-Tiburón!!

Gritó Miguel para sacarnos de nuestro letargo aunque poca falta hacía, lo había visto todo perfectamente: estaba como a unos 50 metros de la embarcación, cuando esa botella que llevaba ya dos horas flotando a la deriva por el pacifico arrastrada, como nosotros, por la corriente de California, se hundió y a su alrededor se levantó un chapoteo que, aunque no fuera un experto en la materia, ni mucho menos, sabía que solo podía decir una cosa, lo habíamos encontrado.

O mejor, dicho, nos había encontrado él.

Íbamos a nadar, por fin, con tiburones.

El día, por eso, había empezado varias horas atrás en la Marina del Cabo San Lucas, donde, nada más llegar, la colonia local de lobos marinos que habitan sus aguas, nos daba la bienvenida con un coro de reproches cuando, el guarda de seguridad del puerto, los echaba del muelle desde donde reclamaban su ración de pescado a los pescadores que llegaban a puerto después de sus salidas matutinas.

Para nosotros era la primera vez que veíamos a estos animales en estado salvaje y contrastaba con la cotidianidad con la que lo vivían los pescadores allí presentes, que ni los miraban, hartos como estarían de que esos bichejos les quitaran sus capturas.

Habíamos quedado a las 8 de la mañana con la gente de Cabo Shark Dive para empezar la aventura, y aunque a estas alturas Adri aún no lo tenía claro del todo, la idea estaba clara: íbamos a embarcarnos en el Rodalo II y a navegar hasta que empezara la depresión del Cabo, justo allí donde la plataforma terrestre cede hasta los más de 1.500 metros de profundidad y allí intentar atraer la atención de algún escualo para, cuando fuera el momento, meternos al agua con él…o con ellos, quien sabe.

La verdad es que desde el primer momento Miguel, quien iba a ser nuestro guía, nos transmitió una confianza enorme y sobretodo una pasión desmesurada por lo que hacía, pasión que se contagiaba a los tres que íbamos a ir con él: nosotros dos y una chica del DF que se unió a última hora.

Junto con él, su joven ayudante, que sería el encargado del chumming, que más adelante os contaré lo que es y el capitán, que desde su posición privilegiada iba oteando el horizonte para ver si, a parte de los deseados escualos, aparecía algún otro invitado sorpresa a la fiesta y es que allí, en Los Cabos, todo es posible.

Lo bueno de ser un grupo reducido era que, a parte de la complicidad que se logra, teníamos mucho más margen de maniobra y lo aprovechamos para sacarle a Miguel una primera parada que no entraba en los planes, en la conocida Roca Pelicano, en donde según nos contó, en esta época del año se daba un espectáculo precioso al juntarse enormes bancos de sardinas que lo cubrían todo como si de nubes se trataran, y la posibilidad de hacer un primer baño y meternos dentro ellas era algo que no podíamos dejar escapar y quien sabe, igual con suerte incluso podríamos ver en acción a algún lobo marino poniéndose las botas a base de sardinas.

Fue un visto y no visto, pero suficiente para darnos cuenta de lo que escondía Baja California debajo la superficie y es que, junto con una visibilidad perfecta (octubre y noviembre son los mejores meses del año para bucear) las nubes de sardinas nos cubrían por completo, abriéndose paso solo en el último instante y creando un túnel por el que podíamos pasar. La verdad es que fue la bomba, y esto no había hecho más que empezar.

De camino hacia mar abierto, se pasa por lo que se conoce como el Land’s End que es lo que vendría a ser el extremo más al sur de la Baja California y donde se termina el Océano Pacifico y empieza el Mar de Cortés. Lo forman un seguido de islotes que emergen del mar verticales e imponentes y el famoso arco, que aguanta las embestidas de huracanes sin inmutarse, aunque lo que realmente llama la atención es la colonia de lobos marinos que viven en uno de estos islotes, escandalosos a más no poder, y que tendría que ser la primera de muchas de las que veríamos en este viaje.

Y ahora si ya, sin tiempo que perder, a alejarnos de tierra todo lo posible, teníamos una cita con nuestros queridos amigos los tiburones.

El plan era sencillo, alejarnos hasta ese punto donde las corrientes hacen acto de presencia y, con ellas, todos los animales pelágicos que las siguen: desde tiburones de distintos tipos como el silky (sedoso), el martillo, el mako o el azul, hasta mobulas, delfines, orcas, ballenas, es decir, cualquier gran mamífero acuático que os venga la cabeza es probable que, en una época u otra, pase por aquí y eso es precisamente la gracia de todo esto, que al final nunca sabes lo que te vas a encontrar y aunque si que es cierto de que depende de la época en que vayas tienes más probabilidades de encontrarte unos u otros, como decía antes, aquí, todo es posible.

En las fechas en que estábamos, teníamos muchos números de encontrarnos con algún que otro tiburón sedoso, tal vez algún martillo aunque como veis en el cuadro que hay a continuación no es la mejor época para verlos o con algún mako, que a pesar de que acostumbran a aparecer más entrado el invierno, en los días anteriores ya habían hecho acto de presencia alguno que otro.

El premio gordo serían las orcas, residentes todo el año en estas aguas aunque escurridizas y tal vez alguna ballena de aleta (rorcual) aunque la época buena para ver ballenas será de aquí un par de meses, entrado el mes de diciembre, cuando centenares de ballenas jorobadas harán acto de presencia debido a su migración anual y llenarán el horizonte de sus espectaculares saltos.

Pero nosotros a lo que hemos venido aquí es a bañarnos con tiburones y es por eso que los nervios estaban a flor de piel, estás en mar abierto, con el océano más grande del planeta apenas empezando delante tuyo y en serio que vamos a tener la suerte de coincidir con un tiburón?? Pues aquí es donde entra el chumming que no es otra cosa que atraerlos mediante una especie de caldo de pescado.

Os cuento.

Justo en la popa de la embarcación se encuentra una bañera repleta hasta arriba de restos de pescado. Hablamos de cabezas de atunes, de espinas de dorados, de barracudas, etc, una buena mezcla de restos y vísceras que se llena bien de agua para que esta se impregne de la sangre y de su olor. Y os aseguro que olor hace un rato.

Luego, una vez en el punto indicado, mediante una válvula, se va dejando que, poco a poco, toda esta agua llena de sangre y de vísceras vaya cayendo al mar mientras nosotros vamos a la deriva, con la corriente: lo que se hace es dejar un rastro que lleve hasta nosotros para que todo aquel tiburón que pase por allí, lo pueda seguir.

Al mismo tiempo, del extremo de un cabo, se ata una cabeza de atún o de cualquier otro pez de tamaño considerable que será con lo que se llevará al tiburón en la dirección que crean oportuna, en este caso Miguel, para acercarlo hasta nosotros una vez nos hayamos metido al agua.

Para los puristas, que quede claro que no se alimenta a los animales, como mucho se les da la cabeza una vez ha finalizado la interacción, con lo que para nada alteran sus hábitos alimenticios y si además a eso le sumas que no son animales residentes, sino que están de paso, lo más probable es que el tiburón o los tiburones con los que te cruces sea la primera y la ultima vez que compartirán un trozo de mar de esta manera con humanos.

Eso si, una vez todo el potingue en el agua y el cebo flotando en el mar, solo puedes hacer que esperar que tengas suerte y armarte de paciencia, porque lo normal es que tarden de una a dos horas en llegar.

A nosotros, la verdad, es que la espera se nos hizo muy corta dándole al pico con Miguel y además nos vino a visitar una enorme mobula aunque no tuvimos tiempo de meternos con ella en el mar aunque no importaba, lo mejor estaba por llegar.

Por eso en el momento en que vi que la botella se hundía y que Miguel gritaba tiburón! toda la tranquilidad que llevábamos encima después de dos horas a la deriva en el océano pacifico se esfumó: empezaba el Rock and Roll!

Y con él las preguntas: Que será? Será grande? Vendrá solo o acompañado? Nos va a dejar interactuar con él o se cansará de nosotros enseguida y se largará?

Mientras todas esas preguntas iban resonando en nuestra cabeza, íbamos preparándonos para meternos en el agua nada más Miguel, que se mete antes para ver como reacciona el tiburón, nos diera la señal y entonces si, al lio!

La verdad es que el momento en que pasas de la embarcación al mar, sabiendo que tienes más de kilómetro y medio de profundidad bajo tus pies y que hay un tiburón (o varios) danzando por los alrededores es algo inquietante, sobretodo si, como en mi caso, te metes el primero en el agua pero a decir verdad, todo se te pasa cuando sumerges la cabeza en el agua y lo ves, a pocos metros de ti, una preciosidad de tiburón sedoso macho, de unos dos metros de longitud, nadar armoniosamente a tu alrededor. Es alucinante.

A todo esto, la corriente, obvio, te va moviendo a una velocidad que le sorprendería a más de uno con lo que es impepinable agarrarse al cabo de corriente para no irte a pasear por el océano pacifico y una vez estás agarrado, relajarse viendo el espectáculo, que es por lo que hemos venido hasta aquí.

Solo era uno, y en ocasiones hasta lo agradecíamos porque la verdad es que curioseaba entre nosotros hasta el punto de que Miguel más de una vez y de dos lo toco con su cámara y no me quería imaginar si tuviera que estar pendiente de varios de ellos que te vienen por todas partes, como ocurre en los meses de Julio, cuando se llegan a juntar medio centenar de estos tiburones alrededor de la embarcación aunque, por otro lado, quien pudiera, joder.

Con todo no tengo ni la más remota idea de cuanto tiempo estuvimos en el agua, tal vez media hora, tal vez más, lo que se es que pasó volando, y al mismo tiempo que nosotros cogíamos confianza el hacía lo mismo, creando momentos únicos que siempre más vamos a recordar hasta que Miguel nos mandó subir de nuevo a la embarcación, el tiburón se quedó con su cabecita de atún de premio y encendimos motores para, flipando en colores como aún estábamos, volver a tierra firme que con la tontería, y sin darnos cuenta, nos habíamos alejado de verdad.

Sin duda una experiencia que recomiendo por todo el conjunto y es que es como realizar un Safari pero en alta mar, sin saber que te vas a encontrar y que no, viviendolo con esa misma adrenalina, pero con el premio de que cuando encuentras a los animales, en este caso a los tiburones, te puedes meter en el mar con ellos, algo que no haría en el Masai Mara al encontrarme con un grupo de leones, te lo aseguro.

Y lo que decíamos, que aquí en Los Cabos todo puede pasar, como que en medio de alta mar te encuentres a una pareja de enormes tortugas verdes echando un pinchito (ya es casualidad) o que antes de entrar a la bahía, y sin casi darnos cuenta, dos enormes machos de leones marinos, que se las saben todas ya, se suban a la embarcación para ver que pueden rascar de los restos de pescado que hayan sobrado y os aseguro que la primera impresión con estos bicharracos de más de 400 kilos es echarte para atrás.

La verdad es que llevábamos apenas 24 horas en la Baja California y ya habíamos liberado a decenas de diminutas tortugas recién nacidas al mar, nos habíamos bañado con un precioso tiburón sedoso y nos habían abordado dos enormes leones marinos para pedirnos, muy educadamente, las sobras del día: se podía pedir más??

Por la tarde, cuando el sol ya dejó de caer a plomo sobre nuestras cabezas, y para mirar de ordenar un poco tanta emoción, recorrimos el centro de San José del Cabo tomando una cerveza tras otra, mezclándonos con la gente que, como nosotros, aprovechaba que la temperatura daba un respiro para pasear, jugar en la plaza, hacer turcos con el skate, en definitiva para vivir la cotidianidad de ese lugar que para nosotros era otro mundo, y es que aún estábamos aterrizando como quien dice en ese mundo que prometía y de verdad.

Y esto era solo el comienzo.

Seguimos??

DATOS PRACTICOS

· Dónde dormir en San José del Cabo: Elegimos la tranquilidad de San José del Cabo para pasar las dos noches que íbamos a pasar en Los Cabos y concretamente elegimos para ello el Hotel Tropicana Inn. Se trata de un bonito hotel situado a escasos pasos de la preciosa y llena de vida Plaza Mijares, en el centro histórico de la localidad.

Es un hotel abierto alrededor de una piscina con la que combatir el calor y que dispone de aparcamiento gratuito en las instalaciones, algo a valorar si vais (como tenéis que ir) en coche de alquiler.

Además el restaurante es más que recomendable.

Dos noches sin desayuno = 139€

· Dónde comer en San José del Cabo: La oferta gastronómica que hay entre Cabo San Lucas y San José del Cabo es interminable y para todos los gustos y bolsillos, aunque, las cosas como son, vas a pagar más que en cualquier otro estado de México e incluso más que en cualquier otra localidad de la Baja California pero es lo que tiene vivir mirando al gigante del norte, que todo adquiere unos precios acordes.

Nosotros tan solo estuvimos dos días allí pero podemos decir que todos los lugares donde fuimos a comer os los podemos recomendar, aunque nos quedaron muchos otros por probar que tenían una pinta increíble pero de los que no podemos hablar.

De los que si podemos hablar son estos:

  • Restaurante Tropicana Inn (San José del Cabo): Se trata del restaurante del hotel y donde comimos el primer día nada más llegar por agotamiento pero hemos de reconocer que comimos la mar de bien y que incluso volvimos, dos semanas después, antes de coger el avión de vuelta a casa y el culpable de ello son sus costillares, con una salsa secreta que los convierte en uno de los mejore que hemos comido y los que nos conocéis sabéis que no son pocos. Buenas Margaritas también y ojo con las raciones que son más que abundantes.
  • Mariscos Las Tres Islas (Cabo San Lucas): Situado en las afueras de Cabo San Lucas, se trata de una recomendación que nos dieron y la verdad es que cumplió con creces. Sitio local y para locales, mariscos y pescados en un ambiente distendido y en donde te descuides sales rodando. Muy recomendable.
  • La Lupita Taco y Mezcal (San José del Cabo): Es uno de los sitios de moda de San José del Cabo y eso se nota en la afluencia de turistas y en el precio de la carta pero aún así vale la pena. Música en directo, mil tacos para escoger (desde los clásicos hasta los más modernos) y una carta de mezcal que hará que salgas de allí viendo doble, lo digo por experiencia. Recomendable reservar y así poder coger una buena mesa.

· Cabo Shark Dive: La verdad es que, si te gusta el mar y las emociones, vale mucho la pena sea la época del año que sea ya que, como he dicho, cada una tiene sus sorpresas guardadas.

Eso si, no es una actividad barata ya que si haces snorkel estamos hablando de 175$ por persona para una actividad de medio día sin comida. Pero repito, en mi opinión, vale la pena y los volvería a pagar. También está la opción e ir de observador, es decir, sin meterte en el agua y entonces sale por 95$ aunque no le veo mucha gracia en ello, las cosas como son.

No solo hacen este tour sino que, dependiendo de la época del año, hacen otros como las salidas, de varios días, a Bahía Magdalena para ver a los marlins cazar las bolas de sardinas, algo que bajo mi punto de vista debe ser realmente espectacular y que ya está en la lista para próximas visitas.

Aquí tenéis su WEB.

Podéis hablar con ellos por teléfono o por WhatsApp sin problema para preguntar todas vuestras dudas pero ya os digo, no os arrepentiréis.

Teléfono: +52 624 151 7166

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