11 de octubre de 2018

1 año y 1 día.

Ese es exactamente el tiempo que hacía que no poníamos un pie en las Islas Canarias: a todas luces, un tiempo excesivo.

Pero ya estábamos de nuevo en uno de nuestros rincones favoritos en el mundo, esta vez en Fuerteventura, a donde habíamos llegado desde Barcelona a bordo del vuelo FR6303 de Ryanair y con 5 días enteritos por delante para descubrir la Isla del Viento, como la llaman algunos aunque, a decir verdad, me quedo con el sobrenombre de la Perla del Atlántico, como la llaman otros.

La situación era calcada a la de hacía un año cuando llegamos a Lanzarote: a pesar de que esta vez aterrizamos antes, ya que apenas eran las 19:30 de la tarde cuando nuestro avión tocó tierra, al salir del aeropuerto en nuestro flamante coche de alquiler, la negra noche ya caía sobre la isla y recorrimos los 45 kilómetros que nos separaban de nuestro Airbnb en El Cotillo dándole caña a la imaginación, atravesando solitarias carreteras y dibujando en nuestra cabeza esos paisajes que, por ahora, teníamos vetados.

Aunque eso si, a diferencia del año pasado, esta vez no tuvimos que conformarnos con 4 galletas y algunas piezas de fruta para cenar: apenas eran las 21 de la noche que ya estábamos sentados en una mesa en frente del mar, acariciados por una suave brisa marina y lo mejor de todo, disfrutando de una parrillada de pescado y marisco, acompañadas por unas papas arrugadas y un queso frito y, como no, con una dorada helada tras otra en La Marisma, uno de los restaurantes de referencia de El Cotillo.

Así que si ahora ya no había duda: Islas Canarias, hemos vuelto.

12 de octubre de 2018

7:00 de la mañana y la luz ya se empieza a colar por la ventana de nuestra habitación o lo que es lo mismo, ya es la hora de ponerle cara a todo esto.

Por fin.

Para el día de hoy, de todas formas, la idea era realizar un primera toma de contacto, algo así sin estresarse mucho, ya sabéis, y tostarnos bajo el sol durante horas, y para ello, según hemos leído, el norte de la isla es ideal.

Así que después de unas compras y de desayunar en nuestro apartamento tranquilamente, cogimos carretera y manta y nos dirigimos hacia uno de los lugares más conocidos y reconocidos de la isla y en dónde, parece, hay alguna de las mejores playas de Fuerteventura: el Parque Natural de las Dunas de Corralejo.

Las mejores playas de Corralejo

Este Parque Natural, situado al sur de la localidad de Corralejo y que NO visitaremos hoy, se extiende durante ocho kilómetros de litoral creando uno de los paisajes más singulares ya no solo de Fuerteventura sino también de todas las Islas Canarias y es que aquí, los vientos alisios han arrastrado la fina arena del mar hacia el interior creando un desierto en toda regla que abarca una superficie de 2.600 hectáreas, con sus campos de dunas, claro, y todo coronado por el cono volcánico de la Montaña Roja.

Pero como hemos dicho, hoy no era el día en que visitaríamos este Parque sino que nuestra mirada iba dirigida hacia su parte más oriental, concretamente a su litoral, donde encontramos 8 kilómetros de preciosas e infinitas playas de arena dorada bañadas por límpidas aguas de color turquesa.

Un pequeño paraíso que no pasó inadvertido para los demonios del turismo de masas de los años 70 y en donde construyeron dos enormes y monstruosos hoteles en pleno sistema dunar. Por suerte, y a pesar de que el mal ya está hecho, si continuamos por la FV 1 dirección Puerto del Rosario, una vez pasamos estos dos engendros, nos encontramos con una estampa totalmente distinta en donde lo único que alcanza nuestra vista son kilómetros y kilómetros de un mar salvaje que baña solitarias playas y en donde cualquier tipo de edificación brilla por su ausencia.

