22 de agosto de 2018

Un duro y crudo baño de realidad nos golpeaba con fuerza sacudiéndonos del cuerpo y de la ropa la incomparable belleza en la que habíamos estado inmersos durante los últimos 10 días a medida que nos acercábamos al puente que separa la isla de Mombasa de tierra firme, mientras atravesábamos destrozadas carreteras alrededor de las cuales se amontonan decenas y decenas de personas con la mirada y la esperanza perdida, bajo un aire denso que se nos metía en los pulmones despertándonos a golpe de cuchilla del sueño en que habíamos estado viviendo mientras recorríamos los Parques Nacionales del país.

Hemos de tener en cuenta que la antaño Perla del Índico, hoy en día es el principal puerto de toda el África oriental y gran parte de los países vecinos se nutren de todas la mercancías que por aquí entran con lo que el trajín en las afueras es brutal, con centenares de viejos camiones destartalados yendo en todas direcciones, soltando humos incompatibles con la vida y haciendo añicos todo rastro de asfalto que encuentran a su paso.

La verdad es que el choque, así, sin anestesia, es considerable pero por suerte para nosotros, una vez cruzas el puente la cosa cambia y aunque el trafico sigue siendo infernal, aquí los enormes camiones dejan paso a viejos amigos nuestros como son los tuk-tuk, eso triciclos a motor que pueblan el sudeste asiático y que trajeron hasta aquí ya hace muchos años la comunidad asiática, que, en Mombasa, es cercana al 30% de la población.

Resulta que nuestros días de naturaleza salvaje habían llegado a su fin, de eso, ahora, ya no había duda mientras recorríamos las calles de la segunda ciudad más grande del país en busca de nuestro alojamiento para la noche de hoy: tocaba cambiar de registro y hacerlo ya y es que, no en vano, teníamos aún por delante 10 días más para descubrir la fascinante costa de Kenia y, por si había alguna duda, esta se difuminó al entrar a Moi Avenue, una de las principales arterias de la ciudad y ver, delante nuestro, a uno de sus símbolos: los 4 enormes colmillos de elefante (de aluminio, por supuesto) erigidos en 1952 para la visita de la Princesa Margarita a Mombasa cuando Kenia aún estaba bajo dominio británico.

Habíamos llegado a Mombasa.

Habíamos llegado a la Costa Suajili.

Un poco de historia?

Esta costa, que empezábamos a desentrañar en ese instante, ha sido, y sigue siendo, un autentico crisol de culturas desde siglos atrás y es que, no en vano, su posición estratégica para el control de las rutas marítimas del Índico hizo que hayan sido muchos los que pusieron más que un ojo en ella, con las consiguientes guerras que eso conlleva hasta el punto de que, en suajili, Mombasa recibe el nombre de Kisiwa Cha Mvita, que significa Isla de Guerra.

Todo empezó allá en el siglo VIII cuando los primeros comerciantes provenientes del Golfo Pérsico, aprovechando para ello los vientos favorables que les proporcionaban los monzones, empezaron a comerciar con los pueblos de esta costa, por aquel entonces pequeños asentamientos que, gracias al este comercio, se empezaron a desarrollar.

Los barcos llegaban con productos como cristal de la india o porcelana china y se marchaban, cuando los monzones cambiaban de tercio, cargados hasta los topes de marfil, pieles de leones o conchas de tortuga.

Estas largas estancias a la espera de que los monzones dictaminaran cuando era el mejor momento para partir, hizo que la cultura arábiga se fuera extendiendo por esta costa y con ella el Islam, que ha llegado hasta nuestros días siendo la religión principal en toda la costa, hecho que corroboran desde los rasgos hasta las ropas de la gente que nos encontramos por la calle y, como no, los cantos a la oración que se extienden por toda la ciudad trasladando nuestro mente a otros lugares que siempre tenemos presentes.

Con todo, a mediados del siglo XV los pequeños asentamientos ya se habían convertido en importantes ciudades debido tanto al prolífico tráfico comercial como a los matrimonios mixtos entre los ricos comerciantes árabes y la población local pero a pesar de todo lo que tenían en común, con el crecimiento de las ciudades, empezó también las disputas y las guerras entre ellas hecho que aprovechó la corona de Portugal, muy interesada en el control de esas costas desde que las pisó Vasco de Gama y empezó el acecho hasta que se pudo hace con ellas a principios del siglo XVI y construyó, para defenderse de las futuras agresiones que sabían que llegarían, lo que hoy es posiblemente el principal atractivo de la ciudad: el Fort Jesus.

Un siglo después, los jeques árabes locales, que se negaban a pagar los enormes tributos que les reclamaba la corona, iniciaron una serie de rebeliones que terminó con la expulsión definitiva de los portugueses en 1698 con la ayuda del sultanato de Omán, que con los años extendió su poder a toda la costa y a la joya de la corona: Zanzibar.

Fue el monarca Seyyid Said quien empezó con el tráfico de esclavos a gran escala para que trabajaran en sus enormes plantaciones de la Zanzibar hecho que llamó la atención de británicos, franceses y alemanes que vieron en la mano de obra barata un autentico filón y más aún cuando el mismo sultán perdió el interés en los asentamientos de la costa, hecho que aprovecharon británicos y alemanes para repartirse el pastel y que Mombasa pasara a ser parte de la colonia inglesa hasta bien entrado el siglo XX.

Y de esta manera, después de la chapa, volvemos a aquella tarde de agosto en que poníamos un pie en la ciudad por primera vez, aunque fuera para salir corriendo del hotel donde, esta vez nosotros, habíamos hecho la reserva yel cual descubrimos, al llegar allí, que era algo así como un burdel.

Así que se nos levantaba faena y es que quedaban pocas horas de luz y no teníamos hotel pero por suerte, aún, teníamos con nosotros a nuestros ángeles de la guarda, Colleta y Bonny, que rápidamente nos llevaron al Manson Hotel, mucho más decente y en donde, con una pena enorme, nos despedíamos, ahora si, de estas dos personas que empezaron siendo nuestros guías y terminaron siendo nuestros amigos.

Solo tenemos palabras de agradecimiento para ellos y es que nada hubiera sido lo mismo sin Colleta y Bonny. Asante Sana una vez más.

Con todo, nuestro día ya iba llegando a su fin, unas cuantas Tusker en el bar del hotel, mirar de atar algún transporte para mañana por la tarde poder llegar a Tiwi y poco más.

Esta noche terminaba un viaje y empezaba otro, aquí no hay tiempo para descansar.

23 de agosto de 2018

A parte de los famosos colmillos de Mombasa, los otros dos lugares que queríamos conocer si o si era el casco antiguo (Old Town) que aunque hoy en día parezca imposible, era todo lo que se extendía Mombasa hasta el año 1930 y, como no, el Fort Jesus, el testigo mudo de la historia más cruel de la ciudad.

Para ello, después de nuestra primera noche tropical, y con la humedad ya como compañera de viaje, el mejor plan es el de patearse la ciudad entera hasta llegar a la las puertas del fuerte y, una vez allí, buscar a alguien que te caiga bien para que te haga de guía ya que, de esta manera, te enterarás un poco más de los lugares que pisas y, al mismo tiempo, te ahorraras el tener que ir quitándote gente de encima que te ofrece esos servicios.

Pero tranquilos que, mucho, no tenéis que buscar.

Y es que con solo doblar la esquina y aparecer por los aledaños del casco antiguo cuatro blanquitos como nosotros, sudando a borbotones, somos el blanco perfecto, y nunca mejor dicho y es que, al menos en las horas que hemos llegado, algo así como las 10 de la mañana más o menos, éramos los únicos extranjeros del lugar, que compartíamos con varias decenas de niños de algún colegio del país que venían a conocer su pasado, espero que, para que nunca jamás se repita y es que esta es su tierra, y la de nadie más.

Rápidamente nos ha entrado Alí, mientras hacíamos cola para entrar al Fort Jesus y después de una breve negociación, hemos decidido que sería él quien nos mostraría primero el Fuerte y luego el Old Town,

Como antes decía, el Fort Jesus es el edificio más emblemático de la ciudad y un ejemplo perfecto de su historia: desde que lo levantaron los portugueses en 1593 utilizando para su construcción piedra de coral de los arrecifes vecinos, ha cambiado de manos ni más ni menos que 9 veces y claro, cada cual pues hizo de las suyas.

Lo primero con lo que nos encontramos es un enorme patio, muy animado hoy, con todo lleno de niños haciendo corros mientras de fondo suena una música que no alcanzo a distinguir y alrededor de este se alzan los cuatro bastiones, dedicados a San Matías, San Alberto, San Mateus y San Felipe.

Con Alí vamos descubriendo los secretos de este lugar, como el pasadizo de los arcos, que era un túnel abierto entre los arrecifes de coral y que permitía comunicarse con el exterior cuando el fuerte estaba sitiado o la preciosa casa omaní, construida en un extremo y que fue la casa del centinela mientras el fuerte era utilizado como prisión.

Sin embargo, no esperemos de él un rincón espectacular sino más bien lo contrario, estamos hablando de un lugar desvencijado, gran parte de él en ruinas, pero que es lo que es por lo que dentro de estos bastiones se ha vivido, escrito a fuego y sangre, hecho por el cual está incluido en la lista de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

De todas formas, echándole imaginación, podemos rememorar esos días en que los portugueses fueron expulsados de la ciudad y, a la postre, de África, esos días en que los comerciantes de todo tenían el poder o cuando los ingleses dominaron un buen trecho del continente desde algunas de estas estancias y es por eso que esta es una visita indispensable si se quiere descubrir la costa suajili como es nuestra intención.

Con todo, en poco más de una hora estábamos ya fuera de sus murallas, de más de 3 metros de espesor, por cierto, metiéndonos de lleno en el casco antiguo, tras los pasos de un Alí que quería enseñarnos las entrañas de este barrio destartalado.

Andar por aquí es como hacerlo por zona de guerra, ya que muchas de sus construcciones se han venido abajo con el paso del tiempo pero sigue manteniendo ese aire que solo se da en muy pocas ciudades del mundo, como Katmandú o La Habana, de orgullo de ser quien es a pesar de las circunstancias. Y es que aún se pueden ver sus preciosos balcones tallados en madera, decorados con hermosas celosías pero por encima de todo, si hay algo que destacar, son sus puertas, sus preciosas puertas, muchas de ellas con muchos años a sus espaldas y traídas de tierras lejanas por aquel entonces como Lamu o Zanzibar y que han visto, como su orgullosa ciudad, entrar y salir al tiempo.

Y es que las Puertas de Mombasa cuentan historias.

Historias de una costa color verde esmeralda y blanco coral.

Historias de Sultanes, de viejos dhows surcando el índico al compás de los monzones, historias de elefantes y leones, de especies y de marfíl, historias de esclavos y también de piratas, de viejas fragatas hundidas en su bahía y de antiguas leyendas que aún hoy se hacen respetar.

Si bajamos por Mbarak Hinawy Road, donde por cierto se levanta el hotel más antiguo del continente, el Africa Hotel, y la mezquita más antigua de la ciudad, la de Mandhry, levantada en 1570, nos encontramos con el mercado de pescado y con antiguos edificios coloniales como la antigua oficina de correos justo en la zona donde estaba el cuartel general colonial, que era donde se levantaban las distintas sedes del gobierno, aunque lo más destacado, simbólicamente al menos, es el antiguo puerto que, por cierto, ni idea del porque pero no se puede fotografiar, donde atracaban los dhows en sus peregrinaciones anuales desde la península arábiga y alrededor del cual se levanto esta ciudad que, aunque hoy parezca mentira, llegó a tener más habitantes que Londres en su época de esplendor.

Con todo va llegando nuestro momento pero no queremos irnos sin antes visitar un mercado local, algo que siempre se tiene que hacer, y recorrer sus pasillos mientras la gente discute los precios de papayas y de plátanos, del maíz, de la patata y del boniato, y es que aquí, todo, absolutamente todo, cuenta, aquí no hay nada al azar.

Es hora de despedirnos de Alí, de recoger nuestras mochilas en el hotel y de abandonar esta ciudad y, mientras cruzamos de nuevo a tierra firme con el Ferry de Likoni para irnos de aquí hacia Tiwi yo sigo con una solo cosa en mi mente mientras miro atrás y pienso en este nuevo viaje que acaba de empezar, como el de esos árabes que se guiaban por los vientos y que dejaron una huella imborrable no solo en esta ciudad, sino en más de 500 kilómetros de costa.

Y es que Mombasa, como sus puertas, no solo cuentan la historia de una ciudad, sino de toda una costa, la Swahili, que justo hoy hemos empezado a desentrañar.

Seguimos!!

DATOS PRACTICOS

· Dónde dormir en Mombasa: Nosotros finalmente dormimos en el Manson Hotel, al que nos llevaron Colleta y Bonny y la verdad que más que correcto. 3.500 chelines la doble con desayuno y aunque el sitio era simplón, cumplía con su cometido y no se te subían las cucarachas por el cuerpo mientras dormías. Eso si, no esperéis grandes (ni pequeños lujos) pero para pasar una noche es más que suficiente y además está a una distancia que permite ir hasta el casco antiguo andando sin problema.

· Consejos para visitar Fort Jesus: está situado en el extremo oriental del casco antiguo y la entrada cuesta 1.200 KES. Puedes visitarlo por libre pero yo te recomiendo pillar a un guía de los que te encuentras en la puerta y pactar un precio para el Fuerte y el casco antiguo. Nosotros lo cerramos con Alí y la verdad es que fue un crack. Si queréis aquí tenéis su teléfono: + 254 723 235472. Ponerle un WhatsApp y a ver si cuadráis. Nosotros le pagamos 15$ por unas 3 horitas que estuvimos liados.

· Seguridad en Mombasa: Pues nosotros no tuvimos ningún problema ni sentimos inseguridad alguna y, según dicen, es una ciudad bastante más tranquila que Nairobi en ese aspecto aunque eso no quiere decir que puedas ir a tus anchas de noche. A la que cae el sol mejor moverse con taxis y alejarse de callejones oscuros, es decir, del casco antiguo. Especialmente de la zona del viejo puerto. Por lo demás, nosotros anduvimos solo por la ciudad y nada de nada de nada.

· Cómo llegar a Mombasa: Nosotros llegamos a Mombasa provenientes del Voi, a las puertas del Parque Nacional de Tsavo East. En las afueras hay un aeropuerto internacional, el de Moi, que conecta con distintos lugares del país y al que llegan vuelos desde África, Europa y Asia.

Hasta que los chinos construyeron uno nuevo, hasta Mombasa llegaba el que se conocía como Tren Lunatico, que era el famoso tren que conectaba la costa con Uganda y que a dado pie a múltiples leyendas. De hecho, justo a las puertas del Fort Jesus encontramos el punto exacto donde empezaba. Por desgracia, desde hace pocos años, es ya parte de la historia y para llegar a Nairobi se ha de utilizar el tren nuevo de los chinos que en unas 5 horas te lleva a la capital.

En autobús, en cambio se son unas 8 horas y hay múltiples compañías que hacen este trayecto.

· Como moverse por Mombasa: Pues la verdad es que nosotros fuimos a pie todo el rato, que al final es la mejor manera para conocer un sitio pero si se os hace de noche o simplemente no os apetece andar, la ciudad está llena de tuk-tuks y de taxis así que no tendréis problema alguno.

· Una lectura obligatoria: Entre otros libros, antes de venir me leí Los Árabes del Mar, de Jordi Esteva, que cuenta como ninguno la historia de esta costa y de esos árabes que surcaron los mares. Lectura obligada, sin duda.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .