19 de abril de 2019

  • Bienvenidos a Panamá!

Y a continuación, el inconfundible sonido celestial del sello del joven agente de inmigración que teníamos enfrente, chocando con fuerza contra nuestros pasaportes y dando, de esta manera, el pistoletazo de salida a este viaje de dos semanas por Panamá que teníamos por delante.

Un viaje que para nosotros, en cambio, había empezado bastante antes, unas 20 horas antes para ser más exactos, cuando salíamos de nuestra casa para dirigirnos a El Prat, desde donde volábamos al aeropuerto de Madrid-Barajas, llamado ahora Adolfo Suárez si no tengo mal entendido, para subirnos al Airbus A330-800 de Iberia que, en 10 horas y media, nos traía hasta aquí.

Con esa puntualidad suiza que no caracteriza a Iberia precisamente habíamos aterrizado en el Aeropuerto Internacional de Tocumen, situado unos 25 kilómetros de la ciudad, donde nos estaba esperando Alcibiades, con quien habíamos contactado desde Barcelona para que nos llevara hasta nuestro alojamiento, ubicado en el Casco Antiguo, en el corazón de la Ciudad de Panamá.

La verdad es que realizamos todas las gestiones en un momento, y es que si en menos de diez minutos de cola ya habíamos pasado el control de pasaportes, nada más salir a la sala de recogida de equipajes ya corrían nuestras dos mochilas por la cinta y, después de pasar el control de aduanas y de hacernos con una tarjeta SIM para estos días, fue poner un pie en la calle y parar enfrente nuestro el Kia de Alcibiades que nos recibía con una gran sonrisa: ahora si que si, habíamos llegado a Panamá!

Así que con todo, para nuestra sorpresa, serían poco más de las 16:00 de la tarde, hora de Panamá, cuando entrábamos al Casco Antiguo de la ciudad después de haber cruzado todo su impresionante Skyline, al más puro estilo Miami, y dejábamos los trastos en nuestro Airbnb, cuya ubicación, todo se ha decir, es brutal, en pleno centro.

La idea era pasear por sus adoquinadas calles y sentarnos a tomar una cervecita bien fría en alguna de sus muchas azoteas transformadas en coquetos bares pero lo que no sabíamos es que, eso, nos iba a ser, hoy, del todo imposible: era Viernes Santo y aquí, en Panamá, por lo visto, se lo toman muy en serio hasta el punto de que para este día decretan una Ley Seca (igual que para el día de la elecciones, por ejemplo) en la que no se permite vender ningún tipo de bebida alcohólica en restaurantes y bares con lo que mi gozo en un pozo: mi(s) cerveza(s) de bienvenida tendrá(n) que esperar.

Así que con estas, dedicamos las pocas fuerzas que nos quedaban a perdernos por sus callejuelas y plazas, curioseando sin parar, eso si, a nuestro ritmo, que os digo ya que muy elevado no era y es que al cansancio acumulado le teníamos que sumar el enorme bochorno que nos caía encima y al que aún no estábamos acostumbrados, con lo que no eran ni las 20:00 (para nosotros eran ya las 3:00 de la mañana de nuestro día, claro) que volvíamos ya de nuevo a nuestro apartamento, nos refugiábamos bajo una ducha de agua fría y, con el aire acondicionado a todo tren, nos disponíamos a cargar las pilas a tope que, mañana si, Ciudad de Panamá nos esperaba!

20 de abril de 2019

Y claro, con el Jet lag pasó lo que tenía que pasar.

Eran las 6:00 de la mañana y los ojos como platos.

Mientras tanto, fuera de nuestra habitación, un ejercito de pájaros de todo tipo le daban la bienvenida al nuevo día con un autentico festival de sonido mientras, un poco más allá, las olas cubrían cualquier sonido de humanidad que pudiera haber.

En verdad, cualquiera se podría creer que estábamos en medio de cualquier selva perdidos o en alguna isla desierta de las que abundan por aquí pero que va, nada más lejos de la realidad: estábamos en el centro del Casco Antiguo de la Ciudad de Panamá y, sabes que? Ya que estábamos despiertos y que dormir, no íbamos a volver a dormir, porque no aprovechamos y le damos caña a esto antes de que el sol empiece a castigar y que las calles se empiecen a llenar de gente, te parece??

El Casco Antiguo (o Casco Viejo), Patrimonio de la Humanidad

Y es que aunque para muchos Ciudad de Panamá esté asociada a grandes y modernos rascacielos y a lujosos centros comerciales, nosotros tuvimos claro, desde el primer momento, que la zona de la Ciudad que queríamos vivir en primera persona y en donde nos queríamos alojar era aquí, en su Casco Antiguo, el lugar donde, después de que los piratas arrasaran por completo el emplazamiento original (historia que veremos en un rato) fue fundada la Ciudad por segunda vez, en una península que, ayudada por los arrecifes de coral que la rodeaban, era de más fácil defender.

En realidad, lo que hoy se conoce como Casco Antiguo fue toda la Ciudad de Panamá durante siglos y no fue hasta la construcción del Canal, a principios del siglo XX, que la ciudad empezó a expandirse más allá de sus murallas y en convertirse en el gigante que es hoy.

En sus calles, uno aún puede encontrar ese aire de ciudad colonial, de calles empedradas y edificios restaurados a la perfección que te transportan a tiempo lejanos. Eso si, es un lugar de contrastes y es que aquí, como en tantos otros centros urbanos de tantos lugares en el mundo, hasta que el turismo no puso su vista en él, los edificios se caían a trozos y, con ellos, la historia de esta ciudad. Es por eso que uno, con solo echarse un rato a andar, puede ver la suerte que han tenido algunos edificios de caer en manos de promotores con la cartera bien llena de billetes y es que se van alternando edificios exquisitamente restaurados, la mayoría de ellos convertidos en hoteles, restaurantes o boutiques, con otros en los que solo quedan en pie cuatro paredes, y que intentan llamar la atención de algún inversor antes de que sea demasiado tarde.

Pasear ya entre estos edificios, por calles completamente vacías (no olvidemos que, con todo, no son ni las 8:00 de la mañana) es ya todo un placer para los sentidos, y más con el enorme jolgorio que, por todo el casco antiguo, levantan los centenares de pájaros que vuelan en un ritmo frenético de un lado a otro, entre escondites y jardines, arboles y viejas paredes desconchadas que han convertido en su hogar, pero es que además, cada poco tiempo, uno se encuentra con interesantes edificaciones, que sirven para mostrarnos como era la Ciudad de Panamá que se fundó en el 1674 a los pies del Cerro Ancón.

De algunas de estas edificaciones, como es el caso de la Compañía de Jesús o del Conjunto de Santo Domingo, solo han llegado a nuestros días sus paredes y poco más, y se levantan, rendidas al paso del tiempo, entre los deliciosos colores pastel de los edificios actuales, como reclamando su lugar e importancia en la ciudad. Recorrerlos, a esta hora, con solo una docena de gatos en ellos (el Casco Antiguo de Ciudad de Panamá está lleno de gatos, y cuidados, y es que por sus calles tienen cuencos con agua y pienso que les pone no se quien) es una buena manera de empezar la ruta por los principales lugares de interés del Casco Antiguo para, acto seguido, acercarnos al que es uno de nuestros lugares favoritos, que ayer ya visitamos, y que hoy visitaremos unas cuantas veces más: la preciosa Plaza de Francia.

Esta plaza, ubicada en el extremo sur de lo que era antiguamente la ciudad, es un homenaje a los franceses que participaron en la construcción del Canal y está dedicada a los 22.000 trabajadores que murieron intentándolo construir. Desde aquí, por una banda, se tienen unas vistas de escándalo de la bahía en la que se levanta la vieja ciudad, e incluso se divisa, a lo lejos, el Puente de las Américas, con los omnipresentes barcos frente a él esperando su turno para cruzar el Canal, mientras que por el otro, una escalinata nos lleva al Paseo de las Bóvedas, en donde por las tardes, y debajo de un precioso túnel de flores de todos los colores, decenas de artesanos, la mayoría de ellos Gunas levantan sus puestos de artesanía mientras el Skyline de la ciudad te observa en la distancia.

Como es obvio, a estas horas ni artesanos ni nada por el estilo, aunque nosotros ya tuvimos nuestro momento ayer, así que después de un buen rato escuchando el concierto que han montado los músicos alados en los arboles de la Plaza nos hemos dirigido hacia la Plaza de la Independencia primero, que como su nombre indica es el lugar en donde Panamá se independizó de Colombia el 3 de noviembre de 1903.

Este es otro lugar a destacar y en donde, a pesar de que a estas horas no hay ni un alma, durante el día es uno de los lugares más animados de todo el Casco Antiguo y es un buen sitio para sentarse a la sombra de alguno de los muchos arboles que rodean la plaza a ver el día y la noche pasar, e impregnarse del ambiente sosegado que se respira por los cuatro costados aquí, en el corazón de la ciudad.

Además, por si por ella misma ya no fuera suficiente motivo para visitarla, la Plaza de la Independencia está presidida por la enorme Catedral Metropolitana que, sinceramente, vale más la pena por fuera que por dentro, así como el Palacio Municipal y el Museo del Canal Interoceánico que a pesar de contar con muy buenas críticas, por estar cerrado durante nuestra estancia, no pudimos visitar.

A tiro de piedra de aquí (en realidad, en el Casco Antiguo, todo está a tiro de piedra) encontramos otro vestigio de lo que fue Ciudad de Panamá poco después de su fundación con la Iglesia de San José, en donde se encuentra el que se conoce como Altar de Oro, que es la única reliquia que se salvó de Panamá Viejo.

O al menos eso dice la leyenda, que cuenta que al enterarse del ataque pirata, un sacerdote pontó de negro el altar para ocultarlo y convenció a los piratas de que el de oro ya había sido robado anteriormente con lo que poco tenían que rascar. Si fue realmente por eso no lo sabremos lo que si parece cierto es que posteriormente fue trasladado de Panama Viejo hasta aquí y se ha convertido hoy en día en uno de los principales atractivos religiosos de la ciudad y de los que más gente congreda.

También trasladada desde Panamá Viejo, esa piedra por piedra, fue la fachada de la Iglesia de la Merced, nuestra siguiente parada y que en su interior aún conserva las 6 columnas de madera originales, hechas polvo, todo se ha de decir y es que yo no me fiaría mucho de que esos palillos aguantaran ese enorme techo de madera que hacen de esta, a mi parecer, la iglesia más bonita de todo el Casco Antiguo.

Desde aquí, y después de visitar la vecina Plaza Herrera, es momento de cambiar de tercio y dirigirnos hacia el norte de la Ciudad Vieja, hacia otro de esos lugares en los que parece que el tiempo se haya detenido: el Parque Bolívar y sus alrededores.

Recibe este nombre porque fue en un viejo edificio de esta plaza donde, en 1825, un Simón Bolívar aún desconocido para la mayoría, instaba a los presentes a levantarse en contra del colonialismo español y liberar a los países latinoamericanos de su yugo. El resultado posterior es de sobras conocido y es actualmente un héroe para muchos latinoamericanos que sienten una verdadera devoción hacia su figura, como indican las flores que hay depositadas alrededor de su monumento.

Por el este, cierra la colorida plaza la Iglesia de San Francisco de Asís, con su interior pintado de un blanco impoluto y su fachada color crema, mientras que en el otro extremo de la calle, cortado al paso de los viandantes, se encuentra el Palacio de las Garzas, en la última planta del cual vive el Presidente de la República de Panamá, motivo por el que no está permitido el acceso del público.

Con todo, este conjunto, al estar algo más separado del centro (separado significa dos o tres calles, eh, ojo, no más) pasas más desapercibido que sus vecinas más céntricas y eso le da un encanto especial, y es que todas la veces que por aquí hemos pasado, no nos hemos encontrado a prácticamente ningún turista, como mucho alguna adolescente haciéndose las fotos de sus quien años y poco más. Sin duda un buen lugar en el que caer cuando el bullicio empieza a cargar y en el que además, supongo que al estar en un extremo del Casco Antiguo, el aire sopla más fresco y hacen que hasta se pueda respirar, todo un lujo, sin duda, en hora punta.

Además, si lo que se quiere es conocer todos estos lugares y hacerlo de una forma ordenada, no como nosotros que íbamos yendo y viniendo un poco a nuestro antojo, existe un itinerario, muy fácil de seguir, que te lleva por todos y cada uno de estos rincones y una vez en ellos, te da una muy detallada explicación para salir de aquí hecho un auténtico erudito.

Y lo que os decía, esto es un tiro de piedra todo con lo que en menos de una mañana tenéis tiempo de sobras para visitar sus edificios más característicos y luego ya decidir si queréis seguir deambulando sin más por sus calles o, como hicimos nosotros, seguir empapándoos un poco de la historia de esta ciudad y, en consecuencia, de este país visitando el Panamá Viejo, nuestra próxima parada.

Panamá Viejo, los cimientos de la Ciudad de Panamá

Y es que lo bueno que tiene el Jet lag es que, con el madrugón que nos habíamos marcado, no eran ni las 11 de la mañana que ya nos habíamos recorrido los principales puntos de interés del Casco Antiguo y aún teníamos toooodo el día por delante, día que, por otro lado, se presentaba caluroso no, lo siguiente, aunque, a estas alturas, aún no nos imaginábamos hasta que punto.

Nuestra siguiente parada se situaba a unos cuantos kilómetros al norte de donde nos encontramos con lo que era el momento de empezar a tirar de Uber para que nos acercara a lo que se considera el inicio de todo esto: las ruinas del Panamá Viejo, la ubicación original que tenía la ciudad cuando la fundaron los españoles.

Fue concretamente en el año 1519 y fue fundada por el gobernador español, Arias de Ávila, después de que Nuñez de Balboa la divisara por primera vez. De hecho, fue el primer asentamiento español en el Pacifico y fue de aquí de donde partieron las expediciones que saquearon todo el oro y la plata del Perú y fue de aquí también desde donde partían los barcos llenos hasta arriba de estos metales rumbo a Europa en lo que fue una de las mayores expoliaciones de la historia de la humanidad. Con esto, todo les iba de miedo hasta la medianoche del día 28 de enero de 1671, cuando el Capitán corsario Henry Morgan, uno de los piratas más temidos de todos los mares, remontó el río Chagres después de haber tomado el Fuerte de San Lorenzo y saqueó y arrasó toda la ciudad, llevándose con él el mayor botín de toda la historia, antes de morir, a los 53 años y como vicegobernador de Jamaica, ciego de ron en una vieja cantina de Port Royal.

De lo que fue, hoy en día queda poco, o mejor dicho, muy poco, pero a pesar de que tanto el taxista que nos llevó ayer del aeropuerto hasta nuestro apartamento como el conductor del Uber de hoy nos han dicho que no vale una mierda ir hasta allí, nosotros no queríamos dejar pasar la oportunidad y allí que nos hemos plantado, bajo un sol ya de miedo y una humedad del 200% y después de pagar los 15$ por cabeza que cuesta la entrada (me parece una pasta, la verdad), nos subíamos al trenecito eléctrico que te lleva hasta el centro del yacimiento y donde se encuentran los restos más destacados, con la Torre de la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción al frente.

Justo en este punto también se encuentra un interesante museo que te cuenta la historia del lugar, pero no desde que llegaron los españoles, no, sino desde que fue habitado por primera vez por nativos, se calcula que cosa de 2.500 años atrás. Además dentro se está de lujo y es que el aire acondicionado crea adicción al mismo tiempo que una enorme melancolía en el momento en que vuelves a cruzar las puertas para volver a andar bajo un sol de justicia y es que si algo tiene, o mejor dicho, si algo no tiene el Panamá Viejo son sombras, no hay ni una, y eso va pesando cada vez más.

Con todo, después de recorrernos las ruinas de mayor interés, que son principalmente la de la catedral mencionada antes y las de la Iglesia y convento de Santo Domingo, y acercanos ya a la insolación, hemos decidido dar por terminada nuestra cita con la historia y nos hemos dirigido hacia nuestra siguiente parada del día, en el frescor del aire acondicionado de nuestro Uber: la Cinta Costera de la Ciudad de Panamá.

La Cinta Costera y el Mercado de Mariscos

Esta se trata de una larga avenida que recorre toda la parte exterior de la Ciudad, desde la Calzada de Amador por un extremo hasta la ciudad moderna por el otro, de 7 kilómetros de longitud en total y que forma un agradable paseo, siempre con el impresionante Skyline de la ciudad de fondo de pantalla. La verdad es que se trata de una visita imprescindible donde pasear, tomarse algún zumo de frutas, algún raspado de hielo picado, o observar alguno de los impresionantes yates que amarran en el puerto deportivo de Balboa, a medio camino.

Nosotros, por eso, teníamos un objetivo bien distinto y no era otro que el Mercado de Mariscos, un lugar muy peculiar que todo viajero que pise Ciudad de Panamá debe visitar y es que es uno de esos lugares que uno recuerda: se trata de un mercado de pescado y de marisco, financiado en gran parte por los japoneses, alrededor del cual se amontonan pequeños garitos, con la música a todo trapo y mesas de plástico donde sentarse a beberse una cerveza fría y comer ceviches servido en pequeños vasos de papel a 2$ la ración. Los hay de todo tipo: de Corvina, de pulpo, de gambas, de todo. Y después de los entrantes, el momento del pescado, en nuestro caso un Pargo Rojo, con yuca frita y su inseparable lima y salsa picante.

El Cerro Ancón, primera toma de contacto con la fauna y la flora del país

Pero todo lo bueno se acaba y después de un rato de disfrutar de, a parte de la comida, de una valiosísima sombra y un igual de valioso ventilador, ha llegado el momento de salir al mundo real e ir a buscar un poco de verde para ver si teníamos suerte y disfrutábamos de nuestros primeros encuentros con animales salvajes con dos de ellos en la cabeza: el oso perezoso y el tucán.

Para ello, nos hemos dirigido, en Uber, claro, hacia los pies del cercano Cerro Ancón, la colina que preside el Casco Antiguo y que con sus 199 metros de altura es el lugar más alto de Ciudad de Panamá.

Recibe este nombre por el primer barco que cruzó el Canal y desde lo alto, se pueden disfrutar de una excelentes vistas tanto de la ciudad, como del propio Canal y es en su cima donde ondea una enorme bandera de Panamá (de 15 metros de largo por 10 de ancho) que se divisa desde cualquier lado de la ciudad volviéndose omnipresente.

De todas formas, nuestro objetivo era otro así que nada más empezar el sendero que te sube hasta arriba, de 3,5 kilómetros de longitud, nuestros 5 sentidos han estado puestos en los frondosos bosques que lo van flanqueando hasta que, a medio camino, hemos tenido nuestra primera recompensa en forma de un pequeño oso perezoso que se movía con harmoniosos movimientos, como si de una danza se tratara, hasta que se ha perdido en la espesura de los arboles. En realidad, entre tanto árbol, no hemos podido sacar muy buenas fotografiás del momento, pero como aperitivo, la verdad, es que nos ha hecho mucha ilusión.

Y ya de bajada, el segundo premio del día: un precioso Tucán!! Que pájaro más bonito, que colores, si al final hasta me gustarán los pájaros, quien lo iba a decir. Y este, a diferencia del perezoso, si que se ha dejado inmortalizar de todas las formas posibles, hasta que ha decidido que ya estaba bien por hoy y, de la misma manera que ha llegado, se ha ido hasta perderse de nuestra vista.

La verdad es que habíamos oído que se podían ver animales tan cerca de la ciudad o, mejor dicho, en la misma ciudad, que es donde está el Cerro Ancón, pero hasta que no lo hemos visto con nuestros propios ojos no nos lo hemos creído del todo así que vaya si empieza bien la cosa: esto promete!

Eso si, el subir hasta allí ha pasado factura y es que el bochorno que llevábamos aguantando todo el día era exagerado, y todo el rato bajo el sol, con lo que nos habíamos ganado un merecido descanso y, sobretodo, una ducha de agua fría para tomar un poco de aire antes de volver a salir ya sin el sol achicharrandonos las pocas ideas buenas que tenemos.

Y es que esta ciudad cambia por momentos, como mínimo su Casco Antiguo, y es que a medida que el sol va cayendo, las calles, hasta ese momento solo ocupadas por guiris como nosotros y algún que otro buscavidas, se van llenando más y más, y el ritmo sosegado y aletargado que llevaba la ciudad cambia por otro donde la música y las voces son los protagonistas, donde la vida social pasa a hacerse en las calles, en los bancos, en las aceras.

Otro momento en el que perderse por ellas, aquí sin mapa ya, sin seguir nada en particular, disfrutando de la brisa que lleva la noche con ella, disfrutando del momento y del lugar.

Porque estamos en Panamá.

Y esto no ha hecho más que empezar.

Seguimos??

DATOS PRACTICOS

· Dónde dormir en Ciudad de Panamá:

Como no podía ser de otra manera, en Ciudad de Panamá las opciones para dormir son prácticamente ilimitadas y es que, no en vano, es una de las ciudades más visitadas de toda Centro América, ya sea para negocios como para hacer un poco el guiri con lo que las opciones se mueven en todos los rangos: desde dormitorios compartidos a grandes lujos, todo lo vas a encontrar aquí.

A la hora de decidir dónde dormir en Ciudad de Panamá, lo primero que tenemos que tener en cuenta es en que zona queremos hacerlo y es que hay dos áreas claramente diferenciadas: una es el Casco Antiguo, donde los alojamientos son básicamente antiguos edificios coloniales reformados y la otra es el barrio de El Cangrejo y los alrededores, en donde la tónica son los enormes edificios construidos hacia arriba, más modernos y funcionales que los del Casco Antiguo.

A diferencia de lo que pueda parecer, los del Casco Antiguo son bastante más caros que los de El Cangrejo, donde la gran oferta que hay hace que los precios sean bastante más competitivos que en el centro histórico de la ciudad, donde lo que hay es lo que hay y pueden apretar más con las tarifas.

Nosotros teníamos claro que queríamos dormir en el Casco Antiguo para así poder vivir el ambiente de este a todas horas pero también teníamos claro que no queríamos pagar una pasta (la mayoría de alojamientos empiezan sobre los 150$/200$ la noche así que nos costó lo nuestro encontrar un alojamiento que cumpliera con los requisitos pero, finalmente, y cuando ya nos empezábamos a resignar a tener que salir del centro, lo encontramos.

Se trata de un Airbnb situado en la 6a oeste, a 2 minutos andando de la Plaza de la Independencia, en un antiguo edificio reformado, que da a la bahía, y donde un enorme árbol de mangos te provee del desayuno cada mañana. La verdad es que la ubicación es ideal, pero es que además dentro de tu apartamento no oyes absolutamente nada, y por la mañana son los pajarillos quien te despiertan.

Y lo mejor de todo, a un precio cojonudo: 35€ por noche.

La verdad es que es un sitio para recomendar encarecidamente y que además, con el tiempo, irá mejorando aún más ya que están en proceso de crecimiento, adecuando más habitaciones y apartamentos del edificio.

Aquí tenéis el link por si queréis echarle un ojo.

En este viaje también probamos como es eso de dormir en El Cangrejo y es que para la última noche, antes de coger nuestro vuelo a casa, pasamos una noche en Ciudad de Panamá y para comodidad elegimos pasarla en uno de esos hoteles de los que os hablaba antes, concretamente el Tryp by Wyndham Panama Centro.

Edificio de 15 plantas (ni de lejos es de los más altos que hay por allí), moderno, con una habitación más grande que mi casa y con una piscina en la azotea para combatir el calor y que, muy acertado, abre de 6 de la mañana hasta las 22 de la noche, con lo que te puedes meter a remojo a casi cualquier hora.

Un hotel cojonudo y practico, sobretodo después de tantos días en una cabaña abierta en Bastimentos como llevábamos pero un hotel, en definitiva, que te puedes encontrar en cualquier parte del mundo. De todas, formas, recomendable para antes de pillar el avión de vuelta. Para vivir el Panamá autentico, el Casco Antiguo, sin duda.

El precio, 58$ la doble con desayuno.

· Dónde comer en Ciudad de Panamá:

Ciudad de Panamá debe ser la ciudad de toda Centro América con más opciones de comer por metro cuadrado y es que toda ella está llena de restaurantes, de todo tipo y para casi todos los bolsillos. Desde restaurantes de lujo de chefs de renombre internacional y que te sacan un ojo al pagar hasta pequeñas fondas que llevan sirviendo el mismo plato de arroz y frijoles desde el siglo XIX y aunque nos gustaría probarlos todos, hemos de escoger y, si entre todos ellos tuviera que escoger un lugar para comer este sería, sin duda, su Mercado de Mariscos.

