25 de diciembre de 2018

Que el capitán del avión que nos llevaba al aeropuerto de Basilea, también llamado EuroAirport, por estar a caballo entre Suiza, Francia y Alemania, se llamara Capitán Noél y, para más inri, fuera el mismísimo día de Navidad, y os juro que no es broma, era sin duda el epílogo perfecto de nuestra escapada navideña a esta región, la Alsacia, que en el preciso instante en que el tren de aterrizaje se postraba sobre el frío asfalto, daba comienzo.

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Por delante teníamos 6 días para descubrir la región donde dicen que empezó la Navidad y, para ello, lo primero que teníamos que hacer era hacernos con un coche: si en febrero del 2017, cuando visitamos la ciudad suiza lo que tuvimos que hacer al bajar del avión era seguir la banderita helvética, ahora, que nuestro primer destino era la ciudad francesa de Mulhouse, nos tocaba seguir la tricolor para salir por la parte del Aeropuerto que da a Francia y en donde nos esperaba el Renault Clio que habíamos reservado meses atrás a través de Rentalcars.

Con todo, menos de media hora después de bajar del avión ya estábamos circulando por las oscuras autopistas francesas, 0 grados fuera del coche, ni frío ni calor, para dirigirnos a nuestro primer alojamiento de este Road Trip, el Ibis, en la Estación Central de Mulhouse donde mañana por la mañana, bien temprano, ahora si, empezaba nuestro Alsacia en Navidad.

Empezamos??

26 de diciembre de 2018

Una de las costumbres que tenían los nazis (de los cojones) era la de ponerle el nombre de Adolf Hitler a una calle o plaza importante de las ciudades y pueblos que invadían durante la Segunda Guerra Mundial y eso, aquí en Mulhouse, era la calle por la que estábamos andando, pelados de frío, esta mañana del 26 de diciembre. Lo que esos lumbreras no hicieron antes de rebautizar la calle principal de la ciudad, por eso, fue eso de preguntar como se llamaba antes y es que si lo hubieran hecho hubieran sabido que esa calle se llamaba Rue du Sauvage, la calle del salvaje, y claro, el chismorreo estaba servido: la calle del salvaje era la calle de Adolf Hitler, vamos, que ni anillo al dedo, cosa que no gustó un carajo a los perros esos que rectificaron a los pocos días para devolverle su nombre original.

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Y es que con solo preguntar, muchas veces, uno se puede ahorrar el apuro y sino, miranos a nosotros: si hubiéramos preguntado hubiéramos sabido que hoy es festivo y que el Mercado de Navidad de Mulhouse, en lugar de abrir como toooodos los días a las 10 de la mañana, abría a las 12. Pero no lo hicimos y ahí nos veis a los 3, pelados de frío como perros y preguntándonos donde narices está la gente hasta que nos dio por mirar.

Pero en fin, que allí estábamos, así que a patearnos la ciudad que había que entrar en calor.

No os penséis, por eso, que hay mucho que ver en Mulhouse, a no ser, claro, que queráis tirar de museos, y es que si os van, entonces, estáis en vuestra ciudad: que si el Museo del Automóvil, que si el Museo del Ferrocarríl, que si el de Bellas Artes, etc, etc, pero eso, a nosotros, en cambio, no entraba en nuestro planes con lo que después de visitar las dos Torres de defensa de la ciudad que aún quedan en pie de cuando Mulhouse era una importante urbe medieval, la Tour Nessel y la Tour du Diable, ambas levantadas en el siglo XIV y que formaban parte de un importante sistema de fortificación, y aprovechando que, poco a poco, la hora de que todo arrancara llegaba nos hemos ido hacia el centro neurológico de Mulhouse en estas fechas: la Place de la Reunión.

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Con esta plaza pasa algo parecido que con Roma, todos los caminos de Mulhouse te llevan a ella y eso es debido, yo creo, a que en un extremo de ella se levanta la Iglesia Protestante de Sainte-Étienne, de casi 100 metros de alto y cuyo campanario sobresale desde cualquier punto de la ciudad con lo que es casi imposible no recaer en él.

Por suerte, a diferencia de lo que habíamos leído y escuchado, nos encontramos con una Place de la Reunión prácticamente vacía, con algún que otro turista despistado, eso si, pero poco más: las paradas del enorme Mercado de Navidad de Mulhouse que la envuelve ya están sacando humo, el olor a especies y vino caliente reina en el ambiente mientras la música suena formando parte del decorado. En un extremo de la Plaza, la enorme noria, señal de identidad del Mercado de Mulhouse y en el otro extremo, el Hôtel de Ville, que hoy alberga el Museo Histórico de Mulhouse pero cuyo principal aliciente son sus cuatro fachadas decoradas modo ninja y que representan distintas figuras alegóricas, símbolos del buen gobierno y de la justicia y cuya fachada principal está presidida por una enorme escalinata vestida con sus mejores galas y, todo se ha de decir, algo descentrada.

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Con todo, a uno no le cuesta mucho meterse en el papel: – Así que de esto se tratan los Mercados de Navidad de la Alsacia, no?

Así que con la lección ya bien aprendida, y habiendo gastado un par de horas no más en Mulhouse centro, era momento de seguir con nuestra ruta, y es que esto, solo acababa de empezar.

Próxima parada: Turckheim.

Turckheim

Para llegar a este pueblecito, situado unos 50 kilómetros al norte de Mulhouse, ya en el corazón de la Alsacia, uno se da cuenta del porque esta tierra es conocida, además, por su vino y es que en este trayecto uno no hace más que cruzar interminables viñedos que se alzan por las primeras colinas de los Vosgos que van quedando a nuestra izquierda creando un paisaje de una geometría perfecta hasta llegar a nuestro destino y toparnos, de morros, con uno de sus emblemas: la Port de France, una de las 3 Puertas que quedan en pie de la antigua fortificación y convertida, hoy, en uno de los emblemas de Turckheim.

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Esta villa medieval fortificada, en donde de Mayo a Octubre sigue existiendo la figura del sereno, que vigila por la seguridad de sus habitantes cada noche a partir de las 22:00, aún es, hoy en día, uno de esos pueblos de cuento que a uno le vienen a la mente cuando escucha el nombre de esta región y todo eso a pesar de que quedó gravemente dañada durante la batalla de Colmar, en la Segunda Guerra Mundial, y, para darse cuenta de ello, uno no tiene más que cruzar la Porte de France.

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Una vez dentro, las típicas casas Alsacianas hacen acto de presencia, pintadas de mil colores distintos y con sus entramados imposibles de maderas y en donde las decoraciones navideñas no podían faltar y solo hace falta andar un poco para encontrarse, ya, con algunos de los edificios más representativos de Turckheim, que se levantan todos alrededor de la Place Turenne, sin duda el centro del mundo durante este periodo y es que en ella es donde se monta el Mercado de Navidad de Turckheim, que a pesar de ser uno de los más pequeños, es, sin duda, de los más vistosos y es que sus casetas son como de dibujos animados, de mil colores y como si hubieran caído todas a su aire y desperdigadas (de hecho hay una que está al revés).

También es en esta Plaza donde, cada año, se lleva a cabo un calendario de adviento gigante, que nosotros, al ser día 26, encontramos ya totalmente abierto pero que en los días previos a la navidad se va abriendo a una ventana por día, puntuales a las 17 de la tarde montando un buen espectáculo para ello, sobretodo para los más pequeños.

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Como edificios destacado, justo antes de llegar a la plaza encontramos las Corps de Garde que hoy en día alberga la Oficina de Turismo de Turckheim y que fue construido en 1580 con la finalidad de ser utilizada como almacén pero también como sede de la asociación del pueblo aunque lo más significativo es que la campana que alberga fue utilizada para llamar al pueblo a manifestarse durante la Revolución Francesa. En frente mismo se levanta una gran fuente, toda engalanada para la ocasión, no podía ser de otra manera, construida en en siglo XVIII.

El Hôtel de Ville, del siglo XVII, fue la sede del Tribunal de Justicia de la antigua ciudad imperial y hoy en día alberga una exposición aunque para mi, sin duda, el edificio más espectacular de todo Turckheim es el Auberge aux Deux Clefs, también en la misma plaza, y que fue construido en 1620 para albergar a personajes ilustres que visitaran la ciudad y que hoy en día sigue teniendo la misma función y cuyo principal atractivo es su fachada, de arenisca y madera, siendo realmente espectacular.

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Con todo, y a pesar de que al ser la hora de comer he de reconocer que el pueblo estaba un poco demasiado solitario para nuestro gusto, terminamos nuestra visita a Turckheim paseando por la Grand-Rue, la arteria principal de esta villa medieval y alucinando con sus casas y decorados a nuestras anchas, sin prisa y sin agobios, antes de tocar retirada: Kaysersberg, el que fue nombrado Pueblo más bonito de Francia en el año 2017, nos esperaba.

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Kaysersberg

Una vez ya metidos en el centro de este meollo llamado Alsacia, moverse de pueblo en pueblo, en coche, es cuestión de minutos y es que un radio de unos 15/20 kilómetros encontramos algunos de los pueblos más pintorescos de toda la región y nuestro nuevo destino, Kaysersberg, es uno de ellos.

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Este pueblecito, situado a los pies de una colina en donde se levanta el castillo del mismo nombre y rodeado de viñedos es otro de los imprescindibles de cualquier visita a la Alsacia y de eso nos damos cuenta al llegar y es que aunque en ningún momento podemos hablar de aglomeraciones ni de agobios, si que encontramos algo más de movimiento que en nuestras paradas anteriores y eso, a decir verdad, le da un poco más de vidilla al asunto.

De todos modos aparcamos sin problemas en las puertas del pueblo y con solo dar cuatro pasos uno ya se mete de lleno en el personaje, y es que con solo cruzar el Pont Fortifié todo lo que habíamos visto en nuestras paradas anteriores se queda corto y entendemos el porque Kaysersberg está considerado uno de los pueblos más bonitos de toda Francia.

Pero vayamos por partes.

Lo primero con que nos encontramos, a parte de una preciosa calle peatonal todo repleta de espectaculares casas alsacianas a banda y banda y decorados hasta la saciedad, es con el Pont Fortifié anteriormente nombrado. Este puente, construido en 1514 y que cruza el río Weiss, da paso a la calle principal de Kaysersberg, la Rue du Général de Gaulle , alrededor de la cual podemos ver el alma de este pueblecito, que parece recién sacado de un cuento, o que nosotros hayamos retrocedido de repente varios cientos de años: todo está en su lugar, cada casa impolutamente pintada y la madera vista barnizada y reluciente hasta el punto de que uno se llega a preguntar que es lo que será cierto de todo esto y es que es realmente acojonante.

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De todas formas, nosotros, antes de meternos de lleno en esta calle hemos decidido subir hasta el Castillo de Kaysersberg, que domina el pueblo, y que hoy en día aún tiene en pie una Torre del Homenaje, construido alrededor del año 1.200 y a la que se puede subir después de pegarse un buen calentón con los más de 100 escalones que hay para llegar arriba.

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Pero claro, una vez arriba, ni te acuerdas del calentón, y es que se divisa, a pesar de la niebla que no levanta ni por casualidad, todo el casco antiguo de Kaysersberg, los Vosgos a un lado y al otro, y hasta donde alcanza la vista, interminables viñedos, formando una postal de escándalo, la verdad, y que te sirve para pillar bien de perspectiva para cuando estás abajo metido en ese cuento.

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Y es que luego, una vez de nuevo en la Rue du Général de Gaulle, lo mejor es dejarte de mapas, gps’s y ostias varias y ponerte a andar sin rumbo, parándote en los rincones que te llamen la atención (que os digo desde ya que son muchos) y pasar de los que no lo hagan, disfrutar de los increíbles adornos de sus históricas casas, de sus fuentes, como la Fontaine Constantin, una de las más espectaculares, entrar en sus centenares de tiendas y darle caña al vino caliente, omnipresente aquí, y uno de los mejores remedios para entrar en calor.

Además al llegar sobre las 15:30 de la tarde, y teniendo en cuenta que aquí se hace de noche sobre los 17:30, hemos podido ver las dos Kaysersberg, la de día, la de los detalles, y la de noche, la de la magia y las luces que ha hecho que este pequeño pueblo rodeado de viñedos pasara, sin contemplaciones, a nuestra primera posición de este Alsacia en Navidad.

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Y mañana Eguisheim, Riquewihr y Ribeauvillé nos esperan…

Pero había que dejar el cuento y es que aquí como se te vaya un poco de las manos te quedas sin cenar y nosotros aún teníamos que irnos hacia Eguisheim, donde dormiremos las próximas dos noches y que utilizaremos como Campo Base para conocer algunos pueblos más de esta región, región que, estamos seguro, nos seguirá sorprendiendo.

Así que sin más, y aprovechando la clandestinidad que da la noche para tener una primera toma de contacto con la mágica Eguisheim, y hechos caldo, todo se ha de decir, tocamos retirada después de meternos entre pecho y espalda algunos de los tipicos platos alsacianos como son el Choucroute aux 5 viandes o un Jarret de porc laqué para chuparse los dedos en una típica bodega del pueblo llena a reventar.

Mañana más!

Seguimos!

DATOS PRACTICOS

· Donde dormir en Mulhouse:

Para dormir en Mulhouse, teniendo en cuenta que llegábamos tarde y que solo estaríamos una noche, fuimos a lo fácil (y barato para esas fechas): Ibis Budget Mulhouse Centre Gare.

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Un Ibis de toda la vida, funcional y limpio, y lo más importante, con sitio donde aparcar enfrente sin pagar!!

Además está a una distancia andable del centro con lo que mejor imposible.

Habitación Triple: 59€ la noche.

· Donde dormir en Eguisheim:

En Eguisheim íbamos a estar dos noches con lo que ya buscamos algo más comodo y encontramos el Brit Hotel Confort La Ferme du Pape, a pocos metros de la muralla que rodea este precioso pueblo de la Alsacia y con parking privado, es decir, la clave.

Además el hotel es precioso, todo de madera y decorado como un antiguo refugio de montaña pero con todas las comodidades de un Hotel.

Además, en su restaurante se come de fábula.

Habitación Triple para dos noches: 218€

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