Un día en Marrakech: cómo sacarle el máximo partido a la Ciudad Rosa

Hacía tiempo que quería escribir sobre la que es, posiblemente, la ciudad del extranjero que más veces he visitado y es que, no en vano, se deben acercar a la decena las ocasiones en que me he perdido por sus callejuelas color rosa sin rumbo, sin nada más que hacer que contemplar la vida pasar.

Por ese motivo no dejaba de sorprender el hecho de que en el Blog no tuviera nada escrito sobre ella con lo que, aprovechando esta serie de entradas con motivo de nuestra subida al Toubkal, la montaña más alta de Marruecos y de todo el Norte de África, y que la mejor ciudad para llegar a él es la Ciudad Rosa, vamos a intentar describir lo que tiene que ser una visita, relámpago en esta ocasión, a esta preciosa ciudad.

Y es que si optáis por seguir el mismo plan que hicimos nosotros para esta escapada y que, sinceramente, creo que es lo ideal, tendréis un día entero para descubrir Marrakech en el caso de que no la conozcáis o para re-descubrirla de nuevo en el caso de que ya, anteriormente, hayáis caído en sus encantos.

Y el comienzo, como siempre, será en su renovado aeropuerto: Llegaréis a ella por el flamante Aeropuerto Internacional de Marrakech-Menara y una vez allí, después de pasar el control de pasaportes y de que os estampen el sello en él, siempre que lleguéis antes de las 21:30 de la noche, tendréis que coger el autobús numero 19 para que os lleve hasta la Medina (30 Dirhams) y más concretamente hasta el centro neurálgico de esta ciudad: la Plaza de Djemâa el-Fna, alrededor de la cual tenéis que tener vuestro alojamiento si o si.

Dónde Dormir en Marrakech

Por el tema alojamiento, los hay a patadas, de todos los tipos y precios, y es que en los últimos años Marrakech a terminado de explotar turísticamente hablando y, con ella, se han multiplicado las opciones para pasar la noche con lo que yo os voy a hablar de los alojamientos que yo he probado, aunque ya os digo que haber, hay muchos más.

    • Riad Le Secret de Zoraida: Mi capricho marroquí. Un remanso de paz y tranquilidad en mitad del caos de la Medina. Pica un poco, eso si, aunque tiene distintos tipos de habitación con tarifas desde más ajustadas a más picantonas.Piscina interior, Hammam y un jacuzzi en la azotea para dejar volar a la imaginación.Mención a parte merecen sus desayunos de escándalo, posiblemente el mejor desayuno que me han servido en un hotel, y he estado en unos cuantos.
    • Riad Sherezade: El primer lugar donde me hospedé en Marrakech, hará como uno 15 años y al que volví en dos o tres ocasiones más. Un lugar sencillo y bastante más económico que el anterior pero que tiene el encanto de los Riads, con su patio interior y sus estancias decoradas con gusto. Muy buen desayuno también.
    • Riad Diamant La Ville Rouge: En la linea del anterior, aunque aún más económico. Alojamiento sencillo pero funcional aunque está recién reformado y eso es un punto a su favor.Rabiaa, el propietario, te ayudará en todo lo que pueda haciendo gala de la hospitalidad marroquí.

Dónde Cambiar dinero en Marrakech

Lleguemos de noche o lleguemos por la mañana, lo primero que hemos de hacer una vez hayamos dejado las mochilas en nuestro alojamiento es cambiar nuestros Euros a Dirhams y es que en el aeropuerto, como mucho, habremos cambiado lo justo para poder pagar el autobús y es que los tipo de cambio allí son abusivos, como en todos los aeropuertos del mundo.

Para ello, el mejor lugar que yo conozco en Marrakech es el que hay en los bajos del Hotel Alí, entre Djemâa el-Fna y la Kutubía, a pocos metros de la parada de autobús.

Lo distinguiréis porque, a parte del enorme cartel que lo anuncia, siempre acostumbra a haber cola para cambiar dinero así que no tiene perdida.

Qué ver en un día en Marrakech

Y ahora ya si, con el hotel ya controlado y el bolsillo lleno de Dirhams (MAD), toca descubrir, y vivir, Marrakech, una de mis ciudades favoritas de todo el mundo.

Para empezar hemos de tener claro que, con solo un día por delante, no tenemos que querer saber nada de lo que hay fuera de la Medina sino que nos hemos de centrar única y exclusivamente en su interior.

Un interior que, como ya sabremos todos, está presidido por la mundialmente famosa plaza de Djemâa el-Fna y es que, allí dentro, todo gira a su alrededor y con razón: si fuera el único atractivo de la ciudad ya valdría la pena hacerle una visita como mínimo una vez al año.

Si algo tiene de especial esta gran plaza abierta es que va cambiando su fisonomía a medida que pasan las horas con lo que hemos de pasar por ella en distintos momentos del día (y de la noche) para poderla conocer bien.

Es por ello que cualquier visita que se precie de Marrakech empieza aquí, a primera hora, cuando el día aún está despuntando, la ciudad se está desperezando y en la Plaza tan solo nos encontramos los enormes puestos de zumos de frutas y de venta de frutos secos y dátiles que en ella hay.

A pesar de que muy probablemente en el desayuno de nuestro Riad ya nos habrán puesto un zumo de tamaño considerable, no es mala idea tomarse otro en alguno de estos chiringuitos, para cargar bien el cuerpo de vitaminas y empezar a conocer las ocurrencias que tienen los vendedores de estos, que se las saben todas con tal de llamar tu atención.

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Además, un zumo de naranja de tamaño más que aceptable te cuesta tan solo 4 MAD, lo que al cambio vendrían a ser 0,40€ con lo que por este precio no nos vamos a arruinar.

Muy posiblemente, y muy a mi pesar, ya empezaremos a encontrar por la Plaza, alrededor de enormes sombrillas, a gente que hace que encanta (maltrata) a serpientes y a otros que, con un mono encadenado por el cuello, te ofrecen hacerte fotos con él a cambio de unos cuantos Dirhams. Por supuesto NO HEMOS DE PAGAR por nada que fomenté y se lucre de la esclavitud y el maltrato animal: JAMÁS! La única manera de que estos animales no estén aquí es que la gente no pague por ello, mientras haya gente que lo haga, los seguirán explotando una y otra vez, haciendo de su vida un autentico calvario.

Desde aquí dejaremos la plaza por una de las callejuelas que salen de ella, concretamente la que sale a la espalda del Restaurante Toubkal para ir a buscar una de las plazas más bonitas de la Medina, la Place des Ferblantiers, recién renovada y alrededor de la cual encontramos varios cafés y tiendas de recuerdos, aunque lo que realmente le da interés al lugar es el monumental Palais El Badiî, construido en el siglo XVI por el sultán Ahmed al-Mansur y del que hoy solo quedan sus murallas y alguna que otra torre, en donde anidan las cigüeñas.

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En mi opinión no vale la pena pagar la entrada ya que dentro no queda nada en pie y si en cambio, subirse a alguno de los cafés que rodean la muralla y tomarse un té a la menta mientras se observa a las muchas cigüeñas que tienen su residencia en sus anchos muros. Personalmente siempre subo a la terraza del Café El Badía, en mi opinión el mejor situado y el más autentico de todos los que hay.

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Desde aquí, no tenemos que andar mucho hasta nuestra siguiente parada: el Palais Bahia.

Aquí si que es imperdonable no entrar (70MAD) y perderse por las distintas estancias de este antiguo palacio que empezó a construir el visir Si Mousa en el año 1860 y que es la viva imagen de lo que tenemos todos en el imaginario cuando nos hablan de las suntuosidad de los antiguos palacios de los sultanes.

Un lugar al que dedicarle su tiempo, perdiéndose por sus jardines, fuentes y distintas estancias, todas decoradas al más mínimo detalle con delicada marquetería y maderas pintadas (zouak).

Ahora, lo más seguro es que ya con el sol empezando a caer a plomo sobre nuestras cabezas, nos tocará movernos hasta la vecina Mezquita de la Kasbah, donde se encuentran las famosas Tumbas Saadíes (70MAD), en mi opinión otra visita imprescindible de la ciudad a pesar de que es posiblemente el lugar donde más aglomeraciones encontraremos de todos, y es que se entra por un estrecho pasillo construido en un lateral de la Mezquita (debido a que la entrada original era a través de ella pero como los no fieles no pueden acceder a su interior se buscó otra solución) y a menudo se forman colas.

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Mezquita de la kasbah
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Mezquita de la Kasbah
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Tumbas Saadíes

En este patio se encuentra la tumba del sultán Al-Mansur, de toda su familia (y poca no tuvo) y de toda su corte y consejeros o lo que es lo mismo, está todo lleno de tumbas.

Cabe destacar la Sala de los doce Pilares, hecha de mármol de carrara y, como no, la tumba del mismo Al-Mansur, coronada por una cúpula fabulosamente decorada.

Con todo, la visita es bastante rápida y como lo más probable es que entre una cosa y otra ya sea la hora de comer, lo mejor que podemos hacer es volver a Djemâa el-Fna y meternos entre pecho y espalda un buen couscous o un Tajine, sin duda alguna mi debilidad.

Dónde comer en Marrakech

El comer en Marrakech es un auténtico placer, desde que te sientas a la mesa y te sirven tu ración de aceitunas marroquíes (que personalmente me chiflan) hasta el té a la menta que te tienes que tomar, si o si, antes de partir.

Para ello, en la Medina, pasa un poco como con los alojamientos: hay infinidad de lugares donde comer, y muchos de ellos, por suerte, buenos.

Os voy a reseñar algunos de mis favoritos aunque siempre podéis preguntar en el Riad donde os alojéis y seguro que os darán buenas recomendaciones.

  • La Cantine des Gazelles: a día de hoy creo que mi lugar favorito donde comer en Marrakech a pesar de que no hace mucho tiempo que está en marcha.Está en una calle aledaña a Djemâa el-Fna y entre sus cuatro pardes sirven comida típica marroquí con un toqué personal que la hace irresistible.Mi favorita es el Tajine des Gazelles, con su mezcla de dulce-salado y el queso de cabra marroquí frito a la menta para antes del atracón. Brutal.

     

    IMG_20190920_194415.jpgEso si, el sitio es pequeño así que no es mala idea reservar si queréis asegurar el tiro.

  • Ame et Sauveurs: un local moderno en con una de las mejores vistas de la Kutubía. Lo descubrí en una de mis últimas visitas a la ciudad y desde entonces siempre repito, en especial por su couscous royale.
  • Le Salama: Este local, situado en una azotea cerca de Dejmâa el-Fna, es ideal para “el capricho”, y es que se trata de un local modernillo, donde además sirven alcohol, y que sirve una comida tipica marroquí pero innovadora. Y todo está de muerte, las cosas como son. Eso si, pica un poco.Mención aparte los guateques que se forman después de comer, y es que un copazo en la Medina, también tiene su que.
  • Chez Chegrouni: Personalmente me gusta sentarme en la barra que tienen en el piso superior y que da a Djemâa el-Fna para no perderme detalle de ella mientras como. Se podría considerar un sitio muy turístico, pero la verdad es que la comida está muy buena, en especial el tajine de pollo y ciruelas, mi preferido.

Una vez comidos son dos cosas las que podemos hacer: una es volver al Riad, echarnos un rato o disfrutar de la piscina si es que tiene y cuando pasen las hora de más calor volver a ponernos en marcha o dos: refugiarnos de la chicharra que cae sobre nuestras cabezas en la sombra del inmenso y laberíntico zoco de Marrakech, donde reposa gran parte de la esencia de la ciudad.

Antes de todo, por eso, tenemos que tener clara una cosa: entraremos, pero no sabremos del cierto cuando vamos a salir de allí, ni con cuanto dinero de menos en el bolsillo: no por que nos atraquen, tranquilos, para nada va a ocurrir eso, sino porque las opciones para comprar allí son infinitas, con lo que ir preparados, sobretodo para el noble arte del regateo, completamente imprescindible en el zoco aunque tranquilos, siempre, al menos yo, saldréis con la sensación de que han salido ganando ellos, y es que estamos delante de auténticos profesionales, la cosas como son.

Con todo, lo suyo es perderse por sus callejuelas sin rumbo fijo, ir observando que si ahora el zoco de las telas, que si ahora el de los tintoreros, el de los orfebres, el de las babuchas, todos tienen su encanto y cuando estemos cansados de tanta tienda y de tanto ofrecimiento, pues siempre tendremos un café a mano para sentarnos a tomar un té.

El único lugar al que tenéis que llegar si o si, hacerlo como queráis, es la Madraza de Ben Youseff, mi lugar favorito de toda la ciudad.

Esta escuela coránica fue construida, como no podía ser de otra manera, por la saadíes, y es todo un remanso de paz dentro del caos agitado del zoco, un lugar en el que sentarse en el suelo y respirar hondo se convierte en todo un placer, ajeno a todo lo que nos rodea: es mi lugar para mandar a la mierda al mundo un poco.

La entrada al recinto cuesta, para variar, 70 MAD, y te da acceso a toda la escuela coranica, celdas incluidas, aunque la estrella de todo es su precioso patio interior, rodeado por mosaicos de cerámica de mil colores, arcos estucados y dinteles de cedro.

Una maravilla que yo, personalmente, visito cada vez que pongo un pie en la ciudad y que, muy a mi pesar, no podréis ver hasta, como mínimo, de aquí a DOS AÑOS!!

Y es que están reformando el recinto por completo, de echo hasta la calle que da acceso a él está levantada de arriba a abajo y he de reconocer que miedo me da lo que va a quedar del lugar, aunque hasta que no veamos la obra terminada les tendremos que otorgar el beneficio de la duda.

Así que sin la Madraza de por medio, lo mejor que podéis hacer es, aprovechando que ya el sol no caerá tan a plomo, y cuando ya tengáis suficiente de gastar dinero en las tiendas del zoco, mirar de encontrar la salida de nuevo hacia la plaza (algo difícil, pero siempre encontraréis a alguien dispuesto a ayudaros, no os preocupéis) y acercaros hacia la mezquita más famosa y fotografiada de la ciudad: la Kutubía.

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Esta mezquita, omnipresente desde muchos puntos de la ciudad, y a la que los no musulmanes tienen prohibido el acceso, fue la que se utilizó como referente a la hora de construir la Giralda de Sevilla y la Torre Hassan de Rabat, y es de una belleza sublime.

Nos hemos de acercar por la tarde, cuando ya no pica tanto el sol, porque en sus alrededores las sombras brillan por su ausencia y el calor que desprende la plaza es descomunal, pero una visita a la ciudad sin pasear por sus alrededores no se puede considerar como tal.

Además, una vez hayamos terminado con ella, tenemos a tiro de piedra la terraza del Café Glacier, bajo mi punto de vista el mejor mirador para observar la metamorfosis de la plaza, sobretodo cuando se acerca la puesta de sol.

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Es importante llegar pronto ya que lo mismo que pienso yo lo piensan decenas de turistas y las mesas que dan a Djemâa el-Fna se ocupan rápidamente pero si tenemos la suerte de agarrar una de ellas no la tenemos que soltar: es momento de quedarse embobado mirando la vida como florece en la plaza, como los puestos de caracoles (riquísimos, ya os lo digo) montan primero sus paradas al mismo tiempo que el centro de esta lo van ocupando los chiringuitos que, en un rato, se llenaran de gente cenando.

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Cuando eso ocurra, la enorme explanada que queda en frente se llenara de gente en círculos viendo algunos pequeñas actuaciones de músicos locales, otros intentando cazar botellas de refresco de dos litros con cañas de pescar y otros escuchando, atentamente, las historias que explican los cuenta cuentos para despedir el día, nuestro día en Marrakech, mientras el humo de la plaza forma una niebla que le da, más si cabe, ese toque mágico que tiene este lugar.

Este es el momento, entre tanta magia, de despedirnos de ella e ir a cenar a alguno de los muchos sitios que hay en la Medina (menos en la plaza: puede ser muy folclórico cenar en sus chiringuitos pero ni la comida es buena, ni barata, con lo que yo no lo recomiendo) y decirle adiós, por unas horas, a la ciudad.

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