No es ni de lejos el lugar donde sirven la mejor comida, ni el más limpio de todos, y las fotos que uno puede hacerse allí distan mucho de lo que se conoce por postureo pero es, a mi entender el más autentico de todos: se trata de un Mercado donde uno puede darse un paseo (abstenerse los que lo pasen mal con los olores fuertes) para luego dejarse caer en alguno de los muchos garitos que lo rodean, todos iguales, del mismo tamaño y con los mismos menús y os preguntaréis, como escoger uno entonces? Muy fácil, no lo elegirás tu sino que él te elegirá, y es que cada uno tiene su ejercito de captación, que nada más establecer contacto visual con ellos van a por ti como un tiburón a la sangre así que lo mejor, dejarse llevar.

Una vez allí disfrutar del ambiente, de la música, del sentido del humor de los panameños, de la charla que os darán y claro, de su comida: Ceviche mixto (Corvina, pulpo, gambas) y un enorme Pargo Rojo acompañado de yuca frita con un zumo de fresas XXL y 3 Panama heladas por 39$. Para los precios que hay por aquí, muy barato, la verdad. Imprescindible.

Otro lugar que visitamos fue el Santa Rita, en el Casco Antiguo, y es que desde que pisamos Ciudad de Panamá que no habían hecho más que recomendarnos este garito que hace comida…española!! Si, si, tal cual leéis, y es que lo regento, según entendimos, una pareja española-argentina y fusionan las dos comidas con platos típicos panameños. El local está de lujo, muy currado y la comida realmente es para recomendar. Pica un poco, eso si, pero vale la pena. Me parece raro poner esto aquí pero…a destacar sus Bravas y su Pescado adobado a la andaluza!!

Si lo que queremos, en cambio, es comida típica panameña, el lugar más conocido para ello es El Trapiche en el barrio de El Cangrejo (aunque hay otro en el Centro Comercial de Albrook). Aquí lo suyo es pedirse la Fiesta Panameña y probar, de una sola vez, todas las especialidades que hay en la cocina del país: Sancocho, ropa vieja, arroz con pollo, tamal de olla, yuca frita, carimañola, patacón, almojábano y chicharrón. Si, si. Tal cual. Todo para un campeón como yo. La verdad es que está de muerte pero eso si, no hagáis luego muchos planes: moriréis.

Otro lugar que nos recomendaron varias veces y al que finalmente terminaos por ir es el restaurante Los Gauchos, también en El Cangrejo. Se trata de un restaurante argentino donde la carne es la protagonista y imaginaros si tiene fama que hasta en Bocas del Toro nos hablaron de él.

Y si, reconozco que vale la pena: nosotros fuimos con un pareja de amigos que hicimos en Bastimentos, chilenos ellos, con lo que de carne saben un rato, y la verdad que lo gozamos, además después de tantos y tantos días a base de pescado. Eso si, pica un poco. Pero para una centia especial pues ya cuadra.

Estos son los lugares de los que puedo hablar por haberlos probado, pero lo que decía antes, de haber, hay centenares más, incluso mejores, seguro. Así que ya sabéis, si conocéis de alguno, se agradecería que lo compartierais.

· Cómo moverse por Ciudad de Panamá:

Nosotros para este viaje hemos decidido tirar de Uber y es que, si bien con paciencia puedes ir andando a la mayoría de lugares que hemos visitado (igual a todos menos a Panamá Viejo, que a parte de estar a tomar por culo, tienes que cruzar algún que otro barrio digamos que conflictivo para llegar) te da la ventaja de que puedes refugiarte durante un rato al menos del intenso calor que cae y además de la practicidad que te da el poder pedir un coche en el momento y en el lugar que sea y el saber ya de salida el precio exacto de la carrera, sin tener que entrar en los regateos propios de los taxistas y, la verdad, que más contentos no podemos estar: no hemos pagado más de 5$ por ninguno de los trayectos que hemos hecho y lo máximo que hemos tenido que esperar ha sido como mucho 3 minutos así que mejor imposible. 100% recomendado. Sin duda. Eso si, necesitas haberte hecho antes con una Tarjeta SIM para poder tener datos en el celulal.

3 pensamientos

  1. Molt xulo!!!
    El vie., 24 may. 2019 a las 11:44, Y VOLÉ () escribió:
    > yvolé posted: “19 de abril de 2019 Bienvenidos a Panamá! Y a continuación, > el inconfundible sonido celestial del sello del joven agente de inmigración > que teníamos enfrente, chocando con fuerza contra nuestros pasaportes y > dando, de esta manera, el pistoletazo de sal” >

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