De todas ellas, las mejores playas de Corralejo son, según nos han dicho y por lo que nosotros hemos podido comprobar, la Playa del Burro y la Playa del Moro, muy cercanas una de la otra y en donde las aglomeraciones que se encuentra uno al principio de entrar al Parque, por suerte, ya han desaparecido.

Y eso que no lo parece cuando llegas al punto de la carretera donde tienes que aparcar el coche y continuar andando a través del campo de dunas y es que los coches, aquí, siguen ocupando prácticamente la totalidad del espacio destinado para dejar el vehículo pero lo dicho, no os preocupéis: para todos aquellos a los que, como a mi, nos os gusten las aglomeraciones, es solo un espejismo y es que aquí pasa un poco como con las playas del Alentejo portugués, son tan largas, que nunca se llenan.

Nosotros hemos pasado la mañana REGALADOS en la Playa del Burro, con una leve brisa como animal de compañía, suficiente para hacer más llevadero el fuerte sol que caía a plomo pero sin llegar a ser molesta en ningún momento y eso, he de reconocer, que nos preocupaba, y es que no en vano, si Fuerteventura es la meca para surferos y demás no será precisamente por falta de viento pero, al menos hoy, no era su día y de esta guisa hemos pasado la mañana: del pareo al agua, del agua al pareo, Tropical va, Tropical viene y hasta que, finalmente, nos hemos obligado a nosotros mismos a eso de mover el culo e irnos a por otra playa por que sino, si por nosotros hubiera sido, lo confieso: nos hubiéramos quedado todo el santo día allí disfrutando del dolce far niente.

El Cotillo y la Playa de la Concha

Pero se trataba de conocer otros lugares y para ello ahora cambiábamos de tercio y volvíamos a El Cotillo, a pocos kilómetros de Corralejo pero en la otra costa de la isla y, efectivamente, también el lugar donde tenemos nuestro Airbnb.

Este lugar sigue manteniendo su ambiente marinero aunque no se puede negar que ha perdido algo de su fisonomía con la construcción de algunos complejos de apartamentos, aunque sigue a años luz de los grandes centros turísticos. Aquí, todo tiene un ambiente más bohemio, se respira como más calma, y si a eso le sumamos que en sus alrededores tiene algunas de las mejores playas de la isla y en su puerto alguno de los mejores restaurantes donde comer pescado fresco pues no es difícil de entender porque hemos elegido este lugar como base de operaciones.

De playas en sus cercanías las hay de todo tipo, desde playas salvajes convertidas en mecas de surf hasta tranquilas bahías de aguas transparente y de arena dorada como la Playa de la Concha, para muchos considerada de las mejores de la isla y, la verdad, no es difícil entender el porque y es que en esta pequeña playa del norte de El Cotillo su arrecife natural hace que apenas lleguen olas a su orilla y eso, aquí, es un privilegio.

Además, con la subida de la marea, se forma una laguna interior que es ideal si se viene con peques con lo que, a diferencia de lo que nos habíamos encontrado en la mañana, aquí si que igual la gente era algo más de la deseada aunque, eso si, sin ser nunca nada agobiante como lo pueden ser los veranos en Castelldefels o Calella, con estampas dantescas de toallas encima de otras y que tan poco me gustan.

De todas formas, como hemos descubierto después, solo hace falta andar un poco más hacia el norte y te encuentras con una especie de Concha en miniatura y aquí ya si, sin apenas gente: son esos secretos que uno solo sabe si es de aquí o le pica un poco la curiosidad de ir a investigar. Quien sabe, igual algún día de estos terminaremos por aquí.

Pero con todo eran ya las 18 de la tarde prácticamente y llevábamos ya muchas horas al sol, nuestro cerebro ya empezaba a fallar y hemos decidido tocar retirada, pegarnos una ducha y salir a conocer un poco más El Cotillo: no os penséis que da para mucho, ojo, pero para tomarse una cervecita bien fría en su puertito, sirve.

Saliendo un poco del centro de la localidad, justo antes de desaparecer el asfalto para dar paso a las interminables playas que se abren al sur de El Cotillo, nos encontramos con la característica Torre del Tostón, una torreta defensiva que se construyó en 1743 para controlar esta parte de la costa y que hoy en día alberga la oficina turística del municipio aunque, si por algo es conocida, es por ser uno de los mejores puntos para ver terminar el día, con el sol escondiéndose tras el océano, como lo es también el Faro del Tostón, este ya a una distancia en la que mejor tirar de coche, en el extremo norte, y que hoy en día es la sede del Museo de la Pesca Tradicional.

Y ahí nos despedimos de este primer día, antes de pillar el coche para descubrir que Corralejo poco tiene que ofrecernos a nosotros, y es que sus avenidas llenas de tiendas y más tiendas no es precisamente lo que nosotros venimos a buscar.

Si bien es cierto que, a pesar de todo, aún se puede encontrar algún rincón autentico en la zona del Puerto, con restaurantes de toda la vida, como la Cofradía de Pescadores, donde los mayores se sientan a comentar el día mientras los platos van saliendo con el pescador como no podía ser de otra manera, en el centro del universo y es que aquí, en Fuerteventura, todo lleva al mismo lugar: al mar.

Mañana más! Seguimos!

DATOS PRACTICOS

· Las mejores playas del Norte de Fuerteventura: A parte de las playas que hemos mencionado en la entrada, hay muchas más en el norte y para todos los gustos.

Las mejores, a nuestro gusto, son las ubicadas en las Dunas de Corralejo, a partir de los dos mastodontes hacia el sur, estas son casi vírgenes y al ser tan y tan largas no hay aglomeraciones.

Entre El Cotillo y Corralejo encontramos otra playa tranquila, la de Majanicho, a la que se llega por una pista sin asfaltar que avanza pegada a la costa que también ofrece algo de tranquilidad, cosa que se agradece ya que el oleaje acostumbra a ser la ostia en gran parte de la costa.

Así mismo, por motivos varios, destacan la Playa de Esquinzo, la de Tebeto o la de Janubio. Cualquiera de ellas os cautivará.

· Dónde comer en El Cotillo: Partamos de la base de que en El Cotillo se come de lujo, así de claro y si además tenemos en cuenta que era donde nos alojábamos pues mejor aún ya que cenamos pudimos comer en 3 restaurantes distintos y no solo ninguna decepcionó sino que los 3 son totalmente imprescindibles.

Nada más llegar comimos en La Marisma, en el centro del pueblo, con vistas al mar y nos metimos entre pecho y espalda una Parrillada de Pescado y Marisco acompañados por sus papas arrugadas y su queso frito hasta reventar por 41€ con bebida, postres y copa, como no.

En el mismo Puerto también encontramos La Vaca Azul, donde también cenamos un día: Papas, Lapas, Calamar del Cotillo y una Maripepa de escándalo de postre con su todo correspondiente por 48€.

Y por último uno más moderno pero no por eso menos espectacular: Olivo Corso. Puntillas, Papas, Tigres (imprescindibles), Tataki de Atún y una Tarta Tatín de la que come un regimiento, con su Bebida correspondiente (y yo no bebo poco, ya lo sabéis) por 47€.

Como veis, precios de risa comparados con Barcelona y todo muy pero que muy bueno. Lo hemos dicho mil veces pero lo diremos mil más: nos encanta comer en las Islas Canarias.

· Dónde comer en Corralejo: En Corralejo comimos en la famosa Cofradía de Pescadores: Queso frito, Papas arrugadas, almejas en mojo verde, mejillones, calamares y no recuerdo que más por 50€ y en pleno Puerto de Corralejo. Bueno, si, pero me quedo con cualquiera de los anteriormente nombrados de El Cotillo y es que en general, Corralejo, no nos cautivó.

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