16 de agosto de 2019

19:00 de la tarde y nosotros llegando a las puertas del Parque Nacional de Murchison Falls, justo en ese preciso instante en que la noche empieza a caer sobre los 3.840 kilómetros cuadrados que forman uno de Parques Nacionales más emblemáticos de Uganda, sino el que más.

IMG_20190816_184827-01.jpeg

Entrábamos a él por la puerta de Wangkwar, en el norte, y desde ese punto donde estábamos aún nos quedaban por delante unos 45 kilómetros hasta llegar al que iba a ser nuestro alojamiento durante las dos noches que íbamos a pasar en el Parque, situado en la zona de Pakuba, al norte del Nilo Victoria, dónde más vida uno puede encontrar. Eso, por las pistas de un Parque Nacional, son dos horas bien buenas, sino más y si a eso le sumas que la oscuridad total pronto caería sobre nosotros, significaba que teníamos por delante un buen rato para empezar a disfrutar de la magia de estos lugares, así que techo arriba, a agarrarse fuerte y que empiece el Rock and Roll.

Y es que si algo teníamos claro en este viaje es que queríamos dormir siempre que fuera posible dentro de los Parques y uno de lo motivos principales era precisamente este, el poder vivir la noche más salvaje en medio de una naturaleza primigenia como esta y es que un Safari nocturno no tiene nada que ver con los que se hacen a la luz del día. Aquí no ves más de lo que consiguen alumbrar las luces del coche y tienes que poner los 5 sentidos en todo lo que te rodea: en ese arbusto que se mueve, en esos ojos que se iluminan, en ese rujido que se escucha en la lejanía.

Por supuesto que para hacer fotos no es, ni de lejos, el mejor momento, pero eso hace que tenga el valor añadido de que lo único que debes hacer es disfrutar del aquí y del ahora, olvidarte por completo de todo lo demás: de hecho nosotros ni sacamos la cámara de fotos y solo teníamos el móvil a mano por lo que pudiera pasar.

Con todo, el día, como ocurre aquí en África, se terminó de repente y fue cuando ya nos vimos envueltos por la oscuridad más absoluta que la vida empezó a florecer: los primeros en aparecer, como siempre, fueron los babuinos, aunque a estos, en África, te los encuentras en todos lados, sea Parque Nacional o no. Acto seguido, los primeros antílopes hicieron acto de presencia, aunque para reconocerlos la verdad es que estaba difícil y es que una vez salen de la pista ya se pierden en la noche y no los vuelves a ver más.

Los que si se ven, y por suerte para nosotros, son los elefantes y los búfalos, y estos no tienen, ni mucho menos, la misma prisa para dejar el camino que los demás animales y solo puedes hacer que esperar a que les venga en gana moverse de tu trayectoria para poder continuar.

La verdad es que la vida era muchísima, más de la que me esperaba, y la guinda de todo esto fue cuando, de un matorral al margen del camino, apareció un leopardo, fugaz, muy fugaz, como todo aquí en la noche.

Acabábamos de llegar y esto, señores, prometía y de que manera.

Con todo, finalmente llegamos, tres horas después, al Pakuba Safari Lodge donde pasaríamos las siguientes noches, mientras intentábamos descubrir todos los secretos que nos tenía reservado este Parque: tiempo para una cena rápida, un pequeño briefing en donde te cuentan como tienes que actuar en el caso de que te encuentres con animales salvajes merodeando por los alrededores de tu habitación (estamos dentro del Parque y no hay absolutamente ningún tipo de cerca que impida el paso a quien le de la gana y, de hecho, la noche anterior, dos leopardos estuvieron merodeando por allí) y ahora ya si, a dormir, que falta nos hacía.

17 de agosto de 2019

El Parque Nacional de las Murchison Falls empezó a ser explorado en la primera mitad de la década de 1860 por el excéntrico explorador Samuel Baker y su amante por aquel entonces, Florence. De hecho fueron ellos los primeros blanquitos en ver las Murchison Falls que dan nombre al Parque y las bautizaron así en honor del que por entonces era el presidente de la Royal Geographical Society, Sir Roderick Murchison. Fue en 1952 cuando se establecieron como Parque Nacional los 3.840 kilómetros cuadrados que lo forman y que son bañados por las aguas del Nilo Victoria antes de desaguar en el Lago Albert, justo en el momento en que estas aguas pasan a formar parte del gran Nilo Blanco en su camino hacia el Mediterráneo. Es precisamente esta abundancia de agua que lo hacen el lugar idóneo para grandes manadas de antílopes y elefantes aunque los reyes de este Parque Nacional son, sin duda, las jirafas, omnipresentes, según nos cuentan, mires hacia donde mires y claro, si hay herbívoros que hay también?? Correcto!! Depredadores, llevándose la palma los leones y los leopardos.

Morning Game Drive

Así que con estas expectativas, y deseosos de ver que narices nos encontraríamos al salir de nuestra habitación, a las 5:30 sonó nuestro despertador para mostrarnos una familia de cobos de agua que reposaba, con la tranquilidad de saberse a buen resguardo, sobre el verde césped de nuestro jardín mientras a unos 50 metros, media docena de jirafas, estas ya fuera del recinto, nos apresuraban para desayunar cagando leches, subir el techo de nuestro Land Cruiser y empezar nuestro Morning Game Drive, o lo que vendría a ser un safari mañanero.

IMG_20190817_062305-01.jpeg

Con todo, no eran ni las 6:30 de la mañana que ya se aparecía delante nuestro lo que la noche anterior solo habíamos podido intuir: esos paisajes africanos, infinitos, de vasta sabana salpicada de palmeras y acacias, con grandes manadas de herbívoros diseminadas a lo largo de todo lo que abarcaba la vista.

IMG_20190817_070809-01.jpeg

De entre todos ellos, tres que no conocíamos de nuestro viaje a Kenya del año anterior: el oribí, un antílope enano, muy parecido al Dik-Dik y muy muy abundante y el singular búbalo de Jackson, un alcelafo, muy feo la verdad, y es que parece sacado de alguna película de la saga Star Wars y cuyos individuos se podían contar por centenares y es que están en todo el Parque junto con el cobo de Uganda, otro antílope, muy parecido a una impala, y que también podías contar por centenares allá donde miraras.

IMG_20190817_073620-01.jpeg

P8170494-01.jpeg
Alcélafo
P8170510-01.jpeg
Cobo de Uganda

P8170422-01.jpeg

P8170586-01.jpeg

Pero como decíamos, las reina de este lugar son las Jirafas, concretamente las jirafas de Rothschild, y es que este entrañable animal pasea su elegancia por todos los rincones de Murchison Falls. En ningún lugar hay tantas: las ves solas, en parejas, con criás o en grandes grupos y claro, verse se ven un rato. Son sin duda el animal del Parque.

P8170447-01.jpeg

Tampoco tardaron mucho en aparecer los primeros elefantes. Y claro, si hay elefantes sube el nivel. Los veías en grupos que iban de los 6 o 7 ejemplares hasta los 20 o 30, aunque a decir verdad al final ya estaban tan juntos unos grupos de los otros que ya ni los podías distinguir. Todos ellos, eso si, iban con crías y, a diferencia de lo que vimos el año pasado en Kenya, su permisividad era bastante más escasa y es que no se fiaban ni un pelo y a la que el coche se acercaba se ponían a la defensiva, cubrían las crías con su cuerpo y te avisaban de que mejor de allí no pasaras si no querías llegar a las manos. Nada raro, por otro lado, teniendo en cuenta que este Parque fue saqueado por los furtivos de forma ininterrumpida desde mediados de los 60 hasta mediados de los 80 y que luego, hasta bien entrado el año 2000, las incursiones de los rebeldes del LRA hicieron estragos con lo que ya hacen bien en no fiarse un pelo del ser humano. No lo hago ni yo.

Otro de los protagonistas son los búfalos, otro miembro del selecto club de los Big Five que también te encuentras en grandes cantidades, formando enormes manadas de más de cien ejemplares, mientras te miran con la más absoluta indiferencia.

P8170581-01.jpeg

P8170577-01.jpeg

P8170567-01.jpeg
La Grulla coronada, el ave de Uganda, también está muy presente en Murchison Falls

Con todo, la fauna que estábamos encontrando no tenía nada que envidiar a los parques que visitamos el año pasado en Kenia, exceptuando, claro está, el Masai Mara, que come a parte, y solo nos quedaba nuestra ración de felinos para poder ponerle la guinda del pastel.

Y a eso fue a lo que nos dedicamos precisamente gran parte de la mañana, en rastrear una familia de leonas con las que estuvimos jugando al gato y al ratón todo el rato: cuando llegábamos donde las habían visto, justo se acababan de ir a tal sitio y cuando llegábamos a tal sitio, se habían largado a tal otro, y es que todos los coches con los que nos cruzábamos habían dado con ellas pero, por lo visto, no era nuestro momento así que después de desplazarnos a una zona boscosa habitada por el esquivo leopardo y viendo que el sol ya empezaba a caer a plomo, nos retiramos de nuevo a nuestro alojamiento, donde una piscina con vistas al majestuoso Nilo Blanco nos aguardaba hasta que llegara el momento de salir a descubrir las cascadas que le dan nombre al Parque: las Murchison Falls.

IMG_20190817_120009-01.jpeg

IMG_20190817_114530-01.jpeg
Nilo & Nilo

Crucero por el Nilo Victoria y las Murchison Falls

Cuando uno escucha que estas famosas cascadas tienen “solo” 43 metros de alto dice bueno, a ver, tampoco es para tanto, pero en este caso en concreto, lo que hace este lugar sublime no es lo alto que cae el agua sino cuanta cae: por un pequeño desfiladero de menos de 7 metros de ancho pasa, por segundo, nada más y nada menos que 300 metros cúbicos de agua. 300.000 litros de agua por segundo. Todo el Nilo Victoria, embutido en apenas unos metros.

Así suena mejor, verdad??

Para llegar a ellas nos embarcamos en Paraa, cerca de donde se juntan el Nilo Victoria con el Nilo Blanco y lo remontamos entre hipopótamos (en cantidades industriales) y cocodrilos del Nilo. En este punto el rio debe tener más de 150 metros de ancho y en su orilla norte, es constante el ir y venir de animales que bajan hasta aquí para aliviar su sed: antílopes varios, elefantes, los graciosos facóqueros (aka Pumbas) y aunque nosotros no tuvimos esa suerte, también leones y leopardos, aunque estos lo acostumbran a hacer al atardecer.

 

Con todo, el paseo es genial ya que estas entretenido en todo momento, sobretodo con los enormes grupos de hipopótamos que viven en sus aguas, hasta el punto de que cuando el bote, siguiendo el curso del rio, gira y en frente tuyo aparecen, por primera vez, las cascadas de Murchison, la gran mayoría de gente que hay en el barco no se da ni cuenta hasta que se hacen eco del remor que viene de ellas y, entonces ya si, no puedes dejar de mirarlas.

P8170738-01.jpeg

El barco te deja como a unos 100 metros de la cascada y poco a poco vas ganando altura por un caminito que ofrece algunas vistas de estas de escándalo pero es una vez llegas arriba del todo y te pones justo a su altura que te das cuenta de lo que tienes delante: el suelo tiembla, el agua pulverizada te empapa de arriba a abajo y el rugido que sale de la garganta estremece, pero es el ver la brutalidad con la que pasa el agua por allí lo que realmente te hace sentir pequeño, minúsculo.

IMG_20190817_160853-01.jpeg

P8170740-01.jpeg

La verdad es que aunque el calentón no te lo quita nadie para llegar hasta aquí, sobretodo si, como nosotros, vas a las 16:00 de la tarde, que el sol aún está en todo su apogeo, es completamente imprescindible ver esto porque es algo que en muy pocos lugares del mundo se puede ver: si la naturaleza dice que por aquí, pues es por aquí, y no hay nada más que hablar.

IMG_20190817_163859-01.jpeg

Una cita con los leones para despedirnos

Aquí normalmente la gente se organiza para que el conductor te venga a buscar en lo alto de las cascadas y, de esta manera, no tener que deshacer el camino y así poder ganar tiempo, un tiempo que, en nuestro caso, queríamos emplear en volver a la zona donde habíamos estado siguiendo el rastro de las leonas durante la mañana para ver si esta vez era la buena y, la verdad, empezaba la cosa más que bien cuando, en uno de los controles que monta la policía en el Parque para revisar la documentación y asegurarse de que todo el mundo tenga su permiso en regla, nos informaban de que hacía nada, media hora, las habían visto muy cerca de donde habíamos estado buscándolas esta mañana, merendándose una presa que habían cazado justo al lado del camino.

Y pues claro, no se hable más, todo el mundo sentado que toca correr! El día iba llegando a su fin, y la clave de todo era llegar aún con la luz del día, sino se haría imposible encontrarlas pero ni eso: al llegar, a pesar de que llegamos con luz solar aún, no había ni rastro de ellas.

Ya se habían ido.

Y claro, el bajón correspondiente hizo aparición..

Pero oye, eso de allí que es??

Y es que la magia de África siempre hace acto de presencia y cuando ya nos pensábamos que nos iríamos de Murchison Falls sin ver a ninguno de sus grandes felinos, aparecía de entre la maleza una preciosa leona, andando justo en nuestra dirección, ajena del todo al frenesí que se había desatado en un momento dentro del Land Cruiser.

Prisa no tenía ninguna. Ni ella ni nosotros, claro. Y menos cuando llegó al camino y empezó a andar, delante nuestro, durante un buen rato, hasta que decidió que ya habíamos tenido suficiente y se perdió de nuevo entre la vegetación.

Era prácticamente de noche y las fotos que salieron, con esa luz, dejan mucho que desear pero el momento no nos lo quita nadie: ahora ya no había lugar a dudas, habíamos vuelto a África.


DATOS PRÁCTICOS

· Dónde dormir en Murchison Falls

Lo que teníamos claro este año es que queríamos dormir dentro de esos Parques en los que teníamos planeado realizar algún safari en busca de fauna salvaje y es que esta fue la asignatura pendiente que nos quedó el año pasado en Kenia y Murchison Falls era el primero de esos lugares.

Para ello elegimos el Pakuba Safari Lodge, ubicado en la orilla norte del Nilo Victoria, que es la zona del Parque donde más fauna vive y, la verdad, no podríamos haber elegir mejor opción y es que hasta que no llegas a un lugar de estos no acabas de entender que es eso de dormir “dentro” de un Parque: no hay ningún tipo de cercado ni nada por el estilo, aquí se comparte el lugar con los animales salvajes y tienes que tener claro que te puedes encontrar a cualquier animal merodeando por los alrededores de tu habitación. Una autentica locura.

Además, acostumbran a ser alojamientos de cierto nivel (ya lo pagas, ojo, y es que una noche aquí cuesta, como mínimo, el doble de lo que te cuesto un alojamiento similar fuera del Parque) con lo que tu estancia se hace más que agradable.

En este caso las estrellas eran las jirafas, que te las encontrabas miraras donde miraras, y una piscina con vistas el Nilo Blanco que valía millones cuando llegabas al alojamiento después de comer polvo a paladas durante toda la mañana bajo el sol abrasador.

La verdad es que lo recomendamos una y mil veces y es que hasta la comida era cojonuda.

El único punto negativo es que el wifi no funcionaba, aunque de esta manera mira, pues mas tranquilo está uno…

· Animales vistos

· Elefante

P8170600-01.jpeg

· Búfalo

P8170535-01.jpeg

· Leopardo (sin foto)

· Leona

P8170795-01.jpeg

· Jirafa

IMG_20190817_130410-01.jpeg

· Chacal (sin foto)

· Cobo de Agua

P8170607-01.jpeg

· Hipopótamo

P8170638-01.jpeg

· Cocodrilo del Nilo

P8170655-01.jpeg

· Cobo de Uganda

P8170538-01.jpeg

· Búbalo de Jackson

P8170611-01.jpeg

· Sitatunga (sin foto)

· Facoquero

IMG_20190817_175128-01.jpeg

· Oribi (sin foto)

· Babuino

IMG_20190816_174139-01.jpeg

· Mono de Patas

P8170616-01.jpeg

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .