28 de enero de 2019

No son ni las 14:00 del mediodía cuando un perro empieza a ladrar alterado por el contorneo de un hembra que se pasea completamente ajena al ajetreo que está causando.

A él lo sujeta un tío tapado hasta las cejas que apenas se da cuenta de la escena absorto en su teléfono móvil mientras que a ella la pasea una viejita ayudada por un bastón que, sin prisa pero sin pausa, va cruzando de un extremo a otro este parque mientras aprovecha los únicos rayos de sol que hemos visto desde que pisamos la República Checa hace ya tres días.

Viendo esa escena, nunca, nadie, imaginaría que en este mismo lugar, hace menos de 80 años, se empezaron a escribir unas de las paginas más negras de las historia de la humanidad y que debería seguir avergonzándonos hoy en día y por los siglos de los siglos: Aunque parezca imposible, estamos en lo que fue el Campo de Concentración de Terezín.

Soy de los que cree que hay ciertos episodios de la humanidad que, por duros que sean, por dolorosos, nunca se pueden olvidar, sino más bien todo lo contrario: los hemos de mantener vivos, más vivos que nunca, para no olvidarlos y es que quien olvida su pasado está condenado, irremediablemente, a repetirlo. Además, las generaciones venideras han de saber lo que pasó, cuando pasó y porque pasó, y desde la primera vez que pisé un lugar de estos, que fue precisamente en Auschwitz, he tenido claro que, cuando tenga hijos y estos ya tengan edad de entender lo que ocurre a su alrededor, estos serán algunos de los lugares que visitaremos, para que entiendan hasta que punto puede llegar el ser humano y la llama del antifascismo esté en ellos más viva que nunca.

Es precisamente por eso que, en este viaje, teníamos muy claro que queríamos visitar este Campo de Concentración, situado a unos 60 kilómetros al norte de Praga, ya que Adri no conocía esta pagina de la historia en primera persona y me parecía impepinable que lo hiciera, por lo que contratamos, para nuestro último día de estancia aquí en Praga un Tour utilizando la APP de GetYourGuide que, por 35€ cada uno, nos llevaba desde la Plaza de la Ciudad Vieja hasta Terezín con un guía de habla hispana y que nos traía de vuelta sobre las 16 de la tarde a la ciudad, tiempo justo para despedirnos de ella, recoger nuestras mochilas en el hotel y largarnos hasta el aeropuerto.

Así que de esta manera conocíamos, puntual como un reloj, a Héctor, nuestro guía, un cubano-sevillano que vino a Praga por la música y se quedó por la historia y es que solo hacen falta cruzar cuatro palabras con él para darse cuenta que la vive como el que más y que, de lo que habla, sabe un rato y eso, en verdad, es algo que nos encanta: solo hace falta que me den cuerda con este tema que ya tenemos el día completo así que con estas, nos subíamos en el autobús y abandonábamos la ciudad: teníamos una hora por delante para ponernos en situación y eso, Héctor, lo hizo a la perfección.

Terezín fue fundada en el siglo XVIII con el nombre de Theresienstadt por los Habsburgo como una enorme fortificación militar entre los ríos Elba y Ohre y lleva este nombre en honor a la emperatriz Maria Teresa.

El complejo está compuesta por la fortaleza propiamente dicha, fuertemente amurallada y una construcción similar pero de dimensiones más pequeñas, que se construyó a uno pocos metras de la principal con la intención de ser utilizada como cárcel militar y esa fue su función hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

De hecho, durante la primera gran guerra, uno de sus ilustres inquilinos fue Gavrilo Princip, que fue, ni más ni menos, que el responsable directo del atentado de Sarajevo que le costó la vida al archiduque Francisco Fernando, hecho que detonó con el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Obviamente ni hace falta decir que las condiciones, ya en esa época, eran pésimas: Princip, en los 4 años que pasó en Terezín llegó a pesar tan solo 40 kilos y perdió un brazo a consecuencia de una infección. Murió en el año 1918 en su celda de aislamiento. Aún no había ni terminado la contienda que él había provocado.

Pero si hasta entonces el aura de Terezín ya estaba llena de nubarrones, cuando llegaron los nazis se desató la tormenta del siglo y dejó, por los siglos de los siglos, el nombre de Terezín relacionado con el más profundo de los infiernos.

Fue el 10 de junio de 1940 cuando, en una República Checa ya tomada por los Nazis, la Gestapo tomó el mando de Theresienstadt y organizó una prisión en la Fortaleza Pequeña para, un año después, y a medida de que la locura nazi avanzaba hacia su Solución Final, convertir todo Terezín en un ghetto para los judíos de Praga primero y los del resto de la República Checa e incluso de países vecinos después, haciéndoles pensar, eso si, que lo hacían por su bien, y que, en verdad, se iban a una especie de retiro donde poderse cultivar.

Con todo, en el año 1942, Terezín ya era un campo de transcición hacia otros campos de exterminio, aunque a los ojos de la opinión internacional, Terezín era una colonia judía modelo e incluso se gravó una película bajo el irónico nombre de “El Führer regala una ciudad a los judíos” y se permitió, en junio de 1944, la entrada a una delegación de la Cruz Roja Internacional que se encontró, como no, con lo que los nazis querían, una ciudad ideal: en ella los prisioneros, previamente seleccionados, claro, paseaban de la mano con sus mujeres por las calles, comían buena comida e incluso tenían pasteles de postre. Todo para aparentar normalidad.

En cuanto el paripe había terminado, todos los que participaron en la película fueron mandados a Auschwitz.

Ninguno salió con vida.

Se calcula que, desde su apertura el 24 de noviembre de 1941 y su liberación, el 9 de mayo de 1945, 155.000 personas pasaron por él, 15.000 niños.

35.440 murieron directamente allí, a causa de la malnutrición o de enfermedades infecciosas ocasionadas por las pésimas condiciones de vida que allí tenían, mientras que otros 88.000 fueron deportados a Campos de Exterminio, principalmente a Auschwitz.

Solo 17.320 prisioneros sobrevivieron.

El Campo de Concentración de Terezín

Con todo, y con el mal cuerpo ya perenne instalado en nosotros, llegamos, después de algo más de una hora de viaje, a las puertas de nuestra primera parada del día: la Fortaleza Pequeña de Terezin.

Y nada más cruzar el puente fue volver la vista hacia mi izquierda y verlo allí, esa maldita frase: Arbeit Macht Frei.

El Trabajo os hará libres.

Creo que no se puede ser más cínico y miserable en esta vida.

La primera vez que lo vi, en Birkenau, recuerdo que un odio enorme recorrió toda mi espina dorsal e incluso hizo que se me saltaran las lagrimas.

Y ahora volvía a estar allí, en frente mio: y detrás de esa frase, el infierno.

Antes de cruzarlo, por eso, se puede echar un vistazo a la oficina de admisiones, donde registraban las entradas y salidas, y donde se desposeía de todas sus posesiones a los recién llegados: a partir de ese momento, esas personas dejaban de existir.

Una vez dentro, y ya con las mandíbulas apretadas, al menos en mi caso, se pueden visitar distintos barracones que han sido reconstruidos para que podamos hacernos una idea de las condiciones de vida dentro del Campo, así como una maquina desparasitadora, donde ponían la ropa para desinfectarla aunque, en verdad, poco efectiva era y es que las epidemias, sobre todo de Tifus, eran el pan de cada día en Terezín y fue la principal causa de muerte dentro del Campo, así como las duchas o las celdas de castigo.

También se pueden ver los baños tal y como los dejaron para la visita de la Cruz Roja en el campo allà por el año 1944, con sus picas individuales las cuales incluso tenían su propio espejo para el supuesto aseo personal de los presos.

La verdad es que este tipo de visitas son muy conmovedoras para la gran mayoría de gente, al menos quiero creer que quienes visitan estos lugares tiene algo de conciencia aunque el hecho de que Héctor, nuestro guía, tenga que decir que, por favor, abstenerse de hacer posados y demás tipos de postureo en según que sitios a los visitantes hace que muchas veces dude de ello, pero en fin, eso es otra historia a la que ahora no voy a entrar.

Con todo, después de visitar la Pequeña Fortaleza, y de pasar por el Memorial que encontramos a las puertas de ella, donde hileras de tumbas tanto judías como católicas (por los prisioneros políticos que también fueron recluidos allí, aunque en menor medida, y que profesaban la fe católica) forman una imagen sobrecogedora, era el turno de visitar lo que vendría a ser la gran fortaleza, el origen en verdad de Terezín.

Hasta allí nos acercamos andando, y nos encontramos con una ciudad cualquiera con la diferencia de que está fortificada: este fue el motivo por el cual los nazis quisieron ponerlo como ejemplo delante de la opinión internacional, porque a simple vista, no era un terreno yermo poblado de decenas de barracones en fila india, la imagen que a todos nos viene a la cabeza cuando oímos hablar de un campo de concentración sino que, por sus características, podía tener la misma función y el mismo resultado, aunque con la ventaja de que ya estaba construido y era igual de fácil de controlar y, sobretodo, de hacer creer a la gente que eso era una ciudad como cualquier otra.

La verdad es que andar hoy por esas calles, que a simple vista parecen desiertas si no fuera por algunas escenas cotidianas que nos van apareciendo en cuentagotas, no concuerda con la realidad que se vivió en ellas hace tan poco tiempo pero así es: el Museo del Ghetto te cuenta a la perfección cada detalle de lo que allí pasó e incluso, te da la oportunidad de ver la famosa película que grabaron para hacer creer lo que no era, aunque de un modo muy clarificador: mientras en la pantalla lo que ves es lo que los Nazis intentaron vender, el sonido es una voz leyendo los registros de los trenes que salían cargados de prisioneros de Terezín y sus superviviente.

  • Tren A102 = 1000 prisioneros; 5 supervivientes
  • Tren A106 = 1000 prisioneros; 2 supervivientes
  • Tren A109 = 1000 prisioneros; ningún supervivientes

Y así sucesivamente asta que termina esa dantesca farsa que crearon esos descerebrados.

Y claro, como hemos visto antes, de los 155.000 prisioneros que pasaron por aquí, más de 30.000 murieron en el campo: pues no podía faltar un crematoria donde deshacerse los cadáveres.

Este está situado a las afueras del pueblo, y allí fue nuestra última parada: un pequeño edificio con dos salas. Una donde les practicaban una especie de autopsia y que aún está prácticamente como se dejó, y los crematorios propiamente dichos, con 4 módulos que podían funcionar a la vez cuando más se les necesitaba.

Sin duda, el final.

Y es que con esto ya habíamos visto el ciclo entero, lo que unos tarados, porque no tienen otro nombre, creyeron un día y lo llevaron a la practica en otro, deshumanizando hasta este punto a millones de personas, por el simple hecho de creerse superiores.

Nunca en mi vida aceptaré ningún tipo de fascismo, de la misma manera que nunca lo toleraré y lucharé contra él siempre que sea necesario, porque este mundo puede ser un mundo maravilloso, de eso uno se da cuenta cuando viaja por él, de la enorme cantidad de gente buena que hay, pero no nos olvidemos que también puede ser el peor de los infiernos, que lo ha sido, mejor testimonio que este no lo hay, que lo es y que, por desgracia, muy probablemente, en algún lugar de este planeta, lo seguirá siendo, y solo nosotros podemos hacer para que esto no pase y, el primer paso, sin duda alguna, es aprender del pasado.

Seguimos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .