29 de abril de 2019

Fue llegar a Almirante y empezar a llover.

Hacía 3 horas que habíamos dejado Bajo Boquete y con él, el soleado pacifico, y habíamos emprendido un trayecto que nos había llevado a cruzar la Cordillera de Talamanca por donde más tira, en un constante subir y bajar a través de preciosas montañas de un furioso verde, entre ríos, cascadas y pequeños pueblos de casuchas de madera levantadas sobre pilones.

Pero lo dicho, fue llegar a Almirante, y empezar a llover.

Reconozco que antes de iniciar este viaje estaba un poco acojonado con el tiempo y es que eramos conscientes de visitar el país en una época de transición, de la estación seca a la lluviosa y a pesar de que sabíamos que habíamos tenido suerte hasta el momento, y es que si no contamos la tarde en que se terminó el mundo en Ciudad de Panamá y algún que otro chubasco que nos cayó encima en Kuna Yala, nos había hecho un tiempo a pedir de boca pero también sabíamos que aquí, en Bocas del Toro, la cosa podía cambiar pero así es el Caribe con que, al mal tiempo buena cara, como dicen, solo nos quedaba agarrar nuestras mochilas y subir a la lancha que, nada más bajar de la minivan, nos estaba esperando para llevarnos, ahora si, a Isla Colón.

Ahora sí, llegábamos a Bocas del Toro.

Bocas del Toro es uno de esos lugares que no necesita de presentación y que lleva alimentando los sueños viajeros de mucha gente durante muchos y muchos años.

Situado en la provincia del mismo nombre, bañado por el Mar Caribe y a pocos kilómetros de la frontera con Costa Rica, el lugar más visitado de todo Panamá es un archipiélago compuesto por cinco islas principales, todas ellas cubiertas de densa selva y flanqueadas por las playas que a todos nos vienen a la cabeza cuando nos hablan de un paraíso tropical: fina arena blanca, y cocoteros cayendo sobre aguas transparentes en las que la vida marina se multiplica, así como los preciosos y multicolores arrecifes de coral.

Nuestra primera parada en Bocas del Toro iba a ser Isla Colón, donde se encuentra la capital del archipiélago, que recibe el mismo nombre y que es el punto neurálgico que la mayoría de gente utiliza para conocer las islas vecinas.

El pueblo fue fundado a principios del siglo XX por la United Fruit Company, la dantesca compañía estadounidense que dirigió el destino de Centroamérica durante más de 100 años, y que hoy se ha convertido en un pueblo que vive por y para el turismo, repleto de casas al más puro estilo criollo, fabricadas con listones de madera y pintadas de colores varios y lleno de garitos que ofrecen happy hours de cerveza y cócteles a voz en grito, de los que sale música reggae y algún que otro borracho.

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La Playa de las Estrellas (Starfish Beach)

Con todo, apenas eran la 13:00 del mediodía que llegábamos a nuestro alojamiento por la noche de hoy, dejábamos las mochilas y, a pesar del tiempo de perros que nos hacía, nos acercábamos a la plaza mayor de Bocas para coger el autobús que nos tenía que llevar hacia Boca del Drago: la puerta de entrada a una de las playas más famosas de Panamá y conocida en el mundo entero, la Playa de las Estrellas.

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Esta playa, situada en un extremo de Boca del Drago, es uno de esos caprichos de la naturaleza que ha hecho que en sus orillas, a pocos metros de la arena, se amontonen muchas estrellas de mar, de todos los tamaños y colores, formando una de las estampas más reconocidas de todo Bocas del Toro.

El problema, pues el de siempre, el ser humano.

Es verdad que hay estrellas de mar en la orilla, eso no lo vamos a negar. Pero también es cierto que cada vez hay menos, y es que el circo que se ha creado alrededor de este lugar han hecho que muchas de ellas hayan muerto (NUNCA sacar las estrellas del agua y NUNCA tocarlas, joder!!!) y que muchas otras se hayan ido hacia más profundidad, y es que el trajín de barcas y personas que hay alrededor es brutal.

Aquí también vimos el enorme contraste que hay entre Bocas del Toro y los demás lugares que hemos visitado en el país, y es que la orilla está repleta de chiringuitos que ofrecen, a parte de comidas, cocktails de todo tipo, a precios de risa, que es lo que mucho gente viene a buscar aquí, creando luego estampas que dan vergüenza ajena y que a mi, personalmente, me sacan de quicio.

De todas formas, la belleza de la playa es indudable, y al quedar en la parte de Isla de Colón que da a la laguna, sus aguas están de un calmado que parecen de piscina, en las que puedes hacer snorkel con total tranquilidad, y encima, calentita, calentita.

Nosotros aprovechamos para hacernos algunas fotos con las estrellas y, ya que estábamos, para comerme mi primera langosta del viaje que, todo se tiene que decir, me sentó de lujo, las cosas como son.

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Por la tarde, y ya de nuevo en el pueblo de Bocas, teniendo en cuenta que mañana ya lo abandonábamos para irnos al que tenía que ser nuestro último destino de este viaje por Panamá, la Isla de Bastimentos, otra de las islas que conforma el archipiélago de Bocas del Toro, aprovechamos para darnos un paseo por el pueblo y empaparnos de su ambiente relajado, de su buena onda, de callejear por sus callejuelas, desgastadas, mientras por encima de nuestras cabezas correteaban los colibrís, y mientras el día, poco a poco, muy relajadamente, como todo por estos lares, llegaba a su fin.

Es el momento en que Bocas se transforma, los garitos encienden sus luces y se empiezan a repartir flyers a diestro y siniestro del local que tiene la cerveza más barata, el que tiene el mejor ambiente, o quien tiene la terraza más alta de todas sobre el mar. Aquí es fácil pillarse un buen pedo, y barato, aunque hoy no iba a ser el día. Quizás mañana?

Hoy lo que queríamos hacer era ir a cenar a un restaurante que nos habían recomendado por activa y por pasiva, el Bocart, que regenta Joan, un barcelonés que lleva varios años ya instalado en la isla y que, según nos habían comentado, era un genio.

Y la verdad, razón no les faltaba.

Comimos como reyes en su terraza, entre mojitos y Balboas, y mezclando un poquito de todo: que si unas bravas y una tempura de calamar para picar, que si unos makis de atún picante, que si un filete de res a la piedra. Y todo en un ambiente espectacular y con un servicio de primera. La verdad es que es de esos sitios que, si por ejemplo estuviera en Barcelona, iríamos a menudo. Una recomendación de esas que se agradecen y, sin duda, el lugar ideal para terminar nuestra día en Bocas del Toro.

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Mañana la cosa sigue, aunque no aquí, nos vamos en busca de la tranquilidad, nos vamos en busca de nuestro paraíso..

Seguimos!!

DATOS PRACTICOS

· Dónde dormir en Bocas del Toro:

La única noche que pasamos en Bocas del Toro la pasamos en el Hotel Casa Max, situado en un extremo del pueblo de Bocas. Se trata de una casa de madera de estilo criollo de dos plantas, con un bar-restaurante abajo y las habitaciones arriba. Nuestra preocupación era que no hubiera mucho jaleo por la noche pero nada más lejos de la realidad: Lo único que nos despertó fue el tremendo aguacero que cayó por la mañana, sino aún estaríamos durmiendo como bebés.

La habitación, con baño dentro, aire acondicionado y TV (con Netflix!!) nos costó 65,45$ haciendo la reserva a través de Booking.

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Además, en la cafetería hacen unas Pancakes para desayunar que están Deluxe!!

Eso si, en Bocas, hoteles, los hay a patadas así que si queréis mirar más, igual alguno os convence más que este. Pero repito, un lugar recomendable 100%.

· Dónde comer en Bocas del Toro:

Pues de la mano que los hoteles: allá donde mires, hay un local para comer. Tienes japoneses, italianos, peruanos, criollos, de carne, de pescado, veganos. Las opciones son interminables y para todos los bolsillos.

Nosotros, en cambio, no tuvimos que elegir: veníamos con uno de ellos recomendado, el Bocart, al final del pueblo de Bocas. Y menuda recomendación y es que en este restaurante que regenta Joan, un catalán que lleva ya varios años aquí instalado, se come como dios y en un ambiente más que agradable que ellos mismo se encargan de crear.

Así que es una orden: si pisáis Bocas, tenéis que pisar el Bocart.

Nosotros nos comimos unas patatas bravas reinventadas al estilo criollo, una tempura de vegetales y calamar que estaba de auténtico escándalo, 9 piezas de sushi picante de atún y un filete de res a la piedra, más dos postres, 3 cervezas, un Mojito y un Coktail que no sabría descifrar, todo, por unos 60$.

Si lo que queréis, en cambio, es pasar el día en la Playa de las Estrellas y comer, en la misma playa tenéis un chiringuito tras otro donde, en la misma arena, donde sirven pescado, langosta, cangrejo, es decir, todo lo que salga del mar. Y copas, muchas copas.

Mirar el que mejor os caiga y comer allí porque me da a mi que más o menos todo son lo mismo y de precios muy similares aunque igual los de los extremos son algo más barato ya que no hay tanta gente que caiga hasta allí.

Yo me comí una langosta que podría situar perfectamente en mi Top 3 de la más buenas que he comido, más 2 cervezas y una Piña Colada y me subió todo a unos 28$.

Sino también podéis comer en Boca del Drago, antes de pillar la lancha hacia playa y encontraréis restaurantes con un precio más ajustado.

· Cómo llegar a Bocas del Toro:

En Panamá, todos los caminos llevan a Bocas del Toro.

Se puede llegar en avión, en vuelo regular desde Ciudad de Panamá o desde David, ya que en el centro del pueblo está el pequeño Aeropuerto Internacional José Ezequiel Hall, en la misma Isla de Colón, que también recibe vuelos de la vecina Costa Rica o sino se puede ir por tierra hasta Almirante, y desde allí pillar una lancha que te lleve al pueblo de Bocas del Toro, desde donde ya puedes ir hacia donde tengas pensado.

Nosotros llegamos desde Boquete en un Shuttle que nos incluía la minivan hasta Almirante y luego la lancha hasta Bocas y nos salió por 30$ por persona con Hello Travel Panamá. Podéis reservar este u otros transportes aquí.

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Para irnos, en cambio, volamos directos hasta Ciudad de Panamá con Air Panamá y el vuelo nos costó y nos costó 110$ por persona. Podéis hacer la reserva AQUÍ.

· Cómo llegar a la Playa de las Estrellas:

La mejor manera (y más barata) para llegar a la Playa de las Estrellas es hacerlo en los autobuses que salen, cada media hora, de la calle 3a de Bocas, a la altura del Parque Simón Bolivar, en plena centro de la ciudad. Tienen un precio de 2,5$ y en media hora te llevan hasta Boca del Drago, desde donde uno tiene dos opciones: o ir andando por la playa tranquilamente hasta la Playa de las Estrellas, paseo que te llevará como unos 20 minutos como mucho, o coger alguna de las muchas lanchitas que, por 1,5$ te llevará hasta la misma Playa en un trayecto de no más de 10 minutos.

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También se puede ir en Taxi, aunque te van a astillar de lo lindo (15/20$ mínimo) y tampoco es que vayas a legar mucho más rápido que en bus o incluso ir en lancha desde el mismo pueblo de Bocas, aún más caro que el Taxi así que tampoco tiene mucho sentido.

Lo dicho, nosotros fuimos en bus y la mar de bien, la verdad.

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