19 de agosto de 2018

Domingo.

El día del señor.

En algún lugar indeterminado del sur de Kenia, a unos 80 kilómetros al norte del Parque Nacional de Amboseli, en medio de la nada más absoluta, una pequeña construcción de chapa hace las funciones de iglesia.

Dentro no cabe ni un alma más.

Hoy es el día que en África no puede faltar ir a pasar cuentas con quien se crea que se tiene que pasar cuentas y para eso se ponen sus mejores galas.

Desde la ventanilla de nuestra furgoneta los vemos bailar a todos en su interior, llevarán horas ahí dentro y seguro que aún les quedarán muchas más.

En esta parte del mundo se ha de creer en algo, y se ha de creer muy fuerte.

Para un matrimonio y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña, en cambio, es la hora de irse. Quien sabe cuanto trozo deberán andar para llegar de nuevo a sus hogares.

El niño va vestido con un traje sin conjuntar, corbata incluida y la niña va vestida de princesa.

Van jugando adelantados de sus padres mientras por detrás, a escasos metros de ellos, dos jirafas comen tranquilamente de una acacia. Ni los niños miran a las jirafas, ni las jirafas a los niños. Se tienen muy vistos ya.

Más adelante una manada de cebras intenta rascar algo de donde no hay mientras unas gacelas de Thompson se dan por vencidas y se retiran cabizbajas hacia otro lugar.

Este es el paisaje en esta parte de África, dónde animales, personas y sus dioses conviven un día más, mientras nosotros devoramos kilómetros hacia nuestro próximo destino: el Parque Nacional de Amboseli.

El Parque Nacional de Amboseli

Este Parque es el segundo más visitado del país y es así principalmente por una razón: desde él se tienen las mejores vistas, con diferencia, del Monte Kilimanjaro, en Tanzania, la montaña más alta de África con 5.895 msnm, y que se encuentra a muy pocos kilómetro de aquí. Lo que pasa es que con esta montaña pasa algo similar a lo que pasa con el esquivo leopardo, es decir, se ve cuando a ella le da la real gana y es que está casi perpetuamente envuelta en una enorme nube y hoy, por lo visto, no iba a ser la excepción. De momento, tocará esperar.

A decir verdad, nuestra entrada al Parque fue de todo menos motivante y es que nada más entrar, lo primero que nos encontramos fue una extensión enorme de tierra seca donde pastaban enormes rebaños de vacas y cabras vigiladas por masais digamos que poco amigables.

El motivo es que el clima de este Parque es de una enorme sequedad, igual que en los alrededores y eso hace que a veces se salten las prohibiciones de entrada al Parque aún a riesgo de que las autoridades los multen aunque a decir verdad, quien nada tiene, nada teme.

De hecho, Amboseli significa en la lengua Masai viento del diablo debido a los torbellinos de viento que, de repente, se levantan en cualquier punto del Parque y que son provocados por la enorme sequedad y el tremendo calor que aquí cae a plomo.

Y ahí nos veis, entrando en un Parque en donde la principal estrella es una montaña que para nada parece que vaya a aparecer, circulando entre rebaños de animales domésticos y con torbellinos a ambos lados de la pista por la que circulamos. Muy poco alentador, verdad?

Pero a estas alturas ya empezamos a saber que África nunca decepciona y a medida que nos adentramos en el Parque, poco a poco, el paisaje va cambiando. Las praderas amarillo seco se van convirtiendo en verde primavera y las primeras cebras y ñus empiezan a hacer acto de presencia.

Es increíble como, en apenas una decena de kilómetros puede cambiar tanto el paisaje pero aquí, en África, todo es posible, eso ya lo sabemos.

Y entonces aparecieron ellos.

Primero eran una gran mancha gris en la lejanía. – Y esas grandes rocas esparcidas por toda la llanura que serán?? Nos preguntábamos.

Pero claro, no eran piedras sino manadas enormes de elefantes que se daban un baño en los humedales que, ahora ya si, dominaban el paisaje. Los había por todos lados y como aquí era ya todo el telón de fondo prácticamente una inmensa llanura se veían a mucha distancia, altivos, dominando todo lo que había a su alrededor.

A diferencia del Masai Mara, aquí en Amboseli, por suerte, se respetan las pistas por las que circular y no es un tonto el último como si pasaba en la reserva Masai con lo que a parte de encontrarte con los animales es importante que estos estén cerca de las pistas ya que sino solo verás su silueta recortada en la distancia pero, por suerte, hay tantos que es casi imposible no toparte con uno de cara.

De hecho nuestra primera manada, que sería de unos 20 ejemplares, estaba muy cerca del camino y pudimos estar hasta que nos cansamos con dos enormes machos con sus colmillos a apenas tres o cuatro metros de nosotros mientras el resto se bañaba, jugaba y comía detrás.

Y es que nunca te cansas de ver a estos enormes animales en libertad, que es como deben estar, y no esclavizados por los humanos para el trabajo, en circos, o usados como mulas de carga para que nos podamos hacer una foto y luego enseñar.

Imaginaros si estábamos absortos en ellos que no nos dimos cuenta que, detrás nuestro, a apenas medio centenar de metros, se estaba dando una discusión de vecinos algo subida de tono y es que una manada de hienas se estaban dando un festín cerca de la casa de uno de los animales que más mala leche tiene de todo el continente: el hipopótamo.

Serían como 5 o 6 hienas. Algunas ya habían comido porque estaban en estado catatónico tiradas al sol pero otras aún estaban en ello y al amigo hipopótamo ya le estaban tocando los huevos así que ahí los ves, unas intentado comerse hasta el último hueso de lo que fuera que se estaban comiendo y el otro berreando como un loco para sacarlas de allí. Escenas que parecen sacadas de un documental pero que teníamos la enorme suerte de verlas en vivo y en directo.

Y nosotros que hace apenas media hora pensábamos que Amboseli iba a ser un truño y de los grandes.

Y claro, tampoco iban a faltar a la cita losgraciosos flamencos, y es que todo el Parque Nacional de Amboseli está salpicado de lagos y humedales, que curiosamente han hecho acto de presencia en los últimos años, provocados, según dicen algunos, por el deshielo que el cambio climático está provocando de las nieves del Kilimanjaro.

Eso es algo que veríamos perfectamente más adelante, cuando aparcamos el coche a los pies de una colina que controla prácticamente la totalidad del Parque y a la que se puede subir andando y que te da unas vistas inmejorables de este, dándote la posibilidad de hacerte una buena idea de donde te encuentras. Mires donde mires toda su extensión está ocupada por enormes humedales y estos, por enormes manadas de elefantes. Centenares de ellos que creaban una visión casi onírica. Desde luego la belleza de estos parajes es enorme, y no me quiero imaginar lo que sería si nuestro amigo el Kili se dejara ver por aquí. Entonces ya te cagas. De verdad.

Muy cerca de esa colina, como no a orillas de uno de estos lagos donde flotan tranquilamente los hipopótamos y se bañan los elefantes, nos encontramos, a apenas un par o tres de metros de nuestro coche, a otro grupito de hienas totalmente llenas a reventar, pegándose un siestón de tres pares y del que solo podían despertar para abrir un ojo, levantar un poco la cabeza y, tras ver que no entrañábamos peligro, volver a caer rendidas bajo el sol de media tarde, que ya empezaba a caer. La madre que las parió pero como podían estar tan llenas! Me recordaban a mi algún que otro día de navidad.

Otro aspecto importante del Parque es que, a diferencia de Masai Mara, aquí hay muchos menos coches y mucha menos gente visitándolo, y eso que es el segundo Parque Nacional más visitado del país. La verdad que eso es algo que se agradece después de 4 días en Masai Mara donde en algunas ocasiones tanto coche nos llegó hasta a agobiar pero al mismo tiempo es algo que no entendemos ya que aquí, en apenas 3 o 4 horas que llevábamos estábamos disfrutando como enanos, a decir verdad.

Pero siempre llega esa jodida hora de tenernos que largar. Las 18:30, la hora fatal.

Pero también como siempre, el Parque tenía algo guardado para nosotros.

Primero fue en forma de escurridizo serval, un felino muy parecido a los gatos aunque de mayor tamaño y con un pelaje precioso con el que nos topamos casi por casualidad cuando ya nos dirigíamos hacia la salida. Es de muy difícil ver sobretodo porque sus hábitos son mayoritariamente nocturnos y por que a la que intuye algo de jaleo se va de allí por patas con lo que lo tuvimos enfrente apenas unos segundos pero a pesar de la suerte que tuvimos, lo mejor de todo vino a continuación.

18:15 de la tarde y apenas 15 minutos para poder cruzar la puerta del Parque sin penalización.

Y detrás nuestro la nube de polvo que levantábamos al pasar poco podía hacer para disimular que hoy, un día más, se iba a liar. Y vaya si se lió. Y es que todo el cielo estaba tomando por momentos unos todos imposibles mientras el sol, a medida que se acercaba al suelo, se iba haciendo más y más grande al mismo tiempo que se iba incendiando más y más y con él, todo lo que había a su alrededor.

Habíamos alucinado viendo el atardecer en Nakuru pero, sin nosotros creerlo posible el del Masai Mara lo superó pero es que lo que teníamos en este momento enfrente nuestro era algo difícil de asimilar que rozaba la irreal.

Pero creerme si os digo que aún hay más y es que estábamos tan ensimismados en ese espectáculo cromático que teníamos enfrente que no nos dimos cuenta que, a ambos lados de la pista por la que circulábamos, decenas de elefantes se retiraban también hacia zonas más densas de vegetación para pasar la noche. No se cuantos había, solo se que miraras donde miraras te encontrabas familias enteras y claro, el clímax llegó cuando se juntaron los dos espectáculos. Sinceramente, no se si en mi vida he visto alguna vez una imagen más bonita que esa y, la verdad, no se si la volveré a presenciar y es que ver a esos fabulosos animales andar en fila india con esas tonalidades imposibles detrás y el sol, como una gran bola de fuego incendiando todo lo que encontraba a su alrededor es algo que, a partir de ahora, ya siempre me va a acompañar.

Es por estas cosas que uno se queda enormemente prendido de África y creo que, a partir de ahora, ya nada va a ser igual.

Con todo, no hace falta decir que llegamos al campamento rendidos, con aún esa despedida en nuestra cabeza y sin poder pedir nada más, ni a este viaje ni a este continente.

Pero como siempre, África aún nos podía sorprender más.

20 de agosto de 2018

El Monte Kilimanjaro

5:30 de la mañana.

Y aunque hoy teníamos una tirada relativamente corta de coche hasta nuestro próximo destino, el Parque Nacional de Tsavo West, un servidor, como si fuera el día de reyes, ya no podía dormir más: había amanecido y eso, en Amboseli, significa el momento en que más probabilidades hay de que su estrella, el Monte Kilimajaro, se dejara ver.

Abrir la puerta, mirar al cielo y, venga, de momento pinta bien, está despejado, cosa que ya es mucho y es que desde hace 3 días que no se veía ni una pizca de sol. Solo falta que al girar la vista hacia donde se encuentra la montaña el cielo este igual y…..Mierda para mi.

Una enorme nube gris está pegada al Kilimanjaro como una garrapata y la verdad es que de allí no tiene pinta que se quiera marchar. En verdad ya después de la despedida de ayer igual ya era pedir demasiado así que no pasa nada, otra vez será.

Pero lo dicho, África siempre da más.

Fue después de desayunar cuando, supongo que de forma instintiva, levanté la cabeza y me pareció ver, entre las nubes, algo fuera de lo normal, algo blanco y brillante pero, la verdad, no podía ser, así que seguí haciendo la mochila aunque ya me conocéis, con la mosca detrás de la oreja, serían las nieves del Kilimanjaro las que se habían dejado ver??

Y fue salir de la cabaña, cámara en mano y ver a Colleta, nuestra guía que nos buscaba desesperada para decirnos algo y ese algo no podía ser nada más: levanté la cabeza y ahora si, allí estaba, la cima del Monte Kilimanjaro, el más alto de África y sus nieves tropicales y ya no tan eternas, sacando la cabeza de entre las nubes para saludar y darnos la mejor despedida posible a estas horas, pocas, que habíamos pasado en sus aposentos del Parque Nacional de Amboseli.

Con el paso de las horas aún se fue dejando ver más en su totalidad creando una estampa indescriptible que por suerte tuvimos la fortuna de poder fotografiar para darnos cuenta, después, y con el tiempo, de que fue real, de que esos días que pasamos en África fueron tal y como los recordamos por mucho que parezca que viviéramos en un constante sueño del que jamás quisimos despertar.

Ya sabéis, Seguimos!

DATOS PRACTICOS

· Dónde dormir en Amboseli: Pues un día más Udare nos tenía reservado un alojamiento cojonudo no, lo siguiente: el AA Lodge. Fuera del Parque, claro, aunque en verdad a tocar de él, con unas cabañas enormes y un restaurante dónde arrasar a la hora de la cena. No podemos pedir más, la verdad.

Además, si no eres un ansias como nosotros que quieres apurar al máximo todas las horas en las que puedes estar en el parque, por lo visto, por los alrededores de las cabañas se pueden ver constantemente todo de familias de mangostas, AKA Timón, como en la peli, y que, al estar familiarizados con los visitantes, se dejan fotografiar y a los que te puedes acercar relativamente.

· Consejos para visitar el Parque Nacional de Amboseli: He de reconocer que si ahora volviera a hacer el itinerario de nuestro Safari le daría un poco más de tiempo a este Parque ya que en las horas que estuvimos esa tarde nos dejó a todos un muy buen sabor de boca y, la verdad, se nos izo corto y es que es un Parque muy distinto al resto, y el espectáculo que crean las manadas de elefantes es de aupa.

Por lo demás aquí el frío ya empieza a aflojar así que la ropa ya empieza a sobrar durante el día y a no faltar tanto durante la noche.

· Animales vistos en Amboseli

Elefante (BIG FIVE)
Antílope Jirafa
Flamenco
Hipopótamos
Hiena Manchada
Babuinos
Grulla de Cresta
Serval
Cebra

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