para compartir. 100% recomendable.

· Dónde cambiar dinero en Nairobi. A pesar de que en el aeropuerto el cambio no es tan malo como lo acostumbra a ser en la mayoría de aeropuertos del mundo, sigue siendo peor que en las casas de cambio que hay esparcidas por la ciudad así que lo mejor es cambiar poco al llegar y luego, con la calma, ir a alguna de ellas. De todas formas no cambiéis todo vuestro dinero: En Nairobi el cambio es más malo que en cualquier otro lugar del país. Avisados estáis.

· Que tarjeta SIM comprar. Hay varios operadores telefónicos en Kenia pero el que se lleva casi todo el mercado es Safaricom. Nosotros compramos una tarjeta con ellos de 7,5 gigas por 1.800 KES (menos de 20€) y nos duró todo el viaje y tenía cobertura incluso en la mayoría de Parques Nacionales así que podemos decir que hicimos una muy buena elección.

· Como moverse por Nairobi. Como os he dicho fuimos todo el día en Taxi y sacamos el contacto de Mr. Mwangi de la web de Callejeando por el Mundo y la verdad que a pesar de haber tenido que esperarlo en algún momento que otro podemos decir que muy bien. El teléfono para si queréis poneros en contacto con el por Whatsapp es el +254 722 34 21 48.

Por todo el día entero con nosotros, desde las 10 de la mañana hasta las 18 nos cobró 70US$.

Después de nuestro segundo encuentro con Mapia, tuvo un pequeño problemilla con el trafico de la ciudad y mandó a un colega suyo a recogernos para que no nos quedáramos tirados dentro del Parque Nacional de noche cuando todo el mundo ya se había ido y este no tardó ni un segundo en darnos su tarjeta por si volvíamos a necesitar de los servicios de un Taxi en la Nairobi. Estuvimos poco con él pero la verdad es que nos dio buen rollo. Su nombre es Allain y su teléfono el +254 721 19 62 01. Si vais con él ya me diréis que tal.

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