21 de Agosto de 2019

Yo debería tener unos 15 o 16 años cuando, en una clase de Economía de las que fui, mientras estaba en el instituto, mi profesor, que a parte de maestro era, y es, un consumado viajero y con el que aún tengo contacto, nos habló por vez primera de la experiencia de ver a los Gorilas de Montaña en vivo y en directo y, lo más importante, en su hábitat natural.

En verdad esas historias de viajes que nos contaba fue prácticamente lo único que me quedó grabado de economía y es que, por aquel entonces, estudiar no era, ni mucho menos, mi prioridad.

Años más tarde, en Varanasi, en una de esas mesas internacionales que se forman en los alojamientos baratos y en las que cada uno cuenta sus batallitas alrededor del mundo, nos topamos con un francés loco, no recuerdo su nombre, pero que había recorrido medio planeta, incluso hacia poco que había llegado, con todo su morro, a picar a la puerta de la embajada de Francia en Kabul para decirles que, a diferencia de lo que ellos le decían cuando les pedía información para visitar Afganistán, si que era posible entrar al país y salir vivo de él. Automáticamente lo metieron en un avión y lo llevaron de vuelta a Francia, hecho por el que aún maldecía la hora en que decidió presentarse allí.

Pues bien, fue este francés loco el que me volvió a hablar de los Gorilas de Montaña, en una de esas charlas entre cerveza y cerveza y lo calificó como la mejor experiencia que había tenido a lo largo y ancho de este mundo y eso, saliendo del chalado ese, eran, sin duda, palabras mayores.

Solo faltaba eso para encender la mecha que se había formado unos años antes en mi antiguo instituto y, desde entonces, se había convertido en un sueño que, tarde o temprano, tenía que cumplir.

Era por eso que estar, en ese instante, a las puertas del Parque Nacional del Bosque Impenetrable de Bwindi despertaba en mi una emoción sin precedentes, que muy pocas veces he podido vivir viajando: iba a cumplir el que, seguramente, era mi mayor sueño viajero hasta la fecha y no me lo acababa de creer.

Habíamos llegado procedentes de Ishasha, donde el no haber podido encontrar a los leones trepadores de arboles nos había creado una decepción que se esfumó automáticamente al llegar a Buhoma, uno de los cuatro sectores que tiene el Parque Nacional de Bwindi y para el que teníamos nuestro permiso para el día siguiente.

IMG_20190821_181820-01.jpeg

Este Parque Nacional, que fue fundado en el año 1991, está formado por un bosque tropical húmedo de más de 25.000 años de antigüedad (de hecho está considerado uno de los bosques más antiguos del planeta) y sus 331 kilómetros cuadrados, situados entre los 1200 metros de altura y los 2600, albergan una de las mayores reservadas de biodiversidad del mundo.

Más de 400 tipos de plantas, 350 de aves, 51 especies de reptiles, 202 de mariposas y 120 especies de mamíferos viven en sus escarpadas laderas y de todas ellas, una destacando por encima de las otras hasta el punto de hacer invisibles a todas las demás: aquí viven la mitad de los Gorilas de Montaña que hay en el mundo.

Eso si, verlos no es tarea fácil, para empezar, por el precio: el permiso, por persona, asciende a 600 US$ (a partir de Julio del 2020 el precio será de 700$) y te da derecho a estar uno hora con el grupo que te toque. Y ya no solo a nivel económico venir aquí es un esfuerzo y es que Bwindi, en lengua local, significa impenetrable y el porque se llama así es algo que uno ve a simple vista con solo bajar del 4×4: delante tuyo se levantan escarpadas y empinadas laderas de densa vegetación, de cuestas resbaladizas y de camino por los que uno se tiene que abrir paso a machetazos y es justo en ellas, en algún lugar imperceptible desde donde estás, que se encuentran ellos, los Gorilas de Montaña.

IMG_20190822_070317-01.jpeg

Allí donde se esconden los sueños.

Con todo, la carga de emoción era más que considerable y ya solo podíamos que ir restando las horas para que llegara el momento de partir y para ir haciéndonos una idea, que mejor que tener nuestra cabaña justo en el punto donde termina el pueblo y empieza el bosque, y allí dimos por finalizado nuestro día, engullidos por los mágicos y a veces inquietantes sonidos de Bwindi, de ese mundo dentro de nuestro mundo que al día siguiente íbamos a descubrir.

22 de Agosto de 2019

7:30 de la mañana.

Hora de partir.

Por suerte, desde nuestro alojamiento se tardan dos minutos andando hasta la cabecera del Parque Nacional, donde se forman los distintos grupos y se dan las indicaciones a seguir durante el tracking.

IMG_20190821_175103-01.jpeg

Para amenizar un poco el estado de nervios que lleva la gente al llegar aquí y para dar voz a la comunidad local, nada más llegar una organización de mujeres de Buhoma te obsequia con distintos bailes locales que sirven para evadirse un poco de todo y es cuando ellas terminan que, ahora si, empieza el Rock and Roll.

El encargado de darte la bienvenida y contarte como irá todo el tinglado es el máximo responsable de la UWA (Uganda Wildlife Authority) que te explica los progresos que han habido desde que se declaró Parque Nacional el área de Bwindi y como se reparten tus 600$ entre comunidad local, para la que va destinado el 20% según dice, y para la conservación del Parque y en concreto de los gorilas y algo se debe estar haciendo bien por que ya son varios años seguidos en los que la población crece, llegando, en el momento en que nosotros estamos allí, a los 1004 ejemplares en todo el país.

Actualmente, en Bwindi, hay 18 grupos de los que llaman habituados, que son los que se pueden visitar: 4 en el área de Buhoma, 4 en Ruhija, 7 en Rushaga y 3 más en Nkuringo.

IMG_20190822_082112-01.jpeg

Para llegar a ellos, depende mucho de la suerte que tengas, puede ser que con tan solo una hora de pateada des con ellos o que tengas que cruzar el bosque a machetazos durante más de 5 horas, lo que es seguro es que, te toque el grupo que te toque, los vas a ver y es que antes que tu han salido los llamados Trackers que son los encargados de localizar al grupo que se te ha asignado y que luego indicaran mediante walkies donde es que se encuentran para que tu guía te lleve hasta ellos.

A nosotros nos asignaron el grupo de Mubare, junto con 5 personas más (los grupos son, como máximo, de 8 personas, y son inflexibles en ello) y después de eso ya nos agrupamos alrededor de George, nuestro guía, que se dispuso a darnos las indicaciones de seguridad pertinentes.

Guardar una distancia de seguridad de 5 metros como mínimo, nunca intentar tocar a los gorilas, por supuesto, nada de comer ni beber cuando estemos con ellos, hablar solo si es necesario y hacerlo muy flojo, mantener el grupo unido y minimizar tus movimientos fueron alguna de las indicaciones que nos dieron y si tenemos la mala suerte de que algún gorila carga contra nosotros (cosa que no es habitual si no te pasas de listo, claro), retroceder muy despacio, siempre mirando hacia el suelo, nunca mirar a los ojos al animal y, sobre todo, nunca correr. Si lo haces, cagada, aunque me pregunto si mantener esa sangre fría debe ser posible en un momento como esos.

Con todo, nuestro gran momento había llegado, era el momento de cargar agua y comida y ahora si, salir a por ellos.

Un Sueño cumplido: nuestro encuentro con los Gorilas de Montaña de Mubare

Parece mentira que, en apenas cincuenta metros, uno pueda pasar de estar sentado en un moderno edificio, con todas las comodidades que uno necesita como es la cabecera del Parque Nacional del Bosque Impenetrable Bwindi a, de repente, estar en un mundo aparte, rodeado de enormes arboles y de una densa vegetación que hace que pierdas por completo la noción del espacio, y que cualquier forma de vida civilizada te parezca a años luz del lugar en el que estás.

Pero es precisamente lo que ocurre aquí, y es que la espesa vegetación reduce tu horizonte a unos pocos metros y los arboles que conforman el bosque, algunos de ellos de más de 50 metros de altitud, hacen que no exista nada más que ese lugar en el que estás y por el que empezamos a andar los 7 que conformábamos el grupo: dos españoles más, una brasileña y un matrimonio de Washington de origen hispano. Junto a nosotros, George, AK47 al hombro, y unos metros por delante otro Ranger, también armado, que hacía de avanzadilla para advertir cualquier peligro que pudiera haber. Para cerrar el grupo, otros dos guardias armados, que cargaban los machetes con los que se tendría que abrir camino más adelante, cuando nos acercáramos al grupo de Gorilas de Mubare.

IMG_20190822_093228-01.jpeg

IMG_20190822_093309-01.jpeg

P8221687-01.jpeg

IMG_20190822_084522-01.jpeg

IMG_20190822_110718-01.jpeg

IMG_20190822_093558-01.jpeg

P8221480-02.jpeg

Y nada más salir, a mirar hacia arriba y es que aquí, estas montañas, no dan un respiro y es un subir constante, a menudo por resbaladizos caminos, que poco a poco, a medida que vamos ganando altura, van estrechándose cada vez más, hasta desaparecer entre la vegetación. Es entonces cuando entran en juego los machetes y es gracias a ellos que vamos recortando metros a esas montañas que ante veíamos inalcanzables y que ahora, con el calentón que llevamos en la espalda, ya se les empieza a ver el final.

En verdad, andar por esos paisajes, de un verde exuberante, tan lejanos a lo que nosotros conocemos como Bosques, es ya en si una experiencia única aunque reconozco que a medida que íbamos devorando metros el nerviosismo iba haciendo mella y la incertidumbre del momento acrecentandolo más y más hasta que, de repente, George se detuvo, se giró hacia nosotros y, sonriendo, nos miró.

No dijo nada, ni falta que hizo, habíamos llegado, no había duda pero, donde narices estaban los gorilas??

Recuerdo ese momento como uno de los más mágicos que he vivido nunca, con una sensación como de éxtasis, rodeado de una vegetación que me llegaba al pecho, con tres millones de moscas a mi alrededor y sudando como si saliera de un baño turco pero nada de eso importaba: sabía que estaban allí, era solo cuestión de tiempo.

Con todo, se notaba que George lo que quería hacer era que se juntara todo el grupo pero yo, lo siento, no podía más y mis ojos iban locos de un lado para otro hasta que, en una de esas, la vi.

La teníamos a nada, 10 metros como mucho, pero entre la densa vegetación no la habíamos podido distinguir pero ahora, ahora no había dudas, tenía una hembra de Gorila de Montaña delante mío, observándome, mientras mascaba hierva sin parar.

Todo resumido en una imagen.

Todo.

P8221541-02.jpeg

P8221519-01.jpeg

P8221642-01.jpeg

Entonces ya George no pudo contenernos más y junto a un par de trackers rodeamos un enorme árbol que nos tapaba la visión y allí estaban, la hembra que había visto junto con un enorme espalda plateada, sentado, escudriñando a esos blanquitos con cara de tontos que los miraban sin poder para de sonreír, llorando de emoción incluso.

Por mucho que me esfuerce, mi capacidad de escritura no puede describir todo lo que vivimos en aquella hora, totalmente atemporal, que vivimos con los Gorilas de Montaña de Mubare.

P8221500-01.jpeg

P8221605-01.jpeg

P8221565-02.jpeg

P8221533-02.jpeg

P8221564-02.jpeg

P8221491-02.jpeg

P8221580-02.jpeg

P8221492-01.jpeg

P8221489-01.jpeg

P8221563-02.jpeg

P8221503-01.jpeg

P8221566-01.jpeg

Estábamos cumpliendo un sueño pero viviendo en él, y es que no existía nada más que ese espacio, en lo alto de una colina del Bosque Impenetrable de Bwindi, dónde nos encontrábamos.

Finalmente nuestro grupo se componía de dos hembras adultas, una de ellas embarazada y que nos regaló alguno de los momentos de más complicidad de todos cuando, a apenas tres o cuatro metros nuestro, se sentó sin apartar la mirada de nuestros ojos, con ese rostro tan familiar y esa expresión…

P8221621-02.jpeg

P8221615-02.jpeg

P8221658-02.jpeg

P8221626-02.jpeg

P8221655-02.jpeg

También había un bebé entre ellos, juguetón a más no poder, que iba de un lado a otro bajo la atenta mirada del gran espalda plateada, que decidía cuando era el momento de moverse, de comer, de descansar.

P8221601-02.jpeg

P8221599-02.jpeg

P8221668-02.jpeg

Además, como durante gran parte de la hora que estuvimos con ellos estuvieron entre la hierba, creo que el tamaño no se acababa de apreciar, por eso cuando, en una de estas, el macho se levanto para agarrar una liana que caía de un árbol y mostró toda su envergadura, más de uno trago saliva como diciendo: la madre que me parió vaya bicho.

P8221589-02.jpeg

Eso si, miedo, no se si por el subidón o porqué pero he de decir que cero, e incluso que fue mucho más tenso nuestro encuentro con los chimpancés en Kibale que con los Gorilas de Montaña, supongo que porque son mucho más tranquilos y menos escandalosos que los chimps, aunque eso no quiere decir que no te pueda arrancar la cabeza de un tortón, claro.

Con todo, según nos dijeron, claro, porque para mi el tiempo dejó de existir por completo, justo cuando había pasado una hora desde que los vimos por primera vez asomar entre la vegetación, nos hicieron la señal de que era el momento de irnos, sin derecho a replica, con lo que todos, poco a poco y sin hacer movimientos bruscos, nos fuimos retirando con la vista clavada en aquellas maravillosas criaturas hasta que, de la misma manera que habían aparecido, por arte de magia, se esfumaron.

Aún nos tuvimos que contener un centenar de metros más o menos, hasta que, ya lejos de ellos, nos dieron permiso para hablar y fue entonces cuando todos explotamos, cada uno a su manera, unos riendo, otros llorando, pero lo que estaba claro es que habíamos vivido un sueño y esa hora que habíamos pasado en la montaña, nadie de los allí presentes, jamás, la íbamos a olvidar.

Ahora solo tocaba bajar de nuevo hacia la cabecera del Parque intentando no dar con nuestro culo en el suelo, aunque eso, sinceramente, creo que a nadie nos importaba y es que solo hacía falta vernos las caras cuando, a medio camino, nos detuvimos a comer, aún con el subidón encima: por siempre ya, gracias Uganda!

La verdad, no se me ocurre mejor manera de terminar nuestro viaje por La Perla de África y eso que aún teníamos que acercarnos hasta el precioso Lago Bunyonyi, dónde pasaríamos la noche de hoy antes de mañana partir, pero ya nada de eso importaba: Habíamos cumplido un Sueño, nuestro Sueño de África.

Y yo ya no se como seguir dándole las gracias a este continente por tanto…

DATOS PRACTICOS

· Dónde dormir en Buhoma: En Buhoma y alrededores hay alojamientos de todo tipo: desde pequeños lodge hasta grandes resorts de lujo.

De entre todos ellos, nosotros elegimos el Buhoma Community Rest Camp, gestionado por la comunidad local y en el que parte de los beneficios se quedan en ella.

Además, está situado en la misma puerta de entrada al Parque Nacional (hasta la cabecera del Parque hay dos minutos…andando) y sus cabañas están situadas en la colina que cae sobre el mismo Bosque Impenetrable de Bwindi, con lo que el espectáculo está garantizado. Incluso nos comentan que alguna vez los mismos gorilas se han dejado caer hasta aquí, aunque no se que hay de cierto o de leyenda en eso.

Por lo demás, es un alojamiento sencillo pero más que correcto, sin grandes lujos pero que repetiríamos sin dudar.

Recomendable 100%

· Excursión para contactar con los Gorilas de Montaña del Bosque Impenetrable de Bwindi:

Sin ningún lugar de a dudas, el principal motivo por el cual viene a este precioso país la gran mayoría de gente que lo hace: nosotros incluidos.

Y es que en muy pocos lugares del mundo uno puede contactar con los Gorilas de Montaña como ocurre aquí, en Uganda, y más concretamente en el Parque Nacional del Bosque Impenetrable de Bwindi, donde tiene lugar la actividad.

Para realizarla, hemos de tener varias cosas en cuenta pero posiblemente las dos principales sean estas: ahorra y reserva con tiempo.

La primera es debido a que el precio de los permisos para realizar la actividad es de 600$ por persona (que pasarán a 700 a partir de julio de 2020) y la segunda es porque, obviamente, las plazas son limitadas y es que a pesar de que hay varias decenas de grupos de gorilas habituados que pueden entrar en contacto con los humanos, en cada grupo pueden ir un máximo de 8 personas con lo que, sobretodo en temporada alta, estos se llenan rápidamente.

Es por esto que es fundamental realizar la reserva cuanto antes, ya que todo tu viaje por Uganda irá en función a cuando tengas el permiso para llevar a cabo la excursión. Nosotros reservamos en enero para realizarla en Agosto, imaginaros si fuimos precavidos, pero en cambio conozco de gente que intentó sacar el permiso con solo un par de meses y tuvo mucho problemas para ello así que si no te la quieres jugar, ya sabes lo que debes hacer, avisados estáis.

Otra recomendación es que dejéis esta actividad para el final del viaje y es que, bajo mi punto de vista, claro, después de esto ya nada importará con lo que os quedarán por delante unos días de actividades que poco os motivaran después de esta increíble experiencia.

En cuanto a la excursión en si, la verdad es que depende mucho de qué familia de Gorilas os toque y del grupo que tengáis: nosotros andamos hora y media y teníamos un grupo bastante homogéneo con lo que íbamos todos a un mismo ritmo pero tener en cuenta que la gran mayoría de gente que hace la actividad es gente tirando a mayor, y aunque no quiero decir que tenga que ser así, si que es posible que en algunos casos eso ralentice el trekking hasta llegar a ellos.

De todas formas, desde la cabecera del Parque ya forman los grupos para que eso no pase y es que aquí poca voz podéis tener vosotros a la hora de reservar.

Y en cuanto a la duración y la dureza del recorrido, lo que decíamos, todo depende.

Hay grupos que en 40 minutos ya contactan y otros, en cambio, tienen que caminar durante 5 horas para hacerlo.

Lo único que tienen en común es que, si o si, todos los grupos van a tener su hora de gloria en la que se olvida todo el sufrimiento que ha supuesto llegar hasta allí.

Y es que el camino, puede ser duro, sobretodo si llueve o ha llovido recientemente (cosa muy habitual) ya que tira para arriba durante todo el rato y acabas de barro hasta las orejas o si no estás en forma, aunque por eso no sufríais, los guías llevan un ritmo muy pero que muy calmado, parando cada dos por tres para coger aire y están pendientes de que todo el mundo vaya a una con lo que entre eso y los nervios, el tramo de subida pasa volando.

Así que ya sabéis, cualquier cosa me decís e intentaré ayudaros en todo lo que pueda!

Seguimos cumpliendo sueños!!

IMG_20190822_122407-01.jpeg

3 pensamientos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .