Al escribir esta entrada, desde una T4 fantasmagórica y triste, muy triste, del aeropuerto de Madrid- Barajas y echar la vista atrás, tengo enormes sentimientos encontrados que se me entremezclan unos con otros, y me dejan el cuerpo del revés, más o menos como lo llevo teniendo a diario durante las ultimas dos semanas, a medida que este día se acercaba.

Y es que he de decirlo: este viaje, amigos, nunca se tendría que haber hecho.

No ahora.

Pero una vez más, a alguien se le fue la mano cuando escribió el guión que tenía que seguir el mundo los últimos meses (muchos ya) y la realidad, una vez más, supero con creces la ficción pero, a estas alturas, que os he de contar que no sepáis, verdad??

Y es que una Pandemia mundial es algo que no ocurre todos los días y, de repente, como quien no quiere la cosa, el mundo, nuestro mundo, de un día para otro, cambió.

En España el gran vuelco fue ese maldito 13 de marzo, a apenas 15 días de partir para cumplir uno de los sueños viajeros que más tiempo llevábamos anhelando: las Islas Galápagos.

Pero el mundo se detuvo, y nosotros con él también, aunque en ese instante no era más que una piedra en el camino: sin problema, si no podíamos ir en marzo iríamos en octubre, para cuando, seguro, esta historia sería eso, nada más que una historia que contar y podríamos celebrar, junto con toda la gente con la que llevábamos meses hablando para preparar ese viaje, que esa pesadilla llamada Covid19 ya había finalizado.

Pero coño, los meses iban pasando y ojo, que la cosa no mejoraba.

Nos íbamos dando cuenta que la convicción que teníamos hace apenas unos meses cuando nos creíamos los dueños de un mundo por el que nos podíamos mover sin pestañear no era más que un estúpido error, nada más lejos de la realidad y que cada día que pasaba, el mundo se iba haciendo grande y más grande, las distancias se contaban ya en años luz, no en kilómetros, mientras nosotros hacíamos el camino inversamente proporcional: cada vez eramos más pequeños.

Y todo quedaba más y más lejos.

Fue otra vez unos 15 días antes de partir cuando nos tuvimos que rendir a la evidencia y aceptar que no era el momento para viajar a las Islas Galápagos. Y ojo, no porque no se pudiera llegar a ellas y es que el gobierno de Ecuador había creado un corredor turístico para que la gente pudiera llegar a las islas, no en vano estamos hablando del principal atractivo turístico del país, sino porque una vez allí, nadie nos podía garantizar que pudiéramos hacer algo más que pasear por Santa Cruz o por San Cristóbal, y es que al no llegar turistas las lanchas no llenaban y no les valía la pena salir. A eso se le sumaba un problema que arrastraban con las patentes de los seguros que hacía que estas, o la gran mayoría de ellas, no pudieran salir del puerto y eran los mismo operadores los que nos recomendaban retrasar el viaje, a diciembre, tal vez principios del 2021, cuando todos estos temas ya estuvieran solucionados pero no podíamos hacerlo, teníamos los días que teníamos y además, siendo realistas, este invierno no se presenta muy alentador, las cosas como son.

Teníamos que asumir que las Islas Galápagos, por ahora, se quedaban en el camino y teníamos apenas dos semanas para substituir un viaje que llevábamos casi un año preparando por otro que le estuviera a la altura, así que no había tiempo que perder, y si mucho trabajo por hacer, sobretodo por las restricciones que, día a día, iban imponiendo los distintos gobiernos y que nos iban mareando a más no poder.

De entre todos, por el momento, sobresalían dos países que eso de las restricciones de entrada no iban con ellos: México y Brasil, que recibían turistas ya desde hacía varias semanas y si bien en alguno de sus estados todavía quedaban en pie alguna que otra restricción, ninguna lo suficientemente restrictiva para no poderla asumir con lo que nos pusimos manos a la obra aunque, tengo que reconocer, poco nos costó decidir.

Y es que lo que tiene vivir por y para viajar hace que siempre tengas en la recamara sueños viajeros que cumplir y en el caso de México, en concreto, había uno que llevaba tiempo abriéndose paso, reconozco que sin saber muy bien el motivo ya que apenas había leído de gente que había visitado la región y quien lo había hecho se había limitado a zonas muy concretas pero allí estaba, ese apéndice en el pacifico, la gran península sudcaliforniana, 1.700 km de desierto y mar, de historia y vida salvaje, sin duda alguna, nuestra única oportunidad de que este 2020 no fuera un año perdido.

No había mucho más que hablar y si mucho trabajo que hacer así que manos a la obra: nos íbamos a la Baja California!!!

Preparativos para viajar a la Baja California

Como he dicho, es una zona de México bastante olvidada por parte del turismo español y casi no conocía a nadie que hubiera estado por allí con lo que las referencias que tenía eran más bien escasas: algún que otro libro de viajes que hablaba de la Baja California de los años 40 y algún blogger de viajes mexicano que había creado contenido sobre la región, sobretodo en You Tube y poco más.

Solo con deciros que la Lonely Planet de México, que contiene nada más y nada menos que 896 paginas con información del país, apenas le dedica una veintena de ellas a los dos estados que forman la península de Baja California (Baja California y Baja California Sur) con lo que ya os podéis hacer una idea de lo que hablo.

Así que la cosa se ponía interesante, sin duda, tocaba montar un viaje a la vieja usanza casi, y para empezar, tocaba averiguar como llegar hasta allí y es que, obviamente, nos tocaría hacer varias escalas y, antes que eso, mirar exactamente que documentación se necesitaba para llegar a México en el estado actual, es decir, en plena Pandemia mundial por Covid 19.

Viajar a México en tiempos de Covid19

En este sentido, creo que México es, probablemente, el país con menos restricciones de entrada en el mundo entero y es que en ningún momento cerró sus fronteras, ni en lo más oscuro de la Pandemia, aunque si que confinó a su población con lo que, a la practica, viajar a México era inútil.

Pero ya a principios del veranos empezó a levantar todas esas restricciones internas y ahora, aunque aún las hay, no hacen, en la mayoría de los casos, inviable un viaje y puedes realizar prácticamente todo lo que podías realizar antes, aunque con limitaciones de aforo, por ejemplo, el uso de “cubrebocas” en espacios cerrados o la toma de temperatura obligatoria al entrar en restaurantes, hoteles o marinas, por poner algunos ejemplos.

En cuanto a los requisitos para entrar al país, son los mismos que antes, es decir, un pasaporte con una vigencia de, al menos, 6 meses, demostrar que tienes un billete de vuelta (muy importante, sin él directamente ni subes al avión), fondos suficientes y rellenar un cuestionario de salud (lo único nuevo a consecuencia del Covid19) que se puede hacer online (afac.hostingerapp.com) o bien a vuestra llegada al país en una simple fotocopia y en donde te piden si has estado en contacto con algún enfermo de Covid19 o si has tenido algún síntoma.

Y ya está, ni PCR, ni cuarentenas, ni nada: barra libre casi, vamos.

Cómo llegar a la Baja California

Así que una vez con los requisitos de entrada ya claros y confirmados por gente que había viajado al país en los últimos días, tocaba mirar como llegar hasta esa península asomada al pacifico pero para eso, primero, nos teníamos que situar y es que aunque vista sobre el mapa, Baja California parece un lugar pequeño y accesible, en verdad estamos hablando de que entre Cabo San Lucas, al sur y Tijuana, al norte, hay nada más y nada menos que 1.700 kilómetros de distancia de puro desierto con lo que dependiendo de donde aterrizáramos el viaje sería uno u otro y es que es imposible abarcar todo lo que ese lugar tiene para ofrecer en tan solo 15 días, que era lo que disponíamos de tiempo efectivo para recorrer la región.

Con todo, y partiendo de la base que queríamos un viaje pasado por agua, tal y como iba a ser nuestro paso por las Islas Galápagos, no dudamos ni un segundo en mirar concretamente hacia el estado de Baja California Sur, que ofrece un sinfín de posibilidades para los amantes del mar que os describiré más adelante.

Para ello, lo primero que debíamos hacer era volar a Ciudad de México, cosa que haremos previa escala en Madrid, desde donde estoy escribiendo estas lineas y es que a pesar que existe un vuelo directo desde Barcelona con Aeroméxico, este se nos iba de las manos, sobretodo teniendo en cuenta que lo tuvimos que comprar apenas dos semanas antes de partir y de que, además, teníamos un Bono con Iberia por el valor de los billetes que habíamos tenido que cancelar a Quito.

Con todo, el vuelo nos costó 500€ ida y vuelta a cada uno, y es que otra cosa no, pero los vuelos están, ahora, por los suelos.

Para llegar a Baja California Sur, desde Ciudad de México, hay tres posibles puertas de entrada: una son Los Cabos, la ciudad más al sur de toda la península y que, debido sobretodo a su gran influencia en el mercado norteamericano, es la que recibe un mayor numero de conexiones desde la capital. La otra es el Aeropuerto Internacional de La Paz y por último, como bastantes menos frecuencias, el de Loreto, que también recibe vuelos desde Estados Unidos, pero que desde Ciudad de México, al menos ahora, se limita a un vuelo diario.

En cuanto a las compañías que vuelan a estos destinos son varias, con lo que a partir de aquí lo que hemos de hacer es mirar de jugar con nuestros horarios para ver cual es la que más nos interesa y, sobretodo, mirar precios, porque varían mucho de unas a otras.

Por un lado está Aeroméxico, la compañía bandera de la república que ofrece varias conexiones diarias sobretodo con Los Cabos pero, obviamente, tiene precios más elevados que sus competidoras. En mi opinión, solo sale a cuenta si llegas al país con ella y contratas el vuelo directo, sino dobla el precio de las demás.

Por otro lado tenemos aerolíneas Low Cost como Interjet, VivaAerobus o Volaris, que fue la que nosotros utilizamos y es que a una más que decente oferta de vuelos, se le juntan unos precios muy competitivos, saliendo al final, con equipaje facturado (es una Low Cost, no lo olvidemos, pagas por todo) a unos 125€ ida y vuelta cada uno, mientras que, por ejemplo con AeroMéxico, lo más barato y con malos horarios no bajaba de los 225€ por persona.

Qué ver y hacer en la Baja California Sur

Y con esto llegamos a la parte más importante: Qué hay en la Baja California que haga que valga la pena semejante tute (con todo tardaremos unas 30 horas más o menos en llegar) aunque, para ello, igual sería más fácil preguntarnos qué no hay y es que en esa alargada península encontramos un mundo salvaje en el que podemos encontrar prácticamente de todo, sobretodo relacionado con la naturaleza y en especial con el mar.

De esta manera, nuestro viaje lo hemos dividido en cuatro partes distintas, que contaremos con pelos y señales en las crónicas que vayamos publicando del viaje pero que os paso a resumir brevemente para que os podías hacer una idea.

  • Los Cabos: El fin del mundo para unos, un parque temático para gringos para otros y nuestra puerta de entrada a la Baja California es el punto que separa el Mar de Cortés, también conocido como Golfo de California (que vendría a ser el mar que encontramos entre la península y el resto de México) con el océano pacifico. Aquí las actividades con el mar como protagonista son el plato fuerte, sobretodo las que tienen que ver con la pesca y es que no en vano es uno de los lugares con más fama mundial para la practica de la pesca deportiva. Obviamente no es nuestro caso y es que eso nos importa más bien poco aunque si que nos subiremos a un barco, pero para poder vivir lo que aquí llaman un safari pelágico, que no es otra cosa que salir a alta mar en busca de cualquier bicho los suficientemente grande como para poder tirarte al agua con él. Con especial predilección, claro está, por los tiburones que hacen esta ruta en busca de aguas más cálidas. En la época en la que nosotros vamos es posible encontrarnos con el tiburón sedoso, aunque también pueden aparecer tiburones martillos, el tiburón mako o el azul. Y luego ya si los astros te sonríen incluso orcas, que de hecho viven aquí todo el año, pero eso ya son palabras mayores. Tierra adentro tienes el bonito y más tranquilo San José del Cabo y un poco más al norte, como a una hora de distancia, uno de los dos Pueblos Mágicos que tiene Baja California Sur, Todos Santos, a tocar de algunas de las playas más famosas del pacifico para practicar el surf como Los Cerritos. Cuando llegan los meses de invierno, eso es a partir de diciembre, Los Cabos es un lugar inmejorable para ver el paso de las ballenas, sobretodo de la ballena jorobada, que llegan hasta aquí en grandes grupos en su migración anual aunque por desgracia, no coincidimos con ella.
  • La Paz: Ya en pleno Mar de Cortés, es uno de los lugares con más atractivos de toda la región y es que La Paz no te la terminas. Gran parte de culpa de ello lo tiene el archipiélago de Espiritu Santo, a tres cuartos de hora de navegación y uno de los lugares más maravillosos que uno puede ver y que además goza de una protección excepcional que le augura un futuro todavía mejor. Sus fondos marinos son de renombre mundial, no en vano el mismo Jacques Cousteau definió el Mar de Cortés como el “Acuario del Mundo” con lo que ya sea buceando o haciendo snorkel, es parada obligada. Los Islotes, al norte de Espiritu Santo, están habitados por una colonia de lobos marinos de más 600 ejemplares y en donde puedes bañarte con los más pequeños de la casa que, curiosos como son, brincan y juegan a tu alrededor como si no hubiera un mañana. Además, de octubre a mayo sus costas de llenan de pez más grande del mundo, el Tiburón Ballena, siendo uno de los mejores lugares del mundo para bañarte con ellos sobretodo al principio de la temporada, cuando aún las aguas no se han llenado de plancton y ofrecen una visibilidad excepcional, así como un oleaje casi nulo. En sus costas, sin tener que subirse a ninguna embarcación, encontramos algunas de las playas más bonitas de Baja California e incluso de México entero, como es el caso de Playa Balandra, una preciosa bahía que forma varias playas de arena blanca bañadas por tranquilas y poco profundas aguas de colores imposibles y en donde, entre otras cosas, se puede vivir, en noches de luna nueva, como estas se iluminan a consecuencia de la bioluminiscencia.
  • Loreto: el segundo Pueblo Mágico de Baja California Sur y la puerta de entrada al Parque Nacional Bahía de Loreto, un lugar apartado de todo, y en donde se puede disfrutar de la vida a otro ritmo, mientras el día va llegando a su fin mecido por las olas y con una buena margarita en la mano. Sus aguas también son el hogar de distintas especies de animales marinos, entre los que destacan los lobos marinos, los grandes grupos de delfines (se han llegado a ver grupos de hasta 4.000 ejemplares juntos) y, en invierno, del animal más grande de la tierra: la Ballena Azul. Una hora al norte de allí, se encuentra la Bahía Concepción, uno de los secretos mejor guardados de Baja California, con algunas de las playas más bonitas y salvajes que se pueden encontrar y en donde también se puede ver, en temporada, al tiburón ballena, que baja de su lugar de residencia durante los meses de veranos en la Bahía de los Ángeles para desplazarse hasta la Paz, donde pasa el invierno.

Cabo Pulmo: Situado cerca del Cabo del Este, al sur de La Paz, es, posiblemente, uno de los mejores ejemplos a nivel mundial de lo que puede hacer un buen programa de conservación fomentado por la misma población local y es que, hace 20 años, los pobladores de Cabo Pulmo, un pequeño pueblo de pescadores y recolectores de perlas se dieron cuenta que el mar ya había llegado a su limite, que habían terminado con él y tomaron la valiente decisión de prohibir por completo todo tipo de pesca y conservar el mayor arrecife de coral que existe en Norteamérica. Hoy, la vida marina ha aumentado en más de un 400% y es uno de los arrecifes más sanos que existen, siendo un autentico paraíso para buceadores y aficionados al snorkel y uno de los mejores lugares en el mundo para bucear con el precioso e inquietante Tiburón Toro.

Como veis, estamos hablando de un sinfín de actividades, la mayoría de ellas enfocadas al mar pero es que el interior de la Baja California tampoco se queda corto, con enormes extensiones de desierto donde el coyote y la serpiente de cascabel son los que mandan, cordilleras como la Sierra de la Laguna o la de la Giganta que esconden profundos cañones en donde podemos encontrar aguas termales y preciosas pozas de agua dulce e incluso, con mucha suerte, al esquivo puma o al lince californiano y para los que guste de conocer el pasado se pueden realizar visitas a pinturas rupestres de los primero pobladores o, ya más en nuestros días, buscar las misiones perdidas que construyeron los jesuitas para intentar evangelizar a la población local.

De entre todas las actividades posibles, sin duda la que más nos fastidia perdernos y es que por fechas no vamos a coincidir, es el avistamiento de ballenas y es que aquí coinciden, sobretodo en los meses de febrero y marzo, la ballena azul en Loreto, con la ballena gris que viene a tener a sus crías en las bahías del pacifico, aprovechando que, debido a su alta salinidad, estas flotan al nacer y les es mucho más practico y seguro dar a luz. Además también es uno de los lugares del planeta donde estas son más sociables, hasta el punto de sacar sus cabezas para que las puedas acariciar o de rascarse el lomo con la embarcación y es que estas aguas son su Spa particular. Sin duda un motivo de peso para volver.

Como veis, la Baja California da para mucho así que no os perdáis este viaje, que lo va a petar.

Empezamos????

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