15 de marzo de 2019

No se si lo sabéis todos por aquí pero no me mola un pelo volar.

Si, si, lo sé, tiene guasa, pero así es.

Y mira que por ejemplo el ultimo año, en 2018, debí pillar, entre trabajo y placer, como unos 70 vuelos, tal vez mas, y en lo que va de año, sin ir más lejos ya supero con creces la veintena pero nada, que no me mola volar.

Imaginaros entonces mi careto cuando, sobre la 1:30 de la mañana (con un retraso de más de 2 horas ya) el Airbus A320 de Laudamotion, esa compañía que se sacó de la manga el antiguo piloto de Formula 1 Niki Lauda, intentaba aterrizar, sin éxito, una y otra vez en el Aeropuerto Internacional de Viena, mientras en la cabina, unos 150 pasajeros íbamos dando brincos, con sus correspondientes gritos, a la par que el avión se ladeaba una y otra vez hacia un lado y hacia otro a consecuencia del fuerte viento que soplaba sobre el aeropuerto de la capital austriaca.

Bien bien no se si fueron 3 o 4 intentonas, la verdad, pero os puedo jurar que, de todos los vuelos que llevo, este fue, sin duda, el peor de todos y con diferencia e incluso, posiblemente de forma infundada, de acuerdo, pero temí por mi integridad: – Joder que puto miedo…

Así que si, de peor manera no podía empezar nuestra escapada de 3 días a Viena pero como dicen que lo que realmente importa no es como empieza sino como acaba tocaba ponerse manos a la obra y empezar.

Con todo, no olvidemos que el avión ya traía su retraso de más de dos horas con lo que el último CAT (el tren que va directo del aeropuerto a la ciudad) ya había salido hacía rato e incluso la frecuencia de los autobuses era mínima con lo que – Sabes que? Nos pillamos un Taxi, aunque nos cueste una pasta, que nos lleve al hotel y oye, mañana será otro día, no?

Eso si, teniendo en cuenta que el vuelo iba lleno, por narices serían varias las personas que estarían en nuestra misma situación así que preguntando encontramos a dos chicas que iban también hacia el centro y que accedieron a compartir coche con lo que al final ni tan mal nos salió la broma: 30€ terminamos pagando por un Taxi que nos dejó en la puerta del hotel y si tenemos en cuenta que los 2 billetes de tren ya se iban a los 24€, pues mira, la verdad es que nos ha salido bien la jugada y, ahora ya si, a descansar que buena falta nos hace.

16 de marzo de 2019

  • En serio?? Ya??

Y es que con la aventurita de ayer para llegar, entre una cosa y otra, serían más de las 2 de la madrugada cuando nos metíamos en la cama y hoy, como buenos motivados que somos, no eran ni las 8:00 de la mañana cuando sonaba el jodido despertador y, lo pero de todo, le teníamos que hacer caso: teníamos un día muy cargadito por delante y uno ya sabe que, cuando hace estas escapadas, mucho tiempo no tendrá para descansar. Y es que si, es muy dura la vida de un viajero con el tiempo limitado.

Pero es que para empezar el día teníamos, ni más ni menos, que el lugar más visitado de toda Austria: el Palacio de Hofburg, la residencia de los Habsburgo durante más de 600 años.

Palacio de Hofburg, el ombligo de la Viena Imperial

Eso si, el día nos recibía lloviendo y con frío, muy gris, la verdad, aunque lo teníamos todo controlado: de nuestra Pensión, a la entrada del Palacio apenas hay un centenar de metros y como luego tooooda la visita es bajo cubierto, no hay problema por ello.

En verdad el Palacio es un gran conjunto arquitectónico que alberga desde los Antiguos Aposentos Imperiales, que es, en verdad, la visita central del Palacio, hasta la Biblioteca Nacional Austriaca, la Escuela de Equitación Española, una capilla, una iglesia o el despacho actual del Presidente de Austria con lo que, como imaginaréis, pequeño, pequeño, no es.

Con la visita al Palacio propiamente dicha y que tiene un coste de 12,90€ (0€ con la Vienna Pass, empezamos a estrujarla) te entra el acceso a la Platería de la Corte, el Museo de Sisí y los Aposentos Imperiales mientras que para acceder a otros lugares, estos tienen entradas exclusivas como las de la Escuela de Equitación que, aunque también nos entraba con la tarjeta, obviamente no íbamos a pisar.

Además, nada más entrar te dan una Audio-Guía que te va ofreciendo una breve explicación (nada de mucha chapa, eh, lo justo y eso mola porque no se hace pesado).

Así que ahora si, con la Platería de la Corte, empezaba todo.

Y la verdad, que empezaba flojo, no nos vamos a engañar y es que en esta parte del Palacio lo que nos muestran es toda la cubertería y vajillas varias que pasaron a formar parte de la república de Austria con el fin de la monarquía de los Habsburgo. En ocasiones es un tanto friki la visita, la verdad, y sino fuera por que está incluida en la entrada es algo que podríamos obviar perfectamente pero que sin embargo ya nos hace una idea del nivel de ostentación y de pijerío que llevaban, algo que nos va muy bien para ponernos en situación.

Que es la parte más floja de todas ellos lo saben, y por eso, de todos los audios posibles, ya te marcan los que son realmente interesantes, con lo que esta parte de la visita se hace bastante rapida y nos da paso, ahora si, al Museo de Sisí, sin duda la figura más conocida de toda esta dinastía.

La figura de esta mujer, que todos conocemos debido al cine y que es objeto de veneración en los países germánicos, es explicada con todo lujo de detalles en las 6 salas del museo, que contienen objetos que pertenecieron a ella. Lo mejor de todo es que con la Audio-Guía vas siguiendo sus pasos, desde que se casó con el emperador Francisco José hasta que murió asesinada en Ginebra en el año 1898. Entre medio quedan años de rebeldía, de obsesión con la belleza, de extrema delgadez y de profundas depresiones que combatía viajando por el mundo y con, llamala tonta, con opio y cocaína inyectada. Con esto quien quiere Spidifen, verdad?

No hay foto porque no se permiten hacerlos, al igual que con la próxima parte de la visita: las 19 habitaciones que formaban los Aposentos Imperiales.

Salones, despachos, dormitorios, tocadores. Todo de estancias decoradas y amuebladas tal y como estaban mientras las ocupaba la familia imperial y en especial mientras vivían en ellas Francisco José y Sisí,que son sin duda las figuras más carismáticas de los Habsburgo.

Lastima que no se puedan hacer fotos porque hay muchas cosas interesantes que mostrar. Yo solo hice una al entrar a los Aposentos Imperiales porque pensaba que allí ya se podía y me salió un segurata de no se donde para pegarme el toque e incluso vi como hacían enseñar las fotos a un tío que llevaba la cámara colgando para asegurarse que no había hecho ninguna así que si, están un poco enfermos con este tema así que mejor no os la juguéis.

Justo a la salida, aún en el recinto del Palacio, se encuentra el Tesoro Imperial, algo escondido, la verdad, y al que se puede acceder de forma gratuita con la Vienna Pass (sino son 12€ entrar). En él se guarda el Tesoro de la Corona y de eso te das cuenta nada más entrar: enormes puertas blindadas dan acceso a una colección de joyas varias de un valor incalculable entre las que destaca, por encima de todas, la Corona Imperial aunque, a decir verdad, allí nada se queda corto.

Un lugar curioso de ver, de visita rápida, eso si, antes de ir a por mi dosis de frikismo del día: el Museo de los Globos Terráqueos

Globenmuseum

Y es que todo lo que tenga que ver con mapas me fascina, ya lo sabéis: ejerce un poder de atracción hacia mi brutal, y hace que me pueda quedar horas y horas mirándolos, con la cabeza a mil por hora, completamente absorto.

Es por eso que, cuando me enteré que en Viena se encontraba el único Museo del mundo dedicado a los globos Terráqueos ni me lo pensé: este lugar tenía que estar en mi ruta si o si.

Además, los 15€ que vale la entrada se quedan en nada con el Vienna Pass y, por si fuera poco, se encuentra a pocos metros de la entrada del Palacio de Hofburg con lo que en nada ya nos plantábamos en la entrada, sacábamos la entrada y a gozar!

La verdad es que no creo que sea mucha la gente que visita este museo, grave error a mi entender, y es que en él se exponen autenticas obras de arte, globos hecho a mano hace nada más y nada menos que 5 siglos atrás, con una precisión brutal, si los comparamos con los actuales.

En total son 250 piezas y a pesar que la obra principal gira alrededor de las esferas terrestres, también encontramos esferas celestiales, lunares o incluso de la superficie de Marte. Los hay de todos los tamaños, de físicos, de políticos, o incluso con relieve, actuales y antiguos, de madera, de papel y hasta de hierro forjado.

La verdad es que, no hace falta decirlo, el tiempo que pasamos allí lo disfruté de lo lindo y aunque el museo es pequeñito, confieso que si hubiera venido solo me hubiera podidod tirar allí todo el tiempo y más a pesar de que, nuestra próxima parada era, posiblemente, el lugar que más ganas tenía de conocer de toda la ciudad: la Nationalbibliothek, la Biblioteca Nacional Austriaca.

La Biblioteca Nacional Austriaca

Y es que los que me conocéis sabéis lo que me gustan las bibliotecas, estar rodeado de libros, ese olor, el ambiente que se respira en ellas. Me gustan de todo tipo, las más nuevas pero también (y sobretodo) las más antiguas, las enormes que mires donde mires ves libros y las pequeñitas, cuevas de papel donde se detiene el espacio y el tiempo. Sin duda son uno de los lugares donde encontrarme si me pierdo, avisados estáis.

Pues bien, aquí, en Viena, hay una de las bibliotecas históricas más bonitas de mundo y después del bajón que me dio no poder visitar la Biblioteca de Strahov, en Praga, a principios de año, con esta no me la iba a jugar así que, aprovechando que se encuentra en el mismo Palacio de Hofburg, íbamos a verla ya en nuestro primer día y, claro, yo que no podía esperar.

Esta biblioteca, construida en el siglo XVIII, fue un encargo del emperador Carlos XVIII, que quería utilizarla como biblioteca de la corte y tiene su joya particular en la Sala Imperial, conocida como Prunksaal y para acceder a ella tienes que realizar una larga cola (aunque la entrada es gratis con el Vienna Pass) que, tranquilos, se te olvida al momento en que esa enorme puerta se abre delante tuyo y, inevitablemente, solo puedes soltar un – Uaaaaaaau!

Imaginaros una sala de casi un centenar de metros de largo, en forma de cruz, y a ambos lados, altísimos estantes de madera que no tienen fin, culminados por preciosos frescos en el techo, y en estos estantes, hasta 200.000 volúmenes encuadernados en cuero entre los años 1500 y 1850. Y tu en medio de todo esto, avanzando sin que te de tiempo a procesar todo lo que ves, mientras te vas cruzando con mapas antiguos, globos terráqueos y esculturas de mármol. Un lugar alucinante y que se convierte, en el preciso momento de poner un pie en ella, en mi lugar favorito de Viena, a pesar de tener aún más de dos días por delante. Da igual, no habrá nada en esta ciudad que superará esto. Estoy seguro.

Juzgar vosotros mismos.

La Iglesia de los Agustinos y sus 54 corazones

Nada más salir de la biblioteca, en un lateral, y aunque a simple vista parezca la entrada de una tienda o algo así, se encuentra una iglesia que, a simple vista, poco llama la atención: la Iglesia de los Agustinos.

Por fuera, ni fu ni fa mientras que por dentro, tres cuartos de lo mismo y entonces os preguntaréis, que tiene de especial este lugar?? Pues que fue la iglesia que eligieron los Habsburgo para ser la parroquia de la corte y fue aquí, por ejemplo, donde se casaron Francisco José y Sisí aunque tampoco es eso lo que nos llama hoy en día la atención sino una pequeña habitación que hay al final de ella y que tiene un nombre, como mínimo, evocador: la Cripta de los Corazones.

Que porque recibe ese nombre? Pues porque en ella se encuentran 54 urnas de plata en donde se depositaron los corazones de otros tantos miembros de la familia real. Si, si, tal y como lo lees.

La pega, es que esta cripta está cerrada bajo llave y no se puede visitar a no ser que vengas después de la misa de los domingos, sobre las 11 de la mañana y ver si hay suerte así que tal y como entrábamos, salíamos y es que como os decía antes, muy muy llamativa no es que sea, la verdad.

Kaisergruft, la última morada

Muy cerca de allí, y antes de tomarnos nuestro merecido descanso para comer, nos encontramos con una pequeña y, a simple vista, sencilla iglesia de estilo barroco, la Iglesia de los Capuchinos, construida en el año 1622 y que, como ninguna otra, esconde un secreto en sus entrañas: la Cripta Imperial.

Su entrada, incluida en el Vienna Pass, se hace a través de una pequeña puerta lateral situada a la entrada de la iglesia y es el lugar donde descansan los cuerpos de la familia imperial desde el año 1633 con lo que os podéis imaginar que pocos, no hay: 12 emperados y 18 emperatrices y entre ellos, destacan, por encima de los demás, las féretros de Francisco José y de la Emperatriz Sisí, con diferencia la más visitada del complejo.

Pero ojo que no solo enterraban aquí a los emperadores sino a TODA la familia real: más de 150 sarcófagos se van sucediendo uno a uno, entre ellos el de muchos niños.

Pero lo que realmente llama la atención del lugar es hasta que punto se puede convertir un feretro en una obra de arte y es que, nunca mejor dicho, los Habsburgo se llevaron la ostentosidad a la tumba.

Los hay que son autenticas virguerías en las que se representan escenas de la vida de los difuntos con un nivel de precisión digna del mejor escultor o famosas batallas de la época. De cobre, de Mármol, incluso de Bronce. Obras de arte, y es que no hay palabra que las defina mejor.

De esta visita nos sorprendieron dos cosas, a parte, claro, de la espectacularidad de los féretros: la primera es que, a diferencia de lo que se podía pensar, tanto la tumba de Sisí como la de su marido, el emperador Francisco José, no son, ni de lejos, las más llamativas sino más bien lo contraria, simples féretros de mármol sin mucho detalle a su alrededor y segundo, cosa que me flipó bastante, es que las últimas fechan de bien entrado el año 2000, 2011 para ser más exacto es la última que yo vi, cosa que quiere decir que más de 100 años después de que se aboliera la monarquía, los descendientes de estos, aún siguen manteniendo ciertos privilegios, aunque solo sea que lugar ocupar para la eternidad.

Y ahora ya si, después de tanto muerto, tocaba comer algo si no queríamos acabar como los aquí presentes y para ello fuimos a un sitio que llevábamos en la lista desde Barcelona especialmente para Adri: Ribs of Viena.

Se trata de un sótano ubicado a pocas calles del centro donde solo hacen costillares pero ojo, de mil tipos distintos: al curry, a la mostaza, al jengibre, los clásicos de siempre, claro, de crema de cacahuete, de todo lo que te puedas imaginar y claro, pues eso es algo que se tenía que probar. Y oye, valió la pena. El sitio es súper recomendable si os gustan, eso si, las costillas a la parrilla pero hay una cosa que me dejo muy pero que muy loco: todos sus clientes, pero todos, y no es un lugar pequeño, ya os lo digo, eran asiáticos. Todos! Alguien me puede explicar porque??

En fin, que después de teorías varias de porque la comunidad asiática se reunía en un lugar como este, y con las energías ya renovadas, era el momento de seguir y es que teníamos una visita muy especial aquí en Viena: su Opera.

La Opera de Viena

Si Viena es música, esta música proviene, sin duda alguna de su Staatsoper, probablemente la Opera más reconocida del mundo entero.

Y claro, nosotros no nos lo íbamos a perder y es que en cualquier visita que se precie a la ciudad tiene que haber un apartado reservado a conocerla, ya sea desde dentro, es decir viendo una función, o como íbamos a hacer nosotros, que es con una de las visitas guiadas que se organizan cada día para poder conocer los entresijos de uno de los edificios más conocidos de toda la ciudad.

Para ello es fundamental saber a que hora son las visitas en el idioma que queréis y en nuestro caso, es decir, en castellano, estas eran a las 14:00 y a las 15:00 de la tarde. Es fácil de mirar ya que en su pagina web (AQUÍ) tienen un calendario con los horarios de cada idiomas muy currado con lo que nosotros ya veníamos con los deberes hechos y, con la digestión dándole caña aún al enorme costillar que nos habíamos zampado, nos poníamos en la cola (que por cierto, impresiona pero a la que se abren puertas va bastante por faena) para pagar la entrada (9€ por persona) y, nunca mejor dicho, esperar que empezara la funnción.

Como curiosidad, este edificio que hoy ya se ha ganado de sobras el corazón de todos los vieneses, cuando se inauguró, allá en 1869, causó una gran desilusión y es que, la verdad sea dicho, por fuera vale más bien poco y se ganó el sobrenombre de la “Tortuga de Piedra”. Imaginaros hasta que punto fue la decepción que su arquitecto, viendo la reacción que había tenido en la población, se quitó la vida y no solo eso sino que el que vino después para terminar los trabajos, no pudo con tanta presión y murió de un infarto.

De todas formas, por ella pasaron algunos de los directores más celebres ya no solo de la época sino de toda la historia hasta que en 1945, durante la segunda guerra mundial, una bomba cayó encima suyo y la destruyó prácticamente en su totalidad, dejando solo un 20% del edificio en pie.

Y es precisamente por ese 20% que queda original por donde empieza nuestra visita: por la impresionante escalinata de mármol que de acceso a los palcos privados y a uno muy especial: el Palco Imperial y su contiguo Salón de Té, decorado con seda, pan de oro y Marfil, y en donde el emperador Francisco José descansaba durante las funciones y que, por cierto, hoy se puede alquilar a razón de 500€ los 20 minutos.

La verdad es que es una visita muy interesante que te va enseñando los distintos rincones el edificio, desde los salones donde se hacer las recepciones, estos ya nuevos debido a que se tuvieron que reconstruir desde cero en los años 50 hasta el Vestíbulo Scwind, que también se salvó de la destrucción durante la Segunda Guerra Mundial y que nos da una idea de como sería la totalidad del edificio de no haberse convertido en escombros.

Este vestíbulo es junto con la Escalinata, una de las partes más bonitas de toda la visita y en él podemos ver diferentes frescos que simbolizan algunas de las operas que aquí se han representado y, justo debajo de ellos, los bustos de sus directores, entre los que encontramos, por ejemplo, a Beethoven o a Mozart.

Y para terminar, el plato fuerte, que no es otro que el acceso al Auditorio, el alma de este edificio.

A decir verdad, a pesar de que es bonito, he de reconocer que me lo esperaba más, no se, imperial, sería igual la palabra, como todo aquí en Viena, majestuoso, pero todo tiene una explicación: el auditorio si que quedó totalmente destrozado con lo que se tubo que empezar de cero y de aquí que no tenga la brillantez igual de la construcción original aunque, eso si, cumple con su cometido a la perfección: No hay ninguna otra Opera en el mundo entero que realice tantas funciones como la de Viena, y es que desde que empieza la temporada, el 1 de setiembre, hasta que termina, el 30 de Junio, se realizan funciones cada día ininterrumpidamente y, lo más sorprendente, ninguna dos días seguidos, es decir, cada día, uno 150 operarios se encargan de montar y desmontar los complejos decorados de las obras en un escenario enorme en donde cabrían 4 auditorios como en el que estamos, y hemos de tener en cuenta que estamos hablando de que tiene una capacidad de más de 2.200 espectadores con lo que pequeño pequeño no es que sea, vamos.

La verdad es que una vez estás aquí y ves todo el tinglado que hay detrás entran ganas de ver una función y a diferencia de lo que mucho creen, no se tiene que vender ningún órgano para hacerlo y es que por ejemplo hay entradas de pie por 3 o 4€ tan solo. La pega? Pues que estas entradas no están a la venta de forma anticipada y solo las puedes adquirir cuando abren taquillas, 80 minutos antes de que empiece la función y claro, las colas que se acostumbran a formar hace que tengas que dedicarle una tarde entra para ello y eso es algo que, al menos esta vez, nosotros no estamos dispuestos a hacer.

Y aprovechando la hora tonta y que le habíamos pegado un buen meneo a la ciudad durante el día de hoy era momento de volver al hotel a descansar un poquito y es que hemos de reconocer que hemos triunfado mucho con su ubicación y es que lo tenemos a tiro de piedra de todo, y eso es algo que, en días así, grises, fríos y pasados por agua, se agradece.

Demel o Café Sacher??

Antes, por eso, teníamos una misión muy pero que muy importante que realizar y era encontrarnos, por vez primera, con la que es sin duda la tarta más conocida de toda la ciudad a nivel mundial: la Tarta Sacher.

Y es que la receta de esta ricura que todos conocemos fue creada aquí por Franz Sacher a principios del siglo pasado y desde entonces ha conquistado el mundo hasta ser uno de los postres más comunes que se pueden encontrar.

Pero como todo, tiene su historia.

En el año 1934, el hijo de Franz Sacher, Eduard, empezó a trabajar en Demel, uno de los Cafés más prestigiosos de la ciudad por entonces (y ahora) llevándose con él la receta original y los derechos de esta para su elaboración.

A partir de aquí, y hasta principio de los setenta empezaron una serie de batallas judiciales entre Demel y el Café Sacher para ver quien se hacía con los derechos en pleno hasta que, finalmente, una resolución judicial determinó que era el Café Sacher el que podía utilizar el termino de “Original Sacher-Torte” mientras que Demel tenía que llamarla “Eduard-Sacher-Torte” y no solo eso sino que cada porción tenía que llevar un sello con esa denominación.

Eso no hizo más que incrementar la rivalidad entre los dos Cafés que ha llegado hasta nuestros días y es que aún siguen afirmando que la de uno es mejor que la del otro y, claro, nosotros, lo teníamos que comprobar con lo que empezamos por Demel y sus salones victorianos que te transportan, automáticamente, a otra época.

Eso si, la cola para entrar te la comes, como igual una cuenta más parecida a la de una comida que a la de un simple trozo de tarta y un café pero vamos, esto son cosas con las que uno ha de lidiar si quiere ser un friki en toda regla, eso es algo que ya tenemos asumido.

Y sabéis que??

Pues no se si será por las expectativas o igual que el hecho de que por un café con leche me claven 6€ me sugestiona pero, la verdad, me la esperaba más buena. Que oye, no está mala, ojo, pero tanto rollo con la tartita y posiblemente habré comido de mejores a miles de kilómetros de aquí, pero claro, no llevaban el sellito de marca registrada en chocolate, eso no.

Mañana o pasado le tocará el turno al Café Sacher ya os explicaré a ver que tal.

Con todo, después de nuestro merecido descanso, nuestra única misión era la de callejear un poco pero el centro, sin guía, sin mapa, simplemente andar, ya con la noche cayendo encima nuestro, hasta que llego la hora de cenar y para eso nos decantamos con otro de los chivatazos que llevábamos apuntados desde Barcelona: el Bastei-Beisl.

Un lugar típicamente vienés, donde eramos los únicos turistas y eso que estaba petado y en donde, por sorpresa nuestra, aún se puede fumar y es que esto es algo que nos ha sorprendido mucho de Austria: aún se puede fumar en los bares!!!

Su especialidad? El Wiener Schnitzel o lo que es lo mismo, escalopa rebozada. Si, si, no es muy elaborado pero aquí se encuentra en todos lados y preparaos porque son enormes hasta el punto de que se salen del plato. Nosotros nos pedimos uno normal y uno rellena de champiñones, jamón, queso y no se que más y nos lo terminamos por que no tengo fin pero una persona en su sano juicio lo hubiera dejado en el plato a la mitad. Y barato, la verdad: todo con un litro de cerveza y una cocacola por 42,60€. Para se Viena, ni tan mal.

Mañana más!

Seguimos!!

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