26 de abril de 2019

Para llegar a Boquete desde Boca Chica, dónde nos encontrábamos después de haber descubierto el fabuloso Parque Nacional Marino del Golfo de Chiriquí, aún teníamos un buen trecho, un trecho que, gracias a la amabilidad de los panameños, se haría mucho más llevadero pero claro, eso, nosotros, aún no lo sabíamos.

Y es que para empezar, nuestros anfitriones en el Roxy Fishing Club, nada más vernos llegar tostados de tanto sol y rebosando salitre, nos volvieron a dar la misma habitación en la que nos habíamos quedado la noche anterior para que nos ducháramos y para lo que hiciera falta cosa que, la verdad, nos fue de perlas y es que el calentón que traíamos encima era importante después de todo el día bajo el sol.

Ya de camino a David, donde teníamos que dejar nuestro coche de alquiler, un policía que nos detuvo en un control de carretera nos corrigió el rumbo para llegar de una forma más directa y rápida a nuestro destino y una vez ya en este, el colofon final fue cuando Lena, la chica de Sixt a la que alquilamos el coche, se ofreció a llevarnos ella directamente hasta Bajo Boquete y es que ella vivía un poco antes en esa misma dirección, y no le importaba en absoluto acercarnos y así ahorrarnos el trayecto en bus o en Taxi, que es como teníamos pensado hacerlo.

Así que de esta guisa, charlando sobre Panamá y sobre su vida, sobre las frutas que crecen en esta temporada o los pájaros que uno puede ver por aquí, pasó el trayecto volando, de casi una hora, hasta que coronamos el puerto que da acceso a nuestro destino para las próximas dos noches: Bajo Boquete.

Habíamos elegido este lugar para cambiar un poco de registro antes de encarar la última etapa de nuestro viaje en Bocas del Toro ya que se trata de un destino totalmente distinto a los que llevábamos vistos hasta el momento y es que en Boquete los protagonistas no son ni las playas ni el sol, sino más bien todo lo contrario: situado a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar, aquí los bosques lluviosos son los protagonistas, y los azules imposibles del mar se convierten en una explosión de verde mires donde mires, mientras que el lugar de los cocoteros lo ocupan las omnipresentes plantaciones de café, los arboles frutales y las flores.

Además, este lugar se ha convertido en un importante enclave turístico centrado sobretodo en los deportes al aire libre, y es que su laderas son el escenario ideal para ello: desde senderos que cruzan interminables bosques en busca de cascadas ocultas a feroces rápidos por los que descender en balsa, todo lo que implique una ración extra de adrenalina es posible aquí en Boquete y aunque nosotros nos lo íbamos a tomar con la calma, también teníamos preparado algo para mañana, cuando intentaríamos descubrir un poco lo que se cuece por esas laderas.

Así que ya con la noche cayendo sobre las montañas, Lena nos dejó a las puertas de nuestra casa para los próximos dos días, la Casa Azul, un lindísimo alojamiento que parece sacado de un cuento y donde nos recibían con los brazos abierto, algo a lo que ya nos estábamos acostumbrando aquí en Panamá y es que a lo bueno uno se acostumbra rápido verdad??

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Nuestro alojamiento: Precioso, verdad??

Con todo, solo nos quedaba disfrutar de la cena en el fresco de la noche boqueteña, tomarnos una copa a la salud de toda la buena gente que nos habíamos cruzado durante el día de hoy y descansar para poder darle caña mañana a todo esto que, me da a mi, tiene mucho que ofrecer.

27 de abril de 2019

Si ayer, a las 3 de la madrugada, cuando estaba sudando lo que no está escrito en Boca Chica me llegan a decir que, tan solo 24 horas después, dormiría en un lugar, no muy lejos de allí en realidad, tapado ya no solo con la sabana sino incluso con la colcha y que incluso así tendría algo de frescor te aseguro que no me hubiera creído ni media palabra pero, lo que tiene cambiar de altitud, así fue.

Y que bien dormí, por favor, necesitaba algo de frescura entre tanto calor que hace en este país así que más contento que unas pascuas y después de haber pasado la mejor noche de todo el viaje, a las 8 de la mañana bajábamos al comedor de nuestra casita de muñecas para que nuestra anfitriona nos preparara un pedazo de desayuno consistente en fruta fresca con yogur y granola, café recién molido, como no podía ser de otra manera en el lugar donde estamos, tostadas francesas, huevos revueltos y salchichas. Si, si, todo esto y oye, como dios.

Habíamos quedado en las oficinas de Boquete Tree Trek a las 10:30 de la mañana para que nos subieran a la Finca Rio Cristal, a unos 10 kilómetros de Bajo Boquete y en donde íbamos a pasar el día, primero haciendo una ruta por las copas de los arboles a través de varios puentes colgantes y luego, ya por la tarde, realizando una cata de café y probar, entre ellos, el preciado Geisha, la joya de la corona de estas montañas.

Para ello, nos subimos a un pequeño camión que le va ganando metro a metro a estas escarpadas montañas, en cuyas laderas, las plantaciones de café se alternan con impenetrables bosques de enormes arboles que apuntan al cielo, hacia una cimas en donde se quedan atrapadas las nubes, que se van deshilachando a medida que el viento las va arrancando de ellas. La verdad es que es precioso y una vez llegas a la finca, la estampa parece más alpina que de un país centroamericano.

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Hemos de tener en cuenta que estamos a más de 1.600 metros sobre el nivel del mar, con lo que cuando brilla el sol todo correcto pero cuando no lo hace y cae el bajareque, que es como le llaman aquí a la finísima lluvia que cae a todas horas en Boquete, puede llegar a hacer frío de verdad con lo que es imprescindible llevar algo de abrigo en la mochila si no queréis pasar un mal rato. Avisados estáis.

Rápidamente se forma nuestro grupo, formado por un grupito de americanas de 60 hacia arriba, un par de francesas y nuestra guía, María, y empezamos a andar por las laderas de las montañas para, a los pocos metros, vernos inmersos en un impresionante bosque nuboso que se levanta imponente por encima de nuestras cabezas y que hace que olvidemos por completo lo cerca que estamos de la civilización.

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Cada pocos metros vamos parando y María nos va dando explicaciones de todo lo que nos rodea, desde insectos hasta flores, pájaros, incluso algún que otro colibrí se deja ver, veremos a ver que pasa con el quetzal, aunque ya nos dice que al ser época de nidificación, no salen tanto del nido para proteger los huevos, con lo que las probabilidades son menores que si venimos en enero o febrero, cuando es bastante probable ver algún ejemplar.

El recorrido completo es de aproximadamente unos 5 kilómetros, en los que se cruzan hasta 6 puentes distintos, de una longitud que va de los 70 metros a los 135 que tiene el más largo y dan una perspectiva brutal de este trozo de la cordillera de Talamanca, y es que hay alguno de ellos que está a más de 70 metros del suelo, con lo que se puede decir que, literalmente, andamos por las copas de los arboles.

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La lastima? Pues que se hace corto, la verdad, y es que entre que estás atento de lo que puedas ver, de los puentes que vendrán y de los impresionantes paisajes que vas cruzando, entre los que hay ríos, cascadas e incluso el Volcán Barú, la montaña más alta de todo Panamá con 3.415 metros de altura, que se convierte en el telón de fondo ideal de toda esta historia y que María lo hace todo mucho más ameno, el tiempo pues pasa volando y, sin darte cuenta, ya estás de vuelta en la Finca Rio Cristal.

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Una muy buena elección sin duda a pesar de que finalmente, no ha habido ni rastro del Quetzal.

Así que ya tenemos deudas pendientes aunque desde un principio ya nos temíamos que dedicarle solo un día completo a este lugar era pecado pero vamos, que es lo que hay, sin más.

Con todo, prácticamente hemos empalmado un Tour con otro y es que solo hemos tenido tiempo de comernos un sandwich rápido y a la 13:30, puntual, Ernesto nos venía a buscar para realizar nuestra cata de Café, que empezaba con un paseo hasta las plantaciones cercanas, para conocer todo el proceso de esta planta desde que se siembra hasta que termina en las cafeterías de todo el mundo.

Primero nos acercamos a la plantación en donde vemos, en vivo y en directo, las distintas fases que tiene la planta, desde que no es más que una pequeña flor a punto de abrirse, hasta que se convierte en la cereza del café, dentro de la cual está el preciado grano. De clases de cafés hay más de mil en todo el mundo, pero aquí, principalmente, se cultivan 4: el Caturra, el Pacamara, procendente de Honduras y los dos que dan fama a este lugar, el Geisha verde y el Geisha bronceado.

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Lo curiosos de este café, el Geisha, que se llega a cotizar a más de 800$ la libra es que, aunque parezca extraño, no sabe a café. Tiene huevos, verdad?? Pero así es, y es precisamente por eso que tiene a Japón como su principal consumidor y es que el 99% de café Geisha que se comercializa va hacia allí.

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Los factores que hacen de este café tan especial son principalmente 4: el clima, por supuesto, con esa constante fina lluvia que cae día si día también, la temperatura, que varía en muchos grados de la noche a la mañana, con lo que ello conlleva, el suelo volcánico, rico en nutrientes y la altitud y es que como más alto se cultive el café, de mayor calidad es, aunque también hace que se produzca menor cantidad, lo que hace que su precio suba aún más.

Y una vez ya somos unos auténticos expertos en esta planta, pues a ponernos de cafeína y es que llega el momento de la cata de café, en donde probamos hasta 9 clases distintas, aunque a lo pro: primero se huele, como el vino, tanto el grano de café entero como molido y aquí las olores ya empiezan a sorprender, sobretodo las del Geisha, que huele a todo menos a café para luego, tacita en mano, empezar a probar uno a uno todos ellos.

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Y sabéis que? Que se pueden quedar el Geisha los japoneses por que yo, la verdad, que ni fu ni fa. Me gusta mucho más el caturra bien tostado, del que incluso nos hemos llevado un paquetito para casa que eso que no sabe ni a café ni a nada, es una mezcla como a cítricos amargos, baj, nada, nada.

Así que con estas, serían las 16:00 de la tarde cuando abandonábamos la Finca Río Cristal de nuevo subidos en la parte trasera de un camión y llegábamos a un Bajo Boquete en el que se respiraba por los cuatro costados las futuras elecciones del país, que serán el próximo 5 de mayo, con los partidarios de los distintos candidatos haciendo caravanas de coches cargados hasta los topes de banderas e imágenes de sus elegibles. La verdad es que parecía más que estuvieran celebrando la victoria de su equipo de fútbol que otra cosa. Una pasada lo que viven aquí este tema. En verdad es algo que ya habíamos visto desde que llegamos y es que en cada balcón luce la bandera de su candidato, y por la calle van blandiendo pancartas y demás, pero lo del día de hoy…supongo que al ser sábado se han venido arriba y han salido a por todas. Eso si, todo dentro de la más absoluta cordialidad. A simple vista, al menos.

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Y para terminar el día, y aprovechando que era sábado, nos hemos ido al Big Daddys Grill, un garito enorme donde, los sábados por la noche, tienen actuaciones en directo de salsa y, mientras nos poníamos finos de margaritas, alitas de pollo y sincronizadas, nos hemos despedido de este lugar, una despedida más y un gran acierto más el de venir hasta aquí y es que es un sitio totalmente distinto a lo que habíamos visto y en donde, la diversión, está garantizada.

Además olvidarse del calor sofocante aunque sea por un par de días es algo que, joder, agradezco…

La única pena, que no le hemos podido dedicar más tiempo pero esto, por lo visto, ya es una tónica en este viaje a Panamá: nos quedaríamos más tiempo en todos lados!!

Y un poco pedo, todo se ha de decir, nos despedimos hasta mañana…

Seguimos!!

DATOS PRACTICOS

· Dónde dormir en Boquete:

Cuando empezamos a buscar alojamiento para las dos noches que nos íbamos a quedar en Boquete teníamos claro que, ya que esta era la nota color verde montaña de este viaje, queríamos algún lugar que estuviera acorde con ella y, la verdad, que por opciones no iba a ser.

De entre todas (y todas son muchas) destacaba por encima del resto un pequeño Bed and Breakfast ubicado en el centro del pueblo, hecho de madera y pintado de azul que trasmitía paz con solo verlo: la Casa Azul.

La verdad, un lugar muy pero que muy recomendable: una casa hecha completamente de madera, pintada de azul, claro, donde han cuidad cada detalle hasta el punto de que da cosa hasta andar por ella de lo cuidada que está.

El desayuno, de los mejores de todo el viaje y el trato con las chicas, cosa ya muy común aquí en Panamá, tan cercano que hace que te sientas como en casa. Sin duda volvería una y mil veces y además con Netflix!!

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· Dónde comer en Boquete:

Boquete está lleno de lugares para comer, de todo tipo, y es que desde hace años atrae al turismo extranjero con lo que eso conlleva. Podemos elegir desde comida italiana, a mexicana, parrillas argentina o, como no, panameña.

Nosotros, que llevábamos días tirando de pescado, tanto en Guna Yala como luego en el pacifico, elegimos, después de que nuestra anfitriona nos lo recomendara por activa y por pasiva, un restaurante ubicado en la parte alta de Boquete especializado en carnes, el Butcher Chophouse y lo único que puedo hacer yo es recomendarlo igual de encarecidamente que ella y es que es uno de los mejores lugares en los que hemos comido en Panamá, sino el mejor.

Eso si, tienes que ser carnívoro (tiene carnes de Panamá, de Argentina, de Nicaragua y de USA) y rascarte el bolsillo, porque barato no es.

Nosotros nos comimos una entraña argentina ahumada con Jack Daniels y unos chorizos criollos artesanales junto con varias cervezas y algún que otro cocktail y nos salió la broma por unos 70$ sin haber pedido nada del otro mundo por eso digo, vale la pena, pero barato no es.

Otro lugar que recomendamos, sobretodo si es sábado noche, es el Big Daddy’s Grill, situado cerca de la Plaza del Establo y en donde sirven comida americana (aunque también hacen pizzas y demás) pringosa y grasienta, es decir, deliciosa, acompañada de los que son, según ellos, los mejores Margaritas de todo Panamá. Pero sobretodo, lo que hace este sitio recomendable es que los sábados por la noche son sábados de salsa y hay un grupo en directo tocando mientras la gente, panameños sobretodo, se van levantando a bailar entre tequila y tequila.

La verdad es que pasamos una buena noche. Eso si, paciencia porque rápidos, lo que se dice rápidos, no son. Pero oye, prisa mata amigo.

· Boquete Tree Trek:

Cuando empezamos a preparar este viaje y tuvimos claro que queríamos que Boquete estuviera en nuestro itinerario, uno de nuestros principales dolores de cabeza era cual, de entre todas las actividades que se pueden hacer en esta zona de Panamá, queríamos hacer. Empezó entonces un estira y afloja en la que se pusieron muchas posibilidades encima de la mesa hasta que, finalmente, nos decidimos por realizar, con la empresa Boquete Tree Trek un combo que incluyera el Tour de los Puentes Colgantes y una Cata de Café, algo, a nuestro entender, imprescindible si se pisa Bajo Boquete.

Los motivos fueron, principalmente, que a parte de ser una empresa de actividades de aventura ellos mismos también son los propietarios de la Finca Rio Cristal y de los Cafés Kotowa, que encontraremos por todo el país, y eso nos daba la oportunidad de hacer todas las actividades con ellos, hecho que, al tener un solo día para visitar Boquete, nos ayudaba a no tener que ir corriendo de un lugar a otro y poder estar seguros de realizar ambas actividades.

Las dos actividades nos salieron a 50$ por persona y las llevamos reservadas ya desde Barcelona aunque, a decir verdad, no creo que sea un inconveniente reservarlas el día antes al llegar al pueblo o incluso el mismo día por la mañana temprano.

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· Qué hacer en Boquete:

Pero como os decía, Boquete es el mejor lugar de todo el país para realizar actividades al aire libre y de tantas que hay, es hasta difícil elegir. La gente de Boquete Tree Trek también ofrece un circuito de Canopy en donde vas saltando de plataforma en plataforma a través de tirolinas, unas 12 en total, que se van cruzando con los puentes colgantes y que, por lo que vimos, debe de eser divertido pero es que hay mucho más.

Subir al Volcán Barú, el punto más elevado de Panamá y ver el amanecer desde allí, hacer rafting por ríos de aguas bravas o realizar alguno de los muchos senderos que recorren esas montañas como el Pipeline, el Camino del Quetzal o el Sendero de las Cascadas Escondidas son otros de los reclamos de este lugar así que lo que os digo, que lo difícil, aquí, será decidir.

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