15 de Octubre de 2017

Para la gran mayoría de la gente, Teguise, es el pueblo más bonito de Lanzarote. No en vano posee el más importante conjunto de patrimonio arquitectónico de toda la isla debido, principalmente, a que el pueblo fue la primera capital de la isla, desde el siglo XV hasta mediados del XIX, lo que lo dotó con un rico patrimonio en forma de iglesias, palacetes y edificios monumentales que hacen de Teguise lo que hoy es.

Y si a la palabra Teguise le juntas la palabra domingo, pues entonces ya sí que se convierte en un imprescindible y es que, los domingos, se celebra el mercado artesanal más popular de la isla en sus calles y nosotros, como no podía ser menos, hacia allí que nos dirigimos.

Teguise y su mercado artesanal

Lo que pasa es que nos dirigimos hacia allí nosotros y todos y cada uno de los turistas que hay en la isla y ya no solo es la caravana que a las 10 de la mañana uno se marca para llegar allí, no, luego es aparcar, aunque para eso los habitantes del pueblo han encontrado una solución perfecta para los turistas y para su bolsillo: tengo un descampado? Pues monto un parking.

Y tranquilos, no hace falta que los busquéis, si se ven a quilómetros y es que a lo largo de la carretera no haréis más que ver individuos con chalecos reflectantes haciéndote señas para que aparques en su terreno. La verdad es que me parece de puta madre, además es barato (1,80€ toda la mañana) y así ellos también se sacan unas perrillas. Eso sí, no os metáis en los primeros que encontréis o tendréis que patear la de dios, seguir hasta casi el centro del pueblo y en el que quede más cerca, meterlo allí.

Nosotros llegamos temprano, como a las 10, y ya estaban sus calles inundadas de gente pero es que en un par de horas eso se pondría a reventar así que os recomiendo que, si queréis disfrutar un poco con la calma, madrugar.

Por lo que respecta a Teguise, la verdad es que el pueblo es de postal, de un blanco impoluto, con sus calles adoquinadas, sus palacios, sus encantadores rincones. Aunque a decir verdad, en mi opinión, se merece una visita por sí solo, me explico. Mucha gente, incluidos nosotros, aprovechan el día de mercadillo para matar dos pájaros de un tiro y, a toro pasado, mi opinión es que el mercadillo no deja que se descubra, y disfrute, como se merece este precioso pueblo. Que para hacerse una idea ya sirve, ojo, pero creo que se merece más, ya que el mercadillo queda por sobre de todo los domingos, y el hecho de que haya tanta gente en él pues aún mayor motivo para venir otro día. Nos lo apuntamos para la próxima.

Y en cuanto al mercadillo en sí, está claro, si os gustan los mercados artesanales en él vais a disfrutar, es inmenso, en cada calle hay movidas, puedes comprar de todo, desde artesanía típica, vinos de la isla, unas bravas a euro o un mojito recién hecho. Lo que quieras, lo encuentras. Así que si, también es una visita imprescindible pero sabiendo a lo que se viene, y teniendo claro que, solo, lo que se dice solo, no estaréis.

Castillo de Santa Barbara y Museo de la Piratería

Nosotros con la tontería un par de horitas dando vueltas estuvimos y cuando ya empezaba a venir demasiada gente para mi antisocialidad, cogimos de nuevo el coche y nos fuimos, aunque cerquita, ya que nuestra siguiente parada, y una de las que más ganas tenía, era el Castillo de Santa Barbara, que controla todo el pueblo desde lo alto de una colina y donde, hoy en día, encontramos el Museo de la Piratería y eso, un servidor, no se lo podía perder.

Ya solo el lugar donde está situado, en la cumbre del volcán de Guanapay, dentro del Castillo de Santa Barbara, ya hace que venir hasta aquí valga la pena, aunque sea solo por las vistas pero ya no solo eso, y es que es muy representativo que el Museo de la Piratería se encuentre en una fortaleza construida, principalmente, para poderse defender de esta y es que, no olvidemos, debido a su posición, en una encrucijada de las rutas americanas, africanas y asiáticas, las Islas Canarias fueron un escenario propicio para la piratería y fueron muchos los saqueos que tuvieron lugar aquí. Además, recordar que para aquella época Teguise era la capital con lo que es donde se acumulaban las mayores riquezas.

El museo te habla, en orden cronológico, de los distintos ataques que tuvieron lugar en las islas y te va mostrando los Piratas que los llevaron a cabo. Sorprende ver que piratas del renombre de Sir Francis Drake o Le Clerc tuvieran etapas de su vida escritas aquí. Si eres un friki como yo de este tema te gustará el museo, si no lo eres, te gustarán las vistas. Conclusión: ven. Además la entrada son 3€, así que no te arruinaras, va.

La Caleta de Famara

Y después de hacer un poco el friki, pues tocaba comer y, aprovechando que era mi cumpleaños (si, si, gracias, gracias, sois muy amables por vuestras felicitaciones) decidimos comernos un buen arrocito en un lugar que aún no habíamos visitado: La Caleta de Famara.

Este pueblo está situado en el mismo municipio de Teguise y es su salida al mar por el norte de la isla. La verdad que llevábamos días oyendo hablar de él y ya teníamos ganas de acercarnos aunque, desgraciadamente, el día mucho, no acompañaba. Al menos para playear, que era nuestra idea pero nada ni nadie nos iba a joder nuestra comida así que al lío, que ya hay hambre.

Una de las cosas más bonitas de la Caleta de Famara es su ubicación, y es que tiene como telón de fondo los Riscos del mismo nombre (arriba de los cuales encontramos el mirador del Río) y que aún conserva ese aire salvaje que en otros lugares ya no hay. Sus calles siguen siendo, en la mayoría de los casas, de arena, y las que son asfaltadas, debido al viento omnipresente del lugar, parecen sacadas de una película del oeste con mini dunas en plazas de aparcar.

Aquí el aire que se respira es un aire distendido, y el ambiente tiene una mezcla entre marinero y surfero que la verdad llama mucho la atención. También tiene una playa cojonuda de arena fina pero lo que os comentaba antes, el fuerte viento que siempre sopla hace que sea el paraíso para los amantes de los deportes acuáticos no para los que gusten de quemarse al sol.

Pero conociendo ya prácticamente toda la isla, creo que este lugar, junto con donde estamos nosotros, puede ser un muy buen sitio para quedarse y visitar desde aquí todo lo demás. Además apartamentos no faltan y en Airbnb los encontrareis a patadas. Nosotros la próxima vez que vengamos nos quedaremos aquí y ya os diremos si preferimos esto o El Golfo, ok?

Para comer elegimos uno que nos recomendó nuestra anfitriona, El Sol, en primera línea de mar, y la verdad es que la clavamos, como nos acostumbra a pasar. Eso sí, hoy barato no fue, pero, al ser mi cumpleaños pues dale venga, a tirar la casa por la ventana, y al final ni eso eh, que pagar 90€ por un arroz caldoso con Carabineros, con sus entrantes, su vino, sus postres, carajillos y demás, y todo eso en un lugar como este, pues la verdad, no me parece caro, pero eso ya va a gusto de cada cual, yo lo que sé es que terminamos como reyes y os lo tengo que recomendar.

Lagomar o la Casa de Omar Shariff

Y con todo ya, poco a poco, nuestra última noche en la isla se acercaba y no podía ser que nos fuéramos de ellas sin un poco de periqueo con lo que decidimos ir a cambiarnos para luego tomarnos algo en un sitio del que nos habían hablado muy bien: la antigua casa de Omar Shariff.

Situada cerca de Teguise, en el pueblo de Nazaret, durante el día es un museo donde puedes ver los sorprendentes rincones de esta pedazo de casa que tenía el amigo Omar aquí en Lanzarote y que, según dicen, perdió jugando al Bridge el campeón.

Nosotros la verdad es que no entramos, sino que nos esperamos a que abrieran el bar La Cueva, situada en la piscina de la mansión, y nos tomamos unos pelotazos mientras se ponía el sol. La verdad es que el lugar merece la pena, aunque las clavadas que te meten por las copas igual son algo excesivas. También hay un restaurante pero, para mi opinión, con la de sitios que hay en Lanzarote baratos para comer, gastarse una pasta por estar donde está no nos vale la pena.

Y ahora ya si, después del copeo tocaba cenar y la verdad es que nos salió el tiro por la culata ya que si bien nuestra intención era ir a Teguise a hacerlo, concretamente a La Cantina, al llegar nos encontramos con todos los restaurantes llenos a petar con lo que terminamos comiéndonos una pizza (muy rica por cierto) en un italiano de la plaza, el sabio, y donde por 20€ nos pusimos a reventar. No era nuestra idea comernos una pizza cuando la comida canaria nos chifla como lo hace pero era eso o nos quedábamos sin cenar y la verdad, tan a gusto.

Y ahora ya si, llegó nuestra última noche en la isla. Y aunque aún nos quedaba medio día mañana, el bajón ya empezaba a asomar. Es lo que tiene cuando las cosas te gustan y estas bien, que todo pasa volando.

Pero bueno, esto es viajar, mientras tanto, nosotros, seguimos!

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