Ascensión al Toubkal, el techo de Marruecos y del Norte de África

21 de Setiembre de 2019

Las 8:00 de la mañana es una hora más que aceptable para abandonar Marrakech y salir rumbo hacia Imlil.

Nuestro conductor nos recoge en la puerta misma del Riad y, sin tiempo que perder, dejamos la Ciudad Rosa atrás, en un Taxi nuevecito para nosotros dos solos, para adentrarnos en las primeras estribaciones del Atlas, entre oasis y oasis, hasta desviarnos hacia el valle de Imlil por el que poco a poco fuimos ganando altura hasta llegar a la localidad del mismo nombre: el verdadero punto de inicio de la ascensión al Toubkal.

IMG_20190921_085915-01.jpeg

IMG_20190921_094923-01.jpeg
Imlil

Aquí nosotros lo que hicimos fue dejar una mochila con la ropa y demás cosas que no íbamos a necesitar durante los dos días que iba a durar la ascensión en el alojamiento que nos habían reservado para nuestra vuelta, al día siguiente por la noche, y partimos con lo estrictamente necesario para subir al techo de África y es que no es plan de llevar peso inútil: cada gramo de menos que pudiéramos cargar, bienvenido sea.

Un tema que nos preocupaba era el de los bastones y es que llevarlos de casa significaba tener que facturar con el consiguiente sobre-coste que eso conllevaba así que le preguntamos por correo a Hamid por el tema y nos dijo que no nos preocupáramos, que en Imlil los podríamos alquilar sin problema y así fue: por 50 MAD cada uno teníamos nuestro par de bastones telescópicos listos para ayudarnos a subir.

Ahora ya si, empezaba la subida.

Serían como las 10 de la mañana cuando nos bajábamos del Taxi un poco más arriba de Imlil, concretamente en Amred, el lugar oficioso en el que empieza la ascensión al Toubkal y donde nos espera ya Mustapha, el que iba a ser nuestro guía, para contarnos un poco como iba a ir la jugada y gestionarnos las inscripciones en el primero de los Check Points que nos íbamos a encontrar, en los que te tienes que registrar si o si (sino no pasas), pasaporte en mano, para poder seguir.

IMG_20190921_100045-01.jpeg

Es aquí también el primer punto donde controlan que vayas con guía, y una vez hecho todo el tramite, a patear, que esto solo acaba de empezar.

Estamos a 1.900 metros sobre el nivel del mar y el sol, por la época en que nos encontramos, ya empieza a picar fuerte con lo que no es mala idea untarse de protector solar como si no hubiera un mañana antes de empezar.

Rápidamente el camino, siempre bien marcado, empieza a tirar para arriba, nunca demasiado, eso si, lo que te permite coger un buen ritmo e ir ganando metros rápidamente por la ladera este de la montaña primero, hasta que nos metemos de lleno en un valle formado por un riachuelo que va dejando preciosas pozas de agua cristalina a su paso, aunque no me quiero ni imaginar lo fría que debe de estar.

IMG_20190921_104412-01.jpeg

IMG_20190921_102402-01.jpeg

IMG_20190921_103252-01.jpeg

Sin duda este tema, el del agua, es uno de los más importantes y es que con el calor que pega durante el día, es fundamental estar bien hidratado.

Para ello, constantemente, a lo largo del camino, nos encontramos con puestecitos que nos ofrecen desde botellas de agua de litro y medio (10/15MAD) hasta tés, refrescos, deliciosos zumos de naranja recién exprimidos e incluso comidas y es que, sobretodo durante los primeros kilómetros de la ascensión, el camino está bastante transitado de locales, ya sea en mulas subiendo y bajando materiales y provisiones, como gente a pie que se acerca hasta alguno de estos asentamientos que hay a lo largo del camino.

El más importante de ellos, que se encuentra a unos 3 kilómetros de la salida y se situá a unos 2.300 metros de altitud (y en donde está el segundo Check Point), es también un importante centro de peregrinación, motivo por el cual podemos ver a gente en ropa de vestir bajo la tremenda calorina que se acercan hasta allí solo para solucionar sus cuentas pendientes. No deja de ser curiosos el contraste, entre los europeos Full Equip vestidos para la ocasión, con los locales en zapatos de charol y vestidos de domingo.

IMG_20190921_110735-01.jpeg

IMG_20190921_111839-01.jpeg

Nosotros aprovechamos esta parada para tomarnos un par de tés que nos acompañaron de un platazo lleno de frutos secos y dátiles que nos fueron de fábula para encarar el siguiente trozo de la subida, posiblemente el más duro del día, sobretodo debido a la hora, ya con el sol casi encima de nuestras cabezas cayendo a plomo.

Con todo y esto, la verdad es que aquí uno, que no está nada en buena forma, se lo imaginaba más duro de lo que en realidad iba siendo, y es que si, la cosa tira para arriba, pero nada que no se pueda superar pillando tu ritmo y sin prisas, disfrutando del paisaje, que lo merece.

IMG_20190921_112324-01.jpeg

IMG_20190921_132116-01.jpeg

Y de esta manera, sin darnos cuenta, llegamos al tercer y último Check Point, situado a unos 2.800 metros de altura, cuando apenas llevábamos dos horas de camino y ya a tiro del Refugio, levantado a unos 3.200 metros de altura sobre el nivel del mar, y que se situaba en el fondo del mismo Valle por el que íbamos ganando metros y al que llegamos poco más de una hora después, cuando aún no eran ni las dos del mediodía, después de habernos cascado unos 1.200 metros de desnivel en 3 horas y 15 minutos de marcha.

IMG_20190921_140128-01.jpeg

IMG_20190921_140407-01.jpeg

IMG_20190921_140641-01.jpeg

Adjunto el Track de Wikiloc por si le queréis echar un vistazo.

Una vez en el Refugio del CAF, lo primero, como no podía ser de otra manera, era dar cuentas a una enorme tetera que nos esperaba, y a un pequeño tentempié que nos prepararon para hacer tiempo hasta la hora de cenar: una ensalada y un plato de pasta para cargarse bien de hidratos para mañana, que falta nos harán.

Una vez ya repuestos, tiempo para aposentarnos en nuestro dormitorio, pegarnos una ducha y dar una vuelta por los alrededores, nada serio, simplemente para moverse un poco y es que hemos de tener en cuenta que nos encontramos a 3.200 metros de altitud, y puede que el cuerpo, si no estamos acostumbrados, pase factura: para ello, importantísimo estar siempre bien hidratado, pillar una botella por banda y beber como si fuera un domingo de resaca, y aunque meéis mucho, el cuerpo lo agradecerá.

También puede que os notéis sofocados con tan solo subir escaleras, por ejemplo, algo totalmente normal, por eso intentar no hacer esfuerzos excesivos durante la tarde, y si tenéis dolor de cabeza un spidifen y listos, ya veréis.

Eso si, llevaros un libro o algo porque allí, no hay absolutamente nada que hacer con lo que algo para entreteneros se agradecerá.

Nosotros pasamos la tarde al sol hasta que este se ocultó detrás de las montañas de más de 4.000 metros que rodean el refugio, y con él, se fue el calorcito para dejar paso a un frío helado que nos recordaba donde estábamos, momento en que decidimos entrar al salón a esperar la cena, que se sirve a las 18:00 de la tarde y consta de un cazo enorme de deliciosa sopa marroquí que sienta de lujo, con otro platazo aún más enorme de pasta (con enorme me refiero a exagerado, no había dios que se lo terminara eso) y tajine de pollo, junto con su correspondiente tetera hasta los topes.

IMG_20190921_183146-02.jpeg

En definitiva, una cena cojonuda, algo exagerada para mi gusto pero eso es algo que es común, por lo visto, en la mayoría de refugios de montaña del mundo entero, y que te deja KO para poderte echar a dormir nada más terminar, cuando la noche ya empieza a caer sobre el valle y la vida en el Refugio, a 3.200 metros de altura, poco a poco, va llegando a su fin.

IMG_20190921_193453-01.jpeg

Mañana es el día, toca descansar.

22 de Setiembre de 2019

3:00 de la mañana y suena el despertador.

La noche, en el Refugio del CAF, ha sido tranquila, si obviamos algún que otro ronquido (es fundamental llevar tapones para los oídos cuando se va a dormir a un Refugio de Montaña) y calentita, y es que con la manta que te dan es más que suficiente para pasar una noche de lujo (no es necesario subir saco de dormir, no carguéis peso tontamente).

A esa hora, los primeros que se ponen en marcha ya están desayunando, mientras que otros apuran un poco más las horas de sueño, como intentando evitar lo inevitable.

El motivo por el que nosotros nos hemos levantado en las primeras tandas es porque la intención es salir antes de las 4:00 de la mañana para poder llegar a la cumbre justo a la hora del amanecer y poder disfrutar de ese espectáculo desde el punto más alto de todo el norte de África.

Para eso, antes, toca desayunar, potente, como no, y prepararse bien para el frío, y es que a esta altura, por muy verano que sea, a estas horas, pega un frío que pela.

Con todo, salimos cuando ya los primeros grupos han abandonado la calidez del Refugio y los vamos viendo subir, poco a poco, en medio de la más absoluta oscuridad siendo cada uno de ellos un puntito de luz en la negrura de la noche. Aquí empieza lo duro y es que la subida de hoy poco o nada tiene que ver con la de ayer: hay casi 1.000 metros de desnivel hasta la cima del Toubkal y se recorren en la mitad de distancia que ayer lo que significa que el camino pica el doble para arriba así que paciencia, poco a poco y a apretar.

Lo bueno de que sea de noche es que no tienes prácticamente ninguna referencia así que no tienes ni que levantar la mirada, solo te importa tu y el halo de luz que crea tu frontal, enfocando siempre al suelo para saber donde debes pisar.

La verdad es que tenía miedo de como respondería el cuerpo a la altitud y me quedé sorprendido de que no solo iba bien, sino que, poco a poco, fuimos adelantando a los distintos grupitos que habían salido con anterioridad y que te ibas encontrando tirados por el suelo, recuperando un aliento que poco les había durado.

Eso, a mi entender, era un tremendo error y es que más vale la pena aminorar el ritmo y subir más lento que tirarse al suelo, con el frío que llegaba a pegar, y es que me imagino yo allí y te juro que luego no me levanto: de echo, algunos de ellos se volvieron para abajo, acertada decisión si tu cuerpo dice que no sube más.

De esta manera, despacito pero sin pausa, llegamos al collado que separa el Toubkal Central del Toubkal Oeste, ya a 4.000 metros de altura, cuando aún era negro noche y es que no eran ni las 6:00 de la mañana, los tres íbamos bien, y ya teníamos la cima a tocar, solo un último apretón, y 40 minutos más tarde, veíamos recortada en la oscuridad la pirámide metálica que hay ubicada en su cima, donde solo había un guía y su cliente y nadie más.

Desde Senegal a Sudán, no había nada ni nadie más alto que nosotros en ese preciso instante, el mismo instante en que el sol empezaba a aparecer y creaba una paleta de colores oníricos en el horizonte: lo habíamos conseguido, estábamos en la cima del Toubkal, 4.167 metros por encima del nivel del mar.

Éramos el techo del Norte de África.

IMG_20190922_064337-01.jpeg

IMG_20190922_070201-01.jpeg

Eso si, el frío hacía mella, y es que si la temperatura igual estaría rondando los 0 grados, era el gélido viento que soplaba con fuerza y bajaba la sensación térmica un buen puñado más y que hacía que temblaras desde la cabeza a los pies con lo que uno no podía parar quieto.

Por eso es muy importante ir bien equipado: aquí puede estar la diferencia entre disfrutar de la cima o convertirla en una agonía.

Poco a poco, con el paso de los minutos, la gente iba llegando, y la soledad que nos habíamos encontrado (y ganado) al inicio pasó a la historia, momento en el que decidimos que ya habíamos tenido suficiente y empezamos a bajar, aunque a diferencia de lo que hace la mayoría, que es bajar por el mismo camino por el que se ha subido, y que hubiera sido un autentico suplicio al tener que cruzarnos con varias decenas de personas que iban en ese momento hacia la cima, nos encaminamos hacia el norte, para bajar por el siguiente valle y, de paso, ver los restos de una antigua avioneta que se estrelló aquí en los años setenta y cuyos restos están esparcidos por toda la ladera.

IMG_20190922_070610-01.jpeg

IMG_20190922_071516-01.jpeg

IMG_20190922_073719-01.jpeg

De entre todos ellos, destaca por encima de los demás uno de los motores, que se quedó, no me explico muy bien como, en la escarpada cima del Tibheirine, en un equilibrio a simple vista imposible.

IMG_20190922_075415.jpg

IMG_20190922_075250-01.jpeg

La verdad es que, a parte de por esto, que quieras o no es curioso, al bajar por este valle conseguimos algo que no habíamos tenido desde que salimos de Imlil y que no es otra cosa que soledad, y es que no nos cruzamos ni divisamos absolutamente a nadie durante las dos horas y pico que tardamos en descender de nuevo al Refugio.

IMG_20190922_071124-01.jpeg

IMG_20190922_075356-01.jpeg

IMG_20190922_073046-01.jpeg

IMG_20190922_082626.jpg

IMG_20190922_081314-01.jpeg

IMG_20190922_091924.jpg

Sin duda, este hecho, fue el broche de oro a un día perfecto y aunque esto hace que luego tengas que volver a subir un poco más, ya que el valle desemboca un centenar de metros por debajo del Refugio: la sensación que se siente absolutamente solo entre esos gigantes bien vale el calentón.

Una vez abajo, y después de los abrazos y el té de rigor, un par de horas de descanso antes de comer y de seguir el descenso, pues aún teníamos unos 1.200 metros de desnivel para llegar a Imlil, y con el cansancio que ya a estas alturas llevábamos acumulado y con el sol que ya empezaba a apretar, eso iba a ser, posiblemente, lo más duro de todo el fin de semanas.

Lo bueno? Pues que prisa ninguna, se trata de, igual que a la subida, pillar tu ritmo, ir bajando lo más cómodo que uno pueda (a estas alturas, al menos a mi, las piernas ya me empezaban a maldecir) y tarde o temprano llegarás.

Y cuando te cansas, pues te paras a tomar un par de tazas de té y que la teína haga el resto.

Con todo, a las 14:00 de la tarde, casi tres horas después de haber dejado el Refugio atrás, llegábamos, bastante enteros, todo se ha de decir, a Amred: ahora si, habíamos terminado!

Adjunto el Track de Wikiloc de esta segunda jornada.

Era el momento de despedirnos de Mustapha y de encontrarnos con una más que merecida ducha en el albergue donde íbamos a pasar la noche antes de volver a Marrakech y, aunque la idea era la de bajar hasta el pueblo para ver que se cocía por allí, una vez duchados, decidimos que de allí nos nos iba a mover ni dios ni alá ni nadie: las piernas pesaban varias toneladas con lo que después de una siesta de esas que corren el riesgo de juntarse con la hora de dormir, y después de que nos prepararan un delicioso (y otra vez exagerado) platazo de couscous, dimos por finalizado este largo y fabuloso día: era el momento de morir y a ver mañana la magnitud de la tragedia.

Último día en Marrakech: vueltas y más vueltas por el zoco y a volar!

Que bien se duerme cuando te lo has ganado, verdad??

Alrededor de 11 horas cayeron al final, debajo de las suaves y gruesas mantas del albergue, de dónde uno no querría salir jamás aunque llegó el momento de ponerse en marcha, tocaba volver a Marrakech, dejar el valle atrás, y recordar esos días con una sonrisa en la cara, aunque ahora, lo más probable, es que no podamos ni andar.

IMG_20190923_084412-01.jpeg
Así viste el Toubkal desde la terraza de nuestra habitación

Y fue de esta manera, de nuevo entre las callejuelas de Marrakech, que terminó esta aventurilla, una aventurilla que nació improvisada y que, como todo lo que nace de repente, se convirtió en algo genial y que, durante mucho tiempo, vamos a recordar.

Si tenéis cualquier o pregunta al respecto no dudéis en disparar…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .