14 de agosto de 2018

El Valle del Rift.

Hay nombres que con solo escucharlos trasladan a tu mente grandes aventuras de esos tiempos lejanos en los que viajar era mucho más que buscar un vuelo barato en Skyscanner y darle a comprar sino que era una forma de vida y, en muchos casos, de muerte.

El Valle del Rift es, sin duda, uno de ellos, y es que la gran falla tectónica que recibe este nombre cruza gran parte del África oriental a lo largo de 4.830 kilómetros, desde Yibuti hasta Mozambique, por alguno de los parajes donde se escribieron las paginas doradas de la exploración de este continente.

Y es aquí donde estábamos ahora, en una fría mañana del mes agosto, con esa inmensidad en frente nuestro, a medio camino entre Narobi y Nakuru, a punto de empezar nuestra aventura por algunos de los Parque Nacionales más importantes de Kenia, una aventura que, lo reconozco, poco o nada tiene que ver con las que aquí se vivieron hace algunos siglos pero que, al fin y al cabo, era nuestra aventura, nuestra primera aventura africana.

Y como no, toda gran aventura tiene un comienzo y la nuestra había empezado apenas unas horas antes cuando Colleta, la guía tanzana de Udare que nos acompañará durante los próximos días y Bonny, nuestro conductor, se nos presentaban en el Wildebest Eco Camp de Nairobi durante el desayuno para empezar a hablarnos de los lugares que visitaremos y dar, de esta manera, el pistoletazo de salida a nuestro Safari por los Parque Nacionales del país.

Ahora si, toca darle caña a esto.

Parque Nacional del Lago Nakuru

A partir de este punto, la carretera que nos lleva hasta Nakuru ya se mete de lleno en el fértil valle y lo va remontando, primero a los pies del Monte Longonot, un volcán inactivo que preside toda esta parte del Valle del Rift, hasta llegar al Lago Naivasha, mientras que, por delante nuestro, ya empiezan a desfilar los primeros paisajes que todos tenemos, inconscientemente, asociados a África: verdes e infinitas praderas salpicadas de acacias y en dónde, a lo lejos, ya se pueden distinguir las primeras manadas de cebras, jirafas y antílopes, un pequeño aperitivo de lo que vendrá después pero que hace especial ilusión ya que uno cuando viene a estos sitios, por mucho que hayas leído, por muchos documentales que hayas visto, siempre tiene esa incerteza que solo se despeja cuando te das cuenta que si, que después de tantos preparativos, de tantos nervios, ya as llegado a tu destino y es que esto que va desfilando al otro lado de tu ventanilla es África: el lugar dónde quieres y donde tienes que estar.

Unas 3 horas más o menos separan Nairobi de Nakuru, la cuarta ciudad más grande de Kenia, tierra Kikuyu y en donde nosotros llegamos hacía las 15 de la tarde después de pasar por el que sería nuestro alojamiento durante la noche de hoy, el Punda Millas Nakuru Camp.

Si a tocar de Nairobi encontramos el Parque Nacional del mismo nombre, aquí en Nakuru, justo al lado de la misma ciudad, encontramos el Parque Nacional del Lago Nakuru. Esto, en Europa ,sería impensable pero aquí es una muestra más de que la mayoría de estas ciudades hace poco más de un siglo ni existían, como mucho eran pequeñas aldeas y en Nakuru pasa exactamente lo mismo: fue fundada en 1902 cuando colonos ingleses, atraídos por las fértiles tierras del Valle del Rift, se instalaron en ellas y empezaron a desarrollar una intensa actividad agrícola utilizando, claro está, la mano de obra local. Por ese motivo las ciudades conviven con los Parques y no es nada difícil ver por los alrededores de estas animales salvajes, aunque los que se llevan la palma son los enormes babuinos, que ya han aprendido que si hay humanos hay mierda y allí están ellos para comerse todo lo que dejemos.

Pero por supuesto no hemos venido aquí ni para ver ni para hablar de la ciudad sino de su Parque Nacional y del enorme lago que hay en él y al que se llega por una larga avenida: es muy curioso como pasas de repente de una calle atestada de tiendas que venden sofás, estanterías o neumáticos a un Parque Nacional en donde viven, entre muchos otros animales, rinocerontes, leones o búfalos pero así es y aquí estamos ya, a las puertas del Parque y con el techo de nuestra minivan levantado para no perdernos detalle de lo que nos encontremos en él.

Este Parque Nacional se fundó en los años sesenta y durante muchos años ha sido especialmente famoso por las grandes grupos de flamencos que poblaban sus aguas llegando a juntarse en ellas más de 2.000.000 de estas aves que creaban un manto rosa que ocupaba prácticamente la totalidad del lago. De hecho, si aún hoy en día ponéis en Google Nakuru las primeras imágenes que os aparecerán serán precisamente estas pero siento deciros que, amigos, eso es ya historia.

El motivo? Pues el de siempre, el cambio climático y es que las fuertes lluvias que han caído en la última década ha hecho que la superficie del lago aumente enormemente y con ello la concentración sódica de sus aguas pues ha disminuido. No falla, más agua pero la misma sal, pues menos sal por agua. El problema es que las diatomeas, las algas de las que se alimentan los flamencos, necesitan una concentración de sal más elevada que la que se consigue con los niveles actuales del lago con lo que las enormes colonias de flamencos han emigrado a otros lagos como el Magadi o sobretodo el Natrón, ya en Tanzania, aunque ni allí se pueden ver ya esas imágenes de millones de flamencos juntos. Una autentica pena, la verdad.

Aún así, los 180 km2 que tiene el Parque Nacional albergan muchos otros secretos para descubrir y una pista que lo rodea por completo es el itinerario perfecto para hacerlo y en la que entramos con un objetivo muy claro para el día de hoy: ver a uno de los Big Five más difíciles de ver en Kenia, el rinoceronte, y es que la caza furtiva ha hecho estragos en la población de estos animales y si hace unas décadas eran más de 20.000 rinocerontes los que campaban a sus anchas por los espacios naturales del país, esta población llegó a quedarse en poco más de 400 y aunque los esfuerzos para su conservación han hecho que la población de estos animales repunte un poco siguen estando en grave peligro y de entre todos los Parque Nacionales del país aquí, en Nakuru es donde más probabilidades hay de verlos así que este era nuestro objetivo principal para esta primera tarde de Safari.

Esos primero momentos de un Safari he de reconocer que son una puta locura y es que no sabes donde mirar ni que hacer: como se verán los animales? Estarán cerca? Se irán en cuanto escuchen el motor del coche? Se verán muchos? Pocos? Joder venga va que me estoy volviendo loco!! Pero por suerte todas esas dudas se disipan a los pocos momentos de empezar.

Los primeros en aparecer fueron los monos, en concreto los graciosos vervets, con la cara negra y los huevos azul chillón y sobre todo los babuinos, en enormes grupos donde los pequeños jugaban entre ellos, las madres amamantaban y acicalaban a sus hijos y los enormes machos contemplaban la escena totalmente al margen, altivos, demostrando quien manda en toda esta película y no se movían apenas ni para que pasara nuestra furgoneta. Y diles algo: un bocado de uno estos te debe hacer polvo. Que va, que va.

Después aparecieron las cebras, a patadas, en grupos grandes y pequeños, con sus crías marrones y en general muy expectantes y es que es curioso como se ponen para protegerse de los depredadores: si ves un grupo de ellas, nunca dos cebras están mirando el mismo sitio sino que en direcciones opuestas para controlar si alguien se acerca y es que la vida en la sabana poco tiene de la imagen de dulzura que todos tenemos en la cabeza, esto es pura supervivencia y aquí todo se basa en eso para la gran mayoría de animales, en sobrevivir un día más.

Los primeros grupos de impalas tampoco tardaron en hacer acto de presencia, también en grandes grupos aunque de vez en cuando te encontrabas algún macho solitario, con su enorme cornamenta, pagando el precio por haber desafiado la jerarquía de la naturaleza y con ellos los primeros búfalos en la distancia.

Esto era un Safari, ahora ya lo sabíamos.

El Lago Nakuru, por uno de sus costados, los cierra unos acantilados que caen a plomo sobre él y encima de ellos es desde dónde se tienen las mejores vistas de todo el Parque y es solo cuando llegas allí y te bajas del coche por primera vez que te das cuenta del tamaño real que este tiene. Justo a tus pies, se extienden las orillas del Lago, pobladas por búfalos, algunos de ellos en remojo y otros animales pastando, ajenos al grupito de guiris que les está observando desde las alturas, realmente una de las mejores imágenes que te puedes llevar de aquí. A decir verdad, aunque nuestro objetivo seguía siendo el mismo, ver al rinoceronte, nosotros ya estábamos en una nube y es que los paisajes de los Parque de Kenia tienen algo de embriagador, de excitante y eso que aún no sabíamos lo que nos esperaba a continuación y es que a partir de este punto, chicos, todo se convirtió en una puta locura. Una bendita locura.

Y es que primero aparecieron las jirafas cuando ya el sol empezaba a caer y, con él, el intenso calor que hacía. Además tuvimos la suerte de que eran jirafas de Rothschild, una subespecie que solo teníamos la oportunidad de ver aquí pero es que al poco tiempo, en una curva del camino, ya a orillas del lago, cuando el denso bosque se abre para dar paso a una zona más despejada y solo poblada por solitarios arboles las vimos a ellas, a apenas 15 metros de nosotros, encima de una árbol. No nos lo podíamos creer, dos leonas trepadoras, allí, a tocar. Distinguíamos su respiración agitada y el tiempo se detenía cuando decidían obsequiarte con una mirada, siempre breve, y cargada de indiferencia y es que no cabía duda que nosotros eramos los que estábamos de más en esa imagen, ese era su territorio y nosotros simples invitados.

No se cuanto rato estuvimos allí, ni me importa, en verdad, y es que estos momentos son sencillamente eternos. Esos momentos por los que valen la pena todos los esfuerzos que hacemos en nuestra vida diaria para poder viajar, para poder llenar nuestro baúl de estos minutos o a veces simples segundos pero que duran una vida entera.

Obviamente, la presencia de dos leonas trepadoras a pocos metros del camino llamó la atención de otros 4×4 y que, además, nada más llegar avisaban por radio a los otros conductores lo que creó un momento bastante desagradable ya que en apenas unos 15 minutos pasamos de estar nosotros solo junto a dos coches más y las leonas a una docena de vehículos intentando pillar un buen angulo para la foto con lo que decidimos que nuestro tiempo junto a ellas había terminado y continuamos nuestro camino.

Pero es que la fiesta no había terminado, para nada.

Teníamos un objetivo por cumplir, recordar, y con el subidón que llevábamos encima no teníamos duda que lo íbamos a lograr y es que además el terreno por el que ahora andábamos, a orillas del lago y con extensas franjas de sabana era propicio para ello y, efectivamente, así fue.

Y es que esa hora que vivimos desde ese momento fue el éxtasis total, y por mucho que escriba no conseguiré transmitir lo que pasó en esa furgoneta porque fue mágico y abrumador al mismo tiempo, llegando incluso a apabullar, a perder la noción de lo real e irreal. Locura nivel dios.

A lo lejos, la sabana, dorada bajo los débiles rayos de sol del atardecer salpicada de enormes manchas negras: Búfalos, cientos de ellos lo cubrían todo creando una estampa casi onírica y allí, entre ellos, dos enormes manchas grises ajenas a todo lo que les rodeaba, con la tranquilidad de saberse a salvo ya que no existe depredador que pueda con ellos: dos enormes rinocerontes blancos.

Los teníamos allí, junto con otro de los conocidos como los Big Five, los cinco animales más preciados por todos cuando se va de Safari: el león, el leopardo, el elefante y los dos que teníamos en frente, el búfalo y el rinoceronte.

Otra media hora de ensueño, viendo esas enormes criaturas, que pueden llegar a pasar más de 2.000 kilos, y con los colores del atardecer haciendo de las suyas, estábamos flotando.

Pero es que por si fuera poco, de repente, detrás de la manada de búfalos, dos manchas claras se acercan como a escondidas, calculando bien sus pasos: dos hienas manchadas, algo muy difícil de ver aquí en Nakuru, hacen acto de presencia y avanzan esquivando los enormes animales hasta cruzar la carretera hacia una manada de cebras. Al final fueron cuatro de estos curiosos animales los que vimos, y solo era la primera tarde de Safari.

Con todo, la hora de estar fuera del Parque se acercaba y es que a las 18:30, o eres de los pastosos que te puedes permitir dormir en alguno de los Lodges de dentro del mismo Parque o tienes que estar fuera así que tocaba retirada aunque oye, ahora que lo dices, vamos a hacer una cosa, pero rápido, tiene que ser muy rápido que sino nos multarán, vamos a acercarnos a la orilla del Lago que creemos que hemos visto algunos flamencos y así nos podremos despedir con una bonita imagen de Nakuru, que decís??

No hace falta decir que al momento hicimos un giro de 180 grados y empezaron los 15 minutos más divertidos y emocionantes que recuerdo haber vivido de viaje y es que los búfalos y las cebras se repartían a banda y banda, cruzándose en nuestro camino cada dos por tres, mientras una impresionante puesta de sol africana empezaba a teñir todo de unos colores nunca vistos. Era un constante mira aquí y mira allá, sin dar abasto, cuando de repente, sin habernos dado cuenta ya que estábamos entretenidos con el sinfín de animales que teníamos delante nuestro levantamos la cabeza y vimos como enfrente nuestro, a lo lejos, un manto rosa reposaba en las tranquilas aguas del Lago Nakuru mientras en las orillas de este una decena de rinocerontes blancos pastaba tranquilamente para despedir un día que ni en nuestros mejores sueños hubiéramos imaginado.

Y fue de esta manera, bajados del coche viendo este espectáculo en frente nuestro, como pusimos el punto y final a este primer gran día de Safari y teniendo la absoluta certeza de que si amigos, esto es África.

Seguimos!

DATOS PRACTICOS

· Dónde dormir en el Lago Nakuru: Para nuestra primera noche de Safari, Udare nos había reservada una fabulosa tienda en el Punda Millas Nakuru Camp, a unos 30 minutos de la entrada del parque. Antes de llegar estábamos ansiosos por ver que nos encontraríamos y la verdad es que lo que vimos nos tranquilizó, y mucho. Se trata de una tienda, si, pero para nada es la imagen que muchos de nosotros tenemos en la cabeza. Estás tienen hasta puerta, una cama enoooorme con una mosquitera para mantener a ralla o los mosquitos que, a decir verdad, poco molestan en estas fechas y una ducha de agua caliente al aire libre que entra de lujo para quitarte los kilos y kilos de polvo con los que llegas del Safari. Muy recomendable.

• Consejos para visitar el Lago Nakuru: Una cosa que nosotros echamos de menos para la época en que estábamos fue algo más de ropa de abrigo y es que hemos de tener en cuenta que estamos en el invierno del hemisferio sur y además Nakuru está a una altura considerable con lo que aunque no haga un frío como el que nosotros estamos acostumbrados a sufrir en Barcelona si que si vas con poco ropa de abrigo algo de rasca vas a pelar. Tampoco os llevéis un plumas pero una chaquetilla no os sobrará.

· Animales vistos en el Lago Nakuru:

Rinoceronte blanco (BIG FIVE)
León (BIG FIVE)
Búfalo (BIG FIVE)
Babuino
Jirafa de Rothschild
Impala
Hiena
Vervet Caranegra
Cebra
Eland
Dik Dik
Kobo de Agua
Flamencos
Pelicano

10 pensamientos

      1. Nosotros estuvimos este año en Tanzannia: kilimanjaro -Tarangire – ngorongoro – Serengueti y luego volamos a ver los gorilas en Rwanda. Fue el viaje de nuestra vida. La primera vez en Africa y no pudo ser mejor. Y no va a ser la última.

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