5 de diciembre del 2018

Eran prácticamente las 7 de la mañana, hora moldava, cuando aparecían de la nada las luces de la pista del Aeropuerto Internacional de Chisinau a pocos metros del tren de aterrizaje de nuestro Airbus A320, después de tirarnos más de una hora dando vueltas por Moldavia, con la esperanza de que la densa niebla, que ocupaba todo el país, despejase.

La verdad es que ha sido una bienvenida bastante tensa y es que nunca en mi vida había aterrizado un avión con tan poca visibilidad pero, como se dice, siempre hay una primera vez para todo, así que sin más contratiempos, hora y media más tarde de lo previsto, y con alguna que otra mancha en los calzoncillos, por fin, el cortante frío de la mañana nos abofeteaba para darnos los buenos días: habíamos llegado.

Eso daba el pistoletazo de salida a nuestro viaje por Moldavia y Transnistria y después de un rápido paso por el control de pasaportes, empezábamos con los tramites de siempre, con la intención de ponernos en marcha lo antes posible y para ello, lo primero de todo era cambiar algo de dinero (poco, ya sabemos que en los aeropuertos, el cambio, es un atraco a mano armada) para podernos inyectar algo de cafeína en vena, hacernos con una SIM para poder tener datos durante estos días e ir a por nuestro coche de alquiler.

Lo bueno de ser el país menos visitado de Europa, como es el caso, es que no encuentras cola para hacer ninguno de estos tramites y mientras en otros lugares para hacer esto estarías un buen rato, aquí, no habían pasado ni 15 minutos que ya estábamos subidos en nuestro Kia Picanto recorriendo la larga avenida que te lleva, en unos 10 kilómetros, al centro de la ciudad.

Y poco más hace falta para darte cuenta de donde estás.

Y es que entre la niebla solo se distinguen los enormes bloques de cemento, estilo soviético, que llenan la ciudad, autenticas moles de hormigón armado, ciudades enteras en vertical perdiéndose entre las nubes bajas.

Y a ras de suelo, el caos más absoluto y es que no habíamos recorrido ni un par de kilómetros que ya nos encontramos con el primer accidente de tráfico, y es que entre el hielo de las carreteras y la manera de conducir que tienen aquí, salir indemnes estos días será todo un desafío.

Con todo, ahora ya si, eran las 8 de la mañana y nuestro coche se quedaba aparcado enfrente del Bed & Breakfast Olsi, nuestro alojamiento: Chisinau, allá vamos!

Que ver en Chisinau

La idea con la que llegábamos aquí era la de dedicar este primer día a visitar Chisinau, la capital de Moldavia y a hacernos una idea de lo que se cuece en ella para así poder dedicar el resto de días a explorar el resto del país y os preguntaréis – Pero con un día basta para conocer la ciudad? Pues, lamentablemente, si.

El tema es que Chisinau quedó totalmente destruida durante la Segunda Guerra Mundial y, a diferencia de otros países, aquí los recursos eran más bien escasos con lo que se pudo reconstruir lo justo.

Con todo, la zona donde se encuentran la gran mayorías de atractivos es la que da al Boulevard Stefan cel Mare, Esteban el Grande, y que podríamos considerar como el centro de la ciudad.

Para llegar hasta allí, desde nuestro hotel, nos encontramos con una ciudad de casas bajas, y es que a diferencia de los suburbios por los que hemos cruzado para llegar hasta aquí, la zona donde nos encontramos es claramente residencial y en ella nos vamos cruzando con viejas casas en ruinas que se alternan con modernas Boutiques que le dan un aire bizarro a todo esto: aquí todo parece tener la misma tonalidad grisácea, incluso las nieves que ocupan las zonas por las que no pasan ni personas ni coches y que ya se han congelado hasta volverse duras como una piedras, son del mismo color, fruto de la gran contaminación que hay en el ambiente, las raíces de los arboles han tomado el control de las aceras, desgarrandolas desde dentro como si de un parásito letal se trataran y la gente apenas levanta la cabeza lo justo para no chocar, como si le importara una gran mierda todo lo demás.

La verdad, entre esto y el frío que cae prometer lo que se dice prometer, promete más bien poco pero por suerte, cuando llegamos al Bulevar, nos encontramos con una ciudad totalmente distinta, llena de modernas tiendas de telefonía y de bancos, muchos bancos, que contrastan con los antiguos Trolleybus que circulan por toda la ciudad y que crean una autentica tela de araña en el cielo de Chisinau que me recuerda, salvando las distancias, claro está, a la temporada que pasé en La Habana, donde alucinaba con lo poco prácticos que pueden ser estos medios de transporte que se van desenganchando de la corriente cada dos por tres.

Incluso para nuestra sorpresa, a medida que os acercamos hacia el Palacio del Govierno, nos encontramos con un pequeño mercado de artesanías y souvenirs, en una pequeña plaza arbolada que colinda con el Teatro Nacional, donde brillan a partes iguales las famosas Matrioshkas, sin duda el souvenir estrella, con las viejas reliquias de la URSS: insignias, pins, balas, e incluso cascos con la hoz y el martillo podemos encontrar. Eso si, de turistas para comprar cosas, ni rastro.

Con todo, llegamos al Palacio del Gobierno, sede del gobierno Moldavo, y de claro influencia soviética: un mazacote de acero y hormigón que destaca por su sobriedad y por no llamar la atención en absoluto, justo enfrente de lo que seguramente es el monumento más visitado de la ciudad, la Catedral de la Natividad.

Esta Iglesia ortodoxa fue construida en 1830 y aunque fue acribillada a bombazos durante la Segunda Guerra Mundial fue reconstruida tal y como la vemos ahora, de una sencillez extrema por fuera, en medio de la plaza del mismo nombre, pero llena de brilli brilli por dentro, y aunque está prohibido hacer fotos en su interior, alguna que otra pudimos sacar para que os podáis hacer una idea. Eso si, sin que nadie nos viera y es que no era plan de faltar el respeto: aquí la gente, es creyente no, lo siguiente, y esta estaba llena de gente a rebosar, aunque igual los 5 bajo cero de fuera también tenían algo que ver, no se.

Como curiosidad, justo enfrente de la Catedral de la Natividad, se encuentra un gran campanario: se dice que alguien la lió muy pero que muy gorda y mandó la campana que se había forjado para aquí a Ucrania y la de Ucrania para aquí y que como esta no cabía en la iglesia se tuvo que construir esta torre como añadido. No se si es verdad, pero lo que está claro que todo es posible: el Vodka hace mucho daño…

También en la misma plaza nos encontramos con el Puerta Sagrada, entre la Catedral y el Palacio del Gobierno, que no es otra cosa que un Arco del Triunfo que se construyó en 1841 para conmemorar la victoria del ejercito ruso sobre los Imperio Otomano, o es que a caso os pensabais que Chisinau se iba a quedar sin el suyo??

En el lado opuesto, nos encontramos con una calle peatonal, la calle Eugen Doga, donde encontramos algunos buenos restaurantes y pubs pero que a esta hora de la mañana aún no tiene mucho movimiento con lo que decidimos seguir con nuestra Ruta por Chisinau y acercarnos al Parque Stefan Cel Mare, Esteban el Grande, otra vez si, justo al lado del Palacio del Gobierno y que contiene, en su entrada, una estatua en grande de este tío, el héroe medieval moldavo y al que igual, a estas alturas ya iría siendo hora de que conozcáis.

Este tío fue Príncipe de Moldavia entre los años 1457 y 1504 en los que transformó Moldavia en un estado poderoso y consiguió mantener su independencia frente a los ataques de las vecinas Hungría, Polonia y, sobretodo, del Imperio Otomano, hecho por el cual fue famoso en Europa entera, hasta el punto de salir victorioso en 34 de las 36 batallas que disputó.

Pero es que además aquí el amigo no era solo un buen guerrero, sino que consiguió el florecimiento cultural y económico de Moldavia, a parte de ser también un gran diplomático, hecho que le labró una gran reputación y un hombre muy religioso, que construyó multitud de iglesias y monasterios por todo el país después de sus victorias.

Para que os hagáis una idea del legado que dejó, se dice que “El pueblo rumano encontró en Esteban el Grande el más limpio y perfecto ícono de su alma: honesto y trabajador, paciente sin olvidar y valiente sin crueldad, enérgico cuando estaba enfadado y sereno en su perdón, claro y equilibrado en su habla, buen organizador y amante de lo bello, sin soberbia en sus acciones”

Lo se, lo se, ese tío era el yerno ideal, verdad??

Una vez entendida la devoción que le practican aquí a Esteban el Grande, podemos entender porque su imagen se encuentra en cada esquina, en los billetes, en los nombres de las calles, de las plazas, o porque Stefan es el nombre más común para hombres y mujeres en toda Moldavia, no??

Nosotros decidimos seguir paseando por el agradable Parque que lleva su nombre y que en otra época en la que uno no muera congelado debe ser un bonito lugar en el que sentarse y ver la vida pasar, hasta el Callejón de los Poetas Rumanos primero, en el mismo Parque, para después continuar hasta el edifico del Parlamento de la República de Moldavia después, otro edificio de marcado carácter soviético en el que como mínimo han incluido un pequeño jardín.

Con todo llevábamos varias horas andandonos la ciudad, intercalándolas, claro está, con largos periodos en los que nos refugiábamos en algún bar para poder disfrutar de una Chisinau tras otra (así se llama la cerveza de Moldavia) y, sobretodo, volver a entrar en calor y es que si: en Moldavia, en invierno, hace frío, un frio de cojones, comprobado está, cuando decidimos cambiar de tercio, y es que en verdad no había mucha más cosa por ver y pensamos que en algún museo se estaría calentito con lo que nos dirigimos hacia el Museo Nacional de Etnografía e Historia Natural, del que habíamos leído buenas referencias. El problema es que, en invierno, este, cierra a las 17:00 de la tarde en lugar de las 18:00, su horario habitual, y entre una cosa y otra eran ya las 16:30 con lo que tuvimos la genial e inteligente idea de dejar este museo y el Museo Nacional de Historia de Moldavia, los dos que teníamos apuntados para visitar, para otro momento y nos fuimos al que es, probablemente, el Parque más bonito de la ciudad: el Valea Morilor Park.

Este parque está situado al sureste de todo el meollo y se puede llegar a él fácilmente andando desde el centro y es, en verano, el lugar favorito de los habitantes de Chisinau para ir a pasear o a echar un baño, porque si, aquí, en alguna época del año, por lo visto, no hace un frio que te mueres, cosa, ahora mismo, muy difícil de imaginar.

Tiene un gran lago en medio al que se accede por una bonita escalinata que lleva a un paseo que da la vuelta por completo al lago, de unos 2,5 kilómetros de largo, que lleva a la playa artificial donde la gente se refresca y se echa unas cañas en alguno de sus chiringuitos que, por supuesto, ahora están todos cerrados y es que el bonito paisaje que se describe de este lago en los meses más calurosos tiene poco que ver con lo que nosotros nos encontramos: primero la escalinata, cubierta de hielo, por la que bajamos es ya toda una prueba de agilidad pero es que el lago, donde habíamos leído que en verano nadan patos, cisnes y demás aves acuáticas ahora está completamente congelado y en su superficie solo encontramos piedras lanzadas por alguien que quería ver hasta que punto el hielo aguantaba. Y por lo visto lo hace.

Así que visto el panorama, nuestro día de descubrimiento estaba llegando al final a marchas forzadas, con lo que decidimos volver al hotel a pegarnos una ducha antes de descubrir la Chisinau de noche, ir a cenar y tomar algo y a descansar, que con la tontería, entre una cosa y otra, llevábamos más de 24 horas sin dormir más de un par de horas seguidas con lo que igual ya iba siendo hora de hacerlo, cargar esas pilas, y mañana más: Moldavia nos espera!

Seguimos??

Seguimos!!

DATOS PRACTICOS

· Donde dormir en Chisinau: la oferta de alojamientos en la ciudad, como capital del país que es, es amplia y hay un poco de todo: desde antros donde puedes pasar la noche por 10€ la doble a los típicos hoteles de grandes cadenas que encontramos en todo el mundo pero nosotros, para esta ocasión, elegimos un Bed & Breakfast que hay a unos pasos del centro de la ciudad, el B&B Olsi, con un precio muy competitivo (tres noches en una doble con desayuno por 100€) unas instalaciones la verdad que cojonudas, con todo muy limpio y reformado y que nos daba la posibilidad de poder dejar el coche sin problemas en las plazas de parking que tiene justo enfrente con lo que para movernos nos iba de lujo, además, al estar algo separado del centro, cada vez que entramos y salimos de la ciudad no nos tenemos que comer todo el pollo, pero sin embargo, también nos permite ir al centro a pata, para lo que no tardamos ni 15 minutos andando por unas calles muy tranquilas. Una muy buena elección, la verdad, recomendable y que volveríamos a repetir.

· Donde comer en Chisinau: Si tuviera que recomendar un lugar, sin duda, este seria Propaganda, en la calle Alexei Sciusev, 70, a unos 15 minutos andando de donde nos hospedamos. Un lugar que nada tiene que envidiar a cualquier restaurante posturetis de Barcelona en donde desde el primer momento te tratan estupendamente y en donde uno come y sobretodo bebe como dios. Y es que a pesar de ser caro en comparación con la gran mayoría de restaurantes de la ciudad, pensar que nosotros comimos dos entrantes, abundantes y riquísimos los dos, con un segundo potente para cada uno y nada más y nada menos que dos botellas de vino moldavo que nada tiene que envidiar con la gran mayoría de riojas o de riberas y todo, no nos salió ni por 20€ cada uno y, repito, es de los sitios más caros que uno puede encontrar en Chisinau pero que vale mucho la pena.

Otro lugar muy recomendable es el Black Rabbit Gastro-Burrow, cerca del Palacio del Gobierno, y muy del estilo del anterior pero con un toque menos intimo, con espacios más abiertos, y más jaleo en general, en donde incluso cuando la gente termina de comer, pinchan algo de música mientras te tomas una copa. De precios muy por el estilo aunque las raciones si que igual menos generosas. Y como en todos los restaurantes de Moldavia, una carta de vinos que no te terminas.

En la calle peatonal que hay detrás de la Catedral de la Natividad, la Eugen Doga, encontramos el la Pizzería Karl Schmidt en donde nosotros comimos un par de veces y la verdad que muy a gusto también, con buenas y enormes pizzas y cerveza barata, es decir, todo lo que uno puede necesitar.

Luego por toda la ciudad te vas encontrando constantemente con locales de las dos cadenas de comida rápida del país: Andys’s Pizza y Pizza Manía. En cualquiera de estos establecimientos puedes comer por anda y menos y es que si algo tiene Moldavia es que la vida allí es muy barata. Nosotros por ejemplo desayunamos en el Pizza Manía que hay al lado del Mercado de las Flores por 30Leis, es decir menos de 2€, y incluía un plato con tostadas, mantequilla, una salsa rara que la verdad era bastante asquerosa, bacon, huevos fritos y todo el café que quisieras, es decir, salías servido.

· Como moverse por Chisinau: Pues a pesar de que hay Trolleybus de esos por todos lados, Chisinau es una ciudad que te puedes recorrer perfectamente a pie ya que, al menos la zona donde se encuentran la gran mayoría de atractivos es muy reducida, y fuera de ella, la verdad, poco hay por ver.

· Seguridad en Chisinau: Pues creo que hacía mucho tiempo que no paseaba por una ciudad, de noche, más tranquilo y es que a parte de que con mucha gente tampoco te cruzas, con los que te cruzas, ni te miran. Es como si no existieras. Las cosas como son.

Y lo de siempre, si queréis saber algo más cuando se terminen las entradas publicaré una Guía Rápida del país pero si tenéis cualquier pregunta, no os cortéis que para eso estamos!

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