3 de octubre de 2020

30 horas hacía que habíamos dejado Barcelona cuando un fuerte bofetón nos golpeó de lleno al salir del avión de Volaris que nos había llevado de Ciudad de México a San José del Cabo y toparnos, de repente, con los más de 35 grados que caían en ese mediodía de octubre sobre el extremo más al sur de la península de Baja California.

Habíamos llegado y, por fin, ahora ya si podíamos respirar tranquilos, respirar aire caliente como si aspiráramos un tubo de escape, de acuerdo, pero al menos tranquilos.

En ese instante, con toda seguridad, podíamos decir que nuestro viaje en coche por la Baja California Sur acababa de empezar.

San José del Cabo versus Cabo San Lucas

Habíamos elegido la zona de Los Cabos para empezar el viaje por una razón más practica que por otra cosa, y es que al ser la zona de la Baja California Sur que más turismo recibe, sobretodo procedente de los EEUU y de Canadá, las frecuencias de los vuelos eran más elevadas que otras posibles puertas de entrada, como lo podrían ser La Paz o Loreto y los precios, además, más económicos así que allí estábamos, con nuestras mochilas ya en la espalda y buscando el coche de alquiler que nos iba a acompañar durante las próximas dos semanas: un Chevrolet Aveo que finalmente alquilamos con la compañía Avis y que cargamos rápidamente para dirigirnos a nuestro hotel, situado en San José del Cabo, ya que teníamos que cambiarnos de ropa con extrema urgencia: un minuto más con pantalones largos y sudadera y empezaríamos nuestro viaje en el hospital.

La zona de Los Cabos la comprenden principalmente dos núcleos urbanos que aunque no están lejos el uno del otro (hablamos de que en poco más de 30 minutos por buena carretera se pueden unir) si que distan mucho en su carácter y es que si bien Cabo San Lucas es una localidad hecha por y para el turismo norteamericano, y con poco historia que contar, San José del Cabo aún conserva ese aire de pueblo original, y en su centro histórico podemos encontrar aún la misión que fue construida en el año 1734 y alrededor de la cual fue creciendo la población.

Entre las dos, como he comentado antes, se encuentra lo que se conoce como el Corredor Turístico, que no es otra cosa que una franja costera en donde se levantan varias decenas de hoteles de grandes cadenas internacionales y que son los elegidos por gran parte del turismo internacional que hasta aquí se acerca, como hemos dicho antes sobretodo estadounidenses y canadienses, que llegan en masa desde octubre hasta mayo para huir del frio de sus lugares de origen y disfrutar de las templadas temperaturas invernales de Los Cabos.

Nosotros, en cambio, elegimos para alojarnos un hotel del centro de San José del Cabo, el Tropicana Inn, en donde pudimos disfrutar de nuestra primera comida mexicana, nuestras primeras chelas (cervezas) y de donde partimos rápidamente después de cambiarnos de ropa y es que teníamos una tarea pendiente por cumplir a unos 50 kilómetros de distancia de donde nos encontrábamos, ya en las costas del pacifico, y es que nada más encender el teléfono, desde dentro del avión aún, habíamos recibido un mensaje muy esperado y que prometía un comienzo de viaje por todo lo alto: íbamos a participar en la liberación de varias decenas de tortugas marinas que habían nacido hacía pocas horas en su nido.

El Rancho Carisuva y su campamento tortuguero

Y es que lo que hace especial a un destino del que poca información tienes son las sorpresas que uno se lleva a medida que lo va descubriendo y una de ellas había sido precisamente esta: la costa del pacifico de Baja California es la elegida por varias especies de tortuga marina para hacer sus nidos y habíamos llegado justo a tiempo y es que la temporada empieza como a mediados de junio, aproximadamente, y concluye cuando todos los nidos han eclosionado, que acostumbra a ser a principios de diciembre.

También por casualidad, dimos con la gente que gestiona el Rancho Carisuva y que colabora con uno de los campamentos tortugueros que hay establecidos en las playas del norte de Cabo San Lucas durante la temporada de desove y quedamos con ellos en que, si teníamos suerte y ese día había algún nido que eclosionara, nos avisaran, que daba lo mismo la horas que lleváramos sin dormir, queríamos volver a vivir ese mágico momento que ya tuvimos la suerte de presenciar en 2017, en las Islas Perhentian, cuando pudimos estar presentes en el nacimiento (y aportar nuestro granito de arena) de varias decenas de tortugas verdes que eclosionaron, de madrugada, apenas unas pocas horas antes de que tuviéramos que abandonar, muy a nuestro pesar, ese paraíso del sudeste asiático.

E ironías de la vida, si en aquella ocasión tuvimos que esperar al último momento ya que en la semana que llevábamos allí no había habido ningún nacimiento aquí, en la Baja California fue, como quien dice, nada más bajarnos del avión así que ya nos ves, reventados pero ansiosos, en nuestro flamante y todavía nuevo y limpio Chevrolet, flipando con la suerte que habíamos tenido y dirigiéndonos hacía la nada que ocupa el norte de Cabo San Lucas.

Y es que a pesar de que, como os decía antes, Cabo San Lucas es una localidad hecha por y para el turismo, solo hace falta salir un poco de ella para darse cuenta del lugar en donde estás y es que a los pocos kilómetros, una vez dejas atrás los flamantes centros comerciales y demás, te encuentras de lleno con la realidad que te rodea que no es otra que un sin fin de áridas y quemadas colinas, sobrevoladas por tétricos zopilotes y repletas de cardones gigantes, que son los enormes cactus (pueden llegar a medir más de 15 metros) convertidos en uno de los símbolos de la Baja California y omnipresentes en todo el paisaje, mires donde mires.

A lo largo de la carretera (la única que hay así que no hay perdida) te vas encontrando con distintos ranchos que ofrecen, más o menos, las mismas actividades, sobretodo enfocado a las rutas en quads o buggys mientras que otros ofrecen rutas a caballo entre este peculiar paisaje.

El Rancho Carisuva es uno de ellos, y cuando no está liberando tortugas al océano, ofrece bonitas rutas por los alrededores, a parte de participar también en un programa de conservación del burro, en el que se les intenta dar una vida decente a este estigmatizado animal.

Nosotros llegamos puntuales y después de una breve pero interesante explicación por parte del biólogo marino encargado del campamento, nos dirigimos a la zona de la playa en donde depositan, en nidos hechos de la forma más similar posible a los originales, los huevos que van encontrando durante los paseos nocturnos que hacen los trabajadores y voluntarios a lo largo de este tramo de costa, día tras día, en busca de las hembras de tortuga que llegan a desovar.

Una vez localizados, los desentierran y los trasladan a este rincón de la playa en donde pasaran de 45 a 60 días hasta que eclosionen, a salvo de los depredadores naturales que habitan la región, ya sean mamíferos, como el coyote o el zorro de Baja California, o las distintas clases de aves y reptiles, también muy presentes y que constituyen un enorme peligro, ya sea para los huevos, o para las crías una vez han salido de ellos.

La verdad es que el recinto es enorme, y a medida que van encontrando más nidos lo van ampliando, hasta el punto que actualmente debe haber como medio centenar de ellos y ojo porque aún van llegando cada noche hembras a desovar a la costa, aunque ya van siendo las ultimas de la temporada.

Sobretodo lo hacen ejemplares de tortuga olivácea o golfina (Lepidochelys olivacea) que es la más pequeña de las tortugas marinas aunque un buen ejemplar puede llegar a pesar hasta 40 kilos y medir más de 70 cm de longitud.

Como todas ellas, según la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) su supervivencia está amenazada en grado de vulnerabilidad, sobretodo a consecuencia de la sobre pesca, la falta de hábitats adecuados para su reproducción y la gran cantidad de mierda que tiramos al mar, sobretodo plásticos, que confunden con su dieta (muchas de ellas comen medusas, entre otras cosas) y terminan ingiriendo hasta producirles la muerte.

Por eso estos campamentos son tan importantes: al final se trata de que lleguen con vida al mar el mayor numero de ejemplares posible ya que de por si, un porcentaje muy pequeño de ellas llegará a la vida adulta, con lo que si se quiere conservar la especie es imprescindible hacer, dentro de lo posible, todo lo que esté en nuestras manos.

En esta ocasión había eclosionado un nido que contenía varias decenas de criás (en cada puesta se depositan entre 80 y 150 huevos) y estas estaban esperando ansiosas para poder dirigirse al mar, sin saber por que, solo por puro instinto para, una vez en él, nadar y nadar, yéndoles como les va la vida en ello, hasta ese lugar en donde los muchos peligros que las acechan (hemos hablado de las especies terrestres que se las quieren comer, pero una vez dentro del agua, no son pocos los animales para los que estás minitortugas son un manjar) disminuyen y sus posibilidades de sobrevivir aumentan, aunque como hemos dicho, desgraciadamente muy pocas de ellas llegarán a adultas y volverán aquí, en las mismas costas donde nacieron, para cavar un nido en la arena y empezar de nuevo el ciclo.

Nuestra tarea era la de, aparte de limpiarnos la baba, dejar a estas criaturitas a una distancia prudencial de la orilla (tienen que llegar por ellas mismas, sino se pueden desorientar) y por supuesto, espantar a cualquier ser vivo que por allí apareciera con el propósito de zampárselas.

Y allí es cuando surgió la magia.

Y es que imaginaros el momento, al atardecer, una playa infinita y salvaje, con el sol cayendo sobre el océano pacifico, un océano pacifico que estallaba en enormes olas en la misma orilla en la que, nosotros, íbamos soltando a esas pequeñas tortugas que parecían de juguete y que iban abriéndose paso por las trincheras que representaban para ellas nuestros pasos, hacia un mar que parecía que las haría papilla nada más llegar a él, pero que se las iba llevando, a salvo, una a una, hasta que solo quedaron tres, luego dos, luego una y todo terminó.

Apenas hacia unas pocas horas que habíamos aterrizado en la Baja California y ya habíamos sido testigos de un momento como esos que se te quedan grabados en la memoria para siempre y así, como quien no quiere la cosa, casi sin querer.

Esto prometía, y mucho, pero nosotros ya no dábamos más de si, tocaba dormir que mañana nos esperaba también un día lleno de emociones de la mano de Cabo Shark Dive: os imagináis para que??

Seguimos!

DATOS PRÁCTICOS

· Dónde dormir en San José del Cabo: Elegimos la tranquilidad de San José del Cabo para pasar las dos noches que íbamos a pasar en Los Cabos y concretamente elegimos para ello el Hotel Tropicana Inn. Se trata de un bonito hotel situado a escasos pasos de la preciosa y llena de vida Plaza Mijares, en el centro histórico de la localidad.

Es un hotel abierto alrededor de una piscina con la que combatir el calor y que dispone de aparcamiento gratuito en las instalaciones, algo a valorar si vais (como tenéis que ir) en coche de alquiler.

Además el restaurante es más que recomendable.

Dos noches sin desayuno = 139€

· Dónde comer en San José del Cabo: La oferta gastronómica que hay entre Cabo San Lucas y San José del Cabo es interminable y para todos los gustos y bolsillos, aunque, las cosas como son, vas a pagar más que en cualquier otro estado de México e incluso más que en cualquier otra localidad de la Baja California pero es lo que tiene vivir mirando al gigante del norte, que todo adquiere unos precios acordes.

Nosotros tan solo estuvimos dos días allí pero podemos decir que todos los lugares donde fuimos a comer os los podemos recomendar, aunque nos quedaron muchos otros por probar que tenían una pinta increíble pero de los que no podemos hablar.

De los que si podemos hablar son estos:

  • Restaurante Tropicana Inn (San José del Cabo): Se trata del restaurante del hotel y donde comimos el primer día nada más llegar por agotamiento pero hemos de reconocer que comimos la mar de bien y que incluso volvimos, dos semanas después, antes de coger el avión de vuelta a casa y el culpable de ello son sus costillares, con una salsa secreta que los convierte en uno de los mejore que hemos comido y los que nos conocéis sabéis que no son pocos. Buenas Margaritas también y ojo con las raciones que son más que abundantes.
  • Mariscos Las Tres Islas (Cabo San Lucas): Situado en las afueras de Cabo San Lucas, se trata de una recomendación que nos dieron y la verdad es que cumplió con creces. Sitio local y para locales, mariscos y pescados en un ambiente distendido y en donde te descuides sales rodando. Muy recomendable.
  • La Lupita Taco y Mezcal (San José del Cabo): Es uno de los sitios de moda de San José del Cabo y eso se nota en la afluencia de turistas y en el precio de la carta pero aún así vale la pena. Música en directo, mil tacos para escoger (desde los clásicos hasta los más modernos) y una carta de mezcal que hará que salgas de allí viendo doble, lo digo por experiencia. Recomendable reservar y así poder coger una buena mesa.

· Rancho Carisuva: situado a orillas del océano pacifico, allí donde se juntan el desierto y el mar, es un lugar perfecto para pasar el día, rodeado de enormes cardones gigantes y playas kilométricas en las que puedes andar y andar sin cruzarte con nadie en todo el día. Eso si, no demasiado aptas para el baño ya que el pacifico, de pacifico, tiene más bien poco. Entre sus actividades destacan los paseos a caballo por el desierto y terminando en el mar, así como distintos recorridos en buggys y quads donde descargar algo de adrenalina.

Aquí tenéis el enlace con su web.

Nosotros, como habéis podido leer, participamos en la liberación de tortugas marinas que habían nacido aquel mismo día. La actividad tiene un precio de 300 MXN, lo que vendrían a ser, con el cambio a día de hoy, unos 12€ y ayudas a mantener el campamento tortuguero activo, algo fundamental para la conservación de la especie.

Al ser un fenómeno natural, obviamente, no se puede saber a ciencia cierta cuando habrán nacimientos aunque si vas sobre las fechas que fuimos nosotros (septiembre-octubre-noviembre) suelen haber a diario. Lo suyo es hacer como hicimos nosotros, contactar con ellos para darles unas fechas en las que estarás por Los Cabos y si en esas fechas eclosiona algún nido ellos te avisan. La actividad en si no dura mucho, y te suelen convocar sobre las 18:00 de la tarde para hacer el briefing y luego dirigirse a la playa a hacer la suelta. Imprescindible y si viajáis con niños aún más.

Teléfono: +52 624 115 2900

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