18 de agosto de 2019

El primer transbordador que cruza el Nilo Victoria parte de Paraa a las 7:00 de la mañana.

Por ese motivo, aún de noche y con una enorme pena, dejábamos atrás el Pakuba Safari Lodge, en el momento en que la vida dentro de Murchison Falls más a tope estaba: manadas de elefantes que se cruzaban con nosotros sin parar, las omnipresentes jirafas, claro, y los antílopes, como no, que habían conseguido sobrevivir una noche más a la oscuridad y a los peligros que ella conlleva.

La verdad es que el Parque Nacional de Murchison Falls nos había encantado hasta el punto de que si en ese momento volviéramos a organizar el viaje de nuevo (ojalá) le dedicaríamos un día más, y es que una extensión a rebosar de vida como esa se ha de saborear y disfrutar y aunque nosotros lo habíamos hecho, nos íbamos con la sensación de que aún nos quedaban rincones y experiencias por descubrir entre esa preciosa sabana que forma la orilla norte del Nilo Victoria.

Pero allí estábamos, cruzando el Nilo Victoria cerca del punto donde este se junta con el gran Nilo Blanco, para abandonar el Parque y dirigirnos hacia uno de los platos fuertes de ese viaje: el Parque Nacional de Kibale y sus chimpancés.

Pero para ello, aún , teníamos una larga jornada por delante, una larga jornada que empezaba por una carretera en obras, como la mayoría en el país, a orillas del Lago Albert en donde jóvenes pastores vigilaban sus rebaños de vacas ankole, unas vacas comunes, algo huesudas, la verdad, pero que tienen una cornamenta realmente espectacular, llegando a poder medir sus cuernos hasta el más de un metro.

Con ellos realizamos una pequeña parada antes de continuar nuestro camino, y es que aún nos quedaba por delante el que sería, seguramente, el tramo más largo por carretera que realizaremos mientras estemos en Uganda, de más de 300 kilómetros, que aquí significa aproximadamente una jornada laboral entera dentro del 4×4 con lo que el madrugón estaba más que justificado.

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Un alto en el camino para comprar unos mangos…

Con todo, los kilómetros han ido pasando y, con ellos, los paisajes han ido cambiando a menudo que nos acercábamos a las tierras altas, en donde se encuentra el Parque Nacional de Kibale, y las omnipresentes plantaciones de plátanos se sustituían por plantaciones de té, otro de los productos estrella de Uganda y que los ugandeses, como buena ex-colonia británica, consumen a todas horas: Meddie por poner un ejemplo, que es nuestro conductor, lleva un termo lleno que se va enchufando cada dos por tres. Y oye, con las palizas que se pega al volante, mejor que sea así, la verdad.

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Por lo que respeta a Kibale, se trata de un bosque tropical situado entre los 1.100 metros de alturo y los 1.600, que fue declarado Parque Nacional en el año 1993.

En sus caso 800 kilómetros cuadrados se encuentran más de 352 especies de árboles, 375 de aves y una cifra récord de 13 especies distintas de primates entre los que se encuentran las estrellas del lugar: los chimpancés y es que es en él encontramos la mayor población de estos animales de todo el país, con más de 1.200 ejemplares, aunque también encontramos otros mamíferos como elefantes, leopardos o búfalos, aunque verlos entre el denso bosque es una tarea casi imposible, la verdad.

Aquí se viene a ver chimpancés, y eso es justo lo que nosotros hemos venido a hacer.

Con todo, llegamos a la cabecera del Parque, finalmente, sobre las 16:00 de la tarde, justo a tiempo para echar un vistazo a sus instalaciones, y comprobar que todo estuviera en orden para mañana, el primer gran día del viaje, antes de irnos hacia nuestro alojamiento, el Isunga Lodge, ubicado en la ladera de una colina que da al bosque de Kibale y que nos permite hacernos una idea del tamaño de este lugar: joder, esto es realmente enorme con lo que si los chimpancés no quieren, ni de coña los vamos a ver.

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Kibale a nuestros pies…

Con todo, y con la duda y la emoción al mismo tiempo metida en el cuerpo, después de una fabulosa cena con Kibale a nuestros pies, y entre los mil sonidos inquietantes provenientes del bosque, nos despedimos de un nuevo día en La Perla de África, un día más que pasa volando, y es que cuando una vive en un sueño, lo que nunca quiere es despertar…

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Tendremos suerte mañana?

19 de agosto de 2019

Entrar al bosque de Kibale es como entrar a otra dimensión.

Eran poco más de las 8:00 de la mañana cuando Meddie nos dejaba, junto a un Ranger armado, en un punto indeterminado del denso bosque y se despedía de nosotros deseándonos suerte pues en esta excursión no nos acompañaría ni él ni Nicolás: iríamos solos con el Ranger, una pareja de alemanes y unos americanos de casi 70 años de lo más entrañables.

Para ello nos habíamos tenido que despertar sobre las 5:00 de la mañana después de pasar una fabulosa noche en las faldas de Kibale y acercarnos hasta la cabecera del Parque Nacional, dónde se validan los permisos y se forman los grupos que luego irán, por separado, en busca de los distintos grupos de chimpancés.

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Como es normal, antes que nada, te hacen un briefing en donde te cuentan los pasos a seguir, cuales son las medidas de seguridad a tener en cuenta y en donde te dan una breve introducción de las comunidades que habitan este bosque aunque en verdad es nuestro Ranger quien, una vez ya metidos en el denso bosque, nos dice como irá todo y lo que tenemos que hacer en todo momento.

A diferencia que con los gorilas, los chimpancés se han de buscar, rastrear, y es por ello que no es del todo seguro que puedas llegar a contactar con ellos aunque también se ha de decir que el éxito está prácticamente asegurado y es que si el rastreo a la vieja usanza no funciona, unas bonitas radios hacen que si algún guarda se encuentra con algún grupo avise en seguida para que los demás lo puedan encontrar.

Con todo, y después de dejarnos claro que el arma la lleva por si nos topamos con algún elefante de montaña o búfalo y en todo caso para disparar al aire y asustar al animal, empezamos a andar en silencio, atentos a cualquier señal, cualquier ruido, y nos fuimos metiendo más y más adentro de ese denso bosque que parecía engullirnos por momentos hasta el punto de que en menos de 5 minutos de caminar, yo ya estaba completamente perdido y hubiera sido totalmente incapaz de volver atrás.

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Por suerte, Desmond, nuestro Ranger, sabía en todo momento donde estaba (cosa que a mi me parecía un milagro) y seguía atento a cada señal hasta que, de repente, el bosque se estremeció.

Primero vino de lejos, no sabría decir a cuanta distancia y si lo dijera seguramente me equivocaría pero lo si que sé es que los siguientes gritos se fueron acercando cada vez más, al mismo tiempo que se nos erizaba la piel y es que allí estaban, ya no había duda: algo había llamado la atención de un grupo de chimpancés y, uno tras otro, fueron respondiendo, hasta que la última de ellas nos cayó realmente cerca y es entonces cuando Desmond no dudó, puso la directa y detrás de él que nos fuimos. Íbamos a encontrarnos con un grupo de chimpancés salvajes, uno de los motivos por el que habíamos venido hasta aquí.

No sé muy bien cuanto rato andamos, tampoco se muy bien hacia donde fuimos, lo único que puedo controlar es el momento en que Desmond se detuvo, levanto su brazo al cielo y allí estaban: primero solo vimos a uno, pero a la que nuestros ojos se empezaron a acostumbrar al contraluz vimos a más, incluso pudimos distinguir a una mamá con su bebé en brazos, cada uno a lo suyo: unos durmiendo, otros controlando quien eran esos tipos raros que había en el suelo del bosque, otros desparasitándose, otros comiendo. De repente, miraras donde miraras encontrabas chimpancés, todos en lo alto de los arboles, a más de 30 metros del suelo.

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Una gozada que aún fue a más cuando, uno de ellos, el que nos estaba observando con más detenimiento, de repente empezó a chillar como un loco y bajo en un periquete de donde se encontraba, llegó al suelo, nos lanzó una mirada de absoluta indiferencia (estaríamos a unos tres metros de donde él aterrizó) y nos dio la espalda para, muy tranquilamente, dejarnos atrás.

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En aquel punto lo empezamos a seguir un buen rato entre el denso bosque, abriéndonos paso en ocasiones, hasta que tuvo bastante, se sentó de cara a nosotros y, después de estar un buen rato dale que te pego comiéndose los mocos de forma literal se estiró allí mismo y, por arte de magia, se durmió.

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No nos lo podíamos creer, estábamos a poco más de dos metros de aquel animal (a pesar de que en el briefing nos dijeron que la distancia de seguridad era de 8 metros, Desmond se lo pasó por el forro), tan parecido a nosotros, sin ninguna prisa, disfrutando de un momento así. Simplemente alucinante.

Con todo, a pesar de que una vez contactas con ellos, oficialmente, solo puedes estar una hora allí, fueron bastante permisibles y después de dejar allí a nuestro amigo tranquilamente dormido, nos acercamos a otro árbol donde un grupo de unos 11 individuos, entre ellos varios bebés, pasaban esas primeras horas de la mañana hasta que, ahora ya sí, nos hicieron despedirnos y deshacer el camino de vuelta, algo que para mi se antojaba imposible y, con ello, poner punto y final a una de las mejores experiencias que habíamos tenido, y así, cruzando de nuevo el denso bosque, y con los chillidos de los distintos grupos de fondo, dejamos atrás el bosque de Kibale, cerrando un capitulo más a este viaje que, cada día que pasaba, se volvía más y más alucinante.

Madre mía, y lo quedaba aún….

Seguimos??

DATOS PRACTICOS

· Dónde dormir en Kibale: El Isunga Lodge fue uno de los alojamientos que nos propusieran desde un principio desde Mamaland y como lo que vimos y leímos de él nos gustó no lo cambiamos y oye, que gran decisión.

Estamos hablando de un precioso Lodge de bastante nueva construcción, en lo alto de una colina que da al bosque de Kibale, al que te puedes asomar desde un balcón construido literalmente encima suyo, y que ofrece unas vistas de escándalo de uno de los bosques más espectaculares del planeta.

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Además, las cabañas donde duermes están repartidas por la colina, alejadas una de otras hasta tal punto de que uno se encuentra completamente solo en medio de la inmensidad, metido de lleno en los sonidos que provienen del bosque, creándose así una atmósfera mágica y que hizo que se convirtiera, sin duda, en uno de nuestros alojamientos favoritos de todo el viaje.

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Además la cerveza está fría de verdad, algo a tener muy encuenta y es que aquí, como en Kenya, muchas veces te la ponen así, así y eso es algo que no se puede permitir, todos lo sabemos.

· Excursión para el rastreo de Chimpancés en Kibale: En los casi 800 kilómetros cuadrados que conforman el Parque Nacional de Kibale viven, aproximadamente, unos 1.200 ejemplares de Chimpancé, el primate estrella de esta parte del país.

El permiso para poder realizar la excursión de rastreo en los que se contacta con alguno de los distintos grupos de estos primates que habitan en el parque tiene un coste de 150$ por persona (que subirán a 200$ por persona a partir de Julio de 2020) y aunque no es necesario sacarlos con tanta antelación que con los gorilas de montaña, si que es recomendable no dormirse en los laureles más que nada para poder cuadrar todo a nuestro antojo a la hora de organizar nuestro itinerario.

A diferencia de los rastreos para contactar con los Gorilas de Montaña, aquí no está garantizado al 100% que los encontremos ya que se mueven mucho (cada noche duermen en un sitio distinto, sin repetir nunca) aunque si que las probabilidades son muy muy altas más que nada por lo escandalosos que son y es que cuando unos se ponen a gritar, todos los demás les siguen.

Este hecho hace que una vez contactas con ellos la tensión sea alta, más que por miedo a que ataquen por la tensión que genera cuando se ponen todos a gritar y tu estás ahí en medio, además que son mucho más ágiles que los gorilas o, al menos, se mueven mucho más rápido que ellos.

Para los más perros, el bosque de Kibale, o al menos donde nosotros hicimos el rastreo, es mucho menos abrupto que Bwindi con lo que aunque igual te toca caminar lo suyo (nosotros los encontramos a la media hora de salir) no tendrás que salvar muchos desniveles así que no te preocupes, en Kibale se consigue mucho por poco: todo un sueño cumplido!

No dudéis en preguntar si tenéis cualquier duda sobre la experiencia.

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