11 de octubre de 2019

Nuestra relación de amor con las Islas Canarias empezó justo aquí hace algo más de tres años, creo que en esta misma mesa incluso de La Cofradía de Pescadores del Puerto de la Cruz, con la coqueta bahía de esta localidad tinerfeña a nuestros pies, igual que ahora y, creo además, que con los mismo platos encima de la mesa: queso asado, papas, calamares a la plancha y una de las especialidades de la casa, el pulpo frito.

Después ya vino el irresistible poder de atracción que ejerce el Teide en mi y que hace que no pueda dejar de mirarlo esté donde esté, o sus playas de arena negra sacadas de alguna de las entregas de Parque Jurásico, Bosques de Hadas, sus encantadores pueblos o las ballenas y delfines que habitan sus aguas pero el inicio fue justo aquí, y le teníamos que rendir homenaje.

Habíamos llegado a Tenerife un par de horas antes, puntuales, sobre las 20:00 de la noche y, poco después, ya dejábamos el Parking del aeropuerto en el coche que habíamos alquilado para las apenas 10 horas que pasaríamos en la isla y es que, aunque estábamos en una de nuestras islas favoritas de todo el archipiélago, sino la que más, esta vez, nuestra visita iba a ser fugaz: mañana a las 7:00 de la mañana cogíamos otro avión hacia el que era nuestro destino final para estos días: la Isla de La Palma o como la llaman sus habitantes, La Isla Bonita.

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Con todo, habíamos reservado un precioso Airbnb a escasos 10 minutos del aeropuerto y habíamos alquilado un coche porque nos salía más barato (17,50€) que ir y volver en Taxi (unos 10/11€ por trayecto) pero en el fondo de todo, el motivo principal era este y es que no se me ocurre mejor manera de empezar un viaje así, sin duda el preámbulo perfecto de nuestra aventura palmera que, en solo unas horas, iba a empezar…

Nos vamos??

12 de octubre de 2019

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Nos habían recomendado que, si podíamos, nos sentáramos en el lado izquierdo del avión que tenía que llevarnos de Tenerife a La Palma y en ese preciso momento entendía el porque: no hay mejor declaración de intenciones que cuando la avioneta cruza el mar de nubes por encima del cual has estado volando desde que dejaste el Aeropuerto de Los Rodeos y saludaste al Teide y te encuentras, de repente, con los gigantescos y escarpados acantilados que dominan el sureste de la isla, solo alterados por las coladas de lava que cayeron a plomo al mar ganándole metro a metro al Océano Atlántico.

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Es una declaración de intenciones salvaje, para que sepas, desde antes de tocar el suelo, donde narices estás: estás en La Palma, la Isla Bonita, y aquí, pronto, uno sabe el porque la llaman así.

Rápidamente, a pesar de que aún no son ni las 9:00 de la mañana, recogemos el que será nuestro coche durante los próximos cinco días y nos ponemos en marcha, y es que las ganas de empezar a ver que se cuece por aquí nos pueden y, sin desayunar ni nada, nos dirigimos hacia la que será nuestra primera parada del día: la Cascada de los Tilos

La Cascada de los Tilos, mejor presentación, imposible…

Y es que si bien es cierto que cuando escuchamos hablar de La Palma a todos nos viene a la cabeza el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, que por supuesto vamos a visitar aunque no va a ser hoy, a su alrededor, y bajo su influencia, encontramos muchos otros espacios protegidos que hacen de la isla un paraíso para los senderistas y es que, no en vano, existen más de 1.000 kilómetros de senderos señalizados en ella, para que os hagáis una idea de cual es la actividad estrella aquí y, sobretodo, de si da de si su entorno natural.

Nuestra primera parada, como decíamos, estaba en la parte noreste de la isla, y llegamos a ella a través de la LP-1, que sale de Santa Cruz de la Palma y bordea todo el norte hasta Los Llanos, que será precisamente el itinerario que seguiremos hoy pero antes, lo dicho, teníamos una cita con la Cascada de los Tilos, ubicada en el Parque Natural de las Nieves, que abarca desde la ladera exterior de Taburiente hasta unos 300 metros de altura sobre el nivel del mar y es, de hecho, el primer sector catalogado por la Unesco como Reserva de la Biosfera.

Infinidad de escarpados y profundos barrancos bajan de sus laderas y esconden, en sus sombrías profundidades, esplendidos bosques de laurisilva, también conocidos como selvas templadas, que vienen de la época terciaria y que solo se conservan en estas islas dándole un valor incalculable a todo lo que tenemos alrededor.

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Hoy, de todas formas, como la idea tampoco era la de pegarnos el palizón, tan solo nos acercaríamos hasta el Centro de Visitantes de Los Tilos y de allí, ya metidos hasta la médula en las húmedas (y frescas) profundidades del Barranco del Agua haríamos, totalmente solos, los poco más de 500 metros que separan a este de una de las imagenes más fotografiadas de la Isla Bonita: La Cascada de los Tilos.

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Se trata de un salto de agua de unos 30 metros que aparece de en medio de la densa vegetación para caer en un barranco al que se puede llegar andando hasta ponerse uno justo debajo de ella, con el consiguiente chaparrón que eso lleva, claro.

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La verdad es que llegar al sitio ya es lo más, cruzando oscuros túneles excavados en la roca, una roca completamente conquistada por el musgo, pero es que una vez llegas allí y ves el espectáculo:

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Apenas llevamos un par de horas en la isla y ya sabemos, perfectamente, porque se la conoce como la Isla Bonita, y pensar que esto es solo acaba de comenzar.

No puedo esperar para ver más…

Bueno si, que coño, son ya casi las 11 de la mañana y desde las 5 que llevamos en pie así que es momento de papear algo y para ello, si estamos en Los Tilos, tenemos el lugar perfecto justo allí, debajo del Centro de Visitantes, en el Restaurante Casa Demetrio, que llevan dos mujeres más majas que las pesetas y que nos han servido un platazo de Costillas con patatas y maíz al mojo verde que te cagas encima: así se comienza el día, joder, que café con leche ni que ostias!

El Charco Azul

Nuestra idea era, desde aquí, acercarnos a la Villa de San Andrés y hacer un poco el guiri por sus adoquinadas y cuidadas calles y es que, no en vano, nos habían hablado maravillas de este pequeño pueblecito ubicado a orillas del mar pero, muy a nuestro pesar, al llegar, nos hemos topado con un desfile de picoletos de gala, pero del rollo tricornio y capa, eh, cosa seria, que se dirigían hacia la iglesia del pueblo para celebrar el 12 de Octubre con lo que ni de coña íbamos a parar allí, demasiado para aquí un servidor, con lo que quien sabe si algún otro día pero hoy, San Andrés, no la íbamos a pisar.

Lo bueno de esto es que a tirar de piedra de allí se encuentra otro de los lugares que se han de ver en La Palma que no es otro que el famoso Charco Azul, que son una serie de piscinas que se han ido formando con la erosión que el mar ejercía sobre la frágil roca volcánica pero que tiene una particularidad que las distingue de todas las demás (porque si, todas las Islas Canarias están llenas de piscinas de estas) y es que aquí, justo en el punto donde están las piscinas llega también agua dulce, que se mezcla con la del mar y es por eso que uno apenas se nota salado cuando se baña en ellas.

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Cosas que solo pueden pasar aquí, en las Canarias.

Lo bueno es que el sol, poco a poco, iba haciendo acto de presencia y con el el termómetro subía lo suficiente como para poder pegarse unos baños en sus transparentes aguas, y cogiéndonos unas horas que bien necesitábamos, y es que la falta de sueño se empezaba a notar.

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La LP-1 por el norte de La Palma, un placer para quien le guste conducir…

Con todo, se acercaba la hora de comer y para ello recogíamos el tinglado y nos poníamos en marcha por la LP-1, que sería nuestro eje durante el día de hoy, hasta llegar a Barlovento, ya en el extremo norte de la isla.

Aquí empieza el tramo más salvaje de toda La Palma y es que aquí quien manda es la naturaleza y sus designios, algo que vemos kilómetro a kilómetro, por una carreterita por la que casi no nos cruzamos con nadie, curva tras curva, salvando valles y desniveles sin parar, haciendo que, como mucho, y con suerte, uno pueda poner tercera alguna vez.

Si os gusta conducir y nadie se marea, adelante: es lo más circular por entre bosques de pino canario y que, sin uno darse cuenta, estos den paso a húmedas laderas comidas por el moho, hasta que estas hacen lo mismo con terrazas y terrazas llenas de viñedos, y que en nada, otra vez, se conviertan, a tu paso, en interminables plantaciones de plátanos, todo esto en pocos kilómetros, no os penséis, y es que desde Barlovento hasta nuestra próxima parada, en Tijarafe apenas hay 40 kilómetros de distancia. 40 kilómetros, por eso, que uno tarda en recorrer más de hora y media. Y sin parar.

Esta es la parte de la isla que el hombre apenas a podido domar hasta que uno llega al municipio de Puntagorda y ya enfilamos hacia el sur, aquí la cosa ya cambia, la carretera se suaviza y la vida a su alrededor ya vuelve a florecer en forma de municipios de un tamaño considerable hasta que llegamos, ya sobre las 17:00 de la tarde, ojo, a la que iba a ser nuestra última parada del día y, posiblemente, una de las más curiosas de la isla: el Porís de la Candelaria.

El Porís de la Candelaria

Para llegar a este lugar, por eso, tienes que ir suelto al volante y no ponerte nervioso y es que tienes por delante una carreterita empinada nivel no ves la calzada por la que circulas y además, en la mayor parte del trayecto, con suerte cabe un coche con lo que encontrarse uno de cara imaginaros lo que es pero si superas tus miedos, y te plantas en el aparcamiento que hay casi al nivel del mar, te espera una agradable sorpresa.

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Como su nombre indica (Porís significa muelle) el Porís de la Candelaria es un muelle, en efecto, pero un muelle muy peculiar: se encuentra dentro de una enorme cueva dentro de la cual, los pescadores, empezaron a construir, hace ya más de 80 años, pequeñas chozas de pesca que, con el tiempo, fueron ampliando hasta el punto de que, hoy en día, es todo un pueblo dentro de la cueva, a nivel del mar y a los pies de un impresionante acantilado.

Pero es que hay casas hasta con tres pisos!!!

Además el lugar lo envuelve como una capa de misterio que le da un encanto especial, un poco pirata igual, que hace que a uno le entren unas ganas enormes de quedarse allí. Y además en un día como hoy, con el mar completamente en calma y transparente como nunca lo había visto yo en las Canarias.

Actualmente, los dueños de las casas las utilizan para los fines de semana, venir a pescar y luego cocinar a la brasa las capturas, mientras dan cuenta a una botella de Ron Aldea y respiran el aire que viene del mar, aislados de todo.

Un lugar fascinante y precioso, y que nosotros, la verdad, no teníamos en la lista de imprescindibles pero de la que a pasado a formar parte de golpe, sin pestañear.

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Todo un Must de La Palma pero lo dicho al principio: ojito al llegar.

Con todo, ahora ya si que igual iba siendo hora de ir a buscar nuestro alojamiento, y es que eran casi las 19:00 de la tarde y ya lo habíamos montado para terminar cerca de donde este se encontraba, en los Llanos de Aridane, en el centro de la isla para tener a tiro, si es que aquí se puede tener algo a tiro con tal y como son las carreteras, todos los rincones que nos quedaban por descubrir, que eran muchos, lo sabíamos, pero que de bien seguro vamos a íbamos a disfrutar.

Y mañana, Buceo en La Palma….

Seguimos??

DATOS PRÁCTICOS

· Dónde dormir en La Palma:

A la hora de elegir alojamiento para nuestros días en La Palma hemos de tener una cosa clara antes de nada: Oeste, igual a sol, Este, igual a lluvia, o como mínimo, cielo encapotado.

Y es que la enorme mole que forma la Caldera de Taburiente crea también un micro-clima que hace que en una isla tan pequeña como es la de La Palma puedas pasar de un cielo azul eléctrico a otro gris y triste en apenas unos pocos kilómetros.

Por eso, a la hora de elegir nuestro alojamiento teníamos claro que sería en la parte más soleada de la isla, es decir, en la costa oeste pero además también buscábamos que nos quedara a buen pie para poder conocer el resto de La Palma y para ello, la zona que quedaba mejor situada era la central, y es que de aquí sale una carretera que mediante un túnel te cruza de costa a costa pero además tenemos a tiro tanto la carretera que sale hacia el norte como la que va hacia el sur: Adjudicado!

Aquí las poblaciones más importantes son Los Llanos de Aridane y Tazacorte y buscando buscando dimos con un alojamiento en la primera que cumplía con todos los requisitos que buscábamos: La Camuesa.

Se trata de unos apartamentos situados a las afueras de la localidad, de los que además teníamos muy buenas referencias y que incluso disponían de una piscina con vistas al Océano Atlántico y en donde por las cuatro noches que íbamos a pasar nos pedían menos de 200€ con lo que poco había que pensar.

Muy muy recomendable.

· Dónde comer en La Palma:

    • Casa Demetrio: Situado junto al Centro de Visitantes de Los Tilos se trata de un Restaurante tradicional que sirve comidas desde las 10 de la mañana y que lo llevan dos hermanas que is harán sentir como en casa. De echo a nosotros nos hicieron entrar y sentarnos junto a la chimenea porque Adri aún tenía el frío y la humedad metidos en el cuerpo y, la verdad, parecía más que estuviera en casa de alguien comiendo que en un restaurante. Muy Recomendable.Costillas con Patatas y Piña (Maíz) al mojo verde + Cerveza + Cafés = 12€

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    • Restaurante Las Goteras: Situado en el Parque Recreativo de la Laguna de Barlovento, su especialidad es la carne y el gofio escaldado. Nosotros este último no lo pedimos porque no somos muy fans pero después de ver que todas las mesas lo hacían y de ver la pinta que tenía nos arrepentimos un poco. Eso si, la carne estaba buenísima y hasta reventar.Queso Asado + Parrillada de Carne de cerdo (1kg) + 2 jarras de cerveza + Coca cola + Quesillo casero (Postre típico) + Barraquito = 37,5€

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    • El Asador del Campesino: Nuestra primera opción a la hora de comer pero llegamos a la 13:30 y la cola que había era descomunal: imposible sin reserva y si querías esperar tenías para hora y media mínimo. No puedo opinar pero por lo visto, tiene que ser una muy buena opción. De los mejores de la Isla, según dicen.

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