18 de agosto de 2018

Existe una isla que no es isla, en el Lago Naivasha, en pleno Valle del Rift, donde jirafas y cebras, gacelas y antílopes, ñus y kobos de agua, viven con la tranquilidad de saberse libres de depredadores y en donde uno puede caminar entre ellos y observarlos de cerca, sintiéndose uno en un jardín del Edén, aislado del mundo, en perfecta armonía con la naturaleza.

Este lugar se llama Crescent Island y se trata de una lengua de tierra en forma de luna creciente (de ahí su nombre) que sobresale de las aguas del Lago Naivasha y en donde desembarcamos después de un corto trayecto en lancha en el que tuvimos que sortear enormes hipopótamos que le daban el toque de adrenalina a la actividad de hoy. No en vano, el hipopótamo es el animal que más muertes causa en África (después del mosquito, claro) y sin ir más lejos, hace menos de una semana un turista chino murió en este mismo lago al acercarse demasiado a uno de estos animales para sacarse una jodida foto y es que a pesar de ser vegetarianos, los hipopótamos son muy pero que muy territoriales y si te pasas de la ralla, van a por ti. Nada que no se pueda evitar con un poco de sentido común, claro está, pero parece que ese chino carecía por completo del menos común de los sentidos.

He de reconocer que la tarde en el Lago Naivasha, de todo el planning que teníamos preparado, era el que menos ilusión me hacía y es que lo veía más como una actividad de relleno que como algo que me pudiera marcar de verdad y es que Naivasha se encuentra en una posición estratégica para todos aquellos que vienen de Masai Mara y se van hacia los parques del sur como Amboseli o Tsavo, como es nuestro caso. De esta manea acortas el trayecto que de lo contrario sería tragarse más de 10 horas de carretera seguidas así que allí nos veis a nosotros, desembarcando en un tramo de orilla despejado de vegetación que hacía de embarcadero improvisado y con la promesa del tío de la lancha de venir a recogernos en un par de horas.

  • Pero, y que haremos dos horas aquí??

Y es que aún no sabíamos lo que nos esperaba detrás de esa colina que teníamos en frente pero solo os digo que, 2 horas después, cuando subíamos de nuevo a nuestra lancha todos eramos de la misma opinión: ojalá nos pudiéramos quedar aquí muchas más horas, incluso días.

Y os voy a contar el porque.

Imaginaros estar en la alto de una verde colina y que, enfrente vuestro, se abra una enorme pradera que termina en la misma orilla del Lago Naivasha, que pone sus aguas de telón de fondo, y que en estas praderas pasten tranquilamente manadas de jirafas, de cebras, de ñus, de impalas, de gacelas de Thomson, de Grant. Además, desde hace tiempo, los leopardos, que también antes poblaban sus arboles, no se dejan caer por aquí dada la cercanía de la ciudad con lo que los animales pastan aún más tranquilos si cabe, se saben seguros, al menos de día y es que si que hay un depredador que acecha por la noche: las hienas.

Esta seguridad hace que uno se pueda acercar hasta puntos que no imaginarías, sobre todo a las jirafas, nuestro primer objetivo y que se divisan fácilmente en la distancia, a orillas del lago, unas comiendo tranquilamente de alguna de las acacias que pueblan la costa del este, otras tumbadas en el suelo con la cabeza erguida.

Y aquí reconozco que vivimos uno de los momentos mágicos del día e incluso del viaje: no siempre uno puede acercarse a escasos 3 o 4 metros de un animal de estos y observarlo en toda su majestuosidad, sintiéndose uno parte de todo esto. Solo estábamos allí como observadores, no tomábamos partido en el asunto pero era como estar metido de lleno en un mundo que no es el nuestro y en el que solo se respiraba paz. Un momentazo en mayúsculas que por mucho que intente describir no se acercaría a la realidad pero solo os digo que los cinco teníamos una sonrisa en la cara de oreja a oreja y es que hasta Colleta, que a saber la de veces que habrá andado por aquí, se le iluminaba la cara. Que suerte poder trabajar de lo que te gusta y apasiona, y eso, a ella, se le nota a leguas, la verdad.

No se cuanto tiempo estuvimos entre jirafas, pero desfilaron por delante nuestro unas cuantas, desde pequeñitas que aún conservaban el cordón umbilical a grandes machos adultos y todo en perfecta sintonía. Aún hoy, escribiendo esto, lo recuerdo y me aparece una sonrisa.

A partir de aquí el plan no era otro que el de disfrutar del momento y del lugar y poner todos los sentidos en ello, paseando por la orilla del lago, a una distancia prudencial, eso si, ya que no podemos olvidar quien habita sus aguas.

Uno a uno fueron desfilando por delante nuestro las distintas manadas de animales, algunos más asustadizos que otros, unos más cerca que otros, claro está, pero no importaba, estábamos allí en medio y eso no tenía precio.

Como cuando de repente, mientras observábamos un grupo de pelícanos levantar el vuelo, desfilaron delante nuestro una enorme familia de cebras a escasos metros del lago, creando una composición mágica de colores con las tranquilas aguas del reflejando la luz del sol que ya empezaba a caer, o como cuando empezaron a correr como si no hubiera un mañana una enorme manada de gacelas de Thompson, posiblemente más de 100, de un lado para otro, a escasos metros de nuestros morros, mientras nosotros no podíamos hacer más que mirar con la boca abierta mientras soltábamos un unísono -ohhhhhh.

Espero que podáis entender el porque las dos horas se nos hicieron cortas y cuando subíamos de nuevo a la lancha para irnos nos queríamos quedar y si aún con esto no lo entendéis solo puedo deciros que vayáis, que incluyáis el Lago Naivasha en vuestro itinerario por Kenia y luego me contáis, os doy mi palabra de que no os arrepentiréis.

Nosotros, después de una vuelta en lancha en la que los hipopótamos ya empezaban a activarse con lo que sobrábamos por allí, pusimos rumbo al hotel aún con la cara de tontos dibujada y con la certeza de que aquí, en Kenia, ningún día está para rellenar. Todos suman.

Nosotros ya sabéis: seguimos!

Mañana nos espera nada más y nada menos que el Parque Nacional de Amboseli. Casi nada.

Los 4 fantásticos

DATOS PRACTICOS

· Dónde dormir en el Lago Naivasha: Después de 4 días seguidos durmiendo en Tented Camps, para nuestra noche en el Lago Naivasha, Udare nos alojó en el Lake Naivasha Panorama Park, un hotel hecho y derecho como a los que estamos acostumbrados, con sus habitaciones y demás. La idea es buena ya que de esta manera te puedes tomar un respiro y tener algunas comodidades que en los Tented igual no tienes aunque si os digo la verdad, no tiene ni la mitad de encanto.

Eso si, para enchufar todos los gadgets a cargar a discreción, ducharte con el agua ardiendo sin remordimiento de conciencia o no tenerte que preocupar en exceso de visitas nocturnas inesperadas si que hace el hecho.

Solo tiene una pega, eso si, y es un pega enorme: No sirven bebidas alcohólicas, ni en el bar, ni el restaurante, y claro, comentar el día sin las Tusker de rigor, pues como que uno se siente huérfano.

· Consejos para visitar el Lago Naivasha: A pesar de que, con todo, en Crescent Island solo estás un par de horitas, no mucho más, en este par de horitas puedes pasar de tostare bajo un sol de justicia a verte inmerso en el diluvio universal y es que esta zona del país es muy propensa a los cambios bruscos de tiempo y sobretodo en esta época con lo que ni dudéis en llevar un poco de todo: desde protector solar a un chubasquero para la lluvia y lo más importante de todo, repelente para los mosquitos. Hay miles cuando empieza a caer el sol.

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