6 de diciembre de 2018

De la misma manera que cuando uno pone un pie, al salir del avión, en el Aeropuerto Internacional de Chisinau retrocede, de golpe, un par de décadas, solo hacen falta unos pocos kilómetros en coche hacia las afueras de la capital para trasladarse, sin uno darse cuenta, a los años 80, y es que la diferencia entre las dos Moldavias es brutal.

Eran poco más de las 8 de la mañana cuando Germán y yo dejábamos atrás el trafico de Chisinau y nos adentrábamos, en nuestro coche de alquiler, en la nada más absoluta, con la intención de recorrer los 170 kilómetros que nos separaban de Soroca, una ciudad a orillas del río Dniester, fronteriza con Ucrania, y que esconde uno de los atractivos más destacados del país: la Fortaleza medieval de Soroca.

Pero para llegar a ella antes teníamos que cruzar todo el país y cuando uno hace eso, se da cuenta perfectamente de porque se considera que Moldavia es, actualmente, el país más pobre de Europa y es que la diferencia con el nivel de vida de la capital, sin ser este nada del otro mundo, es abismal.

Una distancia, 170 kilómetros en la que vamos cruzando enormes campos de cultivo completamente yermos con las temperaturas bajo cero que ya mandan en la zona y que no se irán hasta bien entrado el mes de abril, alternándose, cada mucho, con pequeños y olvidados poblados, de casas bajas desvencijadas y techos de hojalata. Y todo gris, muy gris, y es que aunque de vez en cuando el sol asome, nada cambia eso, esta tierra es gris, fría y dura, muy dura.

Una cosa que nos sorprende de este trayecto son los pozos, y es que cada pocos kilómetros, al borde de la carretera, van apareciendo pozos de los de toda la vida, con su cubo atado a una cadena, y la mayoría de ellos, aparentamente, en funcionamiento. El motivo, pues muy sencillo: el agua potable, aquí, en la mayoría de los casos, brilla por su ausencia con lo que siguen utilizando pozos para abastecerse de agua, y es tradición que, en las carreteras, cada poco, haya uno. Y manda huevos porque es lo único que hay: hablamos de infinitas lineas rectas dejadas de la mano de dios y, cuando menos te los esperas, toma, un pocito. Realmente curioso.

Con todo, en recorrer los 170 kilómetros hemos tardado algo así como tres horas y es que a pesar de todo, la carretera, para mi sorpresa estaba en bastantes buenas condiciones y sin nieve en la calzada lo que pasa es que al llegar a Soroca, nuestros peores temores, se han hecho realidad: aquí no viene ni el tato en estas fechas con lo que la Fortaleza, de octubre a abril, está cerrada.

– En serio hemos venido aquí para nada??

– Espera, espera, algo hemos de hacer…

Por suerte, en un viejo cartel pegado en la puerta aparecía un teléfono al cual hemos llamado y Bingo!! Un señor muy majo nos ha respondido y después de decirles de donde eramos y de llamarnos primero Separatistas y luego Don Quijote a accedido a venir a abrirnos para enseñarnos la fortaleza en Petite Comité.

Eso si, los 10 o 15 minutos que hemos tenido que esperar en la puerta a que llegara el tío han sido más que suficientes para quedarnos completamente congelados y es que, si al potente frío que pega le sumamos su ubicación, a orillas del río, con la humedad que eso conlleva y el hecho de que el enorme cauce de Dniester hace que por él siempre sople viento y claro, helado, pues ya os podéis imaginar el final.

Y el final es que casi ni le podíamos dar la mano al tío cuando a llegado para abrirnos y explicarnos, con todo tipo de detalles, el pasado y presente de esta fortaleza.

La Fortaleza de Soroca

Esta Fortaleza, construida en piedra y con unos muros de más de 3 metros de grosor, es practicamente el único ejemplo que queda en el país de arquitectura militar del renacimiento y formaba parte, en su día, de un complejo sistema defensivo de fortalezas que incluía 4 en el río Dniester, 2 en el Danubio y 3 más en el norte del país con el objetivo de proteger las fronteras de invasiones extranjeras.

Fue construida en 1499 por el héroe moldavo Esteban el Grande y aunque lo que vemos hoy es una reconstrucción, su imagen original era muy similar a lo que queda de ella hoy en día: un circulo perfecto, de 37 metros de diámetro y con 5 bastiones alrededor de la muralla, la cual tiene unos 20 metros de altura.

Si que es cierto que en su día, el interior estaba formado por 3 niveles distintos hechos de madera y estos, obviamente, no han resistido el paso del tiempo pero si que aún se pueden apreciar en sus paredes las cavidades donde iban insertadas las vigas y que servían para separar el primer nivel, que hoy si que vemos perfectamente porque este si estaba construido en piedra, donde se disponían las tiendas y varios túneles, el segundo nivel, este ya si que desaparecido y que servía como protección para las tiendas y en donde se encontraba los locales de vivienda y la entrada a los bastiones y el tercer nivel, que era un camino para las guardias de los vigilantes.

La verdad es que el sitio, a pesar de la paliza que supone venir hasta aquí vale la pena y es que está en un perfecto estado de conservación y además, en el marco en que se encuentra, con el río Dniester enfrente y Ucrania en la otra orilla, crean una postal del copón. Y todo eso a pesar del frío y del peligro que corres al andar por allí dentro con una gruesa capa de hielo cubriendo el suelo con los correspondientes patinazos y culazos potenciales que eso conlleva.

Contentos de haber venido, la verdad, y agradecidos, sobretodo, al tío que nos ha venido abrir y de cuyo nombre no me logro acordar…

Pero con todo, nuestro día no terminaba aquí así que tocaba ponerse de nuevo en marcha para ir a otro lugar a orillas del mismo río que teníamos enfrente, pero a muchos kilómetros más al sur: nuestra próxima parada, los Monasterios excavados en la roca de Tipova.

Monasterios de Tipova

Y si nosotros nos pensábamos que el trayecto iba a ser un camino de rosas como lo había sido esta mañana estábamos muy pero que muy equivocados y es que después de deshacer una treintena de kilómetros de la M2, por donde habíamos venido unas pocas horas antes, la carretera que va hacia Tipova se desvía hacia el este y, automáticamente, todo cambia.

El perfecto asfalto que habíamos pisado a dado paso a planchas de cemento hechas polvo y , de repente, cualquier forma de vida ha desaparecido. No se cuanto tiempo hemos estado sin cruzarnos con alguien pero os aseguro que mucho y luego, cuando te encontrabas a alguien, se te quedaba mirando con esa cara inequívoca que significa algo así como – Se puede saber que mierdas estás haciendo tu por aquí??

El paisaje, eso si, toma notas más salvajes, con densos bosques a ambos lados de la carretera, una carretera que, aquí, ya no está tan limpia de nieve como lo estaba esta mañana y todo, por suerte en verdad, coge más tintes de aventura.

Pero claro, cuando el asfalto ya desaparece y la nieve es la que empieza a mandar en la dirección del coche, y miras a ambos lados del camino y lo único que ves son interminables praderas nevadas ,pues igual ya no chana tanto, aunque he de reconocer que el gusanillo que te dan esos tramos me encanta.

Con todo, casi dos horas después de salir de Soroca llegavamos a Tipova, que no es más que un pueblo de casas de chapa a orillas del Dniester, donde en el rato que hemos estado tan solo hemos visto a una persona y la cara que ha puesto al vernos ha sido para haberla grabado. Eso si, animales, los que queráis, vacas, gatos, perros, gansos, ocas, gallinas. Todos sueltos por los embarrados caminos del pueblo hasta que al final de él, después de un tramo algo complicado para pasar en coche, aparece el motivo de nuestra visita, el Monasterio de Tipova.

Y reconozco que nos hemos llevado un buen chasco porque el recinto, aunque tenía una de las puertas abiertas, estaba totalmente desierto, y la única señal de que por allí había vida era un tendedero con unos manteles bordados tendidos al escaso sol que había.

Nada más a la vista, aunque la sensación de que estábamos siendo observados era constante pero al no estar haciendo nada malo, ya ves tu que preocupación: si hemos llegado hasta aquí, no nos vamos sin ver los monasterios excavados en la roca de Tipova.

Estos Monasterios, que en verdad reciben el nombre de Monasterios de la Asunción de María de Tipova, fueron excavados en las paredes de un acantilado que cae prácticamente a plomo sobre el rio Dniester, que aquí ya es descomunal, para protegerse de posibles invasores y saqueadores y aún a día de hoy tiene monjes que viven en él de forma permanente, aunque la mayor parte del tiempo se lo pasan en las instalaciones que tienen justo arriba, en donde hemos dejado el coche.

Tener en cuenta de que estamos hablando de que se estima que estas paredes están ocupadas por ellos desde el siglo XI, es decir, desde hace casi mil años, que se dice rápido.

Así que con estas expectactivas, y sin nadie que nos dijera lo contrario, hacia ellos que nos hemos ido sin saber, que lo más difícil, aún, estaba por llegar y es que sin duda hace tiempo que no pasa ni el apuntador por aquí con lo que las escaleras que hay para bajar a pie de pared estavan completamente cubiertas de hielo y eso, aquí, es un problema. No veas, para haberse matado, vaya ratito, divertido, si, lo reconozco, pero un buen tarascazo aquí y te haces polvo.

Y si a eso le sumamos varios carteles que hay repartidos por el complejo donde te advierten de la presencia de serpientes por la zona, pues ya lo tenemos todo, sin duda.

Pero bueno, al fin llegamos y de una pieza y, la verdad, pues el sitio vale más bien poco.

Que a ver, es lo que decíamos, algunas de las excavaciones tienen casi mil años, y eso es mucho decir, pero hoy en día, lo que queda en pie, parece más un establo que otra cosa. Y es que si que se pueden ver claramente las excavaciones en la tiza de la que están hechos los acantilados, sobretodo al principio, ya que en la zona principal se cubrieron con tochos dándole un aire más de chabola que de otra cosa, pero no, bajo mi humilde opinión, el sitio es justito tirando a justazo.

Lo bueno de todo? El marco en el que está, con las paredes justo encima del río Dniester, que aquí baja como un auténtico monstruo, enorme y a la vez calmado, como si nada fuera con él, y en la otra orilla, Transnistria, nuestro destino de mañana.

Y claro, lo que se baja, luego se tiene que subir y tras un buen calentón y un par de amagos de talegazo, llegavamos al coche de nuevo como lo habiamos hecho al llegar: solos, sin nadie a la vista, solo con esa sensación de que alguien, desde algún lugar, nos estava observando atentamente pero oye, él sabrá.

Y con esto eran ya las 15:00 de la tarde pasadas, estábamos sin comer y, obviamente, por aquí, en varias decenas de kilómetros a la redonda, posibilidad de hacerlo ninguna, con lo que teniendo en cuenta que, en esta época del año anochece antes de las 17 y que teníamos más hambre que un perro, hemos dado por terminado este primer día de aventuras por la Moldavia rural y enfilábamos rumbo a nuestro campo base, rumbo a Chisinau, donde poder encontrar algo que llevarnos al estómago y pasar el resto del día de bar en bar, comiendo y bebiendo y contentos de estar aquí, en ninguna parte, pero precisamente en esa parte donde queremos estar.

Mañana más: Seguimos!

DATOS PRACTICOS

· Como llegar a Soroca: La ciudad de Soroca se encuentra 170 kilómetros al norte de Chisinau, justo en la frontera entre Moldavia y Ucrania y está ubicadad a orillas del gran río Dniester. Nosotros fuimos en nuestro coche de alquiler y para ir allí es tan facil como coger la M2 y no dejarla hasta llegar a la ciudad. Al contrario de lo que pensábamos, la carretera está en perfectas condiciones, a pesar de que en algunos tramos la nieve hace acto de presencia, el trafico es más bien escaso así que no os de ningún reparo en ir por vuestra cuenta: vale la pena. Una vez llegas a Soroca, solo tienes que seguir el cauce del río y te chocarás de morros con ella. No tiene pérdida.

· Como visitar la Fortaleza de Soroca: La Fortaleza de Soroca está abierta cada día de 10:00 a 17:00 durante los meses de abril a octubre. La entrada tiene un precio de 10 Leis. Si en canvio, como nosotros, sois unos cafres y vais de octubre a abril, cuando esta está cerrada, podéis llamar a este telefono, 0230 22 264 y concertar cita para que os vengan a abrir. Mejor hacerlo antes de llegar alli ya que sino os jugaís que no pueda venir porque esté liado y se os quede cara de tontos. Nosotros le hemos dado 100 Leis porque en verdad el tío se lo ha currado mucho, ya no solo por venir a abrirnos sino también por la pedazo explicación. Eso ya a gusto de cada uno.

· Como llegar a los Monasterios de Tipova: Si salimos de la capital, Chisinau, para llegar a Ticova tenemos unos 100 kilómetros que se pueden hacer en algo más de hora y media y aunque gran parte del trayecto transcurre por carreteras asfaltadas y en buen estado, en los últimos 20 kilómetros el asfalto desaparece y la cosa se pone divertida, aunque nunca, almenos cuando hemos ido nosotros, hasta el punto de plantearte si continuar o no. Eso si, si tienes una avería o similar, a ver como narices le dices a la grúa donde te tiene que venir a buscar. Pero repito, completamente factible: pensar que nosotros íbamos con un Kia Picanto y nada, como un campeón.

· Como visitar los Monasterios de Tipova: Pues si os digo la verdad, ni idea de si se tiene que pagar entrada o no y es que nosotros nos encontramos la puerta abierta y ya está, ni un alma, ni un cartel, ni nada por el estilo. Abiertos, por lo que nos ha dicho el tío de Soroca, están siempre, ya que en el Monasterio viven monjes con lo que si vais, en principio, podreis entrar, pero no se nada más. Un poco de aventura y listos.

Eso si, ir preparados y sobretodo, no pretendási comer por allí.

Dentro del recinto, por lo que vimos, hay una especie de kiosco donde supongo que venden para picar y demás pero no tengo ni idea ni de cuando abren ni, en realidad, si abren, con lo que mejor que podéis hacer es venir con comida y agua ya que, a parte de eso, no hay absolutamente nada en los alrededores. Y cuando digo nada queiro decir eso, nada.